Capítulo 3

Han pasado nueve semanas desde el instante en que mi naturaleza de mujer sucumbió ante la tentación, nueve semanas desde que revivió en mí el deseo de hembra, y el culpable de esta resurrección vive a pocos escalones de mi alcoba, tiene veinte años y yo misma lo fabriqué durante nueve meses en mis entrañas.

Nueve semanas desde que mis carnes despertaron con renovados bríos, sintiéndome joven, bella, deseada.

Ya me sentía desahuciada a causa de una larga abstinencia sexual, pero desde esa fecha, me he vuelto una gata hambrienta de macho, mi hijo paga los platos rotos.

No me importa la hora ni el día, basta con que se me alborote la libido, y estando en casa, lo busco hasta dejarlo ordeñado, sudoroso, tembloroso y feliz.

No importa si es a la una, dos o tres de la madrugada, las pulsaciones de mi vagina me arrastran a su pene, y me tiene que complacer, no me importa si está cansado, con resaca o viene de estar con alguna muchachita, a mí me cumple, no solo soy su madre, soy su hembra, su agujero disponible para el placer.

Me he sentido bastante extraña, mi humor parece un yo-yo, sube y baja sin saber los motivos, puedo estar fulgurante y a los pocos instantes decaigo de una manera bastante dramática.

Siempre pensé que son cambios hormonales pre-menopausia, a veces me aparecía una mancha rosa en mi ropa interior, también sentía excesiva depresión sin causa alguna, o pesadez y cansancio, me fui a visitar a mi ginecóloga de confianza, necesitaba pasar de la mejor manera esa etapa.

Uno de los síntomas que más me preocupaban, era la excesiva sensibilidad en mis pechos, mi hijo los chupaba y besaba, fácilmente alcanzaba un orgasmo, pero luego me dolían terriblemente.

-¿Qué has encontrado en los exámenes?- Le dije en medio del ceño fruncido de la médica.

-¿No imaginas lo que te puede estar pasando?-

-No, por eso acudo a tus servicios-

-No hay de qué preocuparse, haz siestas en la tarde, come bastante, para que no pierdas peso y ven dentro de un mes, necesito saber cómo va ese bebé!-

-¡¡¡¿¿¿QUÉÉÉÉÉ!!!???- ¡¿Cómo que un bebé?!-

-Así como lo escuchas, estás embarazada, y todos los cambios son normales, vas a ser mamá y al principio es bastante fuerte el proceso- Me dijo sin un asomo de preocupación.

La noticia fue devastadora, lloré en frente de ella, no podía resultar embarazada sin haber vuelto a tener sexo con mi esposo, el escándalo sería de dimensiones épicas, eso sin contar con la reacción del nefasto esposo que aún tengo.

 

Mi hijo me nota triste, cansada, preocupada y me mima mucho, incluso ya se enfrentó con su padre por defenderme, ya sabe cómo es que le devuelvo tanta atención, solo que esta vez no sé cómo decirle que espero un hijo suyo, un hijo que a la vez será su hermano.

Hacemos el amor de una manera maravillosa, ya me vengo con solo chuparme las tetas o haciéndome una paja, la sensación es indescriptible, mis contracciones casi le arrancan los dedos o la lengua, según sea el caso, cuando me la chupa con tanta pasión.

No sé de qué manera darle la noticia, esa tarde, luego de la visita a la médica, me encierro en mi habitación y me masturbo con verdaderas ansias, creo que el embarazo me alborota las hormonas increíblemente, me vengo una, dos, tres veces de seguido, mis jugos mojan mis dedos y la cama de manera copiosa, nunca me había corrido de esa forma, ya no uso videos en mi celular, con la sola vista de la verga de mi hijo en las fotos que me envía tengo más que suficiente para excitarme.

Espero que llegue, y espero que tenga la suficiente madurez para recibir la noticia, no necesito nada de él, ni dinero ni mucho menos su apellido, necesito sentirlo cerca, pendiente, que sepa que coger tanto, trae sus consecuencias.

