Capítulo 4
- Viólame, grábalo y mándamelo I
- Viólame, grábalo y mándamelo II y III
- Viólame, grábalo y mándamelo IV
- Viólame, grábalo y mándamelo V
Estoy bloqueada y tengo que reaccionar, me repito.
El cabrón deja el móvil grabando en la mesa, bien colocado tras de mí y se da la vuelta. Se ha tomado el tiempo de colocarlo bien para que coja las camillas, el suelo y el potro. Pasa a mi lado riéndose y mirándome, y se dirige a mi madre.
Ella está enfrente, con las rodillas en el suelo, y sus siempre fuertes piernas se abren hacia los lados, flojas por la tensión, dejando caer su culo en el mismo suelo delante del potro de masajes. Sus tetas brillan, ahora no sólo por los aceites y el agua en del circuito de spa, sino también por las babas que le ha sacado ese cabrón a su boca con la loca follada que la ha forzado a recibir. Y la ha forzado sin soltar la pistola ni un momento.
Me parece una diosa, una diosa humillada.
Mamá intenta recuperar el aliento, asumiendo que su garganta va a recibir más empujones de ese enorme rabo, empujones que recibe para que no los reciba yo. Sus pulmones intentan coger todo el aire posible, y eso aumenta la imagen obscena de sus tetas subiendo exageradamente, con su pezones duros por el contacto húmedo con el aire.
Hace poco menos de dos horas estaba magreándole las tetas y tratando de llegar a su coño, dispuesta a follar con ella en la sauna. Si hubiese pensado esta imagen en ese momento hubiese podido correrme con un roce. Esa imagen quedará grabada ahora para este cabrón, que se pajeará viendo cómo la forzó. Quizá el vídeo con la violación de mi madre acabe circulando por oscuros grupos de mensajería.
Ella lo mira llegar y trata de poner una expresión desafiante, cogiendo aire y echando la cabeza hacia atrás.
Pero el asaltante tiene peores planes aún. Se agacha y la coge del cuello.
—Levanta puta. — Dice, mientras tira de su cabeza hacia arriba.
La dirige para acomodarla a su gusto. Los pies en el suelo, la barriga apoyada en el potro, cruzada, con la ubres colgando y la boca preparada para follarla a placer. Podría, de hecho, follarla por detrás y luego por la boca sólo sujetándola por la espalda para que no se levante, y yo tendría primera fila, como la cámara a mi espalda, para ver cómo la revienta por todas partes.
La agarra del pelo en un manojo para levantarle la cabeza y exponer la boca. Y se detiene un momento, el puto cerdo, mirando su culo al otro lado. Creo que está dudando si follarle la boca o irse al otro extremo. Mi madre aprovecha para mejorar el apoyo de sus pies, sabiendo lo que viene. Mientras ella se sujeta con las manos en el potro, él le presiona la polla contra los labios y le apoya la pistola en la espalda.
Ella abre la boca y él entra de un empujón, pero atasca en la campanilla. Da otro empujón y veo el cuello de mi madre hincharse, sus carrillos inflarse al echar el aire. La baba vuelve a caer al suelo mientras ella intenta respirar por la nariz, que está cerca de aplastarse contra la camiseta del cabrón. Un violador, sin pantalones, con una camiseta negra, un pasamontañas y una pistola, está agarrando a mi madre por el pelo mientras le llena la boca de carne y le apoya el arma. Y ella, creyendo que con ello me protege, abre la boca y la garganta más, como una profesional de tragar pollas gordas.
Ella patalea con una pierna, que se le va hacia atrás como si quisiese modificar con ella la posición de su tronco y, por extensión, la de su garganta. Grita incluso con la polla dentro al empezar a recibir pollazos.
—UooOUUUUOOOOOO!!! – Un grito ronco y ahogado contra la polla asolándole la garganta, un ruido monstruoso, que va calmando hasta que suenan más los empellones en su boca, con el gagueo mojado, gloG, gloG, gloG, gLoG… Y las babas empezando a chorrear en el suelo.
Me quedo extática, mirando, y el coño me palpita, a pesar del miedo, o por el miedo. Su cara está deformada por los pollazos salvajes, roja, brillante, los ojos llorosos, y me muerdo el labio hasta que me duele.
Sigue follándola como si quisiera vaciarse, pero creo que aún no se ha corrido. La enorme barra de carne desaparece entre sus labios, sacándole babas y un ruido atronador.
— GGLOG, GLOGG, GLOGG!!!
