Nos encontramos una vez mas, sigo buscando mi estilo y espero sus comentarios sobre este relato, la idea es comenzar muy lentamente e ir avanzando poco a poco en una espiral de perversión, por ello, creo que será un poco mas largo de lo habitual, espero les guste.

Como siempre, espero no solo sus comentarios sino también sus fantasías, las que será un placer transformarlas en un relato.

Ana Raquel

Educando a mi novio

Primera Parte

La Fiesta

Valentina y Martín concurrieron a una reunión de una sociedad de beneficencia de las tantas que hay en la ciudad, a primera vista ellos no podían ser mas diferentes, el, con un impecable traje negro, camisa blanca de cuello mao, zapatos impecables haciendo juego, con su cabello corto, casi en un estilo militar, perfectamente peinado, lo rodeaba un aire de seguridad y suficiencia que parecía no ser el invitado al evento sino mas bien el maestro de ceremonias.

Ella en cambio, delgada, casi podríamos decir, un tanto desaliñada, con un vestido largo de color crema que no le caía del todo bien, su cabello enmarañado en un intento torpe por crear un peinado alto, maquillaje prácticamente ausente, su calzado se limitaba a un par de mocasines, su mirada se dirigía constantemente al piso de tal forma que el aura que la rodeaba por poco decía «no quiero estar aquí», su incomodidad era evidente.

Martín se limitaba a ignorarla, se desplazaba por los grupos de asistentes conocidos y desconocidos, conversando con unos y otros, buscando establecer contactos para su estudio de abogados, todo esto sin tomarse la molestia de presentar a su novia, ella mientras tanto, le seguía con una actitud sumisa.

Ocasionalmente, su novio realizaba algún comentario, siempre despectivo: – Vamos ratita, hay alguien que quiero saludar, – Deberías haber dedicado un poco mas de cuidado a tu apariencia, – No me hagas pasar vergüenza, – Allí hay un grupo de gente que tengo que conocer, – Levanta la cabeza, me estás haciendo quedar mal, – Si estás tan incómoda por qué no te vas?, etc.

La velada fue una verdadera tortura, un constante desfilar por grupos y grupos de personas que nada significaban para ella, y que solo representaban una oportunidad de ascender socialmente para el.

Cuando por fin se retiraron, ya en el automóvil rumbo a su casa, no pudo contenerse mas y comenzó a llorar.

– Y eso a que viene? Le preguntó el.

– Me ignoraste toda la noche, no fuiste capaz de presentarme como tu novia, es que acaso te doy vergüenza?

– Lamento decirlo así, eres tan tímida, tan corta socialmente que si, consigues avergonzarme.

– Y por qué me trajiste entonces?

– No podía venir solo, en este tipo de eventos se espera que vengas con tu pareja y tenía la esperanza de que maduraras y te comportaras, por lo visto estaba equivocado.

Ella siguió llorando en silencio hasta que finalmente, consiguió entre sollozos preguntarle: – Y por qué sigues conmigo entonces?

– La verdad no lo se, a veces creo que es pena, otras me parece que tengo un real afecto por vos.

Su respuesta no consiguió otra cosa que incrementar el llanto, el dolor y la soledad que ella sentía en ese momento. Llegaron a su departamento y por fin consiguió reunir el coraje suficiente para decirle, mientras cerraba la puerta del auto con un golpe: – No me llames mas, hay un límite para lo que puedo tolerar.

– Mujeres, pensó el, después de todo lo que hice por ella.

Al día siguiente, luego del trabajo fue a tomar algo con su amiga Silvia, ambas habían ingresado juntas en la empresa, ambas tenía originalmente el mismo aspecto tímido e inseguro, sin embargo, un cambio radical se había producido en su amiga en estos últimos dos años.

Su apariencia era completamente diferente, un traje sastre entallado, un escote cuadrado casi exhibiendo su busto, medias de nylon, zapatos de tacón algo, maquillaje suave pero de alguna forma, al mismo tiempo severo, la rodeaba además un aire de seguridad que Valentina le envidiaba.

Un detalle no menos significativo es que ahora Silvia era su jefa y ella era su secretaria, estancada en exactamente el mismo puesto de trabajo mientras que su amiga tenía por delante una prometedora carrera.

Entre sollozos le contó su experiencia de la noche anterior, como se había sentido humillada y como por fin, consiguió reunir fuerzas para al menos decirle a Martín que no quería verlo nunca mas.

– Que será de mi ahora, a pesar de todo lo quiero.

– Eso es una tontería, le contestó su amiga, salvo que te guste que te humillen.

– No por supuesto que no, no me gusta pero no puedo evitarlo, no soy como tu.

– Puede que sí, tienes el potencial, recuerdas cuando entramos en la empresa, las dos jóvenes, sin experiencia, tímidas e inseguras.

– Por supuesto, pero tu has cambiado, mírate ahora.

– No lo conseguí sola, tuve ayuda.

– No me vas a enviar a terapia, no te ofrecen un cambio de personalidad como si fuese el mantenimiento de un automóvil.

– No, no es terapia, ten, le dijo mientras le alcanzaba una tarjeta.

– Y esto, AME, que es, una secta.

– No, significa Asociación de Mujeres Empoderadas, un grupo al que pertenezco y del cual soy la tesorera si te interesa.

– Que van a hacer, darme un curso.

– Mas o menos, podría decirse que te harán ver las cosas de forma distinta. Hazme caso, llama y arregla una entrevista, no tienes nada que perder.

– En fin, si no lo hago me estarás encima todos los días.

Mas tarde, llamó al número de teléfono que figuraba en la tarjeta que Silvia le había entregado, concertó una entrevista para dentro de una semana y se dedicó a esperar, durante este tiempo recibió innumerables llamadas y mensajes de Martín, algunos pidiéndole disculpas, otros diciéndole que la extrañaba, que no podía vivir sin ella, etc. Incluso en una oportunidad le envió a su casa un enorme ramo de flores con una tarjeta diciéndole que la amaba.

En un momento estuvo tentada de responderle y aceptar volver juntos, por fortuna, la detuvo su amiga quien le decía: – Por supuesto, vuelven y al principio todo va a estar bien, pero cuanto tiempo pasará hasta que empiece de nuevo con el maltrato?

– Se que tienes razón, es que es una persona tan distinta cuando estamos solos, en esos momentos es diligente, atento a mis necesidades, educado, cariñoso. El problema es cuando estamos en presencia de otras personas, especialmente hombres, tiene la necesidad de mostrarse como un macho alfa insoportable.

– Haz una cosa, ignóralo por ahora, espera a tener la entrevista con la directora de la AME, evalúa tus opciones y luego decide.

– Es lo mejor, no quiero volver a lo mismo.

El tiempo pasó y llegó el día de la programado para la entrevista.

– Silvia, voy a la entrevista vuelvo en un par de horas, le dijo a su jefa y amiga en parte informando y en parte pidiendo permiso.

– No te hagas problema, Marta te sustituirá durante tu ausencia.

– No será tanto tiempo. Le dijo Valentina y salió para el encuentro, no llegó a ver la sonrisa que asomó en el rostro de su jefa.

– Veremos dijo Silvia para si misma.

Valentina tomó un taxi y se dirigió a la dirección que le habían dado, era un edificio torre sede de una importante multinacional, al llegar al mostrador fue interrumpida por dos mujeres con uniforme de seguridad.

– Buenas tardes señora, cual es el motivo de su visita?