Escucho sus pasos, y lo primero que hace es llegar a mi habitación y besarme con un amor difícil de describir, disfruto sus besos, sus caricias sus manos buscando abrir mis piernas y explorar mi vagina.

Pero esta vez no se lo permito, primero me debe escuchar.


Trás la confusión inicial, y el shock que le produjo la noticia, mi hijo me pidió hacer el amor como último recurso, ya que, según él, no íbamos a tener sexo nunca más.

No sé si fue la líbido por las nubes, producto del embarazo, el verlo frágil y con el corazón revuelto por la novedad, o pensar en la posibilidad de no volver a estar juntos, pero lo complací e hicimos el amor de una manera ardiente, me dí gusto mamándole esa enorme verga, hicimos un 69 delicioso, me dejé penetrar en todas las posiciones posibles y nos besamos como novios recién formalizados.

Lo cabalgué desesperada, no quería perder al hombre que me devolvió el gusto por el sexo,

No me puedo quejar, gracias a mi hijo, descubrí nuevos rincones en mi cuerpo que vibran con el toque de sus juveniles manos, aprendí a tomarme su abundante y espesa leche varonil, supe lo que era un orgasmo extraído con su boca experta, su inmensa y rígida estaca llegó a lugares insospechados de mis entrañas, exploró mi hendidura de hembra con la mejor disposición, y me hizo sentir mujer plena, completa y satisfecha mientras me poseía abiertas mis piernas en la pose de misionero, y me llevó al clímax sexual cuando me montaba en su verga como amazona incontrolable.

Pero luego del gusto viene el susto y ahora me tocaba explicarle a su papá que estaba embarazada de un hombre distinto a él, y lo peor, que su propio hijo fue el que me preñó.

Fueron días de zozobra, ideando la mejor manera para darle la noticia, entre tanto, mi hijo se había vuelto más cariñoso y consentidor conmigo, mientras que evitaba todo contacto con su padre.

En mis momentos de soledad, no puedo evitar esbozar una sonrisa irónica, al pensar que durante nueve meses, fabriqué en mis entrañas al hombre que hoy me llena de placer, al que me saca lágrimas y gritos de felicidad, al que me hace gemir con el solo toque de sus dedos en mi vagina.

Me gozo cuando recuerdo que ese hombre, veinte años después ingresa por el mismo agujero que lo vio nacer.

Ahora nuestro problema es contarle a mi esposo que estoy embarazada de su propio hijo, dentro de poco se me empezará a notar y no quiero que pase más tiempo.

Mientras llega ese momento, mi hijo se ocupa de mis caprichos y de mis necesidades más íntimas.

No era extraño que fuera a buscarlo a su instituto y que de ahí fuéramos a un motel fuera de la ciudad, ante la imposibilidad de estar juntos en la casa, me había vuelto muy cachonda, no sé si es por el embarazo o por el renacer de mi sexualidad.

Amo que me grabe cuando me penetra, o cuando se viene dentro de mí, me pone muy caliente ver esas imágenes, él lo sabe y me da gusto, conserva muy buenos videos y fotos de los dos.

Pero mi vientre sigue creciendo, y mi esposo ni siquiera sospecha, ya estoy a punto de cumplir tres meses.

Pero el fin de semana aproveché que estuvo enfermo en cama, indiferente ante mi presencia y con la compañía de mi hijo le solté la bomba: «Estoy embarazada, voy a ser madre nuevamente»

Sus ojos parecían salirse de sus órbitas, con la boca abierta solo atinó a decir:

– «¿Conozco al cabrón?»

-«Si, pero no viene al caso»

Mi hijo estaba pálido, pensó que yo le iba a decir la verdad, su papá le preguntó:

-«Tu sabías de eso?»

«Si papá, yo lo supe desde el primer momento»

Acá la que se puso pálida fui yo…

-«¿Y por qué no me lo dijiste?»

-«Nunca estás sobrio, no sabíamos cómo ibas a reaccionar!»

-«Díganme quien es el miserable!», Ordenó casi gritando y continuó:

-«Tú eres una mujer casada, no sé lo que dirán nuestros amigos y familia, qué vergüenza»!

-«Eso es lo otro que quiero solucionar, quiero el divorcio ahora!»

