Lesbianas en las Fuerzas Aéreas
Nunca tuve tendencias lésbicas conscientemente, no hasta que me uní a la Fuerza Aérea de EEUU. y comencé a compartir un dormitorio con una chica atractiva, llamada Sonya, de 35 años, que era una masturbadora insaciable e incurable.
Ambas llegamos a la base con un mes de diferencia… Sonya llegó primero y yo, Sarah, después.
Descubrí su pasión por jugar con su coño cuando llegué un poco temprano del turno de día y encontré a Sonya estirada en su litera sólo con sus bragas.
Eso no era inusual ya que ambas normalmente no usábamos nada más que bragas en nuestra habitación… Pero ella tenía una mano dentro de sus bragas y se frotaba el coño y gemía suavemente mientras se retorcía de placer en la cama.
Ambas nos miramos fijamente, sorprendidas por mi entrada, y ‘la pillé’ de esa manera… Pero la mano de Sonya no se detuvo ni un momento y comenzó a jadear pesadamente.
La miré con asombro y me di cuenta de que estaba al borde del orgasmo… Un momento después ella se puso rígida de placer, avisando de la llegada de su orgasmo y comenzó a gritar:
– “Aaaagg… Uuuugg…. Aaaag.”
Después, Sonya se disculpó y confesó que era una fanática de la masturbación y que no podía dejar su coño en paz.
Dijo que anhelaba tener una habitación para ella sola y así poder masturbarse a su antojo, cuando quisiera, en lugar de tener que esperar hasta que yo saliera de la habitación… Pensé que Sonya debía segregar continuamente gran cantidad de endorfinas y dopamina, como me pasaba a mí.
Le confesé que yo también me masturbaba y simpatizaba con su deseo de privacidad.
Como ninguna de los dos tenía derecho a una habitación privada, le dije a Sonya que no me importaba que se masturbara frente a mí porque yo también esperaba que ella se fuera para masturbarme.
Me sonrojé profundamente e inmediatamente me arrepentí de lo que había dicho, temiendo que ella pensara que era lesbiana… Sonya también se sonrojó y me preguntó si estaba segura, diciéndome que había sido muy excitante para ella masturbase frente a mí.
Mi propio sonrojo se hizo más profundo cuando respondí que no sabía si yo era lesbiana por no haber probado estar con otra mujer, pero que al verla masturbarse me había puesto caliente y me mojé las bragas al verla llegar al orgasmo.
Cuando Sonya sugirió que podría ser muy excitante masturbarse juntas, una frente a la otra, estuve de acuerdo.
Me desnudé hasta quedar sólo en bragas, excitada y avergonzada al mismo tiempo por el hecho de que ella estaba observando cada uno de mis movimientos y yo los de ella… Sonya me desnudaba con la vista cómo si quisiera comerme y eso me agradó mucho.
Me estiré en mi litera y la miré fijamente… Ella sonrió y volvió a meter su mano dentro de sus bragas para volverse a correr de nuevo… Me dijo:
– “Me gusta correrme cuatro y cinco veces todos los días… No me canso nunca de correrme.”
– “A mí me sucede lo mismo… Necesito correrme mucho y acabar agotada… Un hombre no puede darme todo el placer que necesito y si follo con uno, debo masturbarme después o en ese momento, para saciar mi apetito sexual.”
Pensé que Sonya debía ser como yo, multiorgásmica, o sea ninfómana, y por eso tenemos incontables orgasmos que se suceden uno tras otro, cada 3 y 10 segundos.
Miré a Sonya por un momento y luego moví una mano dentro de mis bragas, sorprendida de lo húmedo y pegajoso que estaba mi coño.
Mirar y ser observada aumentó nuestro placer y llegamos a orgasmos intensos con buenos gemidos… Agotada, me tumbé tras mi última corrida y la vi levantarse y quitarse las bragas, limpiándose el coño con ellas antes de tirarlas a su litera.
Entró al baño, se duchó, y de pie volvió a masturbarse, mirándome, y sonriendo… Al girarse me volvió a mostrar el bonito y sencillo tatuaje florido que llevaba en la parte baja de su espalda.