– Buenas tardes, soy Valentina Rodriguez y tengo cita con la Señora Viviana Espinosa.

– Un momento por favor, dijo la mujer del mostrador mientras tomaba el teléfono y anunciaba: – Está aquí Valentina Rodriguez, … a perfecto.

– Si señora Rodriguez, la están esperando, tome el ascensor privado que es el que va directo al piso 24.

Caramba, un ascensor privado, había oído hablar de ellos pero nunca tuvo la oportunidad de encontrarse con alguien lo suficientemente importante como para disponer de uno.

Al llegar al piso 24 se encontró con una recepción ambientada en un estilo moderno, vidrio y acero inoxidable por todos lados, las paredes estaban decoradas con pinturas vanguardistas de autores desconocidos para ella.

Una de las secretarias le dice: – Buenas tardes señora Rodriguez, la Directora Espinosa está terminando con una video conferencia y en un instante la recibirá, quiere tomar asiento por favor.

– Muchas gracias.

– Desea un té, un café, alguna bebida?

– Un café sería excelente, muchas gracias.

Mi compañera se lo preparará enseguida, la segunda secretaria se levantó en ese momento y se dirigió a un pequeño cuarto detrás del escritorio. En ese momento suena el intercomunicador y se escucha una voz que dice:

– Hagan pasar a la Señora Rodriguez por favor.

La primera de las secretarias se levanta y abriendo una inmensa puerta de dos hojas le dice a Valentina: – Adelante por favor, en un instante le traemos su café.

Al ingresar al despacho de Viviana Espinosa, nuestra protagonista sintió que se le encogía el pecho, era directamente inmenso, imposible calcular las dimensiones del mismo.

La Directora se encontraba sentada detrás de un escritorio de vidrio, a su espalda un inmenso ventanal que permitía contemplar casi la totalidad de la ciudad, a la derecha del escritorio, un sofá de tres cuerpos frente al cual se encontraba una pequeña mesa de té (también conocida como mesa ratona).

En otro extremo del despacho, a la izquierda del escritorio, la pared estaba ocupada por una biblioteca que la cubría por completo.

Luego del impacto inicial que le provocaron las dimensiones y el lujo del despacho, Valentina recibió otro impacto al levantarse Viviana y dirigirse hacia ella.

Se trataba de una mujer de aproximadamente 45/50 años, muy cuidada, con un maquillaje sencillamente exquisito, haciendo juego con el color de sus uñas, rubia, con el cabello peinado alto, dejando expuesto su cuello, exhibiendo el collar y los aros haciendo juego.

Su busto mas que generoso estaba resaltado por un escote cuadrado, la falda tipo tubo que llegaba cinco centímetros por encima de sus rodillas, marcaba sus glúteos (seguramente tonificados en el gimnasio), las piernas largas, terminaban en un par de zapatos de taco aguja de por lo menos doce centímetros.

– Hola Valentina, tenía muchas ganas de conocerte, le dijo amablemente la directora, Silvia me ha hablado mucho de ti.

A pesar de su amabilidad y de la calidez de sus palabras, se percibía un aire de seguridad y autoridad, en cada uno de sus movimientos, obviamente, esta mujer jamás aceptaría un no por respuesta, al mismo tiempo, no necesitaba alzar la voz para imponerse, era la personificación de la determinación.

– Gracias, sinceramente, creo que necesito ayuda y Silvia me ha recomendado mucho esta asociación.

– Espera, creo que hay una confusión, este edificio no pertenece a la asociación, en realidad, somos un grupo relativamente pequeño, sucede que como directora de la empresa, tengo ciertas prerrogativas y prefiero tener las entrevistas aquí.

En ese momento, se abrió la puerta y la segunda secretaria le sirvió el café a Valentina, – Desea tomar algo Viviana?

– No gracias, Samanta, pero hazme un favor, trae el expediente de Valentina.

Samanta se retiró y volvió al poco tiempo con un expediente de cierto volumen, – Aquí está Viviana, en las últimas páginas se encuentra el análisis.

– Gracias Samanta, eres un amor.

– Un expediente? Preguntó Valentina.

– Por supuesto, en cuanto pediste la entrevista y Silvia se comunicó con nosotras, abrimos un expediente y comenzamos a reunir información para saber si tenías potencial y podríamos trabajar contigo.

– Me investigaron?

– Solo tus redes sociales, te molesta?

– Es un sentimiento ambiguo en un sentido, demuestra que trabajan seriamente, que se han preparado para ayudarme, pero mirándolo desde otra óptica, me siento violada.

– No seas exagerada, solo hemos tomado información que tu has publicado en las redes sociales, no intervenimos tu correo ni tu teléfono, no nos hemos entrometido en tu intimidad, solo en lo que tu misma has hecho público. La única diferencia es que juntamos toda la información, la relacionamos, tanto la tuya como la de Martín (si, sabemos quien es por supuesto), y luego elaboramos un perfil.

– Y pueden hacer eso a partir de mis publicaciones.

– No te imaginas lo que revelan, las fotos que has subido, los post que te han gustado, por si solos no dicen nada, pero si los analizas, dicen mucho. Mas en el caso de tu ex novio, encontramos un segundo perfil en las redes sociales que ha sido sencillamente fascinante.

– Y que puedes decirme entonces.

– Empezaremos con Martín, puedo asegurarte que esa postura que tiene el en público en realidad es una fachada, una especie de mecanismo de negación, el lo único que busca es alguien que lo guíe, pero aún no lo sabe y pretende que está en control. En la intimidad en cambio, se relaja y aflora su verdadera personalidad, atento, amable, educado, dispuesto a servir.

– Eso explicaría muchas cosas, sobre todo su actitud cuando estamos frente a otras personas.

– Exacto, particularmente, hombres, cuando está frente a otro hombre se siente obligado a demostrar que es un igual. Por fortuna, hay métodos que nos permitirían tratarlo.

– Y de mi, que dice esa evaluación de mi?

– Tu caso es sencillamente fascinante, tienes un potencial increíble, tal es así que creo que en poco tiempo podrías ocupar un cargo ejecutivo en la AME.

– Yo, míreme, soy lo opuesto a usted, no solo en la forma de vestir, no tengo ni la décima parte de la seguridad suya.

– No te confundas, la forma de vestir es solo una apariencia, es una forma de decirle al resto del mundo cual es nuestro lugar en la escala. Además, yo dije potencial, tu caso es casi el inverso al de Martín, podríamos decir que tienes un bloqueo emocional que te impide mostrarte como realmente eres.

– Bloqueo emocional?

– Si, no nos interesa cual es el motivo, puede ser una experiencia traumática, la educación que te han dado, en fin, cualquier cosa, el hecho es que podemos resolver ese bloqueo para que puedas mostrarte como realmente eres.

– Y como es eso, terapia, he intentado y no dio resultado.

– Es un poco mas intenso que la terapia, podríamos llamarlo una capacitación intensiva.

– Bueno, cuales son los horarios, cuando empiezo?

– Ya mismo, ahora Samanta te llevará a nuestra sede y comenzará tu capacitación, la que durará un mes aproximadamente.

– Un mes, imposible, tengo trabajo, no puedo tomar vacaciones en este momento.

– No te preocupes, Silvia ya ha arreglado una licencia por enfermedad por treinta días, durante los cuales vivirás en nuestra sede y trabajaremos en tu caso.

En ese momento, como si estuviese esperando una señal, entró Samanta. – Señora Valentina, venga conmigo, la llevaré hasta la casa / sede.

