Capítulo 1

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  • Una ninfómana evangélica I

Siempre fui muy mojigata, me eduqué en una familia evangélica, iba con mi falda los domingos a iglesia y acompañaba a mis padres a leer la palabra del señor a quienes quisieran escucharla en la calle, cosa que siempre me dio vergüenza, pero quería que todos tuviéramos la oportunidad de ir al cielo.

En mi familia nunca se hablaba de nada que no fueran los estudios, la familia, el trabajo o Dios, así que tanto yo como mi hermana gemela nunca supimos para que servía lo que teníamos entre las piernas hasta que cumplimos la mayoría de edad y ahí asistimos con otros chicos de la iglesia a una reunión especial donde nos explicaron que teníamos la capacidad de crear vida nueva pero que deberíamos encontrar a nuestra pareja para casarnos primero ante los ojos de dios y de esa forma poder traer más vida al mundo bajo la tutela de nuestra religión.

Mi madre ese mismo día que cumplimos los 18, por la noche, nos explicó que dolería la primera vez que nos acostáramos con nuestro marido y que saldría sangre, pero que era normal… para mí no tenía nada de normal a parte de la regla cada mes que ya me parecía bastante sufrimiento por ser las encargadas de crear la vida, ¿vamos a sufrir en el acto? Para mí estaba claro que no quería saber nada del sexo, prefería quedarme soltera y virgen para siempre.

Pasaron algunos meses después de nuestro cumpleaños, mi hermana Melisa tenía un nuevo amigo de la iglesia que la ayudaba con sus estudios por que se le daba mal la lengua y le ayudaba a estudiar los exámenes en casa muchas veces, era un chico de la iglesia muy amable, nos caía muy bien a todos en la familia. Estaba viniendo 2 días a la semana normalmente miércoles y sábados, este sábado mis padres se fueron a cenar y nos dejaron a los 3 en casa, Carlos cenó con nosotras y veríamos los 3 una peli después de que terminen de estudiar lengua.

Yo estaba en mi cuarto ordenando la ropa mientras ellos terminaban de estudiar y encontré unos calcetines de mi hermana entre los míos, así que fui a llevárselos a su cuarto, salí del mío y al llegar a la puerta del suyo, estaba la puerta con una pequeña rendija, no quería molestarla, así que me asomé para ver si era buen momento y lo que vi no me lo habría imaginado jamás de mi hermana ni de Carlos… estaba mi hermana de rodillas en su alfombra y Carlos en la silla del escritorio sentado mientras ella se metía en su boca la cosa de Carlos, él gemía bajito mientras ella subía y bajaba la cabeza chupándosela, no podía creer lo que estaba viendo, mi hermana cada vez se la metía más en la boca, se la sacaba y dejaba caer su saliva sobre eso, le pasaba la lengua y seguía chupándola, mientras Carlos le hacía una coleta con las manos… empecé a sentir como se me aceleraba el corazón al ver a mi hermana haciendo esa guarrada de chupar esa parte sucia, mi hermana era una guarra por hacer eso y se lo diría a mis padres, los latidos del corazón comencé a sentirlos en mis partes cada vez más fuerte y sin parar de mirar me llevé la mano por debajo del pantalón de pijama por encima de mis braguitas de lacito y sin pensarlo empecé a acariciarme… Carlos se mordía los labios de gusto mientras Melisa se tragaba su cosa y yo me preguntaba por qué Melisa haría esa asquerosidad, pero inexplicablemente yo estaba salivando más de lo normal al pensarlo y mis braguitas estaban muy húmedas ya… me metí la mano por debajo de las braguitas para seguir tocándome y jamás me había tocado así, de esta manera, con esta humedad, este palpitar y justo en ese punto que tengo como una semilla, no sabía que era pero me estaba dando mucho placer, comencé a chuparme sin pensarlo un dedo imaginándome que era la cosita de Carlos y me daba asco yo misma de estar pensando en que me gustaría ser yo la que estuviera chupándosela pero inexplicablemente tenía muy buena pinta y mi hermana lo estaba disfrutando, como si fuera un chupachups delicioso, me metí otro dedito en la boca y me llevé esa mano empapada en mis babas a mi vagina para empapármela con mi saliva y aunque era algo asqueroso me estaba dando un placer que nunca había experimentado, al parecer mi hermana no era la única guarra… de pronto escuché a Carlos “No pares, me voy a correr” me preguntaba ¿qué significaba eso, se iba a ir a hacer footing en un momento como este, pero por qué le dice a mi hermana que no pare si se va a ir a correr?… no entiendo nada y está acelerando ¿tiene prisa para irse será? Estaba sintiendo una ola que crecía dentro de mí desde mis muslos mientras veía la escena, Carlos agarraba con fuerza el pelo de Melisa y comenzó a hundírsela más profunda en su boca mientras respiraba fuerte y se mordía, yo estaba sintiendo un placer enorme en mis partes que me tenía que agarrar al marco de la puerta del temblor de las piernas y morderme el brazo para no hacer ruido y mientras seguía sin parar de acariciarme esa semilla que tenía entre mis partes y sentía que me iba a desmayar del gusto, ¿estaba llegando al cielo acaso, eso sería el cielo, me iba a morir?… veía como la boca de mi hermana se hinchaba y sacaba la lengua para que se la viera Carlos con algo blanco sobre ella para tragárselo y volver a enseñarle la boca a lo que Carlos le dijo “Las clases de lengua te han servido, ya eres una experta” y mi hermana se río pegándole de juego en la pierna y poniéndose de pie, yo me fui para mi cuarto en silencio rápido para que no me descubrieran.

