Capítulo 3

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Buenas noches, mi nombre es Alejo y para mis amigos y amigas soy El Negro.

Para aquellos que hayan leído alguno de mis relatos anteriores, soy un adicto a las maduritas desde que tengo uso de razón, pero no por ello dejo de lado al resto de las mujeres.

Como ya conté en capítulos anteriores, después de 30 años volví al barrio donde adquirí mi primera vivienda. Me reencontré con viejos conocidos y recordé tiempos pasados con algunos de ellos.

Lo que tuve con Tania fue hace tan solo un año y medio atrás, nos seguimos viendo y cada tanto nos revolcamos, sin obligaciones ni intenciones de tener una relación afectuosa, tan solo sexo. En una de las tantas salidas que hemos tenido, nos encontramos con Trini (la ex vecina del 8vo), la invitamos a compartir la mesa y recordamos tiempos viejos.

Trini nos contó que su marido falleció en un accidente vehicular, lo que la liberó de muchas situaciones: sus hijos ya adultos de 30 y pico de años se habían ido de la casa y vivía sola en un departamento en zona céntrica, que pudo comprar con la indemnización del accidente fatal del marido.

Nos preguntó si ahora éramos pareja ya que sabía por una ex vecina que ambos estábamos divorciados. Entre risas le respondimos que no, “menos mal, ya que con las cosas que hice con ambos, sería complicado” dijo demostrando que la bebida le pegaba duro.

Tania me miró sorprendida y a ella Trini con algo de enojo. Para rematar una confesión descontrolada, Trini se despachó con honestidad brutal: “Te pido perdón Tania, pero me acosté varias veces con tu ex, hasta me llevó con él a Tres Arroyos en unos de sus viajes y pasamos una tarde juntos en el camión. Y vos Ale, que bien te portaste cuando Mayra se hizo cargo de tu suegra en el hospital”.

Definitivamente nos arruinó la noche a Tania y a mí, ella simplemente se despidió y se fue con su amante de turno, destrozando lo que venía por delante.

Tania cambió su ánimo, y pidió irse a casa. Fue imposible que cambiara de idea. . Pagué la cuenta, la acompañé tratando de hacerle entender que eso había pasado tiempo atrás, casi 25 años, pero no hubo caso. Pidió un Uber y se fue, dejándome solo.

Arruinada la noche, volví a casa y decidí volcar en este texto el recuerdo de aquellas noches cuando mi ex se tuvo que hacer cargo de su madre en el hospital.

Era invierno, mediados de Agosto, cuando mi ex suegra sufrió un inconveniente de salud que derivó en su internación y posterior cirugía de caderas. Al ser Mayra (mi ex) la única hija mujer, era la encargada de acompañarla durante las noches en la internación que duró unos 15 días.

Por aquellos momentos, tenía mi mayor carga horaria laboral, por lo que pasaba casi todo el día fuera de casa y eso complicaba el cuidado de mis hijos (tendrían unos 7 y 9 años). Al principio nos acomodamos un poco, pero después de 4 días, todo se hacía difícil. Mis padres se ofrecieron a cuidarlos cuando mi Mayra no estaba en casa y yo los pasaba a buscar para que durmiesen conmigo, pero había que despertarlos muy temprano, para dejarlos en casa de mis padres, por lo que llegamos a un arreglo: se mudarían con ellos por esas dos semanas, hasta que todo volviese a la normalidad. Yo pasaba a verlos cuando volvía a la casa en la noche y a mediodía para llevarlos a la escuela. Mayra podría descansar y yo seguir con mis tareas laborales.

Me volvía a casa, descansaba, corregía tareas y preparaba las clases para el día siguiente. Todo iba bárbaro, hasta que un día se produjo un apagón en nuestro barrio producto de una falla en un transformador.

Mi departamento estaba en planta baja y tenía acceso al mismo sin problemas, pero quienes vivían en los dos pisos superiores dependían de tener llaves de acceso o bien de la buena voluntad de nosotros, ya que nos golpeaban ventanas para que les abriéramos las puertas de acceso.

Así las cosas, Marco (esposo de Trini) pasó por casa a pedirme como favor que le abriera la puerta del ingreso ya que la mujer había olvidado la del portal. Él se iba a trabajar a las 21 y ella recién volvería pasadas la 23. No me causó mucha gracia, pero acepté.

Estaba trabajando en las clases del día siguiente cuando golpearon el vidrio de la ventana del comedor: era Trini que llegaba de su trabajo. Le hice señas y fui al frente a abrirle. Una vez cumplido el trámite, ella subió a su departamento y yo volví al mio.

Una hora más tarde, golpearon la puerta de casa: otra vez Trini.

Trini: disculpá Ale, pero mis hijos me dejaron sin pan, ¿te habrá quedado algo? Mañana te lo repongo.

Yo: pasá Trini, busco y te doy lo que haya

Trini: gracias

Fui a la cocina, busqué en las bolsas y se lo alcancé.

Trini: ¿Estás solo?

Yo: si, Mayra está cuidando a su madre en el hospital.

Trini: lo que necesites, no dudes en avisarme.

Recibió el pan y subió ayudada con una linterna.

Al día siguiente nos informaron que el apagón seguiría pues era una falla en el área de la urbanización y correspondía a la administración solucionarla. Ese día volví más tarde, ya que aproveché a ducharme y dejar la ropa para lavar en casa de mis padres. Serían las 23 horas cuando llegué al estacionamiento del bloque y me encontré nuevamente con Trini.