— Puta de mierda, a ver si te portas bieenn… – Le dice el encapuchado. Veo el culo fuerte del violador apretarse cada pocas embestidas, haciendo un empujón extra de cadera, con la polla ya completamente enterrada en la boca de mi madre. Empuja como si pudiera entrar más hondo, pero sólo consigue empujarle el cuerpo entero desde la cabeza, sacándole una especie de grito tras el sonido de la tragada, gloG-GJG!, gloG-GJJJ… Marta levanta las dos piernas, buscando que el balanceo sobre el potro le ayude a amortiguar esos empujones.
No sé cuánto tiempo estuve así, mirando esa follada de boca sacudiéndole todo el cuerpo. Pero mi cabeza no paró. No sé qué puedo hacer… ella hace lo que puede para que se corra enseguida… Él gruñe, sacándole un segundo la polla de la boca y empujándole la cara con el arma.
—Te vas a portar mejor, ¿eh?.
La suelta, y su cabeza cae, rendida, con las enormes tetas aplastándose contra el lateral del potro.
Viene lanzado hacia mí, con la polla chorreando babas al suelo. Mira mis tetas y me pone la manaza en la parte superior de la cabeza, empujándome hacia abajo con fuerza. Caigo de rodillas y noto el suelo frío contra las piernas, un golpe que me sacude los huesos.
—Abre la boca, pequeña puta – me dice, despacio y grave. No necesita gritarme. He caído delante de su enorme capullo, brillante y soltando aún un hilo de las babas de mi madre. Acaba de sacársela de la garanta. Empiezo a abrir la boca cuando su mano pasa a la parte posterior de mi cabeza, pero me atropella la lengua, me embiste como si quisiera romperme y llega a mi campanilla de inmediato, haciendo que levante mis manos contra sus muslos y me agarre. Igual que mi madre antes, pero ahora no lleva pantalones, y mis uñas se le clavan en la carne. Empuja, y noto que las babas de mi madre han ayudado al menos a que no me haga mucho daño. Él espera un segundo ahí, como comprobando hasta donde puede meterla.
—¡¡Para!! – Grita mi madre, que ha levantado la cabeza, y ahora apoya las manos en el potro para incorporarse.
Él no hace caso. Apoya también la mano de la pistola en mi cabeza, y noto el costado de la empuñadura apretándome. Con las dos manos sujetándome como un juguete, empuja más, ggg… la saca, glob, pff… y empieza a moverse. Me da dos empujones haciéndome sentir que pierdo el equilibrio hasta de rodillas. Me tambaleo mientras mamá grita:
—¡¡Que la dejes, hijo de puta!! – Chilla, con la voz rota, mientras rodea el potro y empieza a acercarse, tambaleándose, las piernas flojas. Al menos ha conseguido llamar su atención, pero ha dejado su polla clavada en mi garganta, apretando mi cabeza contra él. Mi madre suplica —Por favor… deja a mi hija… yo te lo hago, lo que necesites, te la chupo, me follas, pero jjjpff – escupe – pero déjala por favor…
Él se ríe, un «jajaja» seco que me hiela, y siento la vibración de su risa empujarme más, mientras el aire me falta, porque no he conseguido respirar bien por la nariz aún, y él me sigue presionando mientras la escucha. Empiezo a ver estrellitas. Él afloja un poco una mano, y al menos dejo de sentir el dolor de la pieza metálica contra mi cabeza.
—Ya te he follado la boca y no te callas, vas a necesitar más tratamiento. — Le dice, creo que volviéndose hacia ella. Siento el espasmo de la falta de aire y mis piernas flojean, amenazando con quedarse fláccidas y convertirme en una cabeza follada con un cuerpo colgando, sujeto por el violador. Me está violando la puta cabeza, pienso entre el mareo.
Me suelta de repente, y caigo un poco hacia el costado, apoyando la mano y llevando la otra a mi pecho mientras cojo aire desesperadamente, y toso, y toso, atragandántome con mis propias babas y las de mi madre. Escupir primero, me digo.
Me quedo jadeando, el suelo frío contra las rodillas y ahora contra un costado de mi nalga, que cae al suelo para liberar mis piernas del peso. Levanto la vista recuperando un poco de presencia con el aire y miro cómo llega hasta ella y la agarra por el cuello. Le mete la mano de la pistola bajo el brazo y tira de ella hacia arriba, con fuerza, levantándola en peso, haciendo que se ponga de puntillas y ella lo agarre a él del hombro para sostenerse. Una pierna se levanta del suelo, la otra apenas sostiene peso.