Me cambié las braguitas y esperaba que Carlos dijera que se iba a la calle a correr, aunque no lo entendía a esas horas de la noche y como iba vestido, mi hermana tocó en mi puerta a lo que me hice la que estaba ordenando aún la ropa y me dijo que ya habían terminado de estudiar para ver la peli… no podía parar de pensar en cómo la había visto ahora y mis braguitas nuevas ya volvían a estar empapadas…

Nos pusimos a ver una peli esa noche y Carlos no se fue a correr en ningún momento así que no entendí nada, me costaba mucho mirarlos y hablar como si nada con ellos después de ver lo que vi, quería hablarlo con mi hermana, pero no sabía cómo y cuantas veces lo habían hecho me preguntaba…

Pasaron los días y estábamos de nuevo a miércoles ese día venía de nuevo Carlos, llegó a casa puntual a las 17.30 como siempre, pero esa vez no pasó nada porque estaban mis padres por casa, pero sí los espié un poco cuando podía y vi que Carlos le tocaba el trasero a mi hermana y se besaban de vez en cuando, mi madre nos había dicho que cuando dos personas se besan es porque son marido y mujer, así que mi hermana y Carlos ¿eran un matrimonio? ¿Besarse en sus partes también es como besarse en la boca tiene el mismo significado? Tenía muchas preguntas, y cada noche recordaba ese sábado, y me tocaba hasta sentir esa ola que me inundaba y me hacía temblar de gusto antes de dormir.

Ese sábado no vino Carlos a casa y aproveché para hablar con mi hermana porque mis padres de nuevo se fueron a cenar solos, estábamos en el sofá buscando una peli para ver y comencé preguntándole:

—Melisa ¿Por qué no vino Carlos hoy? —

—Dice que está muy cansado de trabajar, porque él ayuda a su padre a veces cuando tiene mucho trabajo en su taller y prefería quedarse en su casa hoy —

—Qué raro… porque parece que le gusta mucho estudiar lengua contigo— Me miró por un momento y vi en su cara que se preguntaba si iba con segundas, pero no sabía que yo sabía lo que hacían en sus horas de estudio.

—Sí la verdad que es muy buen profesor— dijo mirando la tele con media sonrisa…

—¿Y te gusta como algo más que como amigo? — Le pregunté intentando sonsacarle la verdad

—¡Qué va! Solo como amigos y ya está—

—¿Como el otro día que dijo que se iba a correr y se quedó en casa? — Aún recuerdo cuando le hice esa pregunta y no creo lo inocente que era a mis 18, ella me miró en ese momento con los ojos abiertos y se puso roja como un tomate.

—¿Qué día Isa, estás loca? —

—Este sábado pasado Meli, no te hagas la tonta vi lo que estaban haciendo y me parece asqueroso no sé cómo puedes hacer eso y no te da asco— yo se lo decía por aparentar ser la más pulcra, pero me humedecía y me latía fuerte el corazón de recordarlo

—No se lo cuentes a nuestros padres Isa ¡por favor! — Me suplicó ella.