Valentina, casi automáticamente siguió a la secretaria hasta el ascensor, descendieron hasta el subsuelo donde las estaba esperando un auto con chofer, les abrió la puerta del vehículo y luego de entrar en el Samanta le dice: – Vamos hasta la casa por favor.

– Si señora, respondió el chofer. A Valentina le llamó la atención el respeto con el que se dirigió a la secretaria.

Segunda Parte

Un mes mas tarde

Cuando, después de treinta días exactos, Valentina ingresó nuevamente en la empresa de Viviana era una persona completamente distinta a aquella de un mes antes, ahora sabía con certeza que su estilo de vestimenta no era para estar a la moda, para llamar la atención o para ser elegante, su ropa era un lenguaje que declaraba «yo estoy a cargo».

Erguida, exponiendo casi el busto que antes ocultaba encorvando la espalda, con una seguridad hasta hace poco desconocida para ella, se acercó al mostrador, sintiendo la caricia del corset que moldeaba su cintura y acompañada por el sonido de sus tacones contra el mármol del piso.

– Buenos días, tengo una entrevista con la Señora Viviana Espinosa, me está esperando.

– Su nombre por favor?

– Valentina Rodriguez.

– Un segundo, dijo la guardia de seguridad mientras la anunciaba por el teléfono.

– La Señora Espinosa la está esperando, puede tomar el ascensor privado …

– Conozco el camino, muchas gracias.

Subió al ascensor y se contempló a si misma en el espejo, su cabello ahora estaba perfectamente peinado en un estilo alto, aros, collar y pulseras haciendo juego, maquillaje ligero pero severo, un vestido ajustado que resaltaba su figura, medias de nylon color natural con costura (había aprendido que este era un fetiche al que pocos hombres podían resistirse), uñas largas pintadas del mismo color rojo intenso que sus labios y finalmente, zapatos de tacón aguja de doce centímetros de altura.

Al llegar al piso 24 se presentó en la secretaría. – Buenos días Samanta, creo que Viviana me está esperando.

– Si por supuesto Señora, que alegría verla nuevamente, si me lo permite, debo felicitarla por su apariencia.

– Gracias Samanta, también es un placer verte, puedo pasar?

– Solo falta usted, adelante por favor.

Esa frase le hizo pensar que no vería a Viviana a solas como la última vez, quien o quienes la estarían acompañando?

La respuesta no se hizo esperar, al abrirle la puerta la Secretaria vio que su mentora estaba sentada en el sofá acompañada por su vieja amiga Silvia, a quien no veía desde que abandonó la oficina rumbo a la entrevista.

Se saludaron mutuamente con un beso en la mejilla. – Querida, estás hermosa, le dijo Viviana.

– No es para tanto, esto solo es el reflejo de un cambio interior que debo agradecerte.

– Y vaya cambio, comentó Silvia, poco queda de aquella Valentina tímida e insegura.

– Puedo asegurarte que gracias a la capacitación que he recibido en el último mes, nada queda de aquella mujer.

– Que alegría, pero vamos a sentarnos a conversar y ver que hacemos de aquí en adelante. Pero primero: – Samanta, puedes traer tres copas y la botella de champán que tenemos reservado.

– Vamos a brindar acaso?

– Por supuesto, respondió Viviana, al fin y al cabo tenemos que festejar tu nacimiento.

– Mas bien yo lo llamaría iluminación, respondió Valentina.

Sentadas y bebiendo el champán, discutieron sobre el futuro de Valentina, su nueva posición en la empresa como una igual de Silvia, como había llevado el proceso de aprendizaje, etc.

– Queda un asunto por discutir, mencionó Silvia.

– Cual?

– Que es lo que deseas hacer con Martín, según lo veo existen dos alternativas, la primera, que directamente te olvides de el, déjalo a su suerte y que otra mujer deba soportarlo.

– Y la segunda?

– Existe la posibilidad de educarlo, como bien sabes, a partir del expediente que abrió Viviana, sabemos que en realidad bajo esa caparazón artificial se esconde una personalidad tímida y sumisa, bien podríamos eliminar las barreras emocionales y acepte ser tu siervo.

– En realidad, la segunda alternativa me atrae por varios motivos, el primero es que no quiero ni siquiera pensar en que haga sufrir a otra mujer como lo hizo conmigo, otra motivación es que de alguna forma estaría pagando por todo el sufrimiento que me causó y finalmente, tengo que confesar que la idea de tener un siervo a mis pies me excita muchísimo.

– Está decidido entonces, respondió Viviana, ya mismo llamo a seguridad para que se hagan cargo de el y lo lleven a la casa para su entrenamiento.

– Podré participar de su educación? O sugieres que me mantenga apartada?

– Al contrario querida, respondió Silvia, es esencial que participes para crear un vínculo de sumisión de el hacia tu persona.

– Excelente, ya estoy disfrutando.

En ese momento entró Samanta y anunció: – Viviana, la gente de seguridad ha llegado.

– Bien, no pierdas tiempo, que pasen.

Ingresaron al despacho dos mujeres, ambas de busto prominente, ataviadas con el uniforme de seguridad, un gracioso birrete en la cabeza, camisa azul de mangas largas cerrada hasta el cuello, una corbata negra, falda ajustada, medias negras y zapatos con un tacón cuadrado, ambas portaban un cinturón ancho con diversos artículos, un intercomunicador, una pistola paralizante. Su aspecto en general era bastante intimidatorio.

– Entren por favor, ellas son Verónica y Graciela, mi seguridad personal. Necesito un favor de ustedes.

– Por supuesto Viviana, respondieron al unísono.

– Tengan el expediente de este hombre, si son tan amables, pueden invitarlo amablemente a la casa de la asociación?

– Que tan amablemente preguntó una de ellas.

– Lo mas amable que puedan, y si no está dispuesto a aceptar la invitación, siéntanse libres de usar todos los medios que sean necesarios.

– Delo por hecho Viviana, respondió la otra, denos un par de horas para examinar el expediente y le aseguramos que hoy por la tarde estará en la casa.

– Muchas gracias, que haría sin ustedes.

Las dos agentes de seguridad se retiraron dispuestas a cumplir con el encargo y Valentina se preguntó cuanta «amabilidad» sería necesaria para que Martín aceptara la invitación.

Dentro de poco lo averiguaría.

Tercera Parte

La invitación

Martín salió del edificio donde trabajaba en el estudio de abogados, algo contrariado porque un caso que consideraba sencillo se había complicado a último momento y amenazaba con romper una estadística de juicios ganados, comenzó a caminar rumbo al estacionamiento cuando una SUV negra con vidrios polarizados estacionó justo frente a el. De ella descendieron dos mujeres uniformadas y se aproximaron mientras le decían:

– Buenas tardes, nos envía la Señora Viviana Espinosa, necesitamos que venga con nosotras.

El nombre de Viviana Espinosa hizo que Martín dudara por un momento, era la reconocida CEO de una importante multinacional e inmediatamente comenzó a especular con que beneficio podría obtener de ello.

– Por favor, le ruego que nos acompañe. Dijo una de ellas.

– Primero díganme que es lo que Viviana Espinosa quiere de mí.

– Ella se lo explicará personalmente.

– De ninguna manera, no voy a ir con ustedes hasta que no sepa porqué.

La otra de las mujeres hizo un gesto de cansancio, tomó la pistola paralizante y aplicó una descarga directamente en el cuello de Martín, interrumpiéndolo a mitad de su discurso.

