Hola, es mi primer relato. Actualmente tengo 23 años; cuando pasó esto tenía 19.

Soy una chica delgada, muy bonita y, obvio, muy puta, caliente y pervertida. Tengo un cuerpo muy sexy: no tengo casi tetas, pero sí tengo unas piernas muy ricas con unas nalgas bien paradas. Y dirás aparte que todas mis amigas dicen que tengo una cara de ser muy perversa, jajaja, y pues sí, lo soy.

Desde los 15 años empecé a tocarme, pero fue cuando descubrí el porno y una app en donde podías hacer videollamadas y otras personas te veían. Ahí fue donde empecé a ser muy puta y empecé a vestirme muy provocativa.

Pues verás, un chico que había conocido por estas páginas me pidió que grabara en la calle vestida como una puta sucia, que si quería que fuera mi amo. Me dijo: «Vamos, puta, hazlo y cuando lo hagas me lo mandas de alguna manera». Esas palabras me excitaron así que lo hice. Fui a un parque con un vestido sin ropa interior y grabé un video diciendo: «Mira, papi, esto es para ti». Dije su nombre que tenía en la app: Diego (no sé si era su nombre real o no, pero yo le dije así). «¿Te gusta, Diego? Mira a tu putita cómo está». Metí mis dedos en mi panocha, los saqué y los limpié con mi boca, todo eso mientras veía la cámara de mi celular y suplicándole que me diera verga. «¿Te gusta, Diego? ¿Esta puta te gusta? Sí, papi, seré obediente y haré lo que me pidas, ¿ok?».

Terminé el video y se lo mandé. Así como esas, muchas cosas más me pidió, pero como él vivía en otro país, pues nunca pudimos vernos más allá de un teléfono o cámara de video. Así que solo lo complacía. A veces me pedía que me metiera a baños públicos y me masturbaba, o que saliera a la calle con un consolador adentro de mi ano. Todo eso me ponía cachonda. Él quería verme coger con un hombre, pero yo no tenía ni novio. Todo esto lo hacía en secreto, no sabía nadie.

Así que como no tenía con quién coger, un día decidí contratar a una puta, una trans que tenía una verga muy grande. Pero bueno, eso fue un viernes saliendo de la escuela.

Me subí al transporte público ya venía con la idea de querer coger con un hombre de verdad. No me importaba si era guapo o no, o la edad que tuviera; solo quería ser cogida en el camión.

Venían dos hombres de esos que a otra chica se enojaría por cómo la miran: de esos hombres ya maduros, con unas caras de pervertidos y sucios que me estaban desnudando con la mirada. Éramos los únicos tres personas en los asientos de atrás; había más personas, pero venían en la parte de enfrente, así que ellos no se dieron cuenta de nada.

Cuando volví y los vi como me estaban mirando, me puse muy caliente. Yo quería probar una verga, ya no aguantaba más. Así que decidí provocar a esos dos hombres puercos que me estaban mirando con cara de cerdos.

Para provocarlos me quité el short que traía debajo de mi falda de la escuela y dejé mi tanga. Solo traía una tanguita negra muy bonita, calcetas hasta las rodillas blancas y mi falda de la escuela muy pegada y corta (pues caminaba y se me subía la falda de lo apretada que me quedaba). Así que pues ya se imaginarán cómo me veía.

Los dos hombres solo miraban cómo me quité lo que traía debajo de la falda. Uno de ellos agarró y empezó como a tocarse su verga. Así que como ninguno se animó a hablarme, saqué un papel de mi mochila solo para pararme y tirarlo por la ventana, para que me vieran mis nalgas y ricas piernas.

Al pararme se me cayó el papel que iba a aventar por la ventana, así que pensé en empinarme toda y hacer como que buscaba lo que se me había caído. Los asientos del camión en los últimos son largos, ahí puede sentarse unas 7 personas. De ahí los demás solo tienen dos asientos. Así que yo iba sentada en donde había solo dos asientos y los dos hombres iban sentados en donde había 7 asientos corridos. Estaban justamente atrás de mi asiento, pero yo venía del lado derecho y ellos del lado izquierdo, prácticamente de la esquina en la que venían sentados. Me podían ver perfectamente completa.

Así que sin pensar ni importarme la gente que venía hasta enfrente, agarré y me puse bien empinada hacia ellos y me agaché a buscar la basura que se me había caído (obvio solo era para que ellos me vieran). Así que ya sabían lo que quería: primero me vieron quitándome el short que traía y después me les empiné toda en frente de sus caras. Me empiné tanto que mi tanga se veía y el color de mi vagina también hasta mi ano tan rico se vio.

