Introducción
Antes de comenzar con la historia, quisiera hacer una salvedad, ya que si bien todos los lectores hablamos castellano, existen muchas variaciones del mismo lenguaje, aunque es cierto que gracias a internet, estas variaciones tienden a disminuir, también es cierto que en muchos casos existen términos regionales, por ejemplo, en España le dicen “bragas” mientras que en Argentina le decimos “Bombacha”, como mi intención es que ningún lector se encuentre con un término desconocido y que por ello, pierda el hilo de la narración, trataré de utilizar términos genéricos, comprensibles para todos (al fin y al cabo, desconozco cual es la región que habita el lector de esta fantasía). De tal forma, el artículo antes mencionado se transformará en “Ropa Interior” por ejemplo.
Espero lograr este cometido y llegar a la mayor cantidad de lectores posibles.
Por otra parte, en esta fantasía ensayaré otro estilo de escritura no habitual para mi, el relato no será en primera persona, mas bien el lector ocupará el lugar del llamado “Observador Omnisciente”, espero les guste y envíen sus comentarios a [email protected]
Primera Parte
Capítulo I – La Entrevista de Admisión
Nuestra aventura comienza en un consultorio médico ubicado en el centro de la ciudad, vemos que se encuentra una enfermera sentada en un escritorio con la parte superior de vidrio escribiendo en un ordenador. Tiene puesta una chaquetilla corta, de color celeste, completamente abotonada hasta el cuello, el cual es cerrado, gracias a que la superficie del escritorio es de material transparente, nos percatamos que el conjunto se completa con una falda del mismo color, que al encontrarse sentada nos permite ver una buena porción de sus hermosas piernas.
Completa su atuendo un par de zapatos en exactamente el mismo tono, salvo que no se trata del calzado bajo habitual que podemos ver habitualmente en una enfermera, muy por el contrario, son unos stilettos con un taco aguja de al menos 12 centímetros de altura.
Sin embargo, hay algo en la imagen que nos llama la atención, todavía no sabemos que es, se trata de una mujer hermosa, quizá sea que la chaquetilla es un poco demasiado ajustada y marca demasiado su generoso busto?, tal vez se trata de su calzado?, un poco inusual para un consultorio médico, su falda probablemente?, un poco corta o un poco por demás ajustada?
El maquillaje que lleva es probablemente demasiado llamativo, mas propio de una disco a las tres de la madrugada que para la asistente de un consultorio, labios de un rojo intenso, delineados haciendo que parezcan mas gruesos y carnosos, sombras oscuras en los ojos y pestañas postizas.
Quizá sea esto, o probablemente sean también sus uñas, en un color que imita exactamente el de sus labios y de al menos dos centímetros de largo, hasta tal punto que nos preguntamos como es que sea posible escribir en un teclado con ellas.
Lo mas probable es que sea el conjunto, no es la típica enfermera y estos pequeños detalles la delatan.
En ese momento alguien llama a la puerta de la consulta y nuestra enfermera le abre la puerta y la recibe:
– Buenas Tardes.
– Buenas tardes, soy la Señora Gutierrez y tenía una cita con la Doctora Silvia Tarrela.
– Si, adelante por favor, tome asiento Señora Gutierrez. La doctora está atendiendo otros asuntos en este momento, si quisiera esperar por favor.
– Como no, dice la visitante mientras toma asiento en un sillón de la sala de espera.
– Es su primera visita? Dice la enfermera mientras busca la ficha en el ordenador.
– Ya vine la semana pasada.
– Ha, si aquí está su legajo, ya se lo envié a la doctora. Quisiera tomar un café?, un té?, mientras aguarda.
– Un café por favor, hay mucha demora?
– No, solo unos diez o quince minutos, dice la enfermera mientras se levanta a preparar la bebida para la paciente.
Sin embargo, luego de preparar el café, toma un pequeño frasco con un líquido transparente de uno de los estantes y comienza a contar hasta que vierte quince gotas dentro de la bebida.
La señora Gutierrez se encuentra sentada en uno de los sillones, hojeando una revista cuando retorna la enfermera y le dice:
– Aquí tiene, avíseme por favor si quiere mas azúcar.
– No se preocupe, muchas gracias, le responde mientras comienza a beber de a pequeños sorbos.
Nuestra enfermera retorna a su escritorio y continúa escribiendo, mientras tanto la señora Gutierrez sigue bebiendo lentamente el café al mismo tiempo que hojea la revista.
De pronto, al terminar de beber el café, deposita la taza sobre una pequeña mesa que se encontraba a su lado, la revista cae sobre su regazo y luego se desliza al piso sin que ella parezca notarlo, su mirada se dirige al frente y su rostro permanece impávido, ajeno a mostrar cualquier tipo de emoción.
Cualquier persona se alarmaría ante esta extraña conducta, sin embargo, la enfermera continúa trabajando como si nada extraño hubiera sucedido.
En ese momento, suena el intercomunicador y una voz dice:
– Debora, ya está lista la señora Gutierrez?
– Si doctora, ya está preparada.
– Hazla pasar entonces.
La enfermera, dirigiéndose a la paciente le dice: – La doctora la está esperando, puede pasar por favor?
– Voy a pasar, fue la respuesta de la señora, se pone de pié y se dirige hacia el consultorio de la doctora, golpea la puerta y de dentro se escucha.
– Adelante
La mujer entonces ingresa al consultorio, en el, detrás de un escritorio también de vidrio, se encuentra sentada una mujer de aproximadamente unos 40 años, muy hermosa, con una bata blanca que tapa casi por completo las formas de su cuerpo, de cabello negro amarrado en una cola de caballo, a través del escritorio se percibe que lleva puestas unas medias negras de nylon, unos zapatos también stiletto de color negro, uñas pintadas de color oscuro y maquillaje acorde. Uno no puede menos que pensar, como hará pare revisar a sus pacientes con esas uñas.
El moviliario del consultorio se completa con dos sillas de espaldo recto frente al escritorio, un armario con varios cajones al costado del escritorio, unos pocos cuadros vistiendo las paredes y en un rincón, la clásica camilla para exámenes. Absolutamente nada que llame la atención de cualquier persona que ingrese a la consulta.
Nuestra paciente, luego de cerrar la puerta tras de sí, se queda de pié esperando.
– Pase Gladys, pase y siéntese.
– Voy a sentarme, responde la mujer y toma asiento en una de las sillas que se encuentran frente al escritorio de la doctora.
– Bien, ahora quiero me responda con total sinceridad.
– Responderé.
– Dígame como se ha desarrollado la relación con su marido?
– Yo no tengo marido doctora.
– Ciertamente, lo había olvidado, permítame corregir la pregunta: – Como se desarrolla la relación con su pareja?
– Mucho mejor doctora, un cambio de 180 grados.
– Bien, diría entonces que el cambio ha sido satisfactorio?
– Definitivamente doctora.
– Está usted conforme con los resultados?
– Muy conforme doctora.
– Responda con cuidado y libremente, desea continuar entonces?
– Si, es lo que mas deseo.