La observé detenidamente mientras se vestía para el turno de noche.
Sonya es una morena, de pelo cortado a lo chico, atractiva, labios bonitos, ojos color miel, piel muy blanca, venas marcadas en sus manos, pezones algo pequeños, bonito culo y un pubis totalmente depilado, con los labios internos que sobresalen un poco por encima de los labios externos y que a muchas no terminan de gustarle.
Me sorprendieron mis propios pensamientos y me preguntaba cómo respondería su coño al lamerlo y chuparlo… Me sorprendí aún más cuando miré sus bragas sucias tiradas en su litera y me surgió la idea de oler y chupar esas bragas empapada de su espeso flujo.
Sonya se apresuró a ir a trabajar, agradeciéndome por el placer que había encontrado en nuestra sesión de masturbación mutua… Me dijo:
– “Sarah, cuando vuelva te daré mis bragas sucias para que las huelas”
Yo había estado tratando de resistir mis pensamientos sobre sus bragas sucias, pero al decírmelo Sonya, me hizo sentir irresistiblemente excitada por ello.
Me quedé tumbada en mi litera durante un largo rato, preguntándome qué me estaba pasando.
Aunque acababa de correrme, todavía estaba caliente y excitada, pensando en el par de florecillas que llevaba tatuadas en la parte baja de su espalda, los pezones, la piel blanca, sus marcadas venas en sus manos y el coño de Sonya, con su diminuto clítoris.
Mi pulso se aceleró cuando me levanté, me quité las bragas empapadas y crucé la habitación para acostarme en la litera de Sonya.
Mi pulso se aceleró aún más cuando cogí sus bragas y olí la entrepierna empapada de sus flujos.
Cerré los ojos e inhalé el fuerte aroma de su coño impregnado en sus bragas mientras me imaginaba acostada con la cabeza entre sus muslos… Moví una mano a mi coño y me masturbé de nuevo mientras disfrutaba de mi primera fantasía lésbica.
El olor todavía fuerte de su coño en sus bragas hizo que mi fantasía salvaje pareciera muy real, y mientras me acercaba al orgasmo, comencé a chupar sus bragas, probando el sabor su coño en sus bragas.
Mi orgasmo me dejó jadeando y froté sus bragas de nylon por toda mi cara, deseando tener su aroma en mí… Olí y saboreé sus bragas en mi boca, sin ninguna vergüenza por lo que había hecho.
Le había chupado las bragas sucias y sabía que si tenía la oportunidad, le chuparía el coño y lamería a Sonya todo su flujo.
Me sentí muy soñadora y pasó bastante tiempo antes de que abriera los ojos y descubriera las largas ‘rayas’ marrones donde sus bragas se habían marcado entre sus sexys nalgas.
Me puse a masturbarme una vez más, oliendo sus bragas.
Quería sumergirme en su aroma y sabor.
Temblando de excitación, me levanté y revisé la bolsa de ropa sucia de Sonya, sacando tres pares de bragas sucias y tres pares de medias.
Acostándome de nuevo en la cama de Sonya, comencé a oler la parte del pie de sus medias, excitada por el olor de sus pies.
Comencé a masturbarme, provocándome lentamente mientras chupaba la parte sudorosa del pie de cada par de medias… Mi boca se llenó con el sabor extraño de sus pies, pero me encantó.
Habiendo chupado todo el ‘sabor’ de sus medias, comencé a examinar sus bragas sucias.
Mi barriga se estremeció de lujuria cuando descubrí que dos de ellas tenían fuertes marcas de flujos vaginales… Dejé de frotarme el coño, queriendo concentrarme por completo en oler sus bragas más manchadas y así lo hice.
Mis dedos volvieron a trabajar en mi clítoris.
Cuando me acercaba al orgasmo, mi zona genital se sintió ‘llena’ a medida que la sangre llenaba mis vasos sanguíneos en la pelvis, la vulva y el clítoris.
Mi vagina y mis labios vaginales se humedecieron con un líquido semitransparente segregado por mi vagina.
Mis músculos comenzaron a contraerse en todo el cuerpo y mi respiración se aceleraba cada vez más.
