Pasión prohibida I

No podía contenerme, el instinto era más fuerte, mis deseos me mataban, el solo hecho de pensarlo me hacía sentirme muy caliente.

Pero era algo prohibido algo que no le contaría ni a la más íntima de mis amigas, algo que ni yo podía comprender por qué lo sentía.

Pero el deseo era mayor que mi pudor y un día me animé a hacerlo.

Era una mañana hermosa el sol brillaba fuerte en el horizonte yo me desperté sola como todas los días, mi marido ya se había marchado al trabajo.

Yo me dirigí vestida como estaba, sólo con un camisón de seda transparente, al establo. Ese día no había nadie más en el campo, sólo yo y mis caballos.

Me dirigí directamente a mi favorito, Relámpago, un pura sangre muy bien cotizado, que sólo teníamos como reproductor, y yo ese día estaba decidida a ser una más para él.

Él ya estaba despierto pastando, y comencé a acariciarlo muy despacio como solo yo sé que a él le gusta, mis caricias se fueron dirigiendo muy de a poco hacia su miembro, que en ese momento tenía flácida.

Comencé a tocarla y relámpago comenzó a relinchar, yo lo calmaba y le hablaba despacito a medida que frotaba cada vez más fuerte esa vara que iba tomando proporciones inmensas muy rápidamente.

Sin pensarlo me quité el camisón y me arrodillé debajo de él, tomé su miembro que en ese momento tendría unos 40 centímetros y comencé a besarlo.

Qué pené tan grande era el deseo de toda mi vida, nunca iba a conseguir algo tan descomunal para mi solita. Lo besaba de la cabeza, seguía por todo el tronco hasta los testículos.

Mi deseo de ponérmelo en la boca era muy fuerte y a esa altura todo valía el problema era el tamaño, pero igual abrí mi boca al máximo y comencé a introducir su cabeza, qué gusto tan fuerte, a qué pasión, qué calentura no podía creer que tamaño pijon entrara en mi boquita, lo lamía con la lengua y lo volvía a introducir.

Así estuve un buen rato hasta que la pija tomó unos 60 cm de largo y estaba totalmente rígida. No soportaba más la calentura, mi clítoris estaba todo mojado sentía como mi ano latía de calentura, definitivamente quería esa vara de hierro dentro de mí.

Junté una montaña de fardo debajo de él, me comencé a acomodar con mis pechos hacia arriba, dejando poco lugar entre su panza y mi cuerpo, abrí bien las piernas y con las dos manos agarré su miembro, estaba súper duro, a todo esto el caballo se mantenía muy tranquilo él confiaba mucho en mí, comencé a juguetear con su miembro en mi vagina era imposible introducirlo pero yo tenía todo el día para eso.

Seguí rozándolo por mi candente concha hasta que ella se iba abriendo cada vez más con la ayuda de mis dedos, comencé a introducir la cabeza muy de a poco. Hasta que en un momento relámpago se puso nervioso y dio un fatal paso hacia adelante y drásticamente me introdujo unos 10 cm de su miembro de golpe, yo grité como si me estuvieran matando, el dolor fue muy intenso, no podía soportar semejante pija dentro de mí. Mis lágrimas brotaban como cascadas de mis ojos y por un momento me arrepentí de lo que estaba haciendo.

Con las dos manos sujetaba el pené para que no se siga introduciéndose, seguí un buen rato hasta que el dolor cesó un poco. Pasó como veinte minutos y decidí no dar marcha atrás el dolor no era tan intenso y mi calor era cada vez más fuerte, así que comencé a moverme muy de a poco, para adelante y para atrás, el movimiento me fascinaba realmente me estaba culiando a un caballo, yo estaba súper feliz.

Su miembro fue perdiéndose muy despacio cada vez más dentro de mí, podía sentir como mi útero era tocado por él, mi vagina en ese momento estaría más dilatada que un momento de un parto. Yo proseguí con mi pasión prohibida.

Calculo que me estuve moviendo unos 15 minutos y que llegué a penetrarme unos 25 cm mas no podía, logré tener 2 orgasmos como nunca tuve en mi vida. Hasta que un momento relámpago comenzó a relinchar yo sabía que era el momento de él y tenía que retirar su miembro dentro mío porque podía lastimarme con su acabada y comencé a sacarlo con las dos manos era increíble parecía que no terminaba más cuando iba por la mitad, sentí como si tuviera una manguera abierta dentro de mi vagina, ya era tarde él estaba acabando y eran chorros y chorros de esperma que inundaban todas mis entrañas, sentía como una explosión interna, cuando terminé de sacarlo sentí como mi vagina completamente dilatada dejaba caer a baldazos toda su leche, al tocarme la vagina me di cuenta que mi puño entraba y salía con total facilidad por lo abierta que estaba.

Para terminar lamí todo su pené y lo limpié todo con mi boca no dejando ni una sola gota de rastro de su leche.

¿Qué te ha parecido el relato?