—Agh!! – Suena Marta, la pierna en el aire contra el muslo de él, intentando apoyarse.
La va a romper, pienso desde el suelo. El cuerpo me tiembla entero, desde los pies hasta la cabeza. Ahora se ha cabreado.
Él gira sobre sí mismo y la pone en dirección a mí y a la cámara, levantándola entera del suelo por un segundo al girar. Ella patalea en el aire, y su culo redondo y fuerte se tensa. La arroja de espaldas contra el suelo, justo delante de mí. Cae, apenas amortiguando el golpe con el primer pie que apoyó en el suelo y la mano al final, pero recibiendo su culo la mayor parte del impacto.
Apoya su espalda antes de dejar caer la cabeza al suelo, y pienso que al menos la cabeza ha aterrizado ahora con suavidad. La veo en toda su extensión, sus grandes tetas mojadas, su coño brillante también por las babas que han corrido hacia él. Una rodilla sube un poco para apoyar la planta, y sus ojos van hacia atrás, buscándome mientras intenta respirar bien. Sus ojos se encuentran con los míos y parece sentirse aliviada por ello. Sus brazos se rinden un poco y se relajan. Los deja caer al suelo.
Él nos mira, acercándose despacio. Su rabo no ha perdido dureza con el forcejeo. La cabeza, gorda y morada, va de un lado a otro, oscilando arriba y abajo, pero también a los lados, como dibujando un signo de infinito. Las pelotas, enormes, se mueven contra sus muslos debajo, empujadas paso tras paso.
La repasa entera, le veo observar sus tetas y su coño con atención. El puto sádico me mira a mí después, fijamente, como para asegurarsee de que yo esté atenta a cómo se la folla con los ojos.
Hinca ahora una rodilla en el suelo, entre sus piernas, apoyando el antebrazo del arma en su propio muslo, con la polla y los huevos, amenazantes, colgando y pendulando por el movimiento. Ella lo mira agacharse sobre ella, y no dice nada. Yo tampoco.
Se quita la camiseta.
Pecho peludo.
Tatuajes talegueros en los hombros.
Cómo no, pienso, que puta sorpresa… de lo que te voy a mandar no te vas a poder esconder, y voy a hacer que reproduzcan contigo esto que estás haciendo, pero multiplicado por cien mil, y te van a reventar tan fuerte que te vas a hacer maricón de puro agotamiento y dolor, pero no lo vas a disfrutar, porque justo entonces te matarán, y me masturbaré con un molde de tu rabo y tus pelotas mientras me río de la foto de tu puto cadáver colgada en mi corcho…
Siento una sonrisa maliciosa asomar a mi cara, pero creo que no la ha visto.
Se inclina sobre ella, y aún sin hincar la otra rodilla, apoya una mano junto a su cadera, apartándole el muslo con la rodilla baja.
—No, no… te la chupo, pero por favor, no… – dice mamá.
Él me mira, los ojos brillando bajo la apertura de la capucha. Por primera vez, me fijo en que es una capucha rara, suelta, más parecida a las del ku klux klan que a un pasamontañas habitual
—Mira a tu mamá. – Me dice, gesticulando con el arma, señalándola. – Mírala bien y verás qué bien se acaba portando.
Baja la otra rodilla, empujando el muslo de Marta para abrirla del todo. Ella no se atreve a moverse, y veo la polla, tan empalmada que me mira más a mí que a ella, trempar ya a menos de un palmo de su coño, que se contrae un momento, como si quisiera cerrar las piernas. Alargo la mano para acariciar la cabeza de mi madre.
— Tranquila mamá. Tranquila. — le digo, con toda la suavidad de que soy capaz.
Él se rie al escucharme. Se retira levemente, arrodillado, haciendo botar su polla, y le dice a mi madre.
— Date la vuelta.
Ella lo mira con los ojos muy abiertos, no sé si haciéndose la dura, asustada o no entendiendo bien. La veo del revés, sus expresiones no están claras.
— ¡Que te des la vuelta, coño! – Y coge su brazo izquierdo, tirando de él para que se gire y se ponga boca abajo. Retiro mi mano. Joder…
—Tranquila mamá. Hazle caso.
Ella se da la vuelta, temblando. Me mira para darse fuerzas. Sé lo que va a pasar.
Él observa su culo y saca la lengua. No se relame. Simplemente saca la lengua, diciendo “eeehh”, expulsando aire. Como un perro.