– Perfecto entonces, dice la doctora mientras se levanta y toma del fichero una carpeta bastante voluminosa.
– Todo lo que suceda ahora será olvidado por usted al terminar la consulta. Dígame si ha comprendido.
– Olvidaré todo doctora. He comprendido.
– Bien, al salir de la consulta usted habrá olvidado todo, los vagos recuerdos que pueda tener, los interpretará como una fantasía sexual, algo que la excita y que viene de su mente. Está claro.
– Perfectamente claro.
Todas las respuestas de la Sra. Gutierrez fueron expresadas en una voz sin ninguna emoción, casi como si se tratase de un autómata.
– Ahora le voy a mostrar algunas imágenes, quiero que preste atención a ellas, todas la excitarán y como le dije, las recordará vagamente y las interpretará como una fantasía sexual, sin embargo, cada una de ellas la excitará aún mas que la anterior. Ha comprendido?
– He comprendido doctora.
– Bien, ahora mire esta imagen, dice al abrir la carpeta y comenzar a mostrarle algunas imágenes de revistas pornográficas, en su mayoría, revistas de travestis o crossdresser, en las cuales el tema era la feminización forzada.
– Dígame, la excita esta imagen?
– Me excita doctora.
– Le gustaría hacerlo?
– Me gustaría doctora.
– Y esta otra, que le provoca?
– Me excita mas que la anterior.
– No sería hermoso practicarlo.
– Muy hermoso.
– Y esta otra?
– Me excita mas.
La entrevista continuó así durante una media hora, la doctora mostrándole imágenes de hombres feminizados, siendo dilatados con plugs anales, penetrados por mujeres vistiendo un arnés, por hombres también, todas vestidas con un atuendo mas fetichista que el anterior, se sucedieron imágenes de corsets, medias, maquillajes intensos, zapatos y botas de tacos increíblemente altos.
– Está excitada Sra. Gutierrez?
– Si doctora.
– Sientase libre de tocarse si lo desea.
Dicho esto, nuestra paciente abrió su blusa y comenzó a acariciar uno de sus senos con una mano, mientras que con la otra, se masturbaba al mismo tiempo que veía las fotografías que le mostraban.
La doctora abrió su bata y comenzó también a masturbarse.
– Digame, ha tenido fantasías con otra mujer?
– He tenido fantasías con otra mujer.
– Le gustaría hacerlas realidad?
– Me gustaría que se hicieran realidad.
– Porqué no comienza ahora entonces, dijo la Doctora mientras se abría de piernas y presentaba sus genitales a su paciente.
Casi como siguiendo una orden, se deslizó por debajo del escritorio y acercando su boca a la entrepierna de la médica, comenzó a lamer sus genitales.
– Muy bien, siga así, preste atención al clítoris.
– Si doctora.
– Le gusta?
– Me gusta doctora.
– Quiere dar el próximo paso?
– Quiero dar el próximo paso.
– Ha fantaseado con sexo anal?
– He fantaseado con sexo anal.
– Le gustaría probar.
– Me gustaría probar.
– Excelente, recuéstese en la camilla por favor y quítese la ropa de calle.
La Sra. Gutierrez entonces abrió por completo su blusa, retiró la falda y se recostó sobre la camilla esperando las instrucciones de la médica.
Mientras tanto, la Dra. había tomado de uno de los cajones del archivo un arnés el que tenía un dildo de tamaño y forma exactamente idéntidos al de un genital masculino, replicando hasta las venas, el glande que simulaba un pene circuncidado, e incluso los testículos.
– Excelente elección de ropa interior dijo la doctora.
– Gracias doctora.
– Veo que en este aspecto hemos mejorado mucho desde nuestra última entrevista. Decía la médica al mismo tiempo que acariciaba el busto de la paciente.
Dicho esto, tomó un preservativo y lo colocó en su miembro artificial y mientras se masturbaba obsenamente como si fuese un miembro masculino, comenzó a lubricar el ano de su paciente.
– Quiere continuar?
– Si doctora por favor.
Nuestra médica entonces comenzó a penetrar lentamente a la Sra. Gutierrez mientras le decía:
– Le gusta?
– Me gusta.
– Quiere que siga?
– Siga por favor.
– La excita?
– Me excita mucho doctora.
– Le gustaría hacerlo con su pareja, siendo usted la que penetra?
– Quiero hacerlo con mi pareja.
– Recuerda las imágenes que le mostré?
– Las recuerdo perfectamente.
– Cuando se encuentre camino a su casa, surgirán en su imaginación con todo detalle, se excitará y estará desesperada por intentar lo mismo con su pareja. Ha comprendido.
– He comprendido, respondió la paciente entre gemidos de excitación.
La doctora se retiró entonces y masturbándo el pene artificial obsenamente le dice:
– Puede vestirse ahora y arreglar su maquillaje.
Mientras la Sra. Gutierrez se estaba vistiendo la doctora le pregunta:
– Tiene usted alguna amiga o conocida con un problema similar al suyo?
– Un problema como el mío no.
– Alguien que tenga problemas de pareja?
– Si, respondió lacónicamente.
– Cuente con un poco mas de detalle.
– Hay una compañera de trabajo, que me ha referido en varias oportunidades que no está muy conforme con su matrimonio.
– Cual es su problema?
– Sostiene que su marido la ignora.
– Bien, entonces usted hará lo siguiente, hoy por la tarde invítela a tomar un café, un té, una bebida, en algún momento y sin que ella lo perciba, deberá colocar exactamente quince gotas, ni una mas de este frasco que le estoy entregando.
– Si doctora.
– Usted no recordará esta conversación, ni tampoco recordará haber vertido el líquido después de haberlo hecho.
– Si doctora.
– Cuando termine con su bebida, usted deberá alcanzarle mi tarjeta e indicarle que me llame solicitando un turno.
– Si doctora.
– Para estar seguras repitame las instrucciones.
La Sra. Gutierrez repitió palabra por palabra las instrucciones que le fueron dadas.
– Perfecto, tengo un horario libre hoy así que la atenderé por la tarde sin problemas. Ahora puede irse.
La paciente se retiró del consultorio y casi como una autómata salió del edificio, tomó un taxi y se dirigió a su empleo, cuando estaba arribando, recuperó la conciencia y no recordaba nada de lo sucedido, sin emgargo, una serie de imágenes comenzó a asalarla, travestis vestidos con corsets y tacos altísimos, ofreciendosé a ser penetrados por una Ama completamente enfundada en látex y portando un arnés con dildos de tamaño sencillamente descomunal.
Al mismo tiempo, evocaba imágenes de ella en ropa interior siendo penetrada por la doctora y gonzando analmente.
– Caramba, que fantasías que tengo últimamente. Pensó la Sra. Gutierrez.
