Algo especial

Algo especial

Me llamo Joana, pero desde pequeña me dicen Yona y la verdad es que me gusta que me llamen así.

Desde muy pequeña tengo una amiga, se llama Elisa, y hasta ahora hemos compartido todas nuestras experiencias, en el cole, el instituto y la universidad, en la pandilla y hasta en nuestros novietes.

De echo somos como hermanas.

Ahora ella trabaja en otra ciudad, en un laboratorio de control ambiental a unos 20 km, y yo soy profesora de instituto.

Seguimos siendo las mejores amigas y nos vemos con frecuencia, a veces solas y otras con nuestras parejas, si es que hay parejas en ese momento.

Lo que voy a contar ocurrió en el insti, cuando teníamos 17 años. Habíamos regresado de una excursión a Sevilla, en primavera, y quedamos en su casa para ver las cintas de video que acabábamos de grabar.

Lo cierto es que Elisa es muy buena con una cámara en la mano, una artista.

Nos sentamos en el sofá y empezamos la proyección.

Fue un rato divertidísimo, su madre se asomó varias veces alarmada por las risas que teníamos.

Estuvimos haciendo el ganso un buen rato, pataleando, empujándonos, abrazándonos y jugando como lo habíamos hecho millones de veces.

Al final, cansadas del juego, nos recostamos una contra la otra y pusimos la última cinta, donde se recogían las explicaciones de las ruinas de Itálica que habíamos visto.

Estábamos comentando todo esto y nuestros cuerpos juntos empezaron a generar calor y traté de separarme.

-Espera, quédate quieta.- me dijo Elisa.

-Hace calor, tía,- pero me quedé quieta.

Elisa se levantó a abrir la ventana y se sentó otra vez junto a mi. La sensación de la proximidad de ella, me resultaba agradable, pero no había nada sexual en ello.

Al menos eso creía yo. Al cabo de un rato mas, Elisa se giró frente a mi y tomó mi cara en sus manos.

Siempre habíamos tenido gestos cariñosos entre nosotras, así que no me extrañó.

Se detuvo un instante mirándome fijamente, con una mirada penetrante de sus ojos oscuros y