Trini: hola Ale, parece que esto va a durar un día más.

Yo: si, esto es muy molesto y complica bastante. ¿Tus chicos?

Trini: en casa de la madre de Marco, ellos los llevan a clase.

Yo: los mios igual, en casa de mi madre.

Caminamos rumbo al bloque y al entrar, abrí la puerta de casa y me dispuse a entrar. Me despedí de Trini y dejé mis cosas sobre la mesa del comedor. Minutos después, alguien golpeo la puerta. Fui a abrir, Trini otra vez, con una bolsa con pan y un par de cervezas.

Trini: vengo a devolverte el pan y traerte unas birras para agradecerte.

Me vi obligado a hacerla pasar, y abrir una de las cervezas y compartirla con ella. Nos sentamos en el living y bebimos mientras charlábamos un poco.

Como si fuera la ama de casa, fue en busca de la segunda botella, la destapó y sirvió en los vasos.

Trini: no me gusta estar sola y menos a oscuras, espero no molestarte

Yo: tengo algo de trabajo, pero podemos compartir la última.

Se puso a hablar y contarme de su vida, sus cosas, lo que era vivir con horarios cruzados con su marido y más. A la luz de un par de velas, noté que había cambiado sus ropas respecto al momento en que llegamos al bloque.

Ya no vestía jeans y camisa, sino un vestido de entrecasa, holgado que bajo esa luz tenue parecía tener poco debajo. Yo ya estaba con mis clásicos shorts y remera.

Terminamos la segunda botella y fuimos a dejar las cosas en la cocina (vasos y envases), la acompañé a la puerta y casi como al descuido nos fuimos a despedir con un beso casual. Ambos giramos el rostro hacia el mismo lado y lo que debió ser un beso en las mejillas, se transformó en un beso en los labios. Nos miramos, entre sorprendidos y extrañados, y casi sin pensarlo nos volvimos a besar pero ahora de manera algo más atrevida.

Dimos intensidad al encuentro y dejamos que nuestras manos exploraran al otro sin decir palabra alguna.

Pasó sus manos por mi espalda, y se aferró a mi cuerpo, yo hice lo mismo pero me dedique a apretar los cachetes del culo blando y apenas cubierto por una braga pequeña que no llegaba a tanga.

La invasión de lenguas fue rápida en bocas ajenas, las manos subían y bajaban tratando de esquivar ropas, buscando piel.

Abrazados, retrocedimos hasta el sillón del living, caímos sobre él, con Trini montada a mí. La posición permitía que mis manos apretaran su culo y las tetas de ella se prensaran a mi pecho. Le subí el vestido y provoque el roce de mi verga y su concha solo se viera interrumpida por la tela de nuestra ropa. Se despegó lo suficiente para que le quitara el vestido y ella retirara el short y remera, entonces solo quedaban mi slip y su braga separándonos. Nos frotábamos mientras el beso no paraba y nos aceleraba, seguíamos sin emitir palabras, simulando un acto sexual sin penetración. Se levantó y me ayudó a sentarme, dejando su pequeños pechos al alcance de mi boca, me dediqué a mamar de esas tetas duras de pezones gordos y erguidos.

Como pude, corrí la braga al costado y liberé apenas la verga, buscando introducirla entre los labios calientes y mojados. Así sentados uno sobre el otro tuvimos nuestra primer penetración, incómoda, pero necesaria.

Cabalgó un poco, pero la incomodidad era demasiada. Se puso de pie, y se quitó las bragas mientras yo la imitaba, liberando la verga.

Acomodó una rodilla a cada lado de mis piernas y se dejó hacer para quedar clavada. Para no gritar ni gemir, puso su boca sobre mi pecho y se comenzó a mover. No podíamos llegar a la mejor posición, por lo que nos dejamos caer al suelo, ella me montaba ahora si de manera más profunda y se sacudía arriba y abajo.

Trini: llévame a la cama, quiero coger más cómoda

Nos levantamos y sin dejar de tocarnos nos fuimos a la habitación principal. Quitamos las frazadas y nos tendimos, uno sobre el otro. Ella arriba, manejando las penetraciones y los ritmos del polvo, acelerando, cuando estábamos al borde del orgasmo que llegó violento y feroz. La corrida fue tranquila, sin excesos.

Rendidos, nos quedamos acostados uno sobre el otro, hasta que mi verga se redujo y salió de su interior. A oscuras, llegamos al baño, nos metimos en la ducha y nos limpiamos mutuamente, aprovechando el momento para excitarnos otra vez y ubicándonos en la bañera, volvimos a coger, descontrolados, con furia. Ella quería que le llenara la concha de leche pero yo pretendía derramarla en sus tetas.

Ni una cosa ni la otra, acabamos fuera y terminamos de ducharnos.

Ya secos y camino al living para volver a vestirnos, dijo que no habría mamadas, ni anal, ya que el culo y la boca eran propiedad de su marido, pero cuando quesera tendría la concha a mi disposición.

Durante esas dos semanas, cuando sus hijos se dormían, ella bajaba y nos dábamos unas buenas revolcadas. Cuando Mayra ya dejó a su madre en su casa, los polvos se fueron espaciando, hasta que ella se mudó a una casa en las afueras de la ciudad.

Aún tengo pendiente la mamada y el culo de Trini y no me caben dudas que pronto han de llegar, mientras siga siendo tan puta como siempre.

Espero tus comentarios, y más que nada tu opinión.

Saludos,

Alejo Sallago – [email protected]

Buenos vecinos

Buenos vecinos II