Capitulo II – Interludio en la consulta
Cuando la Sra. Gutierrez se hubo retirado, la Doctora Silvia Tarrela dejó su guardapolvo abierto y sentándose en su sillón, comenzó a mover lentamente su mano por el miembro artificail, en ese momento tenía puesto un soutien de color negro, con encaje que permitía admirar su hermoso busto, un corselette negro también del cual pendían ocho tiras que sujetaban las medias 7/8 de color negro. Así, sentada, con las piernas extendidas y el guardapolvo cayendo a los costados del sillón, cayó en un estado de ensoñación mientras contemplaba las imágenes que hace poco le había mostrado a su paciente.
Justo es mencionar que el arnés de nuestra doctora tenía una particularidad, ya que en su parte interior contaba con dos dildos de látex, uno un poco mas largo, con la forma de un plug, que por supuesto, se introducía en su ano, mientras que el otro, un poco mas corto y grueso, se encontraba dentro de su vagina, mas, en la base de este último, un observador atento notaría una serie de pequeños «cabellos» podríamos llamarlos, cuya finalidad era estimular el clítoris de la portadora con cualquier movimiento.
Este era uno de los juguetes preferidos de nuestra doctora, ya que le permitía obtener placer de muchas formas al mismo tiempo, al ser penetrada analmente, vaginalmente y estimulada ante cualquier movimiento.
Así, estaba masturbándose, cuando presiona un botón en el intercomunicador:
– Vanesa, puedes vernir un momento por favor?
– Si doctora, ya voy
Casi al instante, se abre la puerta e ingresa la enfermera.
– Vanesa, se una buena niña y hazte cargo de mi pene.
– Sin mediar palabra, la enfermera se introduce por debajo de la mesa y comienza a practicarle una fellatio al pene artificial de la médica.
La doctora disfruta mucho de esa práctica y siente su excitación ir en aumento, en ese momento, al mirar las revistas que aún se encontraban sobre su escritorio no puede menor que recordar el camino que ha recorrido para llegar a una situación de este tipo.
Hace poco mas de un año, la doctora era una profesional mas, con una consulta que no terminaba de funcionar, con una serie de gastos que la hacían dudar de continuar en la práctica privada, y para colmo de males, un marido que poco hacía de ella, y que casi en nada la ayudaba.
Un día sin embargo, al llegar a su casa oye unos sonidos bastante inconfundibles proveniendo de su habitación, pensando que se trataba de su marido que se había encontrado con su amante de turno, se acercó lentamente y cual es su sorpresa al ver que en realidad se trataba de su hermano pequeño Damián, el cual estaba apoyado sobre un mueble de la habitación, mientras un travesti lo estaba penetrando.
Bueno, esto no era ninguna novedad, desde la adolescencia su hermano había estado virtualmente viciado en travestis y crossdressers, desde comprar revistas pornográficas, hasta contratar mas de una pidiendo dinero prestado, mas tarde, con el auge de internet, solía tener encuentros bastante frecuentes con crossdressers.
Sin embargo, la sorpresa de su vida se la llevó al prestar un poco mas de atención a la escena y darse cuenta que el travesti que estaba penetrando a su hermano no era otro que su marido.
Ahí estaba, el que se sentía el gran hombre, el gran macho (si es cierto que sus genitales, a pesar de su físico pequeño, eran literalmente descomunales), totalmente transformado en una prostituta y dándole placer a su hermano.
– Ricardo, que es esto? Es lo único que faltaba, exclamó totalmente indignada.
– Ricardo (su marido) no respondió, simplemente se quedó ahí de pié, con su pene erecto sobresaliendo por debajo de la minifalda.
– Es suficiente, me voy de casa y arréglate como puedas.
– Espera, la atajó su hermano, dame un momento. Y entonces, dirigiéndose a Ricardo le dice:
– Ahora retocarás tu maquillaje, lubricarás tu ano y luego irás a acostarte en la cama y rápidamente te dormirás, el sueño será reparador y solo despertarás cuando Silvia venga a buscarte, cuando despiertes no recordarás nada de lo sucedido. Has comprendido.
– He comprendido, dijo Ricardo con una voz sin emoción alguna. Y comenzó a caminar hacia el cuarto de baño dispuesto a cumplir las instrucciones que le habían dado.
– Que es esto? Una especie de broma? Preguntó Silvia a nadie en particular.
– Nada de eso, le respondió su hermano, ven vamos a la sala de estar y te contaré mientras tomamos un café.
– Acaso estoy yo para tomar café? Mas bien haré mis valijas y se acabó todo.
– No espera, déjame que te cuente, verás que Ricardo no tiene absolutamente nada que ver en esto.
– Como que no tiene nada que ver, si acabo de encontrarlo transformado en una prostituta y haciéndote gozar como un marrano.
– Espera, déjame contarte y verás. Dijo su hermano mientras la tomaba del brazo y le llevaba hasta la sala.
Cuando consiguió sentarla, le sirvió un café y comenzó a explicarle:
– Como bien sabes, yo soy Antropólogo.
– Claro y ahora me dirás que este era un trabajo de campo.
– Puedo continuar? Tenme un poco de paciencia y verás.
– Bien, adelante.
– Te decía, como sabes, soy Antropólogo y siempre me han interesado las culturas primitivas, aquellas que han tenido poco o casi ningún contacto con el resto de la humanidad.
– La cuestión es que durante los dos últimos años estuve conviviendo con una tribu cuyo nombre es completamente impronunciable para nosotros, que nunca había tenido contacto con el hombre blanco, de hecho, cuando me vieron por primera vez, pensaron que estaba enfermo y que me estaba muriendo.
– Para no alargar la historia, viví durante estos dos últimos años como si fuese uno mas de la tribu, aprendí sus rituales y me enseñaron todo lo que sabían sobre plantas medicinales. Y este es el tema, utilizan algunas plantas completamente desconocidas para la civilización occidental que serían capaces de revolucionar la medicina.
– Y todo esto que tiene que ver con mi marido.
– Ya casi llegamos, te decía, cuentan con algunas hierbas que aplicadas sobre una herida de consideración, basta con dejar pasar un par de días para que no quede ni siguiera cicatriz.
– Conocen también una planta, mas bien una hierba, de la cual procesan una bebida que tiene propiedades alucinógenas y suelen utilizarla para rituales religiosos una vez al año.
– Hasta ahora ninguna novedad, conozco infinidad de culturas que tienen rituales similares, respondió Silvia.
– Espera, el tema es que esta planta, luego de procesada, tiene la particularidad que aplicada en pequeñas cantidades, inhibe por completo la voluntad de quien la toma durante al menos una semana.
– No te creo.
– Sabía que no me creerías, así que me tomé la libertad de poner unas pocas gotas en tu bebida.
En ese momento, Silvia dejó la taza sobre la mesa y se quedó completamente inmóvil.
– Ahora harás algo que nunca hubieras hecho en estado conciente, y para que sirvas de testigo de ti misma, deberás recordar todo lo que suceda aquí.
– Recordaré todo, respondió Silvia.
– Ten, ponte esto, le dijo alcanzándole un arnés.
Silvia se lo puso y entonces su hermano le dice:
– Ven conmigo y la guío hasta la habitación donde su marido dormía aún bajo los efectos de la droga.
Se acerca y le dice al óido.