Finalmente me volví a correr dando grandes gritos.
Después de todo esto, me sentí completamente saciada y cansada… Me quedé dormida profundamente pensando en Sonya.
No me desperté hasta que Sonya regresó del trabajo y me sacudió el hombro, diciéndome que parecía que había tenido una verdadera orgía mientras ella no estaba.
Tardé un poco de tiempo en darme cuenta de que estaba desnuda en su cama con sus medias y bragas sucias esparcidas a mi alrededor.
La Fuerza Aérea no tolera el lesbianismo y me aterrorizaba que Sonya me denunciara.
Me quedé sin palabras y con miedo de mirarla a los ojos, volviéndome boca abajo y enterrando mi cara en su almohada.
Esperé a que me dijera lo disgustada que estaba, pero sólo hubo silencio en nuestro dormitorio.
Después de unos largos minutos, sentí su peso en la cama y luego jadeé mientras ella yacía encima de mí… Su carne desnuda presionando contra la mía… Me puso muy caliente de nuevo.
Ella me preguntó en voz baja si era lesbiana… Le dije que si había nunca había tenido sexo con otras chicas… Sonya me preguntó si me gustaría tener sexo con ella… Ser ella la primera.
Sus palabras me excitaron… Yo me giré y ella se colocó apoyando su coño desnudo contra el mío y lo movimos de forma salvaje hasta corrernos no se cuantas veces… Me di cuenta que me gustaba mucho tener sexo con ella.
– “Sarah, quieres ser mi pareja sexual”, le dijo Sonya.
– “Si, Sonya… Quiero y deseo ser tu pareja sexual”, le respondí.
Le dije a Sonya lo caliente que estaba al pensar en ser su pareja sexual y que me gustaría lamerle el culo y por supuesto su coño… Ella me respondió lo mismo y comenzamos a darnos fuertes morreos
No tardamos mucho en ponernos hacer nuestro primer 69… Y de nuevo volvimos a corrernos, no sé las veces.
Agotadas nos dormimos abrazadas.
Cuando nos despertamos, Sonya me cogió de la mano y me llevó al baño… Era hora de orinar… Me preguntó si estaba dispuesta a hacer cosas realmente guarras y si iba a obedecerla y satisfacer todos sus deseos lésbicos.
– “Si, Sonya, lo que tu quieras, cariño”, le respondí.
– “Pues empecemos… Sarah pon un pie a cada lado del inodoro y flexiona las piernas… Pon tus brazos levantados levantados con las manos cruzadas detrás de la nuca… Tu cabeza levantada y mira al frente.”
Y yo muy excitada, hice lo que me pidió.
– “Ahora, cuando te diga sueltas un pequeño chorro de pis… ¡YA!”
Hice lo que me mando.
– “Para, Sarah.”
Contuve la orina y pronto comencé a sentir su lengua en mi coño húmedo por la orina… Me estaba lamiendo el coño y mi clítoris.
– “Suelta la orina, Sarah!”, ordenó, Sonya.
Volví a orinar de nuevo hasta recibir una nueva orden.
– “!Para, Sarah!”
Y así continuamos hasta provocarme un escandaloso orgasmo.
– “¿Te gustó, cariño?”, me dijo Sonya.
– “SIiii”, le respondí jadeando.
– “Ahora Sarah, te toca a ti darme la corrida mientras suelto pis.”
Gimiendo, me arrodillé ante ella y lamí el coño cada vez que le ordenaba detener su meada…Lo tenía tan húmedo y pegajoso, que gemí ardientemente mientras ella se corría salvajemente.
Había disfrutado tanto que le juré que obedecería todos sus deseos y le dije que quería que fuera todo lo guarra que quisiera, conmigo.
– “Volvamos al dormitorio, Sarah… Probarás una cosa nueva que espero te guste… Luego la haré yo.”
Llegamos al dormitorio y abrió el armario… Saco un cinturón y pensé que iba a azotar mi culo… Me dijo:
– “Sarah ponte frente al espejo, abre las piernas y coge el cinturón de cada extremo, pasándotelo por la entrepierna… Debes moverlo adelante y atrás con las piernas un poco flexionadas, la cara levantada y la mirada al frente… Yo estaré estirando y retorciendo tus pezones y lamiendo tu delicioso cuello.”
