Capítulo 2
- De hijo a amante I
- De hijo a amante VI: Sucumbiendo al deseo
- De hijo a amante V: Discusión
- De hijo a amante IV: La limpieza
- De hijo a amante III: La sesión
- De hijo a amante II: Conviviendo con mi nueva madre
Ella está sobre la pared, con sus piernas cruzadas sobre mis caderas, puedo sentir sentir su peso. Es ligera como una pluma. Nuestra posición no impide en nada que se lleve a cabo nuestro apasionado beso el cual decidimos finalizar, después de mucho tiempo. No soy consciente de cuánto pasó.
La llevo cargada al dormitorio, y la llevo cerca a la cama, ella decide bajarse. Rápidamente comienzo a despojarla de sus ropas, ella intenta quitar las mías y alzó su vestido carmesí y lo saco por encima de sus hombros y ella me saca la camiseta dejando mi torso desnudo. Ella comienza a quitarse las zapatillas y Acto seguido le bajó las pantimedias para dejar al descubierto unas ardientes bragas oscuras, la cuales no dudo en quitarlas rápidamente. Comienzo a subir lentamente todo el tiempo apoyando mis labios en su tersa piel canela, comenzando por la pierna y al llegar a la zona pélvica hago una pausa. Me aparto un poco hacia atrás, para apreciar bien su zona V y me quedo un buen tiempo viéndola, luego, decido besar su pelvis lo más bajo que esa posición me permitió. Sigo subiendo está vez con mi lengua rozando, desde la pelvis, hasta sus pechos los cuales me doy cuenta, todavía están con sostén, por supuesto rápidamente lo desabrochó y se lo quito, para después darle un lamida húmeda a uno de sus pezones. Ella queda completamente desnuda ante mi vista. me alejo un poco para poder detallarla bien. Ante mí yace el ser más espectacular que jamás he visto, ¡el cuerpo más perfecto!. Su piel es tersa como la seda, sus piernas son largas y delgadas, Sus caderas no son ni muy robustas ni muy pequeñas, tiene simplemente las proporción precisa. Su cintura delgada contrasta con su vientre plano. Sus senos son sinónimo de simetría, tan perfectos como la naturaleza pueda generar. Redondos, no muy grandes, pero lo suficientemente abultados. La areola y los pezones son pequeños, estos últimos apuntan hacía arriba. Solo me falta una cosa por ver, agarro sus manos, las llevo por encima de su cabeza y la hago girar para apreciar sus glúteos, redondos y curvilíneos. Después hago un barrido de su cuerpo y no puedo evitar pensar que sus curvas son la máxima definición de simpleza y belleza, no muy desproporcionadas pero tampoco faltantes, simplemente en su punto. Curvas perfectamente equilibradas. Es la mujer más hermosa que he visto en mi vida.
Ahora ella se acerca, decide bajarme la sudadera al tiempo que la ropa interior, mi Pene vuelve a quedar expuesto ante ella, duro como una roca. Lo agarra y comienza a masajear. Ya no se ve avergonzada como ayer. Sin soltar mi pene, ella decide acercar sus labios a los míos, por lo que volvemos a entrar en un apasionado beso mientras hace movimientos repetitivos con su mano sobre mi miembro, por lo que yo decido meter mis dedos entre sus labios vaginales y comenzar a frotar su vagina, su labios, su vulva, su clítoris. Siento como se moja. Al principio hago movimientos lentos, pero con el tiempo aceleró. Cuando los movimientos de mis dedos se vuelven rápidos, siento como ella aprieta las piernas, deja de besarme para abrir la boca y dejar expuesta la lengua mientras lanza un suave gemido. Eso me incentiva a ir más rápido. Yo hago el mayor trabajo con mi boca, pues ella está enfocada en hacer tenues gemidos, agarro su labio inferior, su labio superior, incluso a veces solo su lengua queda atrapada entre mis labios. El ver su expresión lasciva me impulsa a humedecer bastante mi boca para realizar un intercambio abundante de saliva, el cual recibe con placer. Ella se mantiene masajeando mi pene.
