Mi plan salió a la perfección para el primer trío
Después de mucho pensar cómo idear un plan para convencer a mi mujer de hacer un trío, comencé contándole que la soñaba teniendo sexo con algún compañero de trabajo. Ella se reía y me preguntaba si estaba guapo mi compañero. Le decía que sí y le comentaba que si lo hacíamos realidad. Ella se molestaba y me decía que estaba loco o que si ya no la amaba, y cosas como esas.
Un día me metí a una página swinger. Ahí publiqué que si había alguien que me ayudara a convencer a mi mujer y, pues, se aparecieron cientos de voluntarios. Yo, analizando sus conversaciones, logré encontrar a alguien que entendió bien de lo que trataba. Ideamos un plan en el cual él iba a ser un antiguo amigo de la escuela y que nos habíamos encontrado después de mucho tiempo.
Ideado el plan, lo echamos a caminar. Un día llegué a casa y le comenté muy emocionado: «Amor, te cuento: encontré a un amigo que tenía muchos años que no lo había visto». Ella vio mi emoción y me dijo: «¿En serio, amor? Qué gusto por ti, ¿y qué más te dijo tu amigo?». «Pues platicamos mucho rato. Él es divorciado, vive solo y yo le dije que soy casado y que tengo la mujer más hermosa del mundo». Ella se ruborizó y me dijo: «¿Por qué le dijiste eso?». Le dije: «Porque es la verdad». Ella solo se rió.
Pasaron unos días y le dije: «Oye, amor, Lalo nos invita a tomar un café. Quiere conocerte porque le he hablado mucho de ti». Ella, un poco nerviosa pero viendo mi emoción, me dijo: «¿Y tú qué le dijiste?». «Le dije que el viernes nos encontrábamos para ir a tomar un café». Ella estuvo de acuerdo.
Para ese día yo le comenté que íbamos a ir a la cita por la noche. Ella se vistió normal, elegante, muy formal. Entonces le comenté: «No, amor, ¿cómo se te ocurre ir así? Tú debes sorprenderlo para que no me diga que soy mentiroso en decirle que tengo un monumento de mujer. Vístete sexy para que sepa que tengo una hermosa mujer». Ella, entre nerviosa y emocionada, me dijo que qué ropa se ponía. Le sugerí un vestido cortito y entallado, unas botas altas. Se veía súper excitante. Me dijo: «Amor, ¿qué va a pensar tu amigo de mí si me ve vestida así?». Le dije: «Lo que va a decir es la verdad: lo rica que estás». Ella se ruborizó, pero me di cuenta de que le estaba gustando la idea.
Bueno, fuimos a la cita y él se quedó encantado con ella. Platicamos; él es muy divertido y hubo química con ella. Entre la plática sacó el tema de salir a divertirnos de noche. Le comenté que no estábamos acostumbrados a salir, aunque a mi esposa le encantaba mucho bailar. Él nos dijo que, si queríamos, nos invitaba a un lugar donde había baile y shows eróticos. Mi mujer la vi súper interesada en el tema y dijo que si no era peligroso el lugar. Lalo le dijo que no, que el lugar era súper seguro.
Bueno, ese día nos despedimos de él y nos fuimos a casa. Ya estando ahí, ella me comentó qué pensaba yo de la invitación. Le dije: «Pues si quieres, podemos ir a conocer. Si no nos gusta, pues nos salimos y nos regresamos». Ella estuvo de acuerdo.
Quedamos con Lalo de ir a ese club. Para eso, ya él había dicho que a ese lugar se iba vestido súper sexy. Ella se rió y dijo: «Los voy a sorprender, ya verán». Y efectivamente nos sorprendió: ese día se puso una microfalda, una blusa súper escotada y unas zapatillas de tirantes descubiertas. Se veía espectacular; le dejaba muy poco a la imaginación.
Llegamos al club, nos sentamos cerca de la pista, comenzamos a tomar unos tragos. Lalo la invitó a bailar; ella aceptó. Entre trago y baile, y no sé qué le decía Lalo cuando estaban bailando, me di cuenta de que se comenzaba a poner cachonda.