– Ahora Silvia va a hacer algunas cosas contigo que te gustarán mucho, cuando despiertes no recordarás que fue, pero si tendrás la sensación que han tenido el mejor sexo de tu vida.
Dirigiéndose a Silvia le dice:
– Te gustaría penetrarlo?
– Me gustaría penetrarlo, responde esta.
– Ves, recuerda mas tarde, que en este estado aún una pregunta es recibida por el sujeto como si fuese una instrucción.
– Adelante, penétralo, verás que te gustará y a el también.
Silvia entonces comienza a cabalgar a su marido, ambos gimiendo hasta que tienen un orgasmo casi simultáneo, Ricardo por la estimulación anal, y Silvia por la estimulación de su clítoris por el arnés.
Una vez finalizado el acto, Damián le susurra al oído a Ricardo, ve al cuarto de baño, toma una ducha, limpia el maquillaje y guarda la ropa que tienes puesta, luego te pondrás tu ropa interior masculina y te dormirás nuevamente, sin recordar nada de lo que ha sucedido recientemente, tendrás la sensación de haber tenido el mejor sexo de tu vida.
Luego que Ricardo se retira, se dirige a Silvia y le dice, «despierta completamente, recuerda todo lo que ha sucedido, y espérame en la sala de estar, pero continúa con el arnés puesto y masturbate como si fuese un pene real hasta que yo llegue, mientras reflexionas en lo que ha sucedido».
Silvia se retiró y Damián la dejó unos diez minutos a solas para que asimilara lo que había ocurrido y cuando fue a su encuentro la encontró sentada en un sillón, masajeando su pene artificial con una mano y acariciando sus pechos con la otra, su rostro no mostraba otra cosa que excitación y deseo, Damián comprendió entonces que había despertado en Silvia algo en su interior que ella ni siquiera sospechaba.
– Como habrás visto, todo lo que te dije era verdad.
– Es cierto, tengo que confesarte que recuerdo todo perfectamente y que a pesar que tus instrucciones me parecían repulsivas, no podía objetar ni negarme a cumplirlas, era como si estuviese en piloto automático y otra persona se encuentrase al comando de mi cuerpo.
– Reconozco que no fue del todo correcto lo que hice, mencionó Damián, pero cuando ví a Ricardo tomando una ducha no pude negarme a la tentación de sentir ese hermoso miembro dentro mío, pero como sabes, no me gustan los hombres, así que decidí ofrecerle un té, como hice contigo y luego le dí instrucciones para que se transformase.
– Y el no recuerda nada de todo esto? Preguntó Silvia.
– Absolutamente nada, solo tiene la sensación tal como habrás visto, de haber tenido una experiencia sexual excepcional, tal como le instruí.
– Pero esto abre posibilidades increíbles en la terapia de una persona, las posibilidades son infinitas, y por supuesto, la responsabilidad de ejercer un poder así sobre otras personas es inconcebible.
– Por eso no he divulgado nada de mis investigaciones, no quiero ni pensar lo que podría suceder si un producto así cae en manos equivocadas.
– Y la ropa de Ricardo, de donde la conseguiste, como es que el consigue una transformación tan exquisita?
– En realidad la fue comprando el, todas sugestiones que le implanté, poco a poco, lo mismo con el maquillaje y su forma de actuar cuando activo su personalidad femenina.
– Como que la fue comprando el?
– Si un detalle que no te confesé es que esto comenzó hace tres meses, el fue comprando la ropa poco a poco según mis indicaciones y también en estado de trance vio tutoriales de maquillaje, de comportamiento, como caminar con tacos altos, etc.
– Tres meses, eres un desgraciado.
– Mira el lado positivo, al menos ahora no lo tienes por ahí holgazaneando y persiguiendo mujeres. Y además, no puedes negar que te ha excitado hacerlo tu mujercita, todavía te estás masturbando.
Silvia en ese momento notó que como bien decía su hermano, todavía continuaba acariciando su pene artificial.
– En eso tienes razón, y me ha gustado mas de lo que crees, de alguna forma es una revancha por todos los malos momentos que me hizo pasar, pero si no quieres que realice una denuncia ya mismo, haremos lo siguiente: Me darás todos los detalles de esta famosa hierba, la forma de producirla y procesarla, como administrarla, efectos secundarios, todo lo que sepas de ella y de aquí en adelante yo me haré cargo.
– Bueno, puedo con eso, al fin y al cabo dentro de un mes viajaré nuevamente y de aquí en adelante será problema tuyo lo que haces con el producto.
– Perfecto, comencemos entonces.
Y así fue como Silvia adquirió los conocimientos para producir tal misteriosa substancia, la incorporó a su práctica diaria y su consultorio comenzó a estar cada vez mas concurrido debido a los excelentes resultados, al principio lo utilizaba de forma moderada, para tratar fobias o pequeños problemas de conducta, pero lo que ella no tuvo en cuenta es que el poder actúa casi como una droga, la sensación de controlar a otra persona, de moldearlo según su propios deseos era cada vez mayor hasta que finalmente no pudo resistirse.
Llega así un día a su departamento y al encontrar señales inequívocas de que Ricardo había estado con otra mujer, decidió darle una lección, una vez mas preparó un té (al cual obviamente agregó 15 gotas de la substancia) y cuando su marido estuvo en trance procedió a reprogramarlo.
– De ahora en adelante no eres mas Ricardo, te llamas Débora.
– Me llamo Débora.
– Serás mi asistenta en el consultorio.
– Seré tu asistenta.
– Vestirás siempre con ropa femenina, llamativa, maquillaje intenso, medias de nylon, uñas largas, calzado de taco aguja y seguirás todas mis instrucciones.
– Me vestiré llamativamente, mi maquillaje será intenso, usaré uñas largas y zapatos de taco aguja y seguiré tus instrucciones.
– Nada te dará mas placer que satisfacerme oralmente y rogarás que para que te penetre con mi arnés.
– Me da placer satisfacerla oralmente y le ruego que me penetre.
– Perfecto, ahora ve a cambiarte tal como te he indicado y luego preséntate ante mí que voy a hacerte gozar. Está claro?
– Está claro Señora.
– Ricardo salió de la habitación por última vez y al cabo de aproximadamente media hora retornó Debora, una mujer de cabello oscuro, maquillaje intenso, con una cintura reducida por un corset, medias negrras sujetas al corset mediante portaligas, calzado de taco aguja, uñas largas y rojas tal como se le había indicado.
Mientras tanto, Silvia se había transformado también en una Diosa Dominante, cabello amarrado en una cola de caballo medias de nylon de color natural, también por supuesto con portaligas, botas de caña alta con un par de tacos que le daban casi la misma altura que Débora y por supuesto, un arnés con un falo artificial que se proyectaba obsenamente hacia adelante.
– Múestrame tu cola que ahora vas a gozar, abrete para mí.
Débora, sin decir palabra, se recostó sobre una mesa, exponiendo sus nalgas y con sus manos, las abrió para ofrecer su ano a su ex – esposa, ahora su Ama.
Silvia entonces comenzó a penetrarla lentamente.