—Solo si me dices por qué lo haces y me dices toda la verdad— Esa noche no vimos ninguna película y me estuvo explicando desde cuando comenzaron a hacerlo, que él se lo había enseñado y a ella le encantaba que era muy rico meterse en la boca su cosa y que sabía mal pero aun así ese sabor le encantaba y más la cara que ponía de gusto y cuando salía ese líquido ardiendo en su lengua, él le había dicho que tragárselo la hacía parecer más joven y le daba muchos beneficios, que era como un jugo de vitaminas.

Pasaron varias semanas de eso y mi hermana sabiendo que lo sabía ya no se atrevió a volver a hacerlo en casa, yo comencé a salir con un grupo de amigas de la iglesia, íbamos al cine y salíamos a algunas fiestas como la del carnaval, nos disfrazamos todas de angelitos, de angelitos de verdad, no como vimos a algunas chicas, con faldas que mostraban el trasero y escote, además de bailar de formas que no son de señorita y menos con hombres. Mi hermana vino esa vez conmigo y nos fuimos por un momento solas a dar una vuelta, nos encontramos con Carlos, ella sabía que estaría allí y nos juntamos con su grupo de chicos, nos invitaron a cervezas que yo rechacé pero mi hermana sí tomó y luego una botella que decía fuera Bailey, me dijeron que era una crema sin alcohol y me la pusieron con hielo, estaba delicioso y me lo bebí rápido uno y dos y tres vasos, comencé a sentir que me costaba hablar normal y caminar, me reía de todo, bailando con mi hermana sentí una mano en mi cintura y era la de Carlos que estaba rodeándome con su mano a mí y a mi hermana, pero no me importó, lo pusimos entre las dos y bailamos con él a la vez. Después de un ratito bailando ya nos teníamos que ir a casa faltaba media hora para las 9 y Carlos se ofreció a acompañarnos, fuimos hablando por el camino yo estaba un poco desinhibida por las copas que me había tomado e iba bromeando con lo que les pillé haciendo, pero solo pillaba las indirectas mi hermana ya que él no tenía ni idea de que lo sabía. Llegamos a casa y cuando entramos por la puerta vimos que estábamos solos y nuestros padres no estaban así que invitamos a Carlos a entrar y ver una peli los 3, él nos esperó en el salón, mientras nosotras nos quitábamos el maquillaje, nos lavábamos los dientes y nos poníamos el pijama, el mío era de peluchito blanco y el de mi hermana de peluchito rosado. Nos sentamos cada una a su lado, con una mantita por encima y le dimos a iniciar a la peli. Al poco de empezar sentí la mano de Carlos en mi rodilla, me iba acariciando la piel hasta llegar a donde empezaba mi pantalón de pijama a mitad de muslo, yo no sabía cómo reaccionar, estaba quieta, pero me gustaba, aunque pensaba que a mi hermana no le gustaría, la miré y noté que la manta también se movía por allí… nos estaba acariciando a las dos.

Melisa comenzó a besarlo delante de mí ya sin vergüenza ninguna,

—Isa… acércate— Cogió la cabeza de Carlos y la giró hacia mí, me puso la mano con suavidad en la nuca para que me acercara, lo tenía a milímetros de mí — Bésalo… Isa —

Le di un pico y luego otro y ahí ella me dijo,

— Así no… así… — Comenzó a besarlo delante mía con lengua, los dos la sacaban y se las rozaban, yo también quería probar, la aparté y me subí sobre sus piernas quedándome de frente a él le cogí la cara y comencé a besarlo como lo hizo mi hermana, pensando en lo que vi hace meses entre él y mi hermana, la boca me salivaba y el corazón se me puso a mil, noté dos manos en mis nalgas y otras acariciándome la espalda e intentando quitarme la parte de arriba para cuando abrí los ojos mi hermana se había quitado la parte de arriba y tenía sus pechos al aire y solo tenía las braguitas puestas. Yo me dejé desnudar y mi hermana me quitó la camisa dejándome los pechos al descubierto que me los comenzó a chupar entre ella y Carlos, sentía sus lenguas en cada pezón, calientes, jugando con mis pechos y mojándolos mientras algo duro desde abajo me presionaba mis partes y se sentía delicioso, algo me empujaba a moverme contra ese bulto y que se rozara más contra mi vagina. Melisa le metió la mano en los pantalones a nuestro invitado y le sacó su aparato, mientras me miraba.