– Ya me estaba cansando Verónica, dijo la que le aplicó la descarga.

– Ya se que tienes poca paciencia Graciela, pero por lo menos ayúdame a cargarlo hasta la camioneta.

Entre ambas y a la vista de todo el mundo, cargaron a Martín en la SUV mientras le indicaban al chofer. – Vamos directo a la casa.

Cuando el vehículo arrancó, Martín no podía reaccionar presa de las convulsiones que le ocasionó la descarga eléctrica, antes de recuperar el control de su cuerpo sintió como era amordazado, colocaron una venda sobre sus ojos y sus muñecas fueron esposadas a su espalda.

– Se lo pedimos amablemente, dijo Graciela, pero como buen cabeza dura no quiso oír.

Todavía era víctima de convulsiones cuando aparentemente llegaron a destino, cambió el andar de la SUV, oyó como recorrían un camino de grava para finalmente detenerse. Se abrieron las puertas y sintió como era alzado y depositado en lo que aparentemente era una camilla, mientras realizaba el recorrido oyó como puertas se abrían y cerraban a su paso, el taconeo de sus captoras sobre lo que aparentemente era un piso de mármol.

Finalmente, lo tomaron por los brazos y piernas, y luego de desnudarlo, lo sentaron en una silla y rápidamente esposaron sus tobillos a las patas de la misma y sus manos tras el respaldo. Estaba comenzando a recuperar el control de su cuerpo cuando le quitaron la mordaza y la venda de sus ojos, estaba en un cuarto de aproximadamente cuatro metros por cuatro, absolutamente sin ningún mueble, salvo la silla en la que se encontraba sentado.

– Ahora te vas a quedar calladito si sabes lo que te conviene. Dijo la que respondía al nombre de Graciela y que parecía ser la mas violenta de las dos.

– En un momento vendrá la Señora y te ha a explicar como son las cosas, dijo la otra llamada Verónica que al menos parecía ser un poco mas amable.

De alguna forma hacían que se notara el uso de la mayúscula al hablar de la Señora, esperaba que fuese Viviana Espinosa, cuando la viera le pediría las explicaciones del caso y lo liberarían de inmediato.

Su sorpresa fue mayúscula cuando en su lugar vio entrar a Valentina, por un momento no la reconoció, tan cambiada estaba no solo en su aspecto, sino en la forma de moverse, la seguridad, la calma en cada uno de sus movimientos era casi palpable, se acercó hasta que estuvo a su lado, casi rozándolo, el podía perfectamente oler su perfume.

– Hola Martín, tanto tiempo.

– Valentina, sácame de aquí ya mismo, que es esta locura !!!

Paff !!! se oyó la cachetada que ella le propinó, dejando una marca en su rostro, luego acariciándole las mejillas, le dice: – Señora o Ama para vos en este momento.

– Que locura es esta !!!!

Paff !!! nuevamente otra cachetada, seguida por una nueva caricia contrastando la suavidad de la última con la violencia de la primera. – Parece que no entendés, tengo que repetirlo?

– No es necesario llegar a este extremo.

Valentina entonces levantó su pierna izquierda y presionando con su tacón de doce centímetros contra los testículos de Martín, pregunta nuevamente: – Entonces, como te dirigirás a mi?

– Señora, Señora o Ama.

– Muy bien, viste que sencillo, de aquí en adelante tienes dos opciones, la primera es obedecer, que te llevará por el camino del placer, y la segunda es resistirte, que te llevará por el camino del sufrimiento, está claro.

– Si Señora.

– Viste que fácil y como has obedecido. Verónica y Graciela, si son tan amables.

En ese mismo momento se acercaron las dos guardias, una de ellas se arrodilló entre las piernas de Martín e introdujo su miembro en la boca comenzando a besarlo, mientras la otra comenzó a acariciarle el pecho, pellizcar los pezones mientras besaba su cuello.

Al poco tiempo, terminó eyaculando en la boca de Verónica, quien en vez de tragar su semen, se limitó a intentar besarlo, el instintivamente cerró sus labios, Graciela entonces, se limitó a tapar su nariz hasta que por falta de aire, tuvo que abrir la boca, momento en que Verónica aprovechó para besarlo y darle de beber su propio orgasmo.

– Acostúmbrate al sabor, le dijo Valentina, se dio media vuelta y se retiró.

Luego sus dos captoras le quitaron las esposas y se retiraron cerrando la puerta, el quedó en el centro de la habitación, desnudo, sin saber que esperar.

Al salir de la habitación, Valentina se encontró con Viviana y Silvia, quienes la estaban esperando en busca de noticias.

– Ya hemos comenzado, me ha reconocido como su Ama luego de cierta resistencia.

– Tengo preparadas algunas drogas y archivos de audio hipnóticos si es que quieres utilizarlas, le dijo Silvia.

– Entiendo que te guste programar a tus siervos y tu propuesta es realmente atractiva, pero en este caso, quiero quebrarlo, derribar una a una sus barreras emocionales y que acepte, no, mejor, que desee ser una marica a mi servicio.

– Excelente elección, interrumpió Viviana, el deseará estar a tu servicio y hará cualquier cosa para complacerte, puedo decirte que la alumna ha superado a la maestra.

– Por favor, tu siempre serás mi modelo, le respondió Valentina, ahora por qué no vamos a tomar el té mientras dejamos que Martina madure un poco?

Mientras tanto, Martín había quedado desnudo y solo en el cuarto sin ventanas, al menos ya no estaba esposado y amordazado, peor era el sentimiento de vulnerabilidad que lo invadía en ese momento, estaba en manos de un grupo de psicópatas y dudaba cual sería su destino, tendría la posibilidad de escapar? o sería mejor mostrarse dócil esperando que sus captoras se cansaran de el y lo dejaran ir o al menos que se relajaran, consideraran que había aprendido la lección.

La verdadera pregunta era, cual era la lección que suponían debía aprender. Obviamente se había equivocado, y mucho, al maltratar a Valentina, estaba seguro que había impresionado a sus interlocutores dando una sensación de mando y seguridad, pero había olvidado los sentimientos de su novia.

Estaba en esas cavilaciones, desnudo y sentado en la única silla del cuarto cuando entraron las guardias de seguridad, acompañadas por dos hombres que trajeron una cama con un colchón desnudo.

– Si te portas bien, poco a poco tendrás mas cosas, dijo una de ellas.

– Necesito ir al baño, por favor !!!

– Ya nos encargaremos de eso.

Los dos hombres que trajeron la cama y el colchón salieron e inmediatamente lo hicieron las dos guardas, Martín oyó claramente el sonido del cerrojo al trabar la puerta.

Al poco tiempo, la puerta se abrió nuevamente, entró una de ellas trayendo un pequeño baño químico y depositándolo en un rincón mientras que la otra quedaba de pié en la puerta vigilando que el no hiciera ningún movimiento extraño.

– Bueno, problema solucionado, la princesa tiene otro reclamo?

– No está bien, gracias. Respondió Martín decidido a seguir el camino de no resistencia.

Utilizó el baño, comenzó a caminar por la habitación, pero el suelo de mármol estaba muy frío y era realmente incómodo, paso de recostarse en la cama, a sentarse en la silla y de nuevo a la cama. De pronto, no supo nunca cuanto tiempo había pasado, se abrió la puerta y entró Valentina flanqueada por las dos guardias de seguridad.

– Como estás preciosa?

– No me hables así fue su respuesta.