Deja caer la mano sin arma de golpe contra el suelo, junto a la cabeza de Marta, pegándose contra ella. La empuja hasta aplastarla contra el suelo, y se retira un poco cuando ella cede y se queda tumbada. Ella acomoda su cara de lado, ahora sin mirarme. Él me mira a mí. Debe ver en mi expresión que estoy a punto de echarme a llorar, pero eso parece encenderle más, porque me sonríe.
—Escupe aquí – dice, llevando el cañón del arma a mi boca.
No reacciono.
—¡Escupe! Va a ser toda la lubricación que tenga su culo.
Joder. Obedezco. Intento generar toda la saliva posible y me acerco al cañón, por encima, escupiendo en él.
La lleva al culo de Marta. Lo restriega por su ojete, empujando un poco. Aparta sus nalgas con la pistola y dirige su polla a la entrada. Me mira y empuja.
—UUAAAAAAAAAAAHH!! aa… – La cabeza de mi madre se eleva hacia adelante, puedo ver su cara. El chillido se acaba ahogando en una bocanada de aire, con la cara descompuesta, como un pez boqueando fuera del agua.
Marta está en shock. Intenta empujarlo con una mano hacia atrás, la otra arañando el piso, las tetas aplastadas, la cabeza elevada apenas. La miro, y me acuerdo de esa escena de Irreversible que siempre me ha puesto tan, pero tan cachonda… y que ahora es real, joder, me digo. Y el miedo me aprieta el pecho.
Empuja en su culo. Fuerte, profundo. Marta chilla, taladrando los oídos.
plaf… plaf… Empuja y empuja, reventándola de dolor, haciendo sonar su culo como palmas. Y más fuerte. PLAF! PLAF!
Pienso que tengo que pararlo, pero no sé cómo. Parece que me lee la mente. Se para dentro de su culo, aprieta hasta el fondo y pone la pistola en la cabeza de mi madre, el cañón frío contra su pelo mojado. Y me gruñe:
—Ni se te ocurra, zorra – PLAF! vuelve a embestir y sigue – mira y cállate, quietecita – ¡PLAF! – o te va a pasar lo mismo – PLAF! – que a la puta de la entrada.
Él acelera la embestida, la polla entrando y saliendo del culo de Marta con un ritmo salvaje. Ella ruge, los gritos vibrando con cada empujón, mezclados con gruñidos de dolor, aa aa aa aaa aa aa uuu aaa oo mmmnggg ng ngngng… con el cuerpo sacudiéndose bajo su peso, sus tetas aplastándose cada vez, como si se inflaran a mis ojos.
—¿Te gusta, zorra? ¿Te gusta o se lo hago a tu niñita? ¡Di que te gusta o se lo hago a tu hija! – le grita.
Marta, entre estertores, gime, forzada:
—Mmpffff… Aahh nnn… ahh… sí, síaaahhh! Sí! Me gussstaaaa, ¡Dame!! ¡Dame!!…
—Ha! ¿Ves, puta? Mucho mejor – plaf, plaf, plaf…
La cara se le pone roja, el dolor torciéndole la boca, y él sigue follándole el culo sin parar, su culo ondulando y su mano buscando un agarre imaginario, plaf, plaf, mientras yo miro y mis piernas se cierran una sobre otra, como tapando mi coño, como protegiéndome.
Ella chilla más, y él gruñe embistiendo como animal con el sudor goteándole por la capucha.
No puedo moverme, la visión del arma me clava al suelo. Él sigue haciendo temblar su culo en cada embestida, y ella trata de darle lo que busca.
—Ahh! Ah! Sí! Fóllame cabrón! Rómpeme el culo! Córrete en mi culo!! Aaah!! – Y él se ríe, enseñándome los dientes.
Saca la polla de golpe, de repente, con un plop perfectamente audible.
—De rodillas – le dice, saliendo de ella y levantándose él mismo, pero poniéndose de pie de nuevo.
Ella cierra los ojos con fuerza, controlando el dolor, apoya las palmas y, trabajosamente, se va incorporando. Primero sobre sus rodillas y brazos, y después echándose hacia atrás, tratando de que su dolorido culo aterrice bien sobre sus pies, las nalgas apoyadas sin abrir el ojete, protegiéndolo. Respira hondo y pone las manos sobre sus muslos.
—Te quiero, mamá – le digo, con una sensación de profundo agradecimiento. Estoy de rodillas frente a mi madre, que está preciosa incluso así.
Continuará
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