—¿Habías visto una de estas antes Isa? — Me dijo con media sonrisa, ella sabía muy bien que no.

—Cógela con tu mano Isa, siéntela — Me dijo mi hermana con una cara que jamás le había visto, más que cuando la pillé aquella noche, le hice caso y se la cogí con la mano, se sentía caliente, blanda por fuera, suave y dura por dentro, entendí por qué mi hermana se metía eso en la boca, a mí también me estaban entrando ganas, daban muchas ganas de tragársela entera, se la estábamos meneando mientras le acariciábamos los huevos entre las dos y yo estaba tragando saliva todo el tiempo porque la boca no paraba de salivarme y mi vagina completamente mojada, me estaba pidiendo tener más cerca ese trozo ardiendo de carne, pero no me atrevía a tanto, eso debía de ser solo para mi marido aunque por unos besitos pensé que no pasaría nada.

Me bajé al suelo y me puse de rodillas junto con mi hermana en frente de él, Mel comenzó a pasarle la lengua empapándola mientras yo se la seguía acariciando de arriba a abajo y sentía la lengua ensalivada de mi hermana rozando mi mano a la vez que esa cosa, no pude evitar acercarme y comenzar a pasarle la lengua también junto con mi hermana, yo por la izquierda y ella por la derecha la rodeábamos con nuestros labios a la vez que pasábamos la lengua y nos besábamos nosotras con esa salchicha de por medio de nuestras bocas. Las dos estábamos locas, mi hermana me cogió la mano y me la metió en sus braguitas y ella me metió la mano en las mías para tocarnos mutuamente mientras lamíamos esa cosa completamente.

Sentía los dedos de mi hermana bailando con mi semilla y mis labios demasiado rico, a la vez que yo jugaba con los de ella, a ambas se nos deslizaban gotas de jugos por los muslos de estar tocándonos la una a la otra mientras nos comíamos a Carlos y yo sentía de nuevo esa ola como se acercaba creciendo en mi interior, no podía dejar de chupar ese rabo a la vez que masturbar a mi hermana y escucharla gimiendo, sentir mi mano completamente mojada de sus jugos y ella de los míos ya estaba llegando más fuerte que nunca y se me erizaron todos los pelos, sentí que mi hermana también comenzó a gemir más y temblar, Carlos volvió a decir lo de aquella vez “Que se corría” como se va a ir a correr en este momento, no íbamos a dejarle irse ni en bromas ahora era nuestro juguete… llegó la ola a lo más profundo de mi ser y no podía parar de gemir a la vez que mi hermana, las dos temblando de gusto ella también se estaba muriendo de gusto con la misma ola que yo y de pronto salió disparado un chorro blanco del rabo de Carlos que mi hermana se apresuró a no dejar escapar el segundo con su boca recibiéndolo dentro, mientras no paraba de mover sus deditos en mis braguitas ya de agua como las suyas y me cogió por el cuello firme besándome con eso blanco en la boca, comenzamos a jugar con nuestras lenguas pasándonoslo la una a la otra y tragándonos cada una nuestra mitad como le había visto hacer a ella, la verdad que aunque no estuviera rico, se sentía delicioso…

Después de eso yo y mi hermana nos tiramos al suelo semidesnudas en frente de Carlos que seguía sentado en el sofá mirándonos.

— Bueno Carlitos, esa fue la película, así que ahora vete y ya nos veremos de nuevo para las clases de lengua — Le dijo mi hermana con autoridad a lo que Carlos se la guardó, se agachó a darnos un besito en la mejilla a cada una y se fue deseándonos buenas noches.

Después de eso nos fuimos a nuestros cuartos a bañarnos y a dormir sin hablar de lo sucedido, estábamos con mucho sueño las dos, pero esa noche no pude dormir pensando en lo sucedido y si habíamos decepcionado a Dios, tendríamos que confesar… pero a la vez me empapaba de solo pensarlo, había estado demasiado rico y no podía parar de pensar en repetirlo, pero sabía que estaba mal y así me pasé toda la noche contradiciendo mis pensamientos.

