¡Hola a todos! Permítanme presentarme. Mi nombre es «Samuel (Sam)», soy un hombre adulto, con una pasión por el sexo tan antigua como consciente. Desde muy pequeño, mi mente ya era un hervidero de fantasías, claro, adaptadas a lo que mi curiosidad infantil podía concebir. Reconozco que fui precoz en ese despertar, tanto que me casé por primera vez siendo muy joven, con una mujer mayor que yo, impulsado, creo, por ese anhelo profundo (o calentura) de tener sexo todos los días con la mujer que, en ese entonces, colmaba todas mis expectativas sexuales.
La vida da vueltas, y unos años después me divorcié. Fue entonces cuando llegó ella, «Esmeralda». La mujer de la que me enamoré de verdad, no solo por una atracción física, sino por todo lo que era y representaba, mi joya.
El amor que le tengo es inmenso, pero sería un hipócrita si no hablara también de lo que me volvía loco desde el primer momento: su cuerpo. Delgada, una cara preciosa, ojos grandes color café claro, piernas largas, delgadas pero torneadas, unos pies que me gustaban mucho (otro de mis fetiches), con unas caderas y unas nalgas que invitaban a agarrarlas, sobarlas y a abrirlas en su momento, y unos senos que, aunque no eran enormes, eran perfectos para mí. Me excitaban de una manera indescriptible. Pero lo que realmente capturó mi atención, lo que me hizo detenerme a admirar, fueron sus aureolas: grandes, oscuras, de un negro delicioso que contrastaba con su piel morena clara, coronadas por unos pezones grandes que se ponían erectos de una forma extraordinaria, sensible y hermosa, permitiéndome chuparlos de manera exquisita.
Con los años, nuestra confianza se hizo más profunda. Empezamos a compartir no solo nuestro cuerpo, sino también los rincones más secretos de nuestra imaginación. Descubrimos que ambos fantaseábamos con lo mismo: ver al otro con alguien más, pero siempre juntos, siempre siendo parte de la experiencia. La idea de un intercambio de parejas fue lo primero que se nos vino a la mente, de esa manera, según nosotros, podíamos estar los dos cumpliendo nuestra fantasía al mismo tiempo.
Dimos el paso. Conocimos algunas parejas, vivimos algunos intercambios placenteros y excitantes. Sin embargo, en lo más íntimo de mí, surgió un deseo más específico, más intenso: el anhelo de sólo verla a ella, a mi mujer, teniendo sexo con otro hombre. Disfrutar de su placer, de su entrega, de su belleza siendo adorada y poseída por otra persona, conmigo allí, siendo testigo y a veces, por qué no, viendo cómo otro hombre disfruta del bello cuerpo de mi mujer, de cómo la hace suya en esos momentos, pero que al final del día ella era mía, disfrutando del sexo plenamente de común acuerdo conmigo.
En muchas ocasiones yo participaba también, haciendo un trío y haciéndola disfrutar al doble. Me di cuenta de que estar al mismo tiempo yo con otra mujer, no me permitía deleitarme completamente de verla disfrutando. Por lo tanto, decidimos mejor que contactaríamos hombres o mujeres por separado para hacer tríos (en su mayoría han sido hombres). Sólo contactamos con una mujer, fue muy rico porque además ella era bi, era un lado inexplorado por mi mujer hasta ese momento, pero que descubrió que era algo que también le gustaba. Para mi la experiencia fue inolvidable. Decidimos que era mejor contactar hombres para trío. Y así fue como, de manera natural, ella se convirtió en mi HOTWIFE. En la mujer que compartimos, en la fantasía hecha realidad.
Y de eso es precisamente de lo que quiero hablarles en esta página, de lo que quiero compartir con ustedes apreciables lectores. Quiero relatarles, con lujo de detalles y sin tapujos, las muchas experiencias que hemos vivido: los nervios del primer encuentro, la electricidad de la complicidad, la caliente mezcla de celos y excitación, la euforia de reencuentros etc.
Pero también quiero explorar con ustedes las fantasías que aún nos queman por dentro, los escenarios que aún no nos atrevemos a vivir pero que deseamos con avidez.
Hasta ahora, estas historias solo las había compartido con un amigo de absoluta confianza. Pero hoy quiero ir más allá. Quiero abrir esta ventana de nuestra intimidad para ustedes. Espero que mis relatos les generen excitación, curiosidad, y quizá, por qué no, incluso inspiración para sus propias fantasías.
Espero con gusto sus comentarios, sus impresiones, que me comenten si les excitó el relato etc., y así también sus propias experiencias y/o fantasías, si desean compartirlas.