Decido parar, para llevarla y recostarla en la cama, sin apartar mis dedos de su zona pélvica y manteniendo el movimiento de mis dedos, decido con mi otra mano libre masajear sus senos, no lo dudo y de inmediato comienzo a lamer o chupar sus duros pezones, alterno lamidas, besos y mordidas entre su boca, su cuello y sus pezones, pero por un tiempo me dedico más a sus senos. ¡Cielos son perfectos!, sigo haciendo movimientos con mi dedos y ella sigue lanzando gemidos.
Decido dejar de trabajar en sus senos y me concentro está vez en con las dos manos, en su pelvis. Decido abrir sus piernas para dejar expuesta su Flor exótica. Está vez puedo detallar mejor su intimidad, y decido pausar un momento para disfrutar de la vista, quiero guardar este momento como algo importante en mi memoria. Su vulva es de un tamaño decente, sus labios externos son simétricos y del mismo color de su piel, sus labios internos, son rosados y su clítoris no es prominente pero sobresale lo suficiente como para poder masajear. Con una mano separo los labios vaginales y con la otra comienzo a frotar el clítoris. Ella se estremece, lo que me impulsa a frotar y sacudir mis dedos más rápido. Mis movimientos rápidos hace que se estremezca aún más, al punto que tiene que taparse la boca con las manos para no gritar. Mientras yo sigo masajeando ella agarra mi pene y comienza a hacer una felación. No se si es por su excitación, pero comienza con movimientos veloces, su pene entra y sale de su boca en movimientos rápidos y profundos, a veces desapareciendo dentro; recuerden me mide 23 cm por lo que es imposible no sentir su garganta, lo cual hace que me estremezca un poco. Es la mujer que más profundo ha llegado con mi pene, evidenciando su larga experiencia, lo cual agradezco porque no voy a negarlo, es sumamente placentero. Trato de no sucumbir al placer, de tal forma que me distraiga e impida seguir frotando su coño, por lo que ambos entramos en un ritual de placenteros y desenfrenados movimientos; Ella chupándome y yo masajeando su coño.
Decido insertar dos de mis dedos, mientras sigo masajeando su clítoris. Ahora masajeo también su interior, mientras saco y meto mis dedos tan rápido y profundo como me puedo permitir. Parece que su cuerpo me lo agradece porque siento como con cada movimiento ella se va humedeciendo cada vez más. Ella sigue ocupada chupando.
Al ver sus fluidos escurrirse, me tienta las ganas de lamerlo y no lo dudo, comienzo usar mi lengua para llevar a cabo un juego lascivo entre mi lengua, su clítoris, su labios y su vagina. Al parecer le resulta muy placentero porque inmediatamente al sentir mi lengua, su boca suelta mi pene y comienza a lanzar gemidos con un sonido más alto, largo y agudo que los que hacía antes. Sus fluidos entran en mi como una droga adictiva, entre más los pruebo más ganas tengo de seguir. «¿Alguna vez pregunté que mi sentido del gusto no podía actuar?»
Mi madre toma la iniciativa de acostarme. Ahora ella se encuentra encima y puedo apreciar mejor otras zonas íntimas. Su vulva, su zona perineal y su culo ahora están frente a mi rostro. No dudo y comienzo a jugar con ellos mientras ella alterna entre gemir, chupar mi pene y jugar con mi escroto. Tengo la oportunidad de la lamer su culo, mientras que mis dedos juegan con su vulva. Nos quedamos en esta posición un buen tiempo hasta que ella decide erguirse y posar su vulva sobre mi rostro. Adivino sus intenciones y dejo caer mi cabeza en la base del colchón. Ella comienza a balancear su pelvis para hacer rozar sus labios y vagina en mi rostro, yo trato de alternar movimientos entre lamidas y chupadas, para después comenzar a sentir como sus fluidos escurren sobre mi rostro. A lo que ella comienza a balancearse rápido y cada vez más rápido hasta terminar con un fuerte gemido. Yo no me detengo; mientras ella está gimiendo yo sigo estirando sus labios, absorbiendo su fluidos, lamiendo y lamiendo desde sus vagina hasta su culo y sigo sin parar hasta que ella decide levantarse, y cambiar su posición para sentarse sobre mi miembro endurecido.