Paff !!!, otra sonora cachetada que le dio vuelta la cara. – Es mejor que prestes atención mariquita, cuanto antes abandones esta postura de macho que te ha traído hasta aquí, mejor para ti. Tienes que aceptar que no eres quien crees que eres, tienes una personalidad dulce y sumisa, que busca la guía que yo estoy mas que dispuesta a darte, está claro?

– Si Ama.

– Ves, no fue tan difícil, necesitas algo antes de la cena?

– El piso está muy frío y es incómodo caminar descalzo, la Señora podría conseguirme un calzado?

– Por supuesto querida, Verónica, dijo dirigiéndose a una de las guardias, serías tan amable de traer un calzado adecuado para Martina?

– Enseguida Señora.

Al poco tiempo volvió con un calzado que era evidentemente femenino, unas sandalias con un taco de dos centímetros de color rosa.

– Aquí tienes, póntelos.

– Yo no me voy a poner esas sandalias de mujer, de ninguna manera.

– Mira Martina, Verónica se ha tomado la molestia de ir a buscar tu calzado y ahora haces ese desplante?

– Chicas, dijo dirigiéndose a las guardias, pueden ayudar a Martina a ponerse el calzado.

– Con mucho gusto señora. Las dos guardias avanzaron y tomaron cada una de ellas una pierna de Martina, colocándole las sandalias y para colmo, estas tenían una cinta que se ajustaba al tobillo.

– Ya te había mencionado antes que habría premios y castigos, como has sido una chica muy mal educada debemos tomar medidas por tu propio bien. Y mientras decía esto, buscaba algo en su bolso. Finalmente lo encontró y alcanzándoselo a Victoria le dice:

– Podrías colocarlo por favor? Era un dispositivo de castidad.

– Con mucho gusto Señora.

Inmediatamente, Graciela tomó a Martina por los brazos y los inmovilizó a su espalda, mientras Victoria procedía a colocarlo y cerrarlo con otro diminuto candado.

– Sinceramente espero que aprendas la lección Martina. Dijo mientras las tres se retiraban abandonándola.

Quedó así, completamente desnuda, solo con un dispositivo de castidad y un par de sandalias de color rosa, en una habitación con un piso de mármol, sin ninguna ventana y como único mobiliario, una silla y una vieja cama, se recostó en ella y al poco tiempo comenzó a tener frío, no dejaba de pensar que se había equivocado al resistirse a Valentina, evidentemente, ya no era la misma persona que el había conocido.

Una vez mas perdió la noción del tiempo, escuchó ruidos en el pasillo y la puerta se abrió, dando lugar a los dos operarios que ahora traían una pequeña mesa de aproximadamente un metro de lado, la dejaron al lado de la cama y se retiraron.

– Aquí tienes tu cena, le dijo Verónica depositando una bandeja sobre la mesa, mientras Graciela la vigilaba atentamente.

– Muchas gracias, atinó a decir tratando de mostrarse lo mas sumisa posible. – Puedo pedirles un favor?

– No es a nosotras a quien se lo tienes que pedir, es a la Señora Valentina.

– Por favor, díganle que tengo mucho frío, si es posible hacer algo al respecto.

– Nos encargaremos de transmitírselo, mientras tanto la comida te ayudará a entrar en calor.

Contempló la fuente que le habían traído y para su sorpresa, esta no solo era abundante sino además muy variada, consistía en una entrada, plato principal y postre, incluso contaba con una pequeña cafetera, el contraste entre la calidad y abundancia de la comida y la forma en que lo habían tratado hasta este momento era extremo.

Estaba terminando de cenar cuando la puerta se abrió nuevamente, entraron como era habitual las dos guardias y detrás de ellos los operarios que en esta oportunidad acarreaban un armario. – La Señora ha decidido que puedes contar con algo de ropa.

Martina revisó el contenido del mueble que habían traído recientemente, toda era ropa de mujer, desde lencería, zapatos, vestidos, etc., – Pero todo esto es ropa de mujer, reclamó a sus captoras.

Paff, sonó otro cachetazo que le dio vuelta la cara – Quieres que le digamos eso a la Señora Valentina? Preguntó Graciela.

– No por favor, no, lo siento mucho, no pensé lo que decía.

– Ya es tarde, deberías haber reflexionado antes, dijo Verónica quien en ese momento se sentaba en la silla – Ven recuéstate aquí, dijo mientras hacía un gesto para que se recostara en su regazo.

Una vez que lo hizo, comenzó a golpear sus nalgas sucesivamente, – Te has portado mal, – No cuestiones a tu Ama, – Tienes que aprender tu lección, – No eres mas que una mariquita, – Estás confundida, te gusta usar esta ropa. Repetía Graciela acompañando cada golpe de Verónica.

Luego de lo que pareció una eternidad, ambas preguntaron al unísono: – Te comportarás como corresponde? O tendremos que reportarte con tu Ama?

– No por favor, seré una buena chica, y me pondré la ropa.

Casi llorando, se dirigió al armario y comenzó a buscar que ropa podría ponerse, finalmente se decidió por un suéter de angora, de mangas largas, color rosa y unas calzas de lycra negras, muy ajustadas, después de ponerse las prendas se dio vuelta y pidió la aprobación de sus captoras. – Esto es adecuado Señoras.

– Estás aprendiendo, todavía hay esperanza para vos, respondió Graciela.

– Te queda muy bien, indicó la otra.

Se retiraron entonces y la dejaron sola una vez mas, pero en esta ocasión fue por poco tiempo, al rato volvieron con un televisor de respetable tamaño y un tocador con un gran espejo, los cuales ubicaron en una de las paredes.

– Ves, si te portas bien tendrás tu premio.

Volvió a quedar sola.

Se sentó en la cama y tomando el control remoto del televisor exploró la programación, sin embargo, la oferta de canales era muy limitada, tan solo cuatro, uno sobre consejos, trucos y tutoriales de maquillaje, otro sobre moda, como combinar distintos atuendos para las diferentes ocasiones, consejos sobre la combinación de colores, etc.

El tercer canal se limitaba a ofrecer consejos sobre como caminar, sentarse, los modales, etc., destinado por supuesto, a mariquitas como ella, finalmente, el último canal era directamente de contenido pornográfico, la única temática eran mariquitas siendo poseídas por hombres, mujeres y satisfaciendo en general cualquier solicitud que su Ama o Amo le hicieran.

Estuvo contemplando un tiempo el canal porno, luego cambió al canal de modales y finalmente al de maquillaje. De pronto la puerta se abrió nuevamente y entraron sus celadoras, acompañadas una vez mas por dos hombres quienes retiraron la cama que estaba utilizando y la reemplazaron por una mas grande, de dos plazas, con un colchón mucho mas confortable.

Fue en este momento que percibió que si se comportaba tal como sus captores esperaban, recibiría algún tipo de premio. Por ejemplo, luego de un par de días de estar usando las calzas, decidió que sería bueno cambiarlas, rebuscó en el armario algo similar finalmente se decidió por un par de pantymedias de color natural (no había mas calzas), acompañado por una falda azul y un saco azul, por supuesto, las sandalias ahora no combinaban y buscó algún calzado acorde con su nuevo conjunto.

Encontró un par de color azul también, esta vez con un taco de cuatro centímetros, algo mas alto de lo que estaba acostumbrada.

Casi inmediatamente aparecieron las celadoras con un set completo de maquillaje, nueva ropa y le indicaron el procedimiento a seguir en caso de necesitar lavar la ropa que estuviera utilizando (que era simplemente dejarla en un canasto de plástico que habían traído para tal fin).

