Al llegar, la chica, flipada, nos dice:
—Pillos, ¿ya la teníais programada, eh?
A lo que tú, con una sonrisa pícara, le respondes:
—¿Qué va para nada? Chicas, no es que estabais empapadas? Jijiji.
Sonríes. Os miráis de reojo como si os conocierais de hace toda la vida. Entonces, te diriges a mí:
—Papi, comienza con ella. Que te quiero ver…
—¿Segura? —pregunto—. Mira que no quiero celos después.
—Pata, ella es solo un juguete más para nuestra diversión.
Así que me meto en la piscina. Me acerco a la chica y le digo al oído:
—Anda, ven para aquí, que te seco con mi boca… y que además, Valentina nos quiere ver y sentir.
Tú, tu Valentina, te pones de pie. Ella se sienta en el borde de la piscina, yo pongo sus piernas sobre mis hombros y la empiezo a lamer. Lentamente, pero con fuerza. Recorriéndola suave. Ummm. Empieza a gemir mientras me agarra fuerte del pelo.
—Cabrón —me dice—, si te lo sabes comer…
Tú nos miras. Ves que te miro a ti y te hago un gesto con los ojos, como diciéndote: «Ven para aquí». Asientes con la cabeza, tímida, diciéndome que no, mientras, despacio, comienzas a meterte el dedo. La chica te mira y eso te excita. Presiono en el punto exacto, porque lo que quiero es hacerla perder los papeles. Paso mi dedo por su ano y no me dice que no. Al revés, se pone más al borde, me tira del pelo y dice:
—Dale, no seas cabrón, que tu chica está mirando. Dame tu mejor versión, ¡que nos está mirando!
Gritas, sí, dentro, mientras te meto dos dedos por tu coñito mojado.
—¡No, mares! ¡Quiero más!
Así que me dispongo a llenarte entera, dentro de mis posibilidades. Me gusta, pero ya está bien.
—¡Ven, déjate tocar! —le gritas a Valentina, y me tapas con tu coñito lo que me queda de aire.
Ufff. Te veo, Valentina. Te tiemblan las piernas. Y la chica… joder, la chica aprieta duro el culo mientras presiono, contoneándose. Uuuuufff, qué da gusto. Hacía q tiempo que no tenía alguien que lo diera todo tan rápido, tan fácil.
—¡Hay, papi! —grita Valentina mientras le comen el coño.
Acelero el ritmo. El suspiro me avisa de que está a punto de explotar, pero gime flojo, aunque apurada, intentando no gritar, comiéndose de forma dulce y entera el coño de Valentina. Me jalas del pelo y, de una, te tiras a la piscina conmigo. Le dices a Valentina que se siente donde tú estabas, te pones sus piernas y repites la misma jugada mientras me dices:
—Fóllame duro pero lento. Quiero sentirlo bien duro.
Gritas al metértela. El agua nos ayuda. Valentina se quiere morir, está recordando el día en que nació para mí. Dios, papi, qué locura. ¿Quién me lo iba a decir? Ala, que la chica explota:
—¡Toma! ¡Entra en mi culo, porfi! —me dices mientras tiemblas—. La metes duro a Valentina. ¿Quieres que sienta que grite? ¡Joder, sí! —dices mientras entro dentro de ti y, rapidito, palpitas fuerte. Te has vuelto a venir.
Te giras y me dices:
—La rematamos.
Te subes al borde de nuevo y empujas a Valentina a la piscina. Le pones las piernas encima de su hombre y, mientras, me enseñas tres dedos con cara de pícara. Agarras fuerte del pelo y me gritas:
—¡Coge su culo por mí! ¡Ya te lo dejé a punto! ¡Dale, dale!
Y entonces, Valentina y yo juntos sentimos una explosión. Una explosión tan grande que ni siquiera nos dimos cuenta de que ella también se había corrido. Piernas tiritando, no nos sosteníamos en pie. Flotamos en la piscina un rato, hasta que tú me dices:
—Bebé, me ha flipado. ¿Lo hacemos otra vez? Valentina, no paras de aprender.