Ella entra en un clásico ritual sexual de balanceo, y movimientos repetitivos. Sus caderas suben, bajan, se mueven hacia atrás hacia delante y mi pene sigue sus movimientos, mientras que mi boca alterna entre besarla o jugar con sus pechos. Al notar que su energía baja, la recuesto sin sacar mi miembro y decido tomar entonces el control. Ahora estoy encima de ella, mi polla entra y sale al principio suavemente. Una de mis manos ahora juega entre agarrar su cuello como si quisiera ahorcarla o introducir dedos en la boca para dejar que su lengua los humedezca; comienzo a mover mi pene más salvajemente a lo que ella se estremece, pero no me detengo y mis movimientos se hacen más rápido hasta que siento como comienza a cosquillear mis bolas. Por supuesto me detengo, y con enorme fuerza de voluntad trato de no venirme. Primero saco mi pene, después la beso para distraerme. Ella al parecer nota que estoy luchando por contenerme, por lo que sigue mis intenciones y entra conmigo en un apasionado beso.
Logro contenerme y logro mantener mi pene duro, aunque, con un fluido blanquecino escurriendo en la punta. No me vine pero estuve a punto de hacerlo. Decido doblar las piernas de mi madre, para que sus rodillas queden levantadas por encima de su torso y en esa posición decido volver a introducir mi polla, está vez con movimientos más lentos. Puedo sentir su interior apretado producto de aquella posición, y puedo sentir como sus músculos se aprietan y se aflojan acompañado de gemidos que denotan que lo está disfrutando. A lo que decido ir más rápido sacudiéndola como si no hubiera un mañana. Mis movimientos se detienen cuando siento un fuerte apretón de su coño, seguido de un prolongado grito de placer y un chorro de fluidos almizclados no tan abundante. ¡Ella se corrió!. Volvemos a entrar en un apasionado y salvaje beso húmedo.
Nos detenemos un momento, y nos quedamos mirando, ambos con respiraciones agitadas. Ella nota que mi pene sigue duro y pronuncia.
-Vamos a terminar esto.
A lo que agarra mi pene. Puedo ver cómo se dispone a chuparlo, pero la detengo, la recuesto nuevamente y está vez la volteó exponiendo su glúteos. Decido introducir nuevamente mi pene y ella se deja llevar por mis intenciones pues levanta su culo lo suficiente para exponer sus labios y permitir que mi miembro se encuentre con su coño fácilmente. No decido ser suave. Desde el principio la sacudo salvajemente en movimientos repetitivos, y puedo ver cómo lo disfruta. Ella decide ponerse en cuatro a lo que yo aumento la rapidez de mis movimientos escuchando como ella solo gime y grita de placer, mientras mi caderas se mueven entre insertar y sacar mi polla tan rápido como me puedo permitir. Este momento se prolonga por un tiempo. Aguanto, todavía me contengo y trato de no correrme. Al ver su culo expuesto no lo dudo, saco mi pene, humedezco mis dedos con sus fluidos y mi saliva, lubrico el aro de su ano y parte del interior y agarro mi polla. Ella nota mis intenciones, me profiere una mirada de sorpresa pero esbozando una leve y lasciva sonrisa. No me contengo y decido introducir mi pene tan lentamente al punto que puedo contar los segundos mientras noto cómo cada centímetro de mi pene va desapareciendo. Pero decido ir bien profundo desde el principio, no paro hasta chocar la base de mi vientre con sus nalgas.
-¡Ohhh, ahh, Dios!
Ella al fin decide pronunciar el nombre de nuestro exaltado padre celestial.
Sigo con el lento movimiento y comienzo a extraer mi pene, los pliegues de su interior se estiran con el roce de mi tronco.
-¡Mierda, Mmm, Ahhh!
Sus palabras, gemidos y gestos se convierten en mi, en motivación. No para seguir más lento, si no para aumentar lo salvaje de mis movimientos. Decido ser progresivo y de pronto pasó de ser suave y lento a ser agresivo y rápido. Estoy tan sumergido en este ritual violento que no noto como ella incrementa la intensidad de sus gemidos. Puedo ver cómo grita, como profiere todo tipo de palabras y expresiones groseras, si, no oír, si no ver. Mi mente está en un estado tal que es como si estuviera viendo una película sin audio. No me importa lo que ella diga o qué tanto grite, solo quiero disfrutar de su apretado culo hasta que mi cuerpo aguante. Sigo y sigo. Entro en un frenesí de sacudidas, de vez en cuando escucho como un tenue eco lo que parece ser un -¡para!…, ¡más lento!…- pero hago oídos sordos y solo me dejó llevar por mis instintos. Solo está mi polla y ese culo al que quiero reventar.
