Capítulo 1

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Hola, me llamo michel, tengo 34 años, he estado marcado por episodios muy oscuros y perturbadores, que pensé que nunca tendría que hablar de ellos, estoy por contarles mi historia, una historia llena de lujuria, deseo y perversidad que me alejó de mi familia, de mis amigos, y de una vida social.

Esta historia se remonta a los años 2010, cuando tenía 18 años, crecí con dos familias totalmente diferentes, desde la manera de convivir, hasta la parte económica, por una lado, estaba mi familia materna, conformada por mi madre Sofía y mi hermana Isabel, y por otra parte, mi familia paterna, ellos vivían en un pequeño pueblo cañero en el corazón sur del estado, en una pequeña casa que carecía de funciones básicas, estaba conformada por mis abuelos samuel y victoria, mi tía mariana, y mis primos manuel y karla, ellos cinco vivían de manera muy humilde, se dedicaban al trabajo duro, al trabajo del campo.

Una tarde cálida de verano, el sol traspasaba el cristal de las ventanas, el calor acogedor se encerraba dentro de la casa, en un sofá descansaban mis abuelos samuel y victoria, ellos eran dos personas mayores de 78 y 79 años, educados con las leyes antiguas, eran amorosos pero también estrictos, mi abuelo Samuel era un señor alto de 1.80, moreno, robusto y con un bigote estilo pancho villa, era una persona tranquila y muy sencilla, trabajaba muy duro en el campo para poder comer, soportando el sol candente del verano con sus temperaturas altas, mi abuela victoria era de estatura promedio y con un poco de sobrepeso, ella era muy religiosa, pero también muy desigualdad con los demás, especialmente con los nietos.

Yo era el mayor de 3 nietos, y el más consentido de todos, mi abuela victoria no trataba por igual a mis primos, conmigo era cariñosa, amable, amigable, compasiva y protectora, pero también muy posesiva, con mis primos era todo lo contrario, ella decía que nos quería por igual pero no lo demostraba, era más estricta con ellos, más alejada, más fria, mi abuelo Samuel era más igualitario con los tres, nos quería mucho, jugaba con nosotros, siempre nos trató bien. Mi tía mariana, una señora de 35 años de edad, tenía algo muy peculiar, era una persona muy comunicativa, y con un carácter amigable pero también estricta, una persona que no se queda callada ante nada, mi primo manuel tenía 20 años, un joven rebelde, terco, que se opone ante todo lo que no le gusta, y no le teme a los problemas grandes, prácticamente la oveja negra de la familia, mi prima karla, una adolescente de 18 años , muy amigable, amable, pero muy descontrolada, y yo, tenía la misma edad que mi prima pero con una mentalidad muy distinta, una actitud seria, solitario, y con metas muy diferentes, siempre e tenido un deseo incontrolable de intimidad, un deseo de fundir mi alma con alguien más, desde los 15 años me introduje en un mundo perverso, en un mundo de sexualidad y deseo íntimo.

Llegué a visitar a mis abuelos samuel y victoria, noté el cansancio de ambos, decidí no molestarlos y solo me senté en el sofá sin decir una palabra.

