Capítulo 2
Continuación del relato anterior…
Después de acompañarme a mi mesa, ese señor se retira, no sin antes apretarme la mano y decirme que soy muy hermosa. Le agradecí con una sonrisa.
En la mesa seguía todo igual: estaban mi esposo y tres hombres más conversando muy entusiasmados, hasta que uno de ellos dijo: —Vamos al salón de reuniones, acá hay mucho ruido.
Quedamos sentadas dos señoras mayores muy elegantes y yo. Una de ellas se levanta y me dice: —Vamos a mi vehículo a conversar, porque seguro van a tardar bastante.
Le digo que no y le pregunto dónde estaba el baño. Ellas se fueron hacia la salida y yo me fui al baño.
Al salir del baño y caminar hacia mi mesa, entre la gente siento que alguien me agarra la mano. Me doy vuelta y era el hombre elegante canoso con quien estuve bailando. Me dice al oído que quería hablar conmigo, pero en privado.
Yo me acerco bien a él, casi como si fuera a besarlo, y le digo: —¿Dónde estamos?
Parece que entendió mi propuesta porque rápidamente caminó hacia el ascensor, mirando hacia atrás para ver si yo lo seguía. Yo, con pasos lentos y bien disimulados, lo seguía mientras un fuego me empezaba a quemar despacio dentro mío por primera vez. Es como caminar hacia lo prohibido, hacia ese mundo desconocido y excitante que no tiene retorno.
Me quedo quieta, parada en un rincón, mirando cómo unas parejas bailaban y se divertían en la pista, mientras este señor hablaba con un encargado del hotel. Luego me mira y me hace una seña muy disimulada. Lo sigo.
Camino entre algodones. Mis pasos son débiles y dubitativos. Sube despacio por una escalera y, como si fuera una brisa lejana, lo sigo yo varios metros atrás. Sé que estoy haciendo algo muy malo, pero no me puedo contener. Esa erección provocada por mí en ese baile terminó por marcar las dudas sobre mi seducción. Todo esto es nuevo para mí.
Ahora camino por un pasillo largo con muchas puertas, hasta que él abre despacio una puerta y me espera. Entro despacio. Hay muy poca luz. Él cierra la puerta. Luego me toma desde atrás. Lentamente empieza a besar mi cuello.
Alcanzo a dejar mi sobre y mi chal sobre una mesa. Me doy vuelta y ahí me pierdo totalmente al sentir sus labios calientes sobre los míos y sus brazos en mi cintura. No puedo respirar, más ahora que una de sus manos aprieta mis pechos.
Me empuja suave hacia atrás hasta llegar a un sillón de esos grandes, donde el espaldar me da justo en mis nalgas. De esa manera me queda más expuesta mi vagina, que sobre la tela del vestido siente nuevamente esa pija dura como en el baile. Esta vez siento el calor de su respiración sobre mis pechos. Trata de sacarme el vestido. Lo separo un poco para hacerlo yo y así, de esa manera, me saco prolijamente mi vestido, quedando en ropa interior.
También me saco el corpiño porque quiero que me coma y muerda mis pezones hasta llegar a sangrarlos. Pero en lugar de eso me deja caer sobre el asiento de ese enorme sofá, me saca mi ropa interior mojada y, como si fuera un cachorro con hambre, se lanzó sobre mis blancos labios vaginales, abriéndolos para introducir su caliente lengua y empezar a chuparme todo.
Mi clítoris no resiste esa invasión. Mi cuerpo empieza a convulsionar… —¡Aahhh…! ¡Aayy…! ¡Sí…! ¡Siii…! ¡Asíí…! ¡Aaahhh…!
Clavo mis uñas en el cuero negro del sillón. Siento por primera vez una explosión interna, como si fuera una llama ardiente envuelta en un fuego que me quema desde adentro hacia afuera, haciéndome acabar como nunca lo hice en mi vida. —¡Aayy…! ¡Ssii…! ¡Aahh…! No puedo parar…
Rápidamente se pone de pie, se baja su bóxer y ¡yahiii…! salta por fin esa pija. Es rara… ¿Será porque es la segunda pija que veo en mi vida? Es más cabezona, está llena de venas, sus huevos son grandes y están más sueltos… Pero no me importa.
Después de pasar la lengua por sus huevos y el tronco, me meto esa cabezota hasta mi garganta. Siento cómo jadea con mis chupadas y cada vez que me la introduzco toda. Así varias veces, hasta que me agarra fuerte de la cintura y me da vuelta. Me la coloca en la puerta de mi mojada vagina y, sin previo aviso, me la ensarta hasta el fondo.
Salen por mi boca varios quejidos, abriéndome las paredes como si fueran unas sábanas. Siento, además del roce ancho de su dura pija, cómo me golpea en mi útero. Es más larga que la de mi marido. Creo que me voy a desmayar. Otra vez ese fuego… Ahora ya no me duele.
Me agacho bien para sentirla mejor. Estamos varios minutos así. Ahora sus movimientos son más fuertes y más rápidos. Por primera vez mi boca se abre en un grito y luego otro… Empiezo a acabar otra vez. Me vuelvo loca.
Esa cabezota está palpitando por primera vez en el fondo de mis entrañas. Está descargando toda su leche. Se empieza a mover lentamente. Me tiene apretada hacia él. Con una de mis manos me toco mi clítoris, pero está presionado por sus huevos. Me la tiene ensartada profundamente por completo.
Quiero seguir disfrutando de él, pero no tenemos tiempo. Me la saca, luego nos vestimos rápido y, antes de salir, me besa fuerte a la vez que me arregla un poco mi cabello.
Al bajar por la escalera, como él va adelante, se detiene y me hace seña que pare. Siento la voz de varios hombres con rumbo hacia el salón, pero siguen hablando. Me escabullo entre la gente para llegar a mi asiento, con la suerte de que justo pasa un mozo. Le pido algo de beber y me trae una copa con un trago de color rosado con una cereza encrustada en el vidrio, acompañado con unos platitos con cosas dulces.
En eso llegan los hombres y uno de ellos me pregunta por las señoras. Le dije que estuvimos charlando un rato, pero después ellas se fueron a sus vehículos. Entonces los hombres se fueron, excepto mi marido, que se disculpó por dejarme sola.
Yo, mientras tanto, comía cosas dulces y tomaba ese licor para sacarme el gusto a pija, huevos y besos de ese hombre que en 20 minutos me hizo acabar dos veces. Pero luego siento cómo corría por mi entrepierna el semen de ese hombre, que no sé cómo se llama, pero que mi cuerpo amaba.
Me levanto despacio y le digo que voy al baño. Ahí pude limpiarme bien, me acomodé el cabello, también mi ropa interior, pinté mis labios, me arreglé el maquillaje. Luego salí mientras mi esposo se despedía de sus colegas, a los cuales yo también me sumé como una gran mujer que acompaña a su esposo.
Luego él me coloca su brazo sobre mi hombro en señal de amor. Al salir del salón lo agarro del brazo. Camino delicadamente y elegantemente junto a él, pero en mi interior siento cómo me abrió y hasta dónde me llegó esa pija.
Subimos a nuestro vehículo con destino a nuestro hogar…
Continuará…