Decido agarrar su nuca y hacer presión para que su cabeza repose sobre el colchón, por lo que su culo queda más levantado y expuesto, y si antes era agresivo?, ahora entro en un estado del más instintivo salvajismo, ya no hay solo movimientos rápidos, sino frenéticamente violentos, no preocupado por daños o dolor que pueda ocasionar. Mi polla ya no solo entra y sale sino que golpea. y este salvaje momento se prolonga hasta que por fin siento la mayor sacudida que he sentido en mis bolas.
Ya no me contengo y dejo expulsar todo lo que se había almacenado y aguantado en este frenético encuentro sexual, me corro a chorros dentro de su culo como jamás había lo había hecho en mi vida.
Mis gemidos resuenan, los de ellas también pero con un sonido ahogado, porque en este momento estoy presionando con mis brazos, su rostro en el colchón.
Por fin decido sacar mi pene y dejar de presionarla, ella se deja caer sobre el colchón agotada. Por su puesto también lo estoy yo. Decido separar un poco sus nalgas por unos pocos segundos para ver mi trabajo, puedo ver que su ano está pulsante, rojizo y más abierto de lo normal. Chorreante de mis fluidos. Ella se sienta y acerca mi pene a su boca y comienza chuparlo, exprimirlo y lamerlo. Ya cansado, mi pene comienza a ablandarse mientras mi madre termina de limpiar lo que queda de mis fluidos seminales con su lengua.
Nuestro encuentro frenético terminó.
Veo acercarse una almohada que ella había arrojado, no la esquivo y agitado escucho sus quejas.
-¡Te dije que pararas, casi me rompes!- menciona con claro tono jadeante.
Jadeante también le respondo.
-No lo pude evitar, tu culo era asombroso.
-¿No podías haber sido más suave?
-por su puesto pero…-dudo un momento porque no encuentro nada lógico más que añadir y digo – tu culo era asombroso – repito nuevamente.
ella se recuesta y se encorva para tratar de verse ella misma, lo que la deja en una posición en la que puedo ver explícitamente su coño y su culo. cuando ve su ano profiere.
-¡Dios! Quede como pavo a punto de ser rellenado.
No pude evitar sonreír
-¡¿Acaso estabas loco?!
-perdido en mi, si…- respondo todavía agitado y decido repetir por tercera vez, pero ella nota mis intenciones a lo que me interrumpe y dice.
-¡no lo vuelvas a repetir!. Señala su ropa interior tirada al lado de la cama y continúa – Más bien pásame esas tangas.
Le hago caso y se las paso. Ella procede a limpiarse mientras trata de expulsar todo lo que queda dentro, a lo que no puedo evitar ver sin sonreír. Ella se da cuenta de mi expresión burlona y se queja.
-no te burles, más bien ayúdame ¿Quieres?.
Me acerco para ayudarle, cojo su ropa interior y comienzo a limpiar también, ella se deja caer en el colchón mientras mantiene sus piernas levantadas y su culo apuntando en una dirección expuesta. Después se deja llevar y permite que yo haga todo el trabajo de limpieza. Al principio intenté volver a frotar lascivamente pero al darme cuenta que le dolía, me forcé a detenerme y terminar con el trabajo, ahí me di cuanta que talvez me había sobrepasado un poco.
Después decidimos entrar a la ducha para una limpieza más extenuante, mi primera ducha junto a una progenitora desde que mi madre adoptiva dejó de hacerlo a la edad de nueve años. No va a ser la última.
La noche pasó, se volvió silenciosa, dormimos nuevamente los dos juntos, pero está vez con un ambiente más erótico. Ya no en una situación de amor filial entre madre hijo, una dónde dormíamos en la misma cama pero separados. Ahora estamos como dos nuevos amantes, abrazados, Los dos totalmente desnudos, ella con parte de su torso encima del mío y una de sus piernas encima de mi cintura, yo con mi rostro recostado sobre su cabellos. Dormimos plácidamente reponiendo toda la energía que gastamos en ese ardiente y placentero encuentro íntimo.