Estaba recostado, contemplando el ardiente calor del verano, de pronto mis primos manuel y karla, me invitaron a una pijamada por la noche, yo accedí, nos encontramos en la habitación de mi primo, era una noche fresca, el aire entraba por la ventana, el calor poco a poco desaparecía, karla preparó palomitas de maíz, Manuel estaba buscando películas, cuando dije, está es la primera pijamada que tenemos, los tres soltamos una sonrisa leve asintiendo lo que dije, nos acostamos en una cama disfrutando de las palomitas y de la convivencia, vimos películas de terror, comedia y clasificación C, manuel puso una película de crimen, sexo y lenguaje explícito, en el minuto 56, pasó una escena fuerte de sexo y desnudos, yo con una mentalidad muy sucia no pude contenerme y poco a poco empecé a tener una erección, sin darme cuenta de lo que eso conllevaría, de manera sutil empecé a tocar mi entrepierna, de pronto noté un pequeño rose en mi costado y observé de reojo, era mi primo manuel que también se estaba tocando, yo no dije nada , me quedé cayado, pero con cada escena que veía, más me encendía, de tal forma que karla se dio cuenta, y sorprendida gritó “¡ que hacen !”, me asusté cuando escuché a Karla y rápidamente nos levantamos de la cama, manuel avergonzado se metió al baño, y karla empezó a gritarme que eso no estaba bien, yo trataba de calmarla pero ella no cedía, manuel salió del baño y con una voz fuerte dijo, “karla cállate, no digas nada,” yo apagué la televisión, y por unos minutos nos sentamos los tres, ninguno sabía cómo hablar de lo ocurrido, era algo muy incómodo, para mí y para Manuel, también para Karla por qué ella vio lo que estábamos haciendo, estábamos callados sin saber cómo remontar la conversación, hasta que karla preguntó, “¿ y que se siente?”, después de esa pregunta todo el ambiente cambió, las cosas se descontrolaron un poco, empezamos a hablar de autoexploración, sexo, y cosas sucias, hablamos con tanta calma, confianza y serenidad que por un momento no éramos primos ni tampoco familia, hablábamos como amigos, y con tanta curiosidad, hablamos sobre el sexo oral, como era, como se sentía, hasta que nos pusimos de ejemplo, en ese momento no medimos las consecuencias que vendrían más adelante y sería la puerta a mi perdición sexual.

El ambiente ya estaba alterado, descontrolado, yo di el primer golpe, les pregunté a quién les gustaría besar y con quien tendrían sexo, karla respondió:

-yo nunca lo voy a hacer, nunca me voy a dejar, nunca voy a gemir por nadie.

manuel contestó: – cuando tengas 25 no te va a gustar, te va a encantar.

Los tres nos reímos descontroladamente, de manera muy grosera karla exclamó “babosos”, el aire fresco se estaba desvaneciendo y el calor emergía de nuevo pero está vez acompañado de testosterona altamente adictiva, disfrazáda de alegría, nos reímos sin parar, karla no soportaba las risas , ninguno de los tres midió sus palabras y con groserías nos contestábamos mutuamente, ese fue el primer error que cometí, no medir las palabras, karla se levantó para ir al baño y nos quedamos solos manuel y yo, le pregunté que si no le importaba que a su hermana fuera a tener sexo algún día, el con una serenidad y tranquilidad me respondió, -“ya la viste bien? a quien se le va a antojar, quien va a querer acostarse con ella, nadie.”-

Karla era un poco alta de 1.70, con 18 años, morena, delgada, siempre usaba ropa holgada, pantalones que no dejaban nada a la imaginación, blusas amplias, siempre usaba ese tipo de vestimenta, en ocasiones, se notaba algo de cuerpo cuando usaba el uniforme de la escuela, pero en pocas veces, manuel creía conocer a su hermana, no pensaba que algún día ella iba a tener sexo, porque según él, no tenía nada que ofrecer, le respondí muy seguro, “a veces las chicas así suelen tener mejor cuerpo que las demás” el asintió con la cabeza dándome la razón, en ése momento el calor volvía a ceder, dando pasó al aire fresco que entraba por la ventana, con los comentarios de manuel comencé a pensar si era cierto que karla no tenía nada que ofrecer, en ese momento comenzó mi locura y los problemas que más adelante vendrían.

Desde ese día, las cosas entre los tres ya no fueron iguales, entramos más en confianza, nos volvimos muy unidos, más apegados por ser familia, y nos convertimos en la típica amistad de primos inquebrantables, pero yo, con una mente dañada y perturbada, comencé a cuestionarme las palabras de manuel sobre karla, sobre su cuerpo, si ella era plana, o si tenía cosas que ofrecer, comencé a verla de manera más cuidadosa y detallada, pero no encontraba nada, ella tan sonriente como siempre, tan simpática, tan descontrolada, tan buena onda, pero de cuerpo nada, la ropa holgada no dejaba nada que ver.

En mi mente, ya estaba planeando como averiguar si ella era plana, comencé a trazar un perverso plan, comencé a acercarme más a ella, la familia no notaba nada, todo el tiempo era solo la amistad de primos, pero yo tenía bien en claro lo que quería, y no iba a parar hasta ver con mis propios ojos lo que escondía debajo de la ropa holgada.

Mi oscura decisión

Mi oscura decisión II: Obsesión