Tres piernas II

La tercera noche después de los tragos de rigor junto al fuego nos metimos en la tienda, Marcos era un insaciable tragador de leche, me masturbo, me la chupo y se trago mi primera y abundante corrida mientras se la meneaba y (esto era nuevo para mi) se metía dos dedos en el culo, siguió chupando después de mi corrida hasta que me empalme de nuevo, después se puso de lado dándome la espalda y apunto mi polla en la entrada de su culo, se la fui clavando poco a poco pero sin miramientos

Tres piernas I

Se la saque asustado, su culo estaba mas abierto ahora y ella tenia lagrimas en la cara, armándose de valor se puso de nuevo a cuatro patas y me pidió que lo intentara de nuevo pero que lo hiciera lentamente y con cuidado, le metí el capullo y me pidió que estuviera quieto, poco a poco comencé a metérsela mas y ella a mover sus nalgas, después de diez minutos y mucho esfuerzo todo mi troncho estaba dentro del culo de Mary

Soledad de Buenos Aires I

El lugar y el momento eran los menos adecuados para enfrascarme en una disquisición acerca de los alcances de su nombre: era nuestra primera entrevista, en el salón de reuniones, y ella representaba la «otra parte», por decirlo de alguna manera. Venía de Argentina a auditar la empresa de la que yo era Auditor Interno y esa era nuestra entrevista preliminar, para definir los alcances la revisión.

Doble pasión IV

Se disculpó diciendo que había terminado de hacer unas cosas y casualmente pasaba por mi calle y había decidido verme y saludarme, nada más. Pero la situación sí que daba para más, ya lo creo, la situación era altamente explosiva, porque yo tenía la certeza que él se iba a dar cuenta de todo. Lo confirmé cuando le dije que se sentara un momento para que yo fuera a la cocina a sacar algo de beber. En el camino entré al cuarto de baño, me miré en el espejo y pude ver los síntomas evidentes que reflejaban mi rostro.

Doble pasión III

Levanté la cabeza para pedirle sofocadamente que me volviera a penetrar, pero esta vez cambiaríamos de postura, porque sin pensárselo dos veces me alzó por las axilas y me subió agarrándome de la cintura, cogiéndome bien el culo para que no resbalara, al tiempo que yo le abrazaba con fuerza, le rodeaba con mis brazos todo su torso, levantaba las rodillas al aire y me clavaba una vez más su dardo inclemente, incansable y agotador.

Doble pasión II

Le desabroché los pequeños pantalones de deporte que llevaba puestos y de una sola bajada le despojé también de sus calzoncillos, mostrándose enhiesta y altiva su monumental polla, que ya estaba dura y rojiza. Esa visión me puso más desbaratada si cabe, se la toqué, se la meneé durante unos segundos, pero yo necesitaba otra cosa, era pura necesidad, no eran ganas ni deseo, era total urgencia de tener dentro de mi cuerpo ese pedazo de picha gigante.

Arte sensual I

Nuestra misión en la vida consiste en disfrutar a plenitud del goce sensorial, actividad indispensable para mantener en marcha el motor de la vida. Es a efectos de alcanzar ese objetivo, que hemos sido provistos de un maravilloso organismo, universo completo en su genial complejidad.

¿Qué será de Gaby? I

Estaba enfundada en su jumper azul, con su blusa blanca y zapatones negros. Venía saliendo de clases con un grupo de amigas a pasar una tarde de alcohol y sexo con un grupo de jóvenes entre los que me encontraba yo, aunque a mis treinta años no podría clasificarme en ese grupo.

Belle de Jour

Realmente estás buena, jodida, creo que vamos a hacer un buen negocio contigo. Lo primero que tienes que tener claro es que no puedes decirle que no a nada de lo que te pida un cliente. Una vez que me digas que sí, que quieres trabajar aquí, tendrás que hacer y dejarte hacer todo lo que quiera quien pague, ¿de acuerdo?

Verano inolvidable I

Llego al auto, que de paso lo había dejado al último, se veía la casa y los cuerpos bailando, como a media cuadra, me senté en el asiento delantero de mi coche, dejando la puerta abierta, prendo un cigarrillo y veo el cielo estrellado, y comienzo a pensar en lo hermoso que sería poder en estos momentos estar cogiendo con Andrea o Fabiana, o sea antes que calmarme, cada segundo me calentaba más.

Doble pasión I

Bajó su cara lengüeteando por mi vientre, rodeando mi ombligo, ensalivando mis pelitos de color castaño, hasta llegar a mi vulva, a mis labios rezumantes de viscoso líquido dulce. Los mojó aún más, separó mis piernas y al mismo tiempo con sus dedos abrió mi sexo para lamer mi interior, luego mi clítoris enrojecido y macizo mientras yo gemía y apenas me aguantaba los gritos de placer que se me escapaban desde el interior de mi alma.

Carlos es Clara: una mujer encerrada en el cuerpo de un hombre

Las leyes argentinas, no permiten el cambio de sexo, es por eso que compre un pequeño departamento en Santiago en Chile hablé con mi madre, en su cara vi la tranquilidad de estar haciendo lo correcto, era una suerte que el dinero no iba a ser problema alguno. Esos días hablamos muchos, le quite el peso de mi violación de chico, lo cual me agradeció, no le conté, lo de mi primo y amigo de la primaria, estábamos en paz, por lo menos nos sinceramos.

Western, sexo y algo más

Su cara mostraba unos negros ojos entrecerrados pero vivos, del mismo color que su negra cabellera, unos pómulos fuertes y marcados al igual que su mentón y una enorme cicatriz que iba desde el lado de su ojo izquierdo hasta cerca de su poderosa barbilla, detalle que lo mostraba aún más brutal a pesar de sus dos metros de altura y de sus gigantescas proporciones.

Delicioso trio con Kelly y Mima

Sus nalgas podían agarrarse y abrirse con más facilidad y su ano era más complaciente a las maniobras y esto me incitó tanto a abrirla con mucho más fuerza; pero al parecer Jackeline ya se había acostumbrado a esa manipulación Pues gimió muy poco. En cierto momento, la morena me tomó una de las manos y empapando un dedo con su saliva me hizo que lo restregara con firmeza contra el ano de Jackeline y que lo enterrara en éste. La blanca se sacudió al sentir algo dentro de su recto y empezó a mover las caderas tratando de que el dedo se encajara más dentro de ella.

Una tarde de agosto

No cabe duda de que la posibilidad de ir a su casa, sabiendo que allí estaríamos solos me atraía bastante, y no por el hecho de que sospechase lo que ocurriría, sino porque así podríamos charlar cómodamente, ver aquellas fotos, resguardarnos de la lluvia y del calor pegajoso de aquel día. No niego que me atraía la idea de estar él y yo a solas, porque además teníamos «pendiente» una especie de juego relacionado con un beso que habíamos quedado en retomar en ese encuentro.