Una entrevista profesional entre la abogada y su cliente

Una entrevista profesional entre la abogada y su cliente

Quiero contarles una experiencia muy linda que me ha ocurrido, soy abogada, tengo 35 años y estoy casada hace muchos años.

Soy heterosexual, pero siempre tuve la fantasía que era estar con otra mujer en la cama.

Tuve una experiencia que me marcó mucho, fue muy buena pero no duró, hubo malas interpretaciones y todo fracasó.

Siempre intenté volver a tener esa sensación maravillosa y nunca la logré hasta que una tarde me encontraba en un café con una clienta, a la cual estaba asesorando sobre algunos temas legales de familia, luego de un rato la conversación derivó en temas de actualidad y cosas sin importancia, hasta que en un momento y sin entender muy bien porque llegamos a ello, comenzamos a hablar de la homosexualidad y los derechos que estos tenían a formar una familia.

A ella le parecía muy bien que las personas disfrutaran sin complejos sus inclinaciones sexuales, que cada persona es libre de hacer lo que quiera con su vida y que no veía porque el Estado iba a impedir que formaran su pareja y familia libremente.

yo, aprovechando su postura, fui haciéndole cada vez preguntas más directas sobre el tema, por ejemplo si ella admitiría una relación con otra chica, ante mi pregunta permaneció unos segundos callada.

Pensé que había ido demasiado lejos…

Para mi asombro, contestó que si a ella le gustara una chica no se lo pensaría dos veces, nunca le importó lo que pensaran los demás.

Ante su respuesta no sabía cómo reaccionar, mis deseos se podrían hacer realidad y con una chica como M.P, tan linda, tan femenina.

En ese mismo instante se apoyo sobre la mesa, me miró fijamente y me dijo ¿por qué me preguntas eso?, ¿Acaso te gustan las chicas?

Sin saber muy bien porque lo hice, me acerque y cuando la tuve muy cerca, de frente y mirándola a los ojos le conteste: las chicas no, vos.

Sin alejarse, me miró a los ojos y dijo: que estamos esperando para probar, entonces.

Antes que me diera cuenta y pudiera reaccionar que estábamos en un sitio público, ella me estaba besando en la boca, me entregue a su beso, pude sentir sus labios cálidos y suaves tocar los míos, me dejé llevar, abrí mi boca para recibir su lengua y experimenté algo maravilloso.

Sentía como su lengua jugaba en mi boca y se juntaba con la mía en una danza maravillosa, volví a sentir aquello tan bello y fuerte que hacía un tiempo atrás había sentido con otra persona..

Luego de ese interminable beso, M.P. se separó un poco de mí y me susurro al oído:

– estaba esperando este momento desde el primer día en que te vi.

– ¿Qué te parece si nos vamos a un lugar más cómodo, sin tantos mirones y nos conocemos un poquito mejor?

– A donde quieras, conteste yo.

– vamos a mi departamento, acordate que vivo solita, ahí nadie nos molestará

Nos levantamos, pagamos la cuenta y nos fuimos.

Durante todo el viaje, ella acarició mi pierna, mientras tratábamos de conocernos un poco más.

Subimos a su departamento y en cuanto cerro la puerta, nos besamos apasionadamente, empezamos a desvestirnos una a otra, su cuerpo era maravilloso, sus ojos brillaban.

Lentamente entramos a la habitación, besándonos y dejando a cada paso algo de nuestra ropa, se recostó sobre su cama, me acosté sobre ella, la bese en cada centímetro de su cuerpo, los lóbulos de sus orejas, sus hombros, su cuello, con mi mano acariciaba lentamente su sexo, se sentía húmedo, sus líquidos brotaban demostrando de esa manera el placer que sentía con mis caricias.

Puse mi mano humedecida por sus jugos, entre la boca de ambas y juntas saboreamos ese exquisito sabor, su lengua se fundía en la mía, su mano acariciaba mis pechos, mis pezones estaban duros como roca, ella podía sentir el placer que me estaba dando tenerla entre mis brazos, entre mis piernas.

Fui bajando lentamente, besando sus pechos, su panza, hasta llegar a su sexo que se sentía vibrar, que estaba tan húmedo, abrí sus labios, acaricie su clítoris.

Vi salir a borbotones su placer.

Pose mi boca y sentí su sabor, mi lengua se agitaba lentamente, hasta que metí la misma muy profundamente en su vagina, no pudo contenerse, pude sentir su exclamación de placer

– seguí, seguí, no pares, quiero que bebas hasta la última gota de mí, sentíme, gozalo ….- Llegó a su clímax, con un intenso orgasmo, tan fuerte, tan verdadero que se notaba que lo estaba disfrutando.-.

Me incorpore, me recosté sobre ella y la bese.

Me tomo por la cintura, giro sobre mí y cuando yo quede boca arriba sobre la cama, dijo:

– ahora te toca a vos

Paso su lengua por mis labios, por mi cuello, pezones, beso mis entrepiernas, abrió mis labios, sentí su lengua, tan suavemente que no pude contener mi suspiro, el placer era tan fuerte, tan profundo, podía sentir como me mojaba y como ella bebía cada gota de mí, me sentía transportada por el placer más allá de toda razón, tuve un orgasmo largo e interminable, como nunca había tenido.

Se fue recostando sobre mí, me beso, sentía sus pechos contra los míos, nos besamos y acariciamos durante mucho tiempo.

El placer estaba instalado y no se iba a ir, las hora pasaron, porque una y otra vez volvíamos a empezar.

Hoy cuento las horas para volver a verla, porque he encontrado en ella aquello que busque en otra persona y que solo me trajo tristezas.

La vida siempre nos da una ravancha.

¿Qué te ha parecido el relato?