Cuando se retiraron, sin nada por hacer, comenzó a ver la televisión, especialmente el canal de lo que podríamos llamar «modales», casi sin darse cuenta, repetía los movimientos de la pantalla, sentarse de forma seductora, cruzando las piernas y revelando parte del muslo, caminar contoneando sus caderas alisar la falda al levantarse, etc.

Sentía que tenía una gracia natural para estas cosas, quizá su Ama no estuviera tan equivocada y esta era su verdadera naturaleza, comenzó a sentirse cada vez mas cómoda moviéndose como una mujer, Martín, quedaba atrás y ahora estaba emergiendo Martina, debería pedirle consejo a Valentina cuando la viera nuevamente.

Cuando terminó de ver todos los videos, pasó al canal de maquillaje, se sentó frente al espejo del tocador y comenzó a ensayar, delinear y luego pintar sus labios fue algo relativamente sencillo, los ojos le dieron mucho mas trabajo, como aplicar las sombras, como delinear sus párpados, aplicar las pestañas postizas fue una tarea que tuvo que repetir infinidad de veces hasta que su maquillaje quedó completamente a su satisfacción.

Luego pasó a ensayar distintos tipos de maquillaje, el de una adolescente, una mujer adulta con un maquillaje para el día, luego ensayó un estilo mas apto para la noche, en tonos mas oscuros, y marcados, este último le agradó y decidió conservarlo. Lo único que lamentó fue tener el cabello corto, arruinaba el efecto femenino que estaba buscando, hubiera deseado tener el cabello mas largo y en un estilo mas adecuado.

Cuando ya era la hora de la cena, volvieron sus celadoras junto con varias cajas.

– Hemos visto que por fin estás aceptando tu verdadera naturaleza. Le dijo Graciela.

– Por favor, no me castiguen, quisiera permanecer así.

– Al contrario, hemos venido a traerte algunas cosas que esperamos te gusten y por indicación de la Señora Valentina, también te daremos un premio por ser una buena niña.

Colocaron las cajas que llevaban sobre la cama, abriendo una de ellas vio que contenía pulseras, anillos y collares de todo tipo, algunos de los cuales le colocaron delicadamente en sus manos, muñecas y cuello.

Que había sido de las dos celadoras estrictas que lo habían castigado hasta el día de ayer? No lo sabía, ahora sus modales eran delicados y suaves, casi como si estuvieran tratando con una hermana menor.

Luego, aplicaron uñas postizas en sus manos y comenzaron a pintarlas, cada una de ellas dedicada a una de sus manos. Que cambio, pensó una vez mas, ahora se sentía como si estuviese en un spa.

El toque final fue una serie de cajas de las que tomaron varias pelucas de distintos tipos, rubias, morochas, pelirrojas, largas hasta los hombros mientras que otras llegaban hasta mitad de la espalda.

– Creo que esta te quedará mejor. Dijo Verónica, tomando una peluca negra, de corte liso, con un flequillo y larga hasta los hombros.

– Perfecto, acotó Graciela, vamos mírate.

Martina se levantó, alisó su falda y con un andar femenino se dirigió hasta el espejo. El sonido de sus tacones contra el mármol del piso le produjo una inesperada sensación de placer. Al contemplarse, solo pudo ver a una mujer de mediana edad, ningún rastro había quedado de su viejo ser. Sin darse cuenta, comenzó a ensayar poses examinando de forma crítica su imagen.

– Ahora siéntate en la silla que llega tu premio, le dijo Graciela.

Se sentó y las dos guardias se pararon frente a ella, y con una serie de movimientos sincronizados que parecían parte de una coreografía, comenzaron a desvestirse, primero liberaron sus cinturones, luego la corbata, mas tarde, botón a botón desabrocharon sus camisas, finalmente, corrieron el cierre de sus faldas y las dejaron caer.

Martina estaba mas que excitada con esta especie de striptease improvisado, ambas estaban delante suyo vistiendo solamente un corset negro, con su busto luchando por salir del sostén, medias de nylon negras sujetas por ocho tiras, botas de caña alta, que llegaban solo un poco por debajo de sus rodillas y con un taco aguja de doce centímetros, su pequeño pene luchaba por crecer dentro de su jaula de castidad, mas todavía cuando ellas dos, se aproximaron una a la otra y comenzaron a darse un beso de lengua lento y prolongado.

– Te gusta? Preguntó una de ellas.

– Me fascina, si me lo permiten me gustaría participar.

– Todo a su debido momento, respondió la otra. Ambas en ese momento se desplazaron hacia su espalda, comenzaron a acariciarla, podía sentir sus manos recorriendo su inexistente busto, el aliento acercándose, los pequeños mordiscos que le daban en sus orejas, los besos en la nuca y el cuello y finalmente sus lenguas extendiéndose y buscando la propia.

Estaba excitada como nunca en su vida, deseaba poder liberarse de su dispositivo de castidad para recibir sus atenciones, ellas en cambio, se posicionaron frente a ella y una vez mas, con movimientos sincronizados, dejaron caer su ropa interior.

Su sorpresa fue mayúscula cuando, en vez de encontrarse con dos vaginas, ambas comenzaron a jugar con sus penes. – Ven preciosa, aquí tienes tu premio.

Casi hipnotizada por la visión de los genitales, se acercó y tomó cada uno de ellos con una de sus manos, comenzando a masturbarlas.

– Que rico, dijo Graciela, pero no seas tímida, queremos probar tu boca.

Se arrodilló frente a ellas, y todavía con cada pene en sus manos, comenzó a besarlos alternativamente, recorriendo con su lengua toda su longitud, y luego intentando introducirlos por completo en su boca.

Al primer intento, solo consiguió una arcada, que llenó su boca de saliva, recordó los videos que había estado mirando, intentó nuevamente esta vez con el otro pene, fue un poco mejor, pero sin éxito.

– Yo te ayudo, dijo Verónica tomando su cabeza y acomodándola un poco para luego ejercer presión en su nuca.

– Si, así, sigue tratando hermosa, le dijo Graciela.

– Vas bien, relaja la garganta, prueba otra vez.

Finalmente, pudo introducir el miembro por completo, sintió los testículos golpear contra sus labios. – Si así, te sale naturalmente, sigue por favor.

Decidió entonces cambiar de pene y la operación se repitió, esta vez introducía el pene de Verónica en su boca mientras Graciela la guiaba.

– Pero todavía falta algo dijo esta última.

Fue hasta una caja pequeña que estaba sin abrir y tomó un plug anal, el que luego de lubricarlo, comenzó a introducir en el ano de Martina.

– No es justo que solo nosotras disfrutemos, dijo mientras jugaba con su cola. Ella no pudo responder, estaba abandonada a lamer y besar ese precioso pene que tenía delante suyo.

Finalmente, Verónica eyaculó en su boca, por primera vez sentía el gusto del semen y le agradó la sensación de verse convertida en toda una puta para las dos celadoras.

– Ahora me toca a mí. Dijo Graciela mientras se masturbaba, quiero ver tu rostro con mi semen en el.

Al poco tiempo, ella también eyaculó sobre su rostro.

Las dos guardias comenzaron entonces a vestirse. – Ha sido un verdadero placer, si te portas bien, tenemos instrucciones de repetir todos los días.

– Por favor, no se vayan, no me dejen así.