– Te gusta?
– Si señora.
– Quieres más?
– Si señora, por favor.
– Eres mi putita?
– Soy su putita Señora.
– Quieres tener un orgasmo?
– Si señora, no puedo mas.
– Bien, quiero que tengas un orgasmo.
Dicho esto, Debora comenzó a eyacular abruptamente, de esta forma Silvia percibió que su poder incluía también la posibilidad de ordenar cuando y como su ex – marido podría tener satifacción sexual.
Cuando finalizaron, Silvia le alcanzó a Débora un plug anal diciéndole:
– Llevarás esto puesto en todo momento a fin de estar siempre dilatada y dispuesta a ser penetrada, por mí o por quien yo te lo indique, solo lo retirarás por la mañana cuando te apliques una enema a fin de mantenerte bien limpia y solo tendrás erecciones cuando yo te lo indique, has comprendido?
– Si Señora, dijo Débora mientras colocaba el plug anal en su lugar.
Segunda Parte
La Entrevista de Marta
Y esta es la historia de la enfermera tan particular y de la práctica aún mas particular de la Doctora, ha pasado casi un año ya y de Ricardo poco queda ya, salvo su generoso pene, el cual se encargó Silvia de conservar y disfrutar ocasionalmente, su cuerpo había sido depilado definitivamente, su cabello, a lo largo del tiempo había crecido y ahora caía en bucles negros sobre sus hombros, su busto había sido aumentado con las prótesis mas grandes que pudo encontrar en el mercado local, al mismo tiempo, sus pómulos se encontraban resaltados, su labios aumentados e incluso sus ojos habían sido operados de forma de darle un aspecto oriental, pero continuemos ahora con la historia de la paciente, la señora Gutierrez.
Al descender del automóvil y dirigirse a su empleo, no sabía porqué pero se encontraba sumamente excitada, a tal punto que casi cambia de opinión y se dirige a su departamento con toda la intención de tener un encuentro sexual con su esposo, sin embargo, se contuvo y se dirigió a su oficina, allí se encontró con su amiga Marta Sosa con un aspecto deprimido.
– Que te pasa Marta?
– Lo de siempre Gladys, mi marido me ignora por completo, ni sabe que existo, si al menos discutiera por lo menos reconocería que estoy frente a el.
– Porqué no vamos a la cafetería, tomamos algo y al menos te desahogás conmigo.
– Buena idea, y entonces partieron hacia la cafetería que se encontraba en el mismo edificio.
Marta, luego de realizar el pedido le dice: – Esperame un momento que tengo que ir al baño.
Cuando su amiga salió, Gladys (la señora Gutierrez), tomó de su bolso el pequeño frasco que le había dado la Doctora Silvia y vertió en su bebida exactamente quince gotas, luego se descubrió a si misma guardando el recipiente preguntándose que era lo que tenía en la mano, lo dejó caer en el bolso restándole importancia y lo olvidó por completo.
Cuando vuelve su amiga, esta comenzó a contarle como se sentía, las cosas que le pasaban, como su marido la ignoraba por completo, hasta que en un determinado momento, quedó callada, mirando al frente con la mirada perdida.
En ese momento, Gladys recordó la tarjeta que le había entregado la Dra. Tarrela y se la entregó a Marta diciéndole, – Porqué no llamás a esta Dra. ha hecho maravillas por mi matrimonio.
– Llamaré a la Dra. Tarrela.
– Perfecto, porqué no lo haces ahora?
– La llamaré ahora dijo e inmadiatamente tomó su teléfono y concertó una entrevista para el mismo día a las 18:00 hs.
A partir de ese momento la conversación la llevó adelante Gladys, Marta simplemente escuchaba y asentía a todo lo que su amiga decía.
Terminada la jornada laboral, Gladys se dirigió a su departamento mientras que Marta acudió a la consulta de la Dra. Tarrela.
Al llegar, los sucesos fueron muy similares a los que describimos anteriormente, Débora le ofreció algo de beber y agregó a la bebida otras quince gotas de la substancia.
Al rato suena el intercoumicados: – Está lista la Sra. Marta preguntó la Dra. Tarrela.
Debora la observó, ella estaba con la mirada fija al frente, con la mirada perdida. – Si Doctora contestó.
– Hazla pasar enconces.
– Sra. Marta, dijo la enfermera, puede pasar por favor.
– Voy a pasar.
Al pasar, la Dra. Silvia le dice:
– Pase, tome asiendo por favor.
– Voy a sentarme.
– Cuenteme que es lo que le pasa.
Marta entonces comienza a contarle sin ningún tipo de inhibición todas las dificultades que tenía en su matrimonio, y luego pasó a contestar con total honestidad las preguntas de la doctora, que se referían tanto a sus preferencias sexuales, sus experiencias anteriores, sus fantasías y también las preferencias de su pareja.
– Bien, creo que ya tengo una idea bastante precisa del tratamiento, permítame mostrarle algo.
Tomó otra carpeta del archivo que se encontraba al lado del escritorio, y sentándose al lado de Marta, comenźó a mostrarle fotos principalmente de dominatrices, mujeres con guantes de cuero y látex, corsets, fustas en la mano, sometiendo tanto a hombres como a otras mujeres y ocasionalmente, algún que otro transexual.
– Digame, que le parecen estas imágenes.
– Me gustan mucho Doctora, me gustaría ser como estas mujeres que me ha mostrado.
– No hay problema, veo en usted a una Dominatriz en potencia y creo que ese será el camino del tratamiento. Ahora permítame darle un pequeño consejo, cambie de estilo al vestir, use ropas mas provocativas, zapatos de taco alto, haga su maquillaje mas intenso, verá que solo con eso su marido le prestará mas atención.
– Cambiaré mi estilo Doctora.
– Si no le molesta, ahora realizaremos un pequeño ejercicio, está de acuerdo?
– Estoy de acuerdo Doctora.
– Perfecto, entonces tomando el intercomunicador dice: – Debora, puede venir un momento, necesito su asistencia en un caso.
– Estoy yendo doctora.
Al entrar Debora en el consultorio, la Dra. Silvia dice, dirigiéndose a Marta: – Digame Marta, que le parece mi asistente, no es hermosa?
– Es muy hermosa Doctora.
– Le gustaría que la acariciara?
– Me gustaría mucho.
– Debora, puede acercarse por favor y acariciar a nuestra paciente?
Debora entonces se acerca a Marta y comienza a acariciarla, primero su rostro, luego entrelazando sus dedos en el cabello de la paciente, descendiendo lentamente por el cuello hasta llegar a su busto y finalmente pellizcando suavemente sus pezones con sus uñas largas y perfectas.
La respiración de Marta se aceleró y se percibía claramente su excitación.
– Le gusta Marta?
– Me gusta mucho Doctora.
Muy bien, Debora, puede acercarse un poco mas por favor?
Debora se acerca de forma tal que su entrepierna quedó apoyada en el hombro de Marta.
– Le gusta el roce de la entrepierna de mi enfermera?
– Si Doctora, me excita mucho.
