Capítulo 1

Capítulos de la serie:

Era el 31 de diciembre de 2018. Ya habíamos hecho el brindis de Año Nuevo con la familia, nos dimos los abrazos de rigor у, apenas pasaron las doce, mis amigos me pasaron a buscar.

Fuimos al estadio que quedaba cerca de donde vivíamos, ese que siempre estaba abierto y que usábamos como punto de encuentro. Entramos a celebrar entre nosotros: abrazos, música en los celulares, bailando un poco y tomando lo que cada uno había llevado. Éramos adolescentes normales; yo tenía 18 años en ese momento.

En el grupo éramos seis: cuatro hombres (contándome a mí) y dos amigas. Empezamos a bailar con lo que sonaba en los teléfonos, pero de pronto a una de mis amigas empezaron a tocarla los otros cabros. La otra amiga se incomodó y se fue sola. Entonces la que quedaba se sintió mal, me miró y me dijo:

-Vámonos, acompáñame a mi casa. No me siento cómoda.

Salimos del estadio y empezamos a caminar por la calle. El alcohol ya nos había pegado fuerte a los dos. En el camino nos empezamos a besar, primero suave y después más caliente: nos agarrábamos, nos tocábamos, las manos por todos lados, por encima de la ropa. Llegamos a la entrada del sector donde vivíamos y, justo cerca, había un sembradío de guindas (o cerezas, como le digan). Nos metimos un poco entre los árboles, donde no pasaba casi nadie.

Ahí le dije, con la voz entrecortada por el trago y la calentura:

-Tú no me vas a dejar así…

Ella me contestó:

-No puedo hacer otra cosa, estoy en mis días.

Yo, sin pensarlo dos veces, le solté:

-Pero tienes la boca.

Me miró un segundo, se rió bajito y dijo:

-Ok, sin ningún problema.

Se agachó ahí mismo, entre las hileras de árboles, y me lo empezó a chupar. Estuvimos así un buen rato; los dos bien borrachos, sin noción del tiempo. Creo que fueron como 40 minutos. En un momento me dijo:

-Me duele la boca.

Yo ya estaba ido, ciego de todo. Me empecé a masturbar para que descansara ella, cabe acostar que estaba mi verga empapada en saliva, al rato le agarré la cabeza con las dos manos, le follé la boca duro, muy duro, lo cual era riquísimo porque ella tenía y tiene un piercing en la lengua. La cacheteé con mi verga un par de veces mientras seguía. Cuando sentí que ya no aguantaba más, acabé. No muy adentro, pero se la tragó completa.

Al día siguiente, ya con la resaca encima, me mandó un mensaje: -¿Te acuerdas de lo que hicimos anoche?

Yo le respondí:

-Sí… ¿y tú?

-Claro que sí.

Y los dos nos reímos. Se repitió después, pero eso ya es para otro cuento.

Diversión de verano con mi amiga

Diversión de verano con mi amiga II