– No nos corresponde a nosotras, será tu Ama quien te de la satisfacción que estás buscando. Por supuesto, deja el plug en su lugar.

Fue en ese momento que recordó que tenía un plug anal puesto, en medio de la excitación había olvidado esa deliciosa sensación en su cola.

Ambas se retiraron y ella quedó una vez mas sola, se cambió de ropa, esta vez seleccionó un corset para tener una figura mas femenina, un par de medias de nylon de color natural que se ajustaban con un portaligas, zapatos negros ahora con un taco de seis centímetros, un vestido negro con falda tubo, conservó los anillos, pulseras y la peluca, finalmente, rehizo su maquillaje.

Se sentó y sintió la agradable presión del plug y puso en el televisor el canal porno, había muchas cosas que tenía que aprender para cuando llegase su Ama.

Tercera Parte

El debut de Martina

Los sucesos del último día se repitieron durante por lo menos una semana, con alteraciones mas que marcadas, ahora Martina esperaba con ansiedad la visita de sus captoras, se vestía de forma provocativa solo para ellas, soñaba con besar esos genitales, había adquirido además una destreza inusual para evitar las arcadas, hasta tal punto que las celadoras comenzaron a introducir en su boca penes de látex cada vez de mayor tamaño y longitud, los que conseguía tragar sin dificultad.

– Eres buena en esto, te has convertido en toda una experta. Dijo Graciela.

– Y el plug es cada vez mas grande, dentro de poco estarás lista para presentarte a tu Ama. Dijo Verónica.

Ella simplemente respondía con un gesto sensual, asomaba su lengua recorriendo la comisura de sus labios, y comenzaba a besar alternativamente a una y otra, sintiendo sus lenguas rozarse, bajando hasta su entrepierna e introduciendo sus genitales en su boca, esperando sentir el sabor de su semen.

Una mañana, al entrar a la habitación las dos guardianas, Martina ya se estaba ansiosa por una nueva sesión, ya completamente en el papel de una mariquita deseosa de servir, la interrumpieron y le dijeron: – Hoy no tendremos actividad Martina, queremos que te prepares con tiempo ya que por la tarde tenemos instrucciones de llevarte con tu Señora.

– Mi Señora? Que alegría me dan chicas, estoy mas que ansiosa por mostrarle mis progresos, para a continuación agregar: – Que ropa debo usar? Saben ustedes que prefiere? Como debo comportarme frente a ella?

– Tranquila le dice Graciela, lo harás muy bien, de eso estamos seguras, tienes tiempo para prepararte, vendremos a buscarte por la tarde.

Cuando se quedó sola una vez mas, comenzó a revisar el guardarropa eligiendo la ropa que utilizaría.

Seleccionó un vestido negro con falda tubo y escote cuadrado, corset negro por supuesto, medias de nylon del mismo color con costura, zapatos de taco aguja de doce centímetros.

Se sentó frente al tocador y comenzó a maquillarse, tonos oscuros en los ojos, pestañas postizas, labios rojos, aros y anillos como accesorios, uñas largas del mismo color que sus labios, luego pensó que sería conveniente ser previsora y procedió a lubricar su cola abundantemente con la esperanza que por fin, su dueña y señora hiciera uso de ella.

Por supuesto, no podía olvidar colocarse el plug anal mas grande que encontró, quería estar absolutamente preparada.

Cuando volvieron a buscarla, ella ya estaba completamente lista, el problema eran sus nervios.

– Estoy bien? Quizá debería haber seleccionado otro vestido? Le gustará a mi Señora?

– Ya te dije, tranquila, si te comportas como lo has hecho con nosotras no tendrás problemas. Le dijo Graciela.

– Recuerda mostrarte humilde y respetuosa, tu Señora es muy comprensiva y solo quiere lo mejor para vos, acotó Verónica.

Recorrieron varios pasillos, siempre acompañadas por el eco de tres pares de tacones contra el infaltable piso de mármol, para finalmente llegar al salón principal de la casa, tendría aproximadamente 15 metros de lado y estaba completamente vacío, una de sus paredes estaba completamente ocupada por un ventanal inmenso que daba a un jardín, al fondo una pequeña puerta y tres sillones de madera que en realidad, hacían recordar tres tronos.

Se detuvieron tan solo ingresar y Graciela le indicó: – Espera aquí, nosotras vamos a anunciar que estás dispuesta.

La dejaron sola de pié, con todos sus temores y su ansiedad mientras las celadoras ingresaron por la pequeña puerta que se encontraba al lado de los tronos. Al poco tiempo retornaron, se pararon cada una de ellas a los lados y anunciaron: – Las Señoras Viviana, Silvia y Valentina.

Las tres mujeres ingresaron al salón en el orden que habían mencionado, todas ellas vestían una túnica negra que les cubría todo el cuerpo, solo asomaban por debajo de ella los tacones aguja de las botas que calzaban. Pasaron a tomar asiento Viviana en el centro, Silvia a su derecha y Valentina a su izquierda.

Fue esta última la que habló primero: – Acércate querida, queremos verte con mas precisión.

Martina, consciente que estaba siendo evaluada, se acercó hacia las tres mujeres, intentando con cada uno se sus pasos de mostrar su descubierta feminidad y sensualidad.

– Señoras, es un honor estar frente a ustedes, dijo mientras inclinaba la cabeza.

– Levanta tu cabeza, dijo Viviana y déjanos examinarte.

Martina entonces dio un giro lo mas sensual posible tratando de agradar a las mujeres.

– Dinos como te sientes, preguntó Silvia.

– Permítanme agradecerles Señoras, me han liberado, dejé atrás una personalidad que me había sido impuesta por la sociedad, actuaba simplemente pensando en una falsa idea de mi misma, ahora por fin he descubierto el placer y la tranquilidad de obedecer.

– Excelente respuesta, que deseas ahora en este momento, eres libre de expresarte. Mencionó Valentina.

– Servirla en lo que usted disponga Señora, simplemente tengo un pedido que espero tengan a bien considerar.

– Y cual es ese pedido querida.

– Sería muy feliz si me permitieran una cirugía para afeminar mi rostro y aumentar mi busto, tal como mis dos amigas, Graciela y Verónica.

– Vaya, es un pedido mas que interesante que tendremos en cuenta sin duda. Ahora debes sellar el pacto, si quieres que sea tu dueña, si deseas que te guíe y estás dispuesta a obedecerme, demuéstralo besando mis botas.

Martina entonces se arrodilló a los pies de su Señora y comenzó a no a lamer, sino mas bien a hacer el amor a las botas con su boca y lengua, besando las mismas en toda su extensión, lamiendo con su lengua el cuero hasta llegar a la rodilla de su Ama, introduciendo el tacón en su boca y besándolo como si fuese un pene.

– Perfecto, has dado todo un espectáculo querida, ahora vamos a sellar el pacto.

– Como usted desee Señora.

– Graciela, Verónica, serían tan amables de prepararla por favor, ustedes también deben prepararse por supuesto.

– Si Señora, respondieron al unísono.

Se aproximaron a Martina y procedieron a quitarle el vestido y el dispositivo de castidad, luego colocaron en la base de su pene un anillo.

– Esto es para que mantengas una mejor erección y que demores mas tiempo en terminar.

Acto seguido, se retiraron y cuando volvieron estaban ellas también sin su uniforme y con sendos anillos en sus genitales también, trajeron un potro el que colocaron en el centro de la sala.