Sin decir una palabra, solo me volví a sentar sin voltear a verlos. Ellos tampoco hablaban, solo miraban (tal vez porque pensaban que era menor de edad, pero no lo era, tenía ya 19 años, así que podían cogerme si quisieran).

Pero bueno, ya sentada en mi asiento no estaba segura de lo que acababa de hacer y si las personas de enfrente me habían visto. Me daba pena y a la vez me ponía más cachonda. Cuando veo por el reflejo de la ventana del camión que uno de ellos ya se había sacado su rica y enorme verga, el otro solo seguía tocándose por arriba del pantalón.

En ese momento volteé a verlos y sin decir ni una palabra (ni ellos ni yo tampoco), no sé cómo, pero lo caliente que estaba me recosté en el asiento, quedé de frente los 3, abrí mis piernas para ellos. Mi falda se subió por completo, me hice la tanga de lado y empecé a tocarme para ellos.

En ese momento el otro que aún no se sacaba la verga se paró y sin decirme nada me tomó de la mano y me pasó al asiento de atrás, en donde cabíamos los tres, quedando yo en medio de los dos. Ni ellos hablaron ni yo tampoco, solo seguí el juego y ellos también.

Así que ya en el asiento de atrás sacó su verga, me agarró de la cabeza y me la puso en mi boca. Obvio yo quería eso, yo quería que no solo la pusiera en mi boca, que la tragara toda y que lo hiciera de una manera gentil, sino de la manera en que lo hiciera brusco y fuerte. Empecé a chuparle esa rica verga, ya tenía lechita, la recogí con mi lengua y la tragué.

En eso el otro hombre, que era el más mayor (tenía casi como 50 años o menos, ya eran señores los dos), se puso al lado mío y me acomodó de lado para que siguiera mamando verga pero también abriera las piernas para él. Empezó a tocarme de una manera que me gustó tanto y que nunca había sentido: no fue de una manera delicada, sino de una manera brusca y sin respeto. Pero eso era lo que a mí me excitaba. Así que abrí mis piernas y él hizo mi tanga a un lado, escupió sus dedos y los metió dentro de mí sin avisarme, solo los puso y los empujó fuerte hasta dentro de mí.

Yo solo dejé de chupársela un momento para voltear a verlo y decirle con mi cara de puta: «Qué rico».

El otro hombre que se la estaba mamando ya tenía la verga bien parada y el verme así creo que se puso más caliente. Me agarró del cabello, me levantó la cara y me dijo: «Quiero que te la comas toda, putita, ¿ok?». Solo le respondí con la cabeza diciendo que sí.

Así que una ya estaba metiendo tres dedos en mi vagina y el otro ahora sí hizo que le mamara la verga: la metió toda hasta mi garganta, tan adentro y tan brusco y rápido que hizo que me ahogara. Quise sacar ese trozo de carne de mi boca, pero él empujó hacia adentro otra vez y no dejó que me moviera, lo hizo con fuerza agarrándome para que no sacara su verga de mi boca.

El otro me estaba haciendo mojar tan rico que ya estaba mojado el asiento y el piso de mis fluidos vaginales. Así que eso me estaba gustando, pero aún no me venía ni ellos tampoco.

Así que con toda la verga dentro de mi boca empecé a hacer hacia atrás y hacia adelante pero sin sacarla por completo de mi boca. Cada vez que me la comía toda era más adentro y fuerte. Él me quitó las manos dejándome a mí el control en su verga, pero ahora era yo la que no quería que saliera de mi boca. La saqué y en mi boca había ya mucha saliva y semen de él; sin que lo tirara se lo enseñé y volví a chupársela toda, cada vez más rápido, de tal manera como si estuviera haciendo gárgaras. Solo se escuchaba un hack hack hack gla gla gla gla gla gla, cada vez más fuerte y rápido.

Tomé su mano y la puse en mi cabeza diciéndole que quería más fuerte y duro, que se cogiera mi boca. Él entendió y me agarró con las dos manos y lo hizo tan fuerte que no sé si se dieron cuenta los del camión, pero no me importó. Seguí metiéndola toda, la sacaba un momento, lo miré y empecé a darme cachetadas con su verga en mi cara y llenándome completamente de mi saliva y su leche. Era como si trajera mi cara llena de leche pegajosa, casi ni podía ver de cómo estaba mi cara llena de leche y de mi saliva.