A estas alturas Débora estaba mas excitada todavía y su generoso pene pugnaba por liberarse de la ropa interior.
– Débora, porqué no le muestras tu entrepierna a nuestra paciente?
Debora entonces abre tu bata, baja su falda y libera su pene, comenzando a masturbarse en una imagen por lo menos llamativa al ver ese miembro tan generoso envuelto en una mano tan delicada y con unas uñas tan largas y perfectas.
– Le gusta lo que ve Marta?
– Me gusta mucho Doctora.
– Que le gustaría hacer ahora?
– Me encantaría besarlo y luego sentir en mi boca su orgasmo.
– Adelante entonces, no se inhiba, esto es parte del tratamiento.
Marta entonces abrió su boca todo lo que pudo a fin de poder besar los genitales de Débora y comenzó a lamarlos con entusiasmo, mientras que con una de sus manos, acariciaba sus testículos.
La Doctora Silvia entonces, se quitó su falda, tomó del cajón de su escritorio el arnés realista e insertando un vibrador en su ano y otro en su vagina lo ajustó a su cintura, subió la falda de Marta que ahora estaba recostada en el sillón y lentamente comenzó a penetrarla.
– Le gusta Marta?
Entre jadeos esta respondió: – Si Doctora.
– Imagine que su rutina sexual puede transformarse en esto, que su marido se transforme en su sirvienta fiel, siempre listo para complacerla, le agrada la idea?
– Es lo que mas quiero.
– Perfecto, creo que el tratamiento será un éxito entonces. Puede tener un orgasmo si así lo desea y tu también Debora.
No terminó de decirlo que Debora estalló dentro de la boca de Marta, inundandola de semen, y al mismo tiempo, Marta se convulsionaba en un orgasmo que parecía no tener fin.
– Excelente, hemos dado el primer paso, pero por favor, agradezcale a Débora su esfuerzo, al menos se merece un beso.
Dicho esto, la paciente y la enfermera comenzaron a besarse, jugando con sus lenguas y pasándole la primera todo el semen que todavía estaba en su boca.
Débora estaba lamiendo sus labios cuando la Doctora le dice: – Muchas gracias Débora, puedes retirarte.
Cuando Débora salió del consultorio la Doctora Silvia le dice a Marta:
– Bien, cuando cruce la puerta de este consultorio, usted no recordará absolutamente nada de lo que ha ocurrido aquí, se sentirá relajada y tranquila, confiando en el tratamiento, solo deberá seguir dos simples instrucciones.
– Si Doctora.
– La primera, como ya le dije antes, cambie su estilo de vestir, vaya adquiriendo poco a poco ropas mas acordes con su nuevo estatus de dominatriz, la segunda, tome esta substancia y hoy a la nocha debe vertir exactemente quince gotas en la bebida de su marido, cuando vea que deja de hablar, que tiene la mirada perdida, llama a este número y le serán dadas instrucciones para usted y para su pareja.
– Está claro?
– Está claro Doctora.
– Repita sus instrucciones entonces.
Marta repitió las instrucciones que le había dado la Doctora y entonces se vistió y salió de la consulta. Extrañamente no recordaba nada de lo que había sucedido, pero sentía una gran confianza en el tratamiento y esto la llevó a sentirse relajada y tranquila como hacía mucho tiempo.
Parte III
La Señora Gutierrez llega a casa
Al llegar a su departamento y abrir la puerta, el rosto de la Sra. Gutierrez cambió sútil pero drásticamente, de un aspecto cansado, pasó a demostrar entusiasmo, una semisonrrisa asomó entre sus labios y su postura también cambió, ahora caminaba mas erguida.
Al entrar fue recibida por una mujer de aproximadamente su misma edad, pero que estab vestida como si hubiese salido de una película de los años 50, desde su peinado, su maquillaje e incluso su ropa, con una falda amplia y acampanada, una blusa ajustada que mostraba que tenía un sujetador de los llamados torpedo o bullet, medias con costura y zapatos de tacón alto.
– Hola mi amor, te estaba esperando con la cena lista.
– Hola Griselda, tal el nombre con el que había bautizado quien hasta hace poco mas de un mes era su marido, creo que la comida tendŕá que esperar.
– Es una lástima, respondió Griselda mientras la abrazaba por el cuello y la besaba, estuve cocinando para vos y ahora se va a enfriar.
– Poco me importa eso, estoy excitada y no creo que pueda esperar, dijo Gladys mientras con una de sus manos exploraba las nalgas de su ahora esposa.
– Sabes que me gusta complacerte, nunca me escucharás decir que me duele la cabeza.
– Me encanta esa actitud que tienes, pero primero quiero jugar un poco, porqué no me traes un par de guantes.
– Guantes, ssiii por favor, sabes que me encanta, ya voy por ellos.
Mientras Griselda iba hasta el cuarto por los guantes de látex, tipo cirujano, Gladys se desvistió quedando solamente en ropa interior, corset, un collar, medias y zapatos.
Al volver Griselda le preuntó: – Estás lista?
– Siempre mi amor, sabes que me gusta estar preparada para vos.
Este era una especie de código entre ellas, indicando que estaba preparada y convenientemente lubridada.
Gladys se sentó en una silla y entonces le dice: – Ven aquí mi putita, sabes como tienes que hacerlo.
Griselda entonces se recostó sobre las piernas de su esposa quedando sus nalgas apuntando hacia arriba.
Gladys entonces, levantó la falda de Griselda por encima de su espalda y en un gesto algo teatrál (que exitaba a su esposa) se colocó los guantes que llegaban casi hasta sus codos, bajando su ropa interior, primero retiró el plug anal que tenía puesto, y luego comenzó a explorar su ano, primero con un dedo, luego con dos.
– Te gusta?
– Si mi amor, pero no te detengas, sabes que me gusta sentirte.
– Si tu lo pides, quien soy yo para decir que no.
Introdujo entonces un tercer dedo, dilatando lentamente a Griselda, luego un cuarto y finalmente dijo: – Sigo?
– No te detengas por favor.
Gladys continúo jugando con la abertura de su esposa, dilatándola lentamente hasta que pudo introducir los cinco dedos y comenzó a ejercer presión, lentamente, pero con firmeza, hasta que finalmente, con un gemido, Griselda terminó capturando por entero la mano de su esposa.
– Hay que placer, gracias Gladys, sigue por favor.
– Como quieras, fue la única respuesta, y aumentó la presión introduciendo aún mas su puño dentro del ano de Griselda.
– Tocate un poco, sabes que me gusta cuando pones esa expresión de putita.
Griselda como pudo, deslizó su mano por debajo de su falda y comenzó a masturbarse.
– Ni se te ocurra terminar hasta que yo te diga si no quieres ser castigada.
– Por favor, no puedo mas, me excitas mucho.
Gladys continuó jugando hasta que la dilatación de su mujer llegó al máximo, creo que ya estás lista para el premio mayor, levántate un momento y esperame que ya vuelvo.
Gladys se dirigió al cuarto mientras Griselda quedó virtualmente recostada en el piso de la alfombra, con una mano masturbándose lentamente para no eyacular mientras que intentaba introducir su otro puño en su ano.