– Ven Martina, recuéstate aquí, le dijeron para luego asegurar sus tobillos y manos con correas en los extremos del potro.

– Ya está lista Señoras.

En ese momento las tres mujeres se levantaron y dejaron caer las togas que las cubrían revelando unos cuerpos esculturales, guantes de cuero hasta los hombros, corset y medias con portaligas, botas de caña alta hasta las rodillas y para sorpresa de Martina, cada una de ellas portaba un strap-on de generosas dimensiones.

Se acercaron a ella y mientras Viviana le ofrecía el suyo para que lo besara, Valentina se posicionaba detrás de ella y retiraba el plug. – Que detalle, ya estás lubricada.

– Si Señora.

– Bien, estás dispuesta a ser mi mujercita?

– Si Señora, quiero ser suya.

– Entonces pídemelo.

– Por favor Señora, hágame su mujer, deseo que me penetre por favor.

– Como me voy a negar a un pedido así. Comenzó a penetrarla entonces, introduciendo lentamente su pene artificial mientras Viviana la penetraba por la boca.

Mientras tanto, Silvia se encontraba penetrando a Graciela mientras Verónica lamía los genitales de su compañera. Viviana, al ver esta escena se retiró de la boca de Martina y luego de posicionarse a sus espaldas, comenzó a penetrar a Verónica.

Martina entonces le dice a Valentina, – Libéreme por favor Señora, quiero ver su rostro mientras me hace su mujer.

– Buena idea, así yo también veo lo putita que sos. Procedió entonces a liberar a su ahora esposa, la ayudó a posicionarse en el potro con su espalda apoyada en el mismo y colocando sus piernas en sus hombros la penetró nuevamente.

En ese momento, Martina acercó sus manos con la intención de masturbarse, su Ama la detuvo y le dice: – Todavía no hermosa, todavía falta tu sorpresa. La tomó entonces de las manos y así continuó cabalgándola. – Esta es otra prueba que debes superar, la de poder controlarte.

Siguió así durante un tiempo, cuando Martina pensaba que ya no podría soportar mas, Valentina, todavía dentro suyo le dice: – Ahora tienes por delante una decisión, como deseas tener tu orgasmo, la primera opción es que elijas a Graciela o Verónica, y te permitiremos ser activa con quien tu desees, la segunda, que recorras mi cuerpo con tu lengua, comenzando por mis botas y luego beses mis genitales mientras Viviana te penetra. – Que es lo que decides?

– Señora, sería el mas grande honor que me permita besar sus genitales, fue la respuesta de nuestra protagonista.

– Así será entonces, Valentina entonces se retiró lentamente de su criada, se sentó en el trono que le correspondía y abriendo las piernas la llamó.

Martina entonces avanzó gateando hasta llegar a los pies de su Señora y como había hecho anteriormente, comenzó a hacerle el amor con su boca a las botas, lamiendo el cuero y ascendiendo hasta llegar a sus rodillas, introduciendo el taco aguja en su boca y besándolo como si fuese un pene en miniatura, luego ascendiendo alternativamente por sus piernas, sintiendo el roce del nylon en su lengua, humedeciendo con su saliva las piernas de su Señora hasta que llegó a su entrepierna.

Valentina, que ya había retirado el strap-on, sintió como la lengua de la mariquita entraba en sus genitales, se detenía en el clítoris, jugaba con el, lo chupaba, sorbía sus jugos desesperada, los gemidos de su Ama la excitaban aún mas, su desesperación aumentó cuando ella tomó su cabeza y la apretó fuertemente contra sus genitales. Le faltaba el aire pero poco le importaba, la sensación de placer que le daba el goce de su Señora hacía que el resto del mundo perdiera consistencia.

Tal es así que no percibió cuando Viviana se posicionó detrás de ella con un strap-on mucho mas grande que el anterior y comenzó a penetrarla lentamente hasta que estuvo por completo adentro, comenzando entonces un movimiento de vaivén muy lento, casi como saboreando la penetración.

Martina en este momento ya estaba enloquecida de goce, la mezcla de orgullo que sentía por el placer que le estaba dando a su Ama, sumado al placer que ella misma sentía al ser penetrada, hicieron que en poco tiempo terminara eyaculando, derramando su semen en las botas de su dueña en su primer orgasmo anal.

– Buena chica, he tenido por lo menos tres orgasmos, creo que tu lengua será mi parte favorita de tu cuerpo de aquí en adelante.

– Gracias Señora, es un gusto satisfacerla.

– Ahora se una buena niña y limpia mis botas, con tu lengua por favor.

Sin dudarlo siquiera, bajó su cabeza y comenzó a limpiar las botas de su Ama, bebiendo todo su semen.

Cuarta Parte

Epílogo

Un año ha pasado de estos sucesos y pocas personas reconocerían a Martina hoy en día, verás se ha sometido a diversas cirugías, al menos tres de aumento de busto, ahora tiene las prótesis mas grandes del mercado, al mismo tiempo, levantaron su cola y colocaron prótesis en sus caderas, removieron dos costillas para que su cintura fuese mas pequeña, reduciéndola aún mas al utilizar un corset diariamente.

En su rostro, operaron sus ojos a fin de darle un toque oriental, levantaron sus mejillas, colágeno en sus labios para hacerlos mas gruesos y finalmente afinaron su mandíbula para darle a su rostro un toque mas femenino, ella quería también su nariz, que consideraba grande, pero su Señora se opuso afirmando que le daba personalidad.

Para poder pagar todas estas operaciones, que habían sido financiadas por Viviana, ahora trabajaba como seguridad junto a Graciela y Verónica.

En ese momento estaban las tres juntas en su descanso, ella tomaba un café que había sido saborizado con el semen de Graciela, mientras estaba sentada en el regazo de Verónica, claro, el truco era que esta última había levantado su falda, liberado su pene e insertado en el ano de Martina.

Mientras tanto, Graciela de pié al lado de ambas, recibía las atenciones de Verónica que la estaba masturbando.

Como le gustaban estos descansos, nunca se sabía como terminarían, las tres eran muy creativas en este sentido.

De pronto sonó el intercomunicador y la voz de Viviana anunció: – Señoritas, pueden venir a mi despacho por favor? No era una pregunta, era una orden.

Rápidamente compusieron su uniforme, alisaron las faldas tubo, acomodaron sus pequeñas corbatas sobre la camisa azul, Martina terminó de beber su café de un trago, no tenía sentido desperdiciarlo, estaba delicioso, y partieron rumbo al despacho, el eco de sus tacones resonando por los pasillos del edificio.

Al llegar notaron que Viviana estaba sentada tomando un café con Silvia y Valentina. Por un momento, Martina tuvo la esperanza que se trataba de una pequeña reunión, algo que ocurría con bastante frecuencia y ya estaba pensando en sacarse la ropa en un sensual striptease que tanto le gustaba a su Señora, cuando vio en el otro extremo del salón a una cuarta mujer.

– Señoritas, tengo que pedirles un favor.

– Por supuesto Señora Viviana, lo que usted disponga.

– Aquí tienen la carpeta de este hombre, serían tan amables de buscarlo e invitarlo a la casa de la Asociación?

– Necesita que lo eduquen, anunció la cuarta mujer.

– Será un placer Señora, hoy por la tarde estará en la casa. Las tres se retiraron para cumplir su misión.

Con un poco de suerte, se adelantaría a Graciela y esta vez usaría la pistola paralizante.

Cuéntame que te ha parecido el relato, quieres que continúe, escucho tus sugerencias.