Eso hizo que se viniera. Le dije: «¿Te gusta?». Me dijo: «Oh sí, perra, eres una puta cerda». Mientras yo succionaba con mi boca toda la saliva que se había caído en mí y en el asiento, para después escupirla de nuevo en mis manos y embarrármela toda en mi cara. Y con su verga a punto de venirse lo hizo, pero yo quería que lo hiciera en mi boca; me lo echó todo en la cara.

Así que el otro ya con la mano bien mojada de mí, con la verga de fuera, agarré y sin preguntarle metí su pene hasta dentro de mi garganta y con mis propias manos empujaba mi cabeza hacia adelante para que entrara más en mi boca una y otra vez, tan rápido como podía y fuerte también. Esta vez se escuchó más rico el sonido de cómo me la tragaba toda: gla gla gla gla gla gla.

«¿Te gusta? Sí, papi, dame más duro». Me tomó con las dos manos sujetando mi cabeza y la metió tan duro y fuerte que solo lo hizo por unos 20 segundos y se vino en mi boca. Lo había logrado: llenar mi boca de lechita. Solo me la tragué toda y sin voltear a ningún lado toqué el botón para que el camión se detuviera y bajé. Ya estaba cerca de mi casa, aún venía caliente.

Ahí fue donde llamé a una puta trans para que terminara con esto. Para no hacerla larga: llegué a mi casa, me bañé y me vestí muy puta con un baby doll, un vestido pegado, mis labios rojos y un collar negro de esos que quedan como apretados en el cuello (se ven como si les estuvieras siendo ahorcada). Me gusta que me cojan duro. Me puse unos tacones no muy altos color negro y me fui a un hotel vestida así. Pagué una habitación y ya dentro llamé a la scort.

Cuando llegó platicamos y rápidamente tuvimos química, era buena onda. Así que me dijo: «Voy a cumplir tus fantasías, ¿quieres?». Le dije que sí y empezó todo. Me dijo: «¿Te gusta grabar?». Le comenté que sí, que me ponía muy caliente hacerlo. Así que sacó su celular y se metió a un grupo donde había demasiadas personas en videollamada viéndose unos a otros, pero casi no había mujeres: solo como unas 10 mujeres y hombres como 50 viendo a esas mujeres (nada especial, masturbándose y ya).

Así que me dijo: «¿Estás lista?». Le dije sí, pero que no quería enseñar mi cara y que así me sentiría más liberal y cómoda. Me dijo: «Ok, ponte esto». Sacó como un pasamontañas donde solo tenía los ojos y la boca descubiertos. Así me sentí más cómoda y le dije: «Y ahora pues juguemos algo. Digamos que yo soy un productor y tú una chica que viene a una entrevista de cine porno y empezamos, ¿va?». Le dije que sí, me gustó la idea.

Ella muy bien lo hacía. Me pidió que me pusiera en la cama y empezó a grabar, pero en directo, o sea que esas 10 mujeres y esos 50 hombres me estaban viendo. De una manera eso me hizo perder el control y saqué lo más puta que había en mí.

Ella me preguntó mi nombre, mi edad, el porqué quería grabar porno, qué me excitaba y cosas así. Después me pidió pararme y enseñar mi cuerpo en cámara. Lo hice. Empezaron a hablar los que veían: «Qué rica puta, a ver, enseña ese culo», «Eres una puta», «Ponte a chupar», «¿De dónde eres, hermosa?» y cosas así.

Ella dijo: «Ya tienes público, enséñales lo puta que eres». Así que empecé a bailar sensualmente y me pareció excitante abrir las cortinas del hotel que daban hacia la calle (eran ventanas grandes donde me veía completa). Abrí las dos cortinas dejándome ver por completo a la puta que contraté. No le molestaba por completo. Me dijo: «Qué puta eres. A ver, exhíbete como la zorra que eres».

Empezó a pasar gente y verme también. Había una cámara que me estaba grabando con muchas personas diciéndome vulgaridades y faltándome al respeto. Así que la puta que había contratado sacó su verga y la metí en mi culo sin que la chupara ni nada, solo así. Grité tanto que: «¡Aaaah! ¡Aaaah! ¡Aaaaaah! Despacio». Pero bueno, creo entendió lo contrario.