Al día siguiente quería hablar con mi hermana sobre lo sucedido, pero tenía miedo de que mis padres se enteraran, así que no le dije nada en todo el día ya que nos pasamos el domingo en familia y estuvimos como si nada, pero las miradas que nos echábamos ya no eran las mismas. El lunes siguiente nos despertamos como siempre nos preparamos, desayunamos y nos fuimos a la universidad, yo empecé medicina y ella veterinaria, así que no nos veríamos durante todo el día hasta la noche, pero bueno era la primera semana de clase y estaba nerviosa y emocionada por conocer a mis compañeros y profesores así que no tenía mucho caso preocuparse por lo otro.

Llegué en mi scooter al campus, iba con algo de prisas por que no conocía el campus y estaba algo justa de tiempo, total que llegué tarde a clases y el profesor me dio una advertencia de puntualidad antes de sentarme no demasiado lejos, por el medio del aula, junto a un chico que me pareció mono.

— !Hola! ¿Como te llamas? — Me preguntó de repente, lo que me gustó que tuviera esa iniciativa.

— Me llamo Isabel, ¿y tú? —

— Marcos, encantado Isa — me respondió con una sonrisa inocente y se me pasó por la cabeza que me lo imaginaba de marido.

— Igualmente, Marcos, ¿quieres especializarte en algún campo? — a mí realmente lo que más me interesaba era saber si tenía novia.

— En ginecología, soy uno de esos salidos jajajaja y tú? — Me hizo mucha gracia que lo dijera tan natural y se riera por lo bajo para que no nos escuchara el profesor, me tuve que contener la risa.

—Yo también ginecología, también soy una de esas salidas jajaja— nos reímos los dos y noté una conexión con él… directamente me imaginé lo mismo que hicimos con Carlos con él, pero sola, sin compartirlo con Melisa y no entendía ¿por qué estaba pensando tremendas guarradas con alguien que acababa de conocer?, no me conocía a mí misma.

Entre clases nos fuimos juntos hablando más cositas sobre ser médico y resultó que además coincidían nuestras clases al 100% así que estaríamos juntos todo el año y me alegró mucho.

Ya había llegado la hora del descanso y nos fuimos juntos a la cafetería a comer.

— ¿Y cómo te ves en 10 años tras acabar la carrera y estar ya trabajando unos años? — Le pregunté a ver si le sonsacaba algo de alguna novia que tuviera

— Pues relajado con mi perro en mi piso de soltero, viviendo la vida como quiero y quizás conozca de aquí a allí a una chica de pelo negro rizado y ojos miel que merezca la pena — Claramente se estaba refiriendo a mí… me dio un vuelvo el corazón y me puse roja no sabía que decir — ¿y tú? — me devolvió la pregunta

— Pues ojalá muy feliz — no sabía que más decir estaba completamente en blanco y tratando de no mirarle los labios por que se iba a dar cuenta.

— Deberíamos quedar para estudiar y así nos apoyamos en la carrera, ¿Qué te parece? —

— Me parece muy buena idea, ¿en tu casa? — estaba encantada con la idea de verlo todo el tiempo y quería poder ir a su casa para verla y poder estar a solas.

— Yo te iba a decir de si en tu casa porque en la mía con mi hermano pequeño hay todos los días una nueva batalla con mi madre, pegando gritos por casa, sino podríamos ir a la biblioteca — Me pareció mejor idea que ir a mi casa, aunque me quedé con las ganas de ir a la suya, pero bueno.

Ese mismo día al salir de clases nos fuimos a la biblioteca del campus a repasar lo que vimos en clases, nos fuimos a una mesa entre estanterías de libros para estar lo más solos posible y comenzamos a estudiar. Nos pusimos un juego de preguntas sobre lo visto y cada vez que fallábamos nos poníamos un castigo o una pregunta que debíamos decir la verdad. Entre preguntas y preguntas nos íbamos conociendo más, hasta que en una de las veces que fallé, escogí castigo…

— Hum que te puedo poner de castigo por no haber atendido en clases… ya sé, debes levantarte y coger un libro de la estantería más alta posible para traérmelo de la forma más sensual que puedas — me dijo con una sonrisa de pícaro dibujada en su cara… y así comenzó mi lunes de medicina a calentarse con mi compañero…