Más tarde comenzó el show de strippers. El chico estaba bien dotado; mi mujer no le quitaba la mirada del bulto. Cuando él se quitó la tanga, mi esposa tragó saliva. En eso, Lalo le hizo señas al chico para que le bailara a mi mujer. Ella estaba súper caliente ya para ese momento.
Después de eso anunciaron que estaba abierto ya el cuarto oscuro. Mi esposa preguntó qué era eso. Lalo le dijo que era un lugar para interactuar. Ella, como estaba, me pidió que fuéramos a ver de qué se trataba ese lugar. Lalo me hizo señas de que la llevara y pues fuimos. Cuando entramos, a ella casi se le caen los calzones de ver tanta acción ahí. Yo comencé a acariciarla, le levanté la falda y comencé a acariciar sus nalgas en medio de todos. Ella se hincó y me sacó la verga; comenzó a mamármela. En eso llegó un amigo y me pidió permiso para poder acariciarla. Yo acepté. Ella al principio se asustó, pero yo la tranquilicé y le dije que yo estaba ahí para cuidarla. Ella estaba súper caliente.
En eso le dije que ya saliéramos de ahí y volviéramos con Lalo a la pista. Siguieron ellos bailando y, en una de esas, le dije a mi esposa: «Oye, Lalo quiere ir al cuarto a chismear. ¿Por qué no lo llevas para que vea?». (Al cuarto no pueden entrar hombres solos ni tríos, solo parejas). Ella le dijo: «Lalo, ¿quieres ir a chismear qué hay ahí?». Él dijo: «¿Me vas a invitar tú?». «Pues claro, tontito, ni modo que te lleve mi esposo, jajajaja». Lo tomó de la mano y se lo llevó. Yo me quedé ahí esperando.
Después de un buen rato salieron. Ella un poco apenada pero feliz. Después él me comentó que le hizo sexo oral solamente, porque ella no quiso más; dijo que no quería faltarme al respeto, pero que le había dicho que yo le había comentado mi fantasía de hacer un trío.
Bueno, de ahí él dijo que ya nos fuéramos. Para esto, él y yo ya habíamos quedado en rentar un cuarto de hotel cerca de ahí. Bueno, pues quedamos en irnos de ahí. Ya afuera del club le pregunté que para dónde iba él, y nos dijo que tenía un cuarto cerca porque a esa hora era muy peligroso irse para su casa. Yo, bromeando, le dije: «No, pues danos posada, ¿no?». Él dijo: «Claro, el cuarto es amplio y pueden quedarse ahí». Volteé a verla a ella y, con la mirada, le dije que qué decía. Solo levantó los hombros como diciendo: lo que tú digas.
Pues de ahí nos fuimos al cuarto. Llegando ahí había una cama enorme. Ella dijo: «¿Ahí nos vamos a dormir los tres?». Le dije: «Ahí hay lugar hasta para cinco». Nos reímos y ella, ya bien caliente, nos dijo: «Chicos, me disculpan, pero yo no duermo con ropa, así que ustedes saben».
En eso ya la acosté en la cama y comencé a besarla en la boca. En eso ella comenzó a gemir y, cuando volteo, Lalo la tenía abierta de piernas dándole sexo oral. Cuando vi eso le susurré al oído: «¿Te gusta, amor?». Ella gimió y me dijo: «Siiiiii, mucho, amor. Dile que no pare». Yo me alejé y dejé que él siguiera haciendo su trabajo. Hicieron un 69, la colocó en cuatro; ella gemía como nunca la había escuchado gemir. Le decía: «Así, así, chiquito, dame más. ¡Huy, qué rico!». Y la cumbre de eso fue escucharla decir: «Papi, trátame como una puta». ¡Huy!, eso me hizo sentir que todo valió la pena.
Se vino innumerables veces hasta que él terminó. Quedaron los dos como desmayados. Ella volteó a verme y me dijo: «Perdóname por haber hecho esto». La acaricié y le dije: «Gracias, amor, por haberme regalado ese momento tan especial. Gracias por haberme cumplido mi sueño». Nos besamos y nos quedamos dormidos.
Espero que les haya encantado nuestra experiencia. Más adelante les contaremos lo que continuó.