– “Me pongo muy caliente, Sonya”, le dije.
– “Lo sé, Sonya… Sé que pronto estarás muy caliente… Cuando te de la orden, debes sacar el pubis hacia delante para que tu clítoris toque el cinturón y esté todo el rato rozándolo… Cuando te de la orden, empiezas y no debes parar hasta tener al menos dos corridas.”
– “¡YA!, Sarah.”
Y yo comencé a mover adelante y atrás el cinturón y en poco tiempo estaba chillando anunciando mi primer orgasmo.
Más tarde fue le turno de Sonya y yo la encargada de dirigir sus dos orgasmos.
Agotadas y cogidas de la cintura, Sonya me llevó de regreso a su litera y nos acostamos de lado, una frente a la otra, morreándonos hasta quedar saciadas.
Cerramos nuestros ojos y nos quedamos dormidas abrazadas la una a la otra.
Cuando despertamos, pensé levantarme pero Sonya me retuvo y volvió a morrearme tocándome los pechos y el coño… Yo respondí de la misma forma
Luego nos colocamos de lado en una posición de 69, con las piernas abiertas para mostrar, sin pudor, nuestros coños abiertos.
Nos abrazamos por las caderas y pegué mi boca a su coño resbaladizo… Un momento después, gemí cuando sentí su boca contra mi coño, lamiendo y saboreándolo por no sé cuantas veces.
Nuestras caderas se encorvaron frenéticamente, una en la boca de la otra y nos corrimos con unos momentos de diferencia… Mi cremoso orgasmo en su boca provocó el de ella en la mía.
Metimos nuestras cabezas firmemente entre los muslos de la otra… Cada una de nosotras saboreó cada preciosa gota de la otra y nos revolcamos en el sabor y el aroma del coño durante mucho tiempo.
Apretamos nuestros cuerpos desnudos, el de una contra la otra y nos quedamos dormidas otra vez… El olor de una y otra llenaba nuestra nariz y el sabor del coño espeso, nuestras bocas.
Nos convertimos en amantes lesbianas inseparables y vivíamos bajo el miedo constante de ser sorprendidas juntas en la cama durante una inspección de la habitación sin previo aviso.
Unos meses después, nuestros temores se disiparon cuando la base recibió un nuevas mujeres como cadetes… Como ambas teníamos nuestros propios automóviles, se nos concedió permiso para mudarnos de la base y vivir en una ciudad cercana, y cada una de nosotras recibió subsidios de vivienda.
Un año después, Sonya fue enviada a Japón y, lamentablemente, poco a poco perdimos el contacto… Desde entonces he encontrado otras amantes lesbianas, pero ninguna me excita tanto como lo hacía Sonya.
Pero, no por ello dejaron de verse… Ellas dos se reunen durante dos semanas en julio y agosto, según años para pasar las vacaciones juntas y tener sexo continuamente recordando viejos tiempos… Sarah me contó que le gusta más ser lesbiana que follar con hombres, pero a los 46 años que ahora tiene, extraña mucho a Sonya.
Sonya quiere estar con Sarah pero le pide que ella traiga consigo a Carmen, su pareja lesbiana.
Sarah por supuesto que accede de muy buena gana a compartir su encantadora pareja lesbiana con Sonya… Y a Carmen le gustan los trios que hacen.
Todo es placer en ellas… Carmen las deja que disfruten de su sexo después de tanto tiempo de estar separadas… El amor entre ellas persiste aunque estén alejadas la una de la otra.
Cuando agotadas están quedando adormiladas por agotamiento, Carmen las besa delicadamente y las lame, dedicando sus últimos lamidos sobre las dos florecillas persistente tatuadas en la parte baja de la espalda de Sonya
F I N
Si alguna lectora desea comentarme lo que le pareció este relato, tendré mucho gusto en responderle y mantener posible amistad… Mi correo es yanine35sum @hotmail.com