Que me pusiera frente a la ventana del hotel quedando mi cara de frente y me dijo: «Para que vean tu cara de que te gusta cómo te voy a romper ese culo». Y es que tenía una verga enorme y lo hizo: me la estaba metiendo tan fuerte y rápido que mi ano se abrió toda. Al rato de meter casi todos los dedos, casi la mano completa, me puso después de rodillas y me dijo: «Ahora, ¿te gusta, puta?». Le dije sí. Me dijo: «Eres un puto pesado de mierda, eres una puta esclava y solo sirves para eso, ¿ok, puta?». Le dije que sí.

De rodillas y frente a la ventana, viéndome ya personas afuera, agarró, me cacheteó y me dijo: «Sí, qué puta, ¿sí te gusta?». Dije de nuevo que sí más fuerte y volvió a cachetearme. Me excitaba que hiciera eso, aún lo hacía algo fuerte. Me dijo: «Sí, que eres mi puta». Lo dije fuerte: «¡Soy tu puta!». Más fuerte: «¡Soy tu puta!». Sentí que habían escuchado todo el hotel.

Agarró y escupió mi cara (era la primera vez que lo hacía, también me gustó). Lo hizo varias veces. Pensé que estaba a punto de meter su verga en mi boca, pero no: sacó un plumón de tinta negra de su bolsa y empezó a ponerme toda poniéndome palabras como «puta barata», «cerda», «soy una puta» y un número de teléfono. Puso en mi frente, pintó «puta» en mis piernas, mis nalgas y mi estómago.

Me dijo: «Párate y ponte frente a la ventana así, zorra». Lo hice. En eso sacó lubricante y me dijo: «Date la vuelta y ponte bien empinada». Lo hice. Me metió toda la mano dentro de mí, estaba gritando tan fuerte y por un momento le rogué que se detuviera. No lo hizo. Después sacó las manos de mi culo y me obligó a tragarme toda su mano. Me dijo: «Vamos, puta, si cabe, métela toda». Lo hice entre llena de sudor, semen, saliva y el plumón que se estaba despintando. Ahora sí me veía como una puta cerda barata.

Me dijo: «¿Quieres más?». Dije sí. Ella tenía clientes pues era puta de las que cobran. Así que entraron dos clientes al cuarto y dijo: «Toda suya ya, es una puta, hagan lo que quieran». Me dieron una tremenda cogida, metieron su mano, su lengua… Tenía tres vergas dentro de mí: una en mi ano, en mi vagina y en la boca.

Lo peor es que esta puta que le había pagado yo siguió vendiéndome esa noche. Llegaron tres personas más a cogerme y así como estaba ensartada en dos vergas, así mismo empezaron a cogerme todos, llenándome de semen: mi cara, mi cuerpo, mi vagina… Uno de ellos me estaba escupiendo toda, creo que eso le excitaba. Así me veía por fuera de la ventana del hotel: una mujer como con 7 hombres haciéndole de todo.

Y yo seguí pidiendo más. Me hicieron limpiar el piso con la lengua y succionando todo el semen que había caído de mi boca para después aventarlo en mi cara de nuevo. Metieron dos vergas en mi culo, una en mi vagina y otra en mi boca. Uno de ellos me dijo: «Grita, zorra, fuerte». Sacó su verga y me dijo: «Gime». Así que lo hice: «¡Aaaaah! ¡Aaaaah! ¡Aaaaah! Así, papi, así, dame duro, quiero que me rompan el culo, más duro, así, así, así. ¿Les gusta esta puta? Castíguenme, dame más, mi amor, toda, así, toda, toda, toda… ¡Aaaah! Qué rico, sí, así, soy tu puta, soy tu puta, cógeme duro, sí, así, más, más, más, más, más, más, así, así… ¡Aaaah! Qué rico, así, papi, ¿me querías oír? Sí, dame verga, cógeme, sí, métela toda, quiero que te cojas mi boca, sí, soy tu puta, sí, papi, sí, así, así, así, qué rico. Quiero que deje pasar a esos 4 hombres que están afuera viéndome y también me cojan, sí, se cojan a esta puta, sí».

Y así fue: los invitó a pasar sin pensarlo. Llegaron a darme otra cogida que ya no sentía mi culo, llena de semen, con un collar de perro puesto y en mis manos esposas y amarrada en la cama sin poder hacer nada. Entraban y me cogían una y otra vez hasta que terminé llena de semen escurriendo de mi ano, vagina y de mi boca, toda llena completa de semen de desconocidos.

Fue la mejor noche de todas.