-«¿Me vas a abandonar?»

-«Yo estoy abandonada hace más de diez años!»

-«Si mi mamá se va, yo me voy con ella…»

-«Pues no te doy el divorcio y nadie se va de esta casa, yo tampoco me voy a ir, no tengo para dónde…»

-«Entiende, no vamos a poder vivir juntos, no es prudente!»

-Yo me haré cargo de todo, seguiremos viviendo bajo el mismo techo, y voy a correr con absolutamente todos los gastos del embarazo, el parto y la crianza de ese bebé…!»

Confieso que no salía de mi asombro, pero lo que vino a continuación fue aún más sorprendente.

Dirigiéndose a mi hijo:

-«Eso era de esperarse, pero no hay problema, casi que me tranquiliza saber que tú eres el padre, no soportaría ver a tu mamá saliendo con un desconocido»!

-«¡¡¡¿¿¿QUÉ???!!!»

-«No te asustes, un día, en medio de mi borrachera, pude ver que entraste tarde en la noche al cuarto de tu mamá, los espié, quedé sobrio de inmediato, ya no se preocupaban de cerrar la ventana, y en medio de la penumbra los pude ver en su totalidad, quise formar un escándalo, pero luego entendí que ella era feliz haciendo el amor contigo y que tú lo disfrutabas, decidí controlarme, al fin y al cabo, ya no sirvo como hombre, pero cada gemido, cada risa, cada sollozo de placer, cada expresión de amor de tu mamá hacia tí, eran como puñaladas para mí, pero lo merezco, hace mucho dejé de ser el esposo y pasé a convertirme en su enemigo…!»

Prosiguió:

-«Pueden estar tranquilos, no seré un obstáculo, me calma el saber que queda todo dentro de esta casa, y que nadie más se va a enterar!»

El vacío en la panza que sentí en ese momento me hizo perder el conocimiento, me repuse unos instantes después, mis oídos no daban crédito a lo que escuchaba, me parecía increíble que ese hombre, tan rudo y frío, ahora luciera resignado, cosa que me tranquilizó mucho. Dos días después, fue ingresado al hospital, con grave afección respiratoria, fruto del consumo de cigarrillo.

Sobra decir que, durante el tiempo de convalecencia de mi esposo, convertimos junto con mi hijo la casa en nuestro nido de amor, no había día en que no nos hacíamos el amor en cada lugar, en cada rincón.

Mi panza en crecimiento solo me permitía la pose de perrito, pero vaya que lo disfrutábamos, una luna de miel a plena luz del día, sin escondernos, sin ocultar lo que sentíamos.

Nada nos impidió amarnos cada vez que nuestros instintos nos lo pedían.

 

Conforme avanzaba mi preñez, los deseos aumentaban exponencialmente, no había día que no le pidiera a mi hijo que me comiera, hasta tres veces al día, fue tanto sexo que le exigí, que ya no daba más, un suplemento multi-vitamínico ayudó bastante y yo estaba esplendorosa de la felicidad…!


 

Estando en pleno acto sexual, y cuando mi hijo me hacía deliciosamente el amor con su boca, llegó el momento del alumbramiento, las contracciones del orgasmo aliviaron mucho las del trabajo de parto, una ambulancia llamada de urgencia me traslada al hospital más cercano, soy madre exactamente una hora después, rápido, con muy poco dolor, un trabajo sencillo para las enfermeras del lugar. Al parecer, la dilatación por el orgasmo del momento contribuyeron a que el proceso fuera mucho más sencillo.


Solo espero que pasen pronto las semanas de reposo que el médico me indica, ardo en deseos de verga, me estoy enloqueciendo si no tengo a mi hijo mayor dentro de mí.

Él por su parte, está dichoso con su hijo-hermano, mi esposo quedó definitivamente inútil en una silla de ruedas, pero se le nota la tranquilidad, su propio hijo es el padre de este bebé y eso lo trae con mucha calma.

Gracias por acompañarme hasta acá, besitos!

Aguantando hambre con el refrigerador lleno

Aguantando hambre con el refrigerador lleno, el amor