Cuando vuelve Gladys tenía puesto un arnés, pero este tenía la particularidad que imitaba a la perfección el pene de un caballo, tanto en su forma como en su tamaño, de manera tal que su extremo casi sobrepasaba sus rodillas.
– Pero que puta que sos, no podías esperar ni un momento, ahora vas a ver lo que tengo para vos, y arrodillándose detrás de Griselda, que ya se había posicionado en cuatro, comenzó a penetrarla.
– Te lo vas a comer entero, y no quiero escuchar protestas.
– Por favor, dámelo todo, fue la única respuesta de su mujer.
Poco a poco introdujo todo el miembro artificial dentro de su ex – marido, mientras esta gemía de placer.
Cuando sintió que sus testículos artificiales rozaban los glúteos de Griselda, le dice: – Ahora sí puedes acabar.
Dicho esto, Griselda inmediatamente comenzó a emitir chorros de semen que parecía no acabarían nunca.
– Mira el desastre que hiciste, ahora quien va a limpiarlo?
– Yo, sabes que me encanta limpiar, y dicho esto, se arrodilló y comenzó a lamer su propio semen del piso para luego intercambiarlo con su esposa en un profundo beso de lengua.
– Bueno, dijo Gladys, ahora sí vamos a arreglar nuestro maquillaje y podemos comer.
– Creo que hoy empezamos al revés, por el postre, acotó Griselda.
Parte IV
La Señora Marta llega a casa
Al cruzar Marta el umbral de su departamento, el cambio en su rostro fue justamente el inverso al que había obrado en la Sra. Gutierrez, se acentuaron las marcas del cansansio, un gesto de desánimo la invadió, asumía que su esposo estaría sentado en un sillón, mirando algún espectáculo deportivo, acompañado de una cerveza y no se equivocó, su desánimo aumentó al ver el desorden del departamento, ropa simplemente arrojada al piso, la cocina un desastre, vajilla sucia amontonada, restos de comida, hicieron que se sintiera aún peor.
– Claro, pensó, mientras el descansa, yo luego de un día de trabajo tengo que lidiar con esto, se dijo a si misma mientras calculaba el tiempo que demoraría en limpiar y acomodar todo el desastre que había encontrado, y para colmo de males, seguramente la regañaría porque la cena estaría lista demasiado tarde.
– Me traes una cerveza, escuchó que le decían desde la sala donde se encontraba su marido mirando la televisión.
Ella aún no se había quitado el abrigo y continuaba con el bolso en la mano cuando escuchó el pedido, tomó una cerveza de la heladera, la abrió y por supuesto, no tuvo ningún registro de haber buscado en su bolso la substancia, de agregar quince gotas exactamente (aunque en realidad, motivo de sus nervios se equivocó y vertió cinco gotas de mas) y luego guardar el frasco nuevamente en su bolso.
– Aquí tienes, le dijo mientras le alcanzaba la cerveza, si me necesitas estaré en la cocina ordenando un poco y preparando la cena.
Comenzó entonces con sus quehaceres hasta que en determinado momento, fue a buscar algo a la sala y vió que su marido estaba en trance, mirada fija al frente, ojos vidriosos, su rostro no tenía expresión alguna. Automáticamente, la orden dada por la Dra. Silvia surgió efecto, tomó el teléfono y llamó al número indicado.
– Está en trance, fue lo único que dijo en cuanto atendieron su llamada.
– Perfecto, ahora escucha con atención.
– Escucho con atención, y a continuación recibió una serie detallada de instrucciones para ella y su marido.
– Perfecto, dijo la voz al otro lado del teléfono, ahora repite para tu marido las instrucciones que acabo de darte, dejando la línea abierta.
Marta entonces repitió para su marido las instrucciones recibidas que le correspondían a el.
– Pregúntale si ha comprendido.
– Has comprendido?
– Si Ama, he comprendido fue la respuesta que recibió.
– Perfecto, le contestaron al otro lado del teléfono, ahora puedes comenzar y se escuchó como se interrumpía la línea.
– Prepárate, dijo entonces Marta, dentro de una semana tendremos una cena en este departamento, ya sabes lo que tienes que hacer.
– Si Ama, voy a comenzar, fue la respuesta que recibió.
Parte V
La Cena en Casa de Marta
Había pasado ya una semana y llegado el viernes por la noche, Gladys junto con su ahora esposa Griselda, se dirigieron al departamento de Marta, tal como indicaba la invitación de su amiga, como dijimos antes, la acompañaba su mujer, vestida como siempre en un estilo de los años cincuenta, ahora un poco mas formal, pero siempre con un busto marcado, zapatos stiletto de tacón alto, medias color natural con costura y portaligas, corset y por supuesto, una peluca con un peinado alto y elaborado, acompañado por demás está decirlo de maquillaje intenso, joyería, uñas largas, etc.
Mientras tanto, Gladys (nuestra vieja amiga la Sra. Gutierrez) vestía una falda de cuero, muy ajustada al cuerpo, larga justo hasta las rodillas, medias negras, botas de caña alta haciendo juego (con tacón alto de más está decirlo), una blusa blanca que resaltaba su prominente busto y una chaqueta de cuero haciendo juego.
Mientras subían al ascensor le dice: – No se Griselda, me extraña el motivo de esta reunión, Marta solo me dijo que sería una cena formal y que estarían también la Dra. Silvia y su enfermera Débora.
– No te preocupés querida, le contestó su esposa, sabes como es ella, seguramente querrá hacer algún anuncio o por fin se separó de su marido y quiere festejar.
Al llegar al departamento fueron atendidos por una mucama francesa, un vestido negro con volados blancos, que tenía un escote cuadrado que apenas contenía su generoso busto, guantes blancos acompañados por una cofia del mismo color, medias 7/8 negras con costura, zapatos estiletto con un taco de al menos diez centímetros, acompañado todo el conjunto por un maquillaje intenso y labios generosos de color rojo.
Esta, con un marcado acento francés les dice: – Buenas tagdes segnoras, Madame está en la sala acompañada por la Doctoga Taggela, siganme pog favog.
Al llegar a la sala le anuncia a Marta: – Madame, el matgimonio Sosa.
– Hola hermosa, dice Marta, que gusto me da que hayas venido.
El cambio en Marta era sencillamente impactante, ya desde su postura antes sumisa ahora se mostraba dueña del espacio, mas aún era su cambio en la ropa, un vestido negro, ajustado al cuerpo, con una falda tubo y un escote también cuadrado casi exhibiendo su busto, acompañado por medias de color natural, con costura por supuesto, unos zapatos de taco aguja aún mas altos que los de la criada, el maquillaje oscuro,labios color vino, sompras en los ojos haciendo juego, uñas largas del mismo color, y de más está decir, joyería acorde a la ocasión.
Sentadas en sendos sillones de la sala se encontraban también Silvia y Débora, no menos despampanantes que nuestra anfitriona..
Sin embargo, Marta notó la falta de alguien. – Y tu marido, no estará presente en la reunión.
– No lo creo querida, digamos que está en un largo viaje, pero antes de irse me dejó a Fifi.
– Fifi?. Preguntó Marta.
– Si por supuesto, acaban de conocerla y es excelente, mira que prolijo está el departamento ahora, no se como podía vivir sin ella, además, no solo es muy obediente, sino que está siempre dispuesta a complacerme en cualquier forma que se me ocurra.
– Cualquier cosa? No puedo creerlo.
– Pues créelo, pero después te mostraré, ahora vamos a comer.
Se sentaron en la mesa y fueron atendidos por Fifi, quien entre plato y plato, permanecía de pié en la entrada del comedor, atenda a las necesidades de los invitados, sirviendo las bebidas, retirando los platos y luego sirviendo el siguiente plato hasta que finalmente llegaron al postre.
– Excelente Fifi, te felicito.
– Mercí Madame fue la respuesta de la mucama.
– Ahora permíteme mostrarte lo que te mencioné antes. Fifi, por favor serías tan amable de complacer a nuestros invitados.
– Oui Madame, y dicho esto, se arrodilló por debajo de la mesa y comenzando por Marta, se posicionó en su entrepierna y empezó a lamer sus genitales, cuando Marta tuvo un orgasmo, se aproximó a Griselda y empezó a succionar el pene de esta hasta que tuvo un orgasmo, aún con la boca llena continuó con la Dra. Silvia y finalmente con Débora.
– Ve a lavarte el rostro y retoca tu maquillaje por favor.
– Oui Madame.
Mientras tanto Marta les dice: – Han visto, sumamente complaciente.
– Es excelente le respondió Griselda, pero donde la consiguió tu marido.
– Bueno, en realidad, Fifi solía ser mi marido, pero encuentro nuestra relación mucho mas satisfactoria en este momento, además, es un excelente uso para todos los cursos de francés que hizo y nunca pudo utilizar.
Fifi en ese momento retornaba con su maquillaje ya compuesto, – No es verdad Fifi?
– Si Madame, encuentgo muy placentego segvigla.
– Pero vayamos ahora a la sala, quiero mostrarles otras habilidades de Fifi.
Se sentaron en la sala, cada una de ellas en un sillón, y Marta le dice, – Fifi, puedes mostrar tu entrepierna y tus nalgas por favor.
– Pog supuesto Madame. Dicho esto, se levanta la falda y muestra que no tenía ropa interior, sin embargo, su pene estaba atrapado en un dispositivo de castidad, mientras que al exhibir sus nalgas, se podía apreciar que tenía puesto un plug inflable dilatándola.
– De esta forma me aseguro que esté siempre excitada y dilatada.
– Sería interesante que Débora y Griselda hicieran uso de ella para ver como responde, dice la Dra. Silvia.
– Excelente idea querida, respondió Marta, Fifi, quieres atender a nuestras invitadas por favor?
Dicho esto, Griselda y Débora procedieron a quitarse la ropa quedando solo en ropa interior, zapatos y lencería, Fifi se aproximó a ellas y con una mano en cada miembro, comenzó a masturbarlas, y luego a practicar sexo oral alternando entre una y otra.
El miembro de Débora si recuerdas era de dimensiones mas que generosas y pronto estuvo rígido, Marta entonces dice: – Creo que será mejor que primero vaya Griselda, no quiero que la lastimen.
– Tienes razón querida, dice Gladys, Griselda, te gustaría penetrar a Fifi?
– Por supuesto querida, y mientras lo decía acomodaba a Fifi sobre el piso, boca arriba, colocaba sus rodillas en sus hombros, exponiendo su ano, con un lento movimiento, removió el plug anal y comenzó a penetrarla lentamente.
Mientras tanto, Débora se posicionaba en su cabeza, sentada sobre el busto de Fifi, ofreciéndole su miembro para que lo mamara.
Esto duró unos quince minutos, mientras nuestras amigas (Gladys, Silvia y Marta) se habían quitado la ropa y contemplaban el show mientras se masturbaban.
– Voy a terminar, dice Griselda y con una serie de espasmos comienza a eyacular dentro de Fifi, mientras tanto, Débora hace lo mismo pero ahora dentro de la boca de la criada.
– Creo que ya está lista dice Silvia, chicas, quieren cambiar de posición.
Débora, con su miembro todavía erecto, se posicionó de igual forma entre las piernas de Fifi y comenzó a penetrarla, ahora se escuchaban los gemidos de la mucama mientras el generoso miembro de la enfermera la penetraba, pero esto fue por poco tiempo ya que en breve, tenía en la boca los genitales de Griselda.
– Bueno, vamos a mirar solamente o vamos a participar, dice Gladys.
– Estaba esperando que preguntaras querida, le respondió Marta, espera un momento, se retiró y casi al instante volvió con tres arneses, cada uno de ellos una réplica exacta de un miembro masculino, que contaban además con dos vibradores que se insertaban en el ano y la vagina de la portadora.
Una vez que los tuvieron colocados Silvia les dice: – Vengan chicas, estas se posicionaron frente a sus amas, exponiendo sus nalgas mientras observaban como las mujeres masturbaban obsenamente sus penes artificiales.
– Me permites que sea la primera en abusar de Fifi?, le preguntó Silvia.
– Por supuesto querida, es un placer, a mi me gustaría probar como se siente la cola de Griselda.
– Faltaba mas, le respondió Gladys, te confieso que hace mucho tiempo que sueño con penetrar a Débora.
Y así comenzaron a bombear a los tres ex – maridos, intercambiando parejas, hasta que llegado el momento, casi al unísono las criadas tuvieron un orgasmo.
– Felicidades Fifi, tu primer orgasmo prostático. Te ha gustado?
– Si segnora, me gustó mucho.
– Bueno, pero ahora deben limpiar el desastre que hicieron.
No terminó de decirlo que las tres se agacharon y comenzaron a lamer del piso su propio semen.
– Saben que, no traguen, me gustaría ver como se besan ahora.
Las tres comenzaron entoncesa intercambiar besos de lengua, mezclando el orgasmo de unas con las otras.
– Bien, ha sido una excelente velada, pero ahora tengo que hacer un anuncio, dice Silvia.
Tomando su bolso, deposita sobre una mesa de centro una serie de cuatro frascos mientras dice, he estado realizando algunas investigaciones últimamente y finalmente pude comprobar que con una dosis masiva de la substancia los cambios son permanentes, Débora ya ha tomado su dosis hace tiempo.
– Pero ahora, ustedes tienen por delante una elección, tienen cuatro frascos, uno para cada una de ustedes, deben decidir ahora si quieren beber el resto de la dosis y hacer los cambios que hemos presenciado hoy totalmente irreversibles, o si lo desean, dentro de una semana los efectos de la substancia se habrán disipado y todas ustedes volverán a su vida anterior.
– La decisión es totalmente libre y queda en manos de cada una de ustedes.
Dime lector, que decisión opinas que tomaron nuestras cuatro amigas, continuará la Dra. Tarrela con su consulta tan particular?