Capítulo 2

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Después de su primer terapia Anita sintió mucho bienestar en su espalda, así que decidió dar luz verde a sus siguientes terapias tal como se lo sugerí desde la primera. Para esos días posteriores a la primer terapia ella se mostró más atenta de lo normal conmigo, siempre fue muy atenta, pero después de ese primer masaje empecé a notar que lo hacía de manera como un poco mas especial, más atenta, se preocupaba si había comido, si tenía sed, si estaba cansado y en fin… Detalles que yo sabía que no eran tan ordinarios. Luego de ese primer encuentro tuvo dos terapias más con aproximadamente 3 días de separación entre una y otra.

Luego de la última terapia se dio la grandiosa oportunidad de quedarme en casa a solas con Anita, ya que mi suegro tuvo que asistir a una cita médica al sur de la ciudad y mi esposa decidió acompañarlo, aparte de eso dijeron que querían aprovechar para hacer una visita a un familiar que vivía muy cerca del hospital y promediaban la hora de llegada sobre la tarde o noche.

Ese día transcurría todo normalmente, con una calma poco habitual, yo me encontraba en vacaciones así que no tenía prisas de oficina o algo por el estilo, Cuando había transcurrido aproximadamente unos 45 minutos desde que mi suegro y mi esposa se habían ido y de repente mi malicia indígena se activó y le propuse a Anita que si le hacía su terapia, a lo que sin titubear un segundo respondió que si. Que le encantaría.

Subimos a su cuarto, alisté el aceite, puse música chill en mi celular como para ambientar un poco la escena y a ella la sorprendió. dijo «y esa música? Que relajante se oye!» – Es precisamente para que se relaje señora Anita» Contesté, el día de hoy su terapia va a ser un poco más relajante, va a ser especial!

– Aprovechemos la soledad, dijo, y se rio con un poco de picardía. Como era costumbre empecé a masajear muy suavemente su espalda, su cuello, su cadera. Pero con una suavidad profunda, hablándole suave, de la excitación que tenía en ese momento no recuerdo ni siquiera el tema del cual hablábamos, pero recuerdo que nos reíamos un montón de todo y por todo, esta vez al llegar a sus nalgas quise aprovechar y lanzarme así que en vez de hacer sus pantis a un lado decidí bajarlos al nivel de las rodillas, en el momento vi que le pareció extraño pero sin embargo no dijo nada, le pregunté si se sentía incomoda o si prefería que los dejara así y me respondió – No, no hay problema imagino que es más cómodo para ti así»

  • Si, un poco mejor, solo que si no estuvieran allí sería aún mejor! jajajjajajaa y nos reímos. Continúe con su masaje en las piernas, los talones, sus muslos, sus nalgas, apretándolas firmemente, abriéndolas de vez en cuando para ver su ano, era delicioso, excitante!!

Le pedí que se diera vuelta y accedió sin subir sus calzones, fue espectacular ver su cuerpo entero por primera vez, no pude evitar clavar mi mirada en aquel pubis amplio, popocho, grande, peludo. Era tal cual me lo había imaginado! era demasiado peludo!! con canas, sencillamente hermoso, dejaba ver una raja profunda. Ella me observaba mi cara de lascivia, de deseo y noté como muy disimuladamente lo disfrutaba y separaba sus piernas como fingiendo no darse cuenta, decidí actuar como quien no quería la cosa pero avanzando de a pocos a ver si podría pasar algo, para ese momento mi excitación era inocultable, incontrolable! sentía la cabeza de mi verga empapada, podía sentir mi pecho latir con una fuerza extraña, era una sensación rara pero deliciosa.

Empecé a masajear su cuello, su pecho por encima de sus senos, bajando hacía ellos de a pocos, de repente sentí el impulso nuevamente y sin pensarlo acaricié una de esas tetas deliciosas, ella solo me miraba, de repente la conversación que estábamos teniendo pasó a un quinto plano, no importó, solo hubo silencio en la habitación! su respiración poco a poco se agitó, se aceleró y yo solo disfrutaba de ese mágico momento, tomé sus dos tetas firmemente en mis manos, las acariciaba muy suavemente, le pregunté si no le molestaba y su respuesta me dejó impactado – haz de estar acostumbrado a tocar unas tetas más bonitas que las mías porqué las de mi hija son hermosas y más grandes» Exclamó. Pensé rápido! como respondo? Qué digo? Y solo solté un » se equivoca, las suyas son más bonitas, se sienten muy suaves» Acto seguido acaricié uno de sus pezones entre mis dedos a lo cual soltó un pequeño y tierno suspiro, casi casi un gemido!! Nos miramos como si con solo las miradas nos estuviéramos diciendo lo que ambos queríamos en ese momento. Solo seguí haciéndome el loco y masajeando su barriga, era suelta, de piel arrugada pero no lucía vieja, más bien solo suelta por sus tres partos, acaricié sus caderas y mi mirada no dejaba de clavarse en aquella vagina grande y peluda que tenía en frente, acaricié sus piernas y quité muy lentamente los pantis para que ella pudiera abrir sus piernas o por lo menos para poder intentar abrirlas y ver que pasaba.

Las abrió sin quitarme la vista de mis ojos, observó mi reacción al ver sus piernas separarse y ver un poco más profundo de esa enorme raja, le dije – Uf señora Anita, me va a perdonar pero es inevitable querer ver su cuerpo, por favor discúlpeme»! Solo me miró, se sonrió y respondió – no hay nada que disculpar, la idea era relajarme con el masaje y creo que hasta el momento lo estás logrando»! Tiene razón», le dije! Para ese entonces ya estaba decidido, no iba a disimular más! Iba a dejarme ir con lo que pudiera hasta ver ella a donde era capaz de llegar, pregunté muy respetuosamente que si mi suegro aún la buscaba en la intimidad y sonrojada respondió que no.

Tu sabes que el sufre de la próstata desde hace como 12 años y desde que eso pasó el sexo en nosotros dejó de existir» además nunca fue el mejor que digamos» exclamó! – Y es que al sufrir de la próstata se pierde el apetito»? Pregunté haciéndome el que no lo sabía! – Claro, no ves que no se les para» respondió! – Pero el sexo no se hace solamente con el pene Anita» le dije! Se quedó en silencio un corto momento y me respondió sin titubear. – Mira, siempre fui una mujer a la que educaron para servir a su marido y a sus hijos, se me enseñó que pensar en mi era indecoroso, no era lo debido, debía atender a mi esposo para que el esté bien eso implica cocinar, lavar, planchar, limpiar y atender sus hijas, obviamente también complacerlo en la cama cuando el quiera así no fuera de la mejor manera! En algunas ocasiones le propuse hacer cosas diferentes en el sexo y la respuesta es que si estaba enferma, que que estaba pensando? que no éramos unos enfermos, que la forma de tener relaciones era el subir encima mío y ya!» Así que desde ese momento decidí no volver a insistir en nada que tuviera que ver con el tema y decidí pensar en que eso era lo correcto, veía mi deseo como pecado, como algo que no era normal y ya! poco a poco en mi el deseo dejó de existir y asumí que era mejor no tener esas sensaciones.

Yo me quedé un poco en silencio ya que lo que ella me estaba contando era una confesión de confianza. Pero al mismo tiempo lo vi como la mejor oportunidad para poder acceder a ella de la mejor manera. le di mi opinión al respecto y le conté que se me hacía muy extraño que su hija no fuera así y que vivíamos nuestra sexualidad a rienda suelta, que teníamos mucho sexo! y que lo hacíamos a toda hora! Poco a poco mientras hablábamos yo iba acariciando mas cerca de su vulva, entre sus muslos, suave, delicado. Le dije, ósea que nunca le han practicado sexo oral? – jamás!! me respondió, me dijo que siempre se lo había pedido a su esposo pero que el decía que eso era sucio, así que nunca insistió. Sin pedir permiso y sin decir nada decidí tocar entre su raja, que haces? me preguntó – No dije nada, solo seguí adelante. Estaba húmeda, caliente! Acaricié muy suavemente su clítoris, le pedí que cerrara sus ojos y los cerró, Empecé a acariciar de forma muy rica toda su chocha, metí mis dedos y estaba totalmente caliente, Anita a pesar de su edad era totalmente funcional en su sexo!! Con mi pulgar acariciaba su clítoris mientras mis dedos índice y corazón entraban cada vez más profundo, ella empezó a jadear de manera descontrolada, gemía muy suavemente, casi que en silencio, lentamente levanté sus caderas, puse un cojín bajo sus nalgas, y me sumergí en esa cuca deliciosa, su olor era como el de sus pantis, como lo soñé mucho tiempo, como recordaba mientras se lo metía a mi esposa pensando en las múltiples veces que olí aquellos regalos de la lavadora. Un olor exquisito a orín y sudor, dulce, potente! Ella intentó reaccionar a detenerme, pero impliqué un poco más de fuerza y terminó por rendirse, mi lengua circulaba por ese gallito grande, succionaba su clítoris de una manera deliciosa, sus jugos estaban en toda mi barba. Mientras chupaba aquella delicia me bajé mi sudadera, mi verga estaba durísima, lubricada, no aguantaba más y tenía que entrar en ese templo divino.

Abrí mas sus piernas me coloqué en posición de ataque y empecé a restregar la cabeza de mi verga en aquella raja empapada y sin dudarlo le arremetí fuerte, estaba apretada, caliente, mis movimientos eran fuertes, profundos, ella me agarró de las nalgas y me llevaba hacía su cuerpo sin pena, totalmente desinhibida hasta que tuvo un orgasmo delicioso, fuerte, prolongado! yo no paré, seguí haciéndola venir tal vez dos veces más, en esa misma posición hasta que no aguanté más y le solté un chorro de leche caliente que llenó toda su vagina y escurría por su ano, quedé exhausto, rendido al igual que ella. No dijimos nada, solo nos quedamos así por unos segundos, se levantó fue al baño, se limpió y vino a la habitación. Solo dijo «júrame que esto no va a salir de los dos» – júrame que no será la última vez. Lo juro! respondió! Desde aquel día no pierdo oportunidad para manosearla al pasar y para dar rienda suelta a nuestros deseos cada vez que estamos solos.

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Mi suegra y su dolor de espalda

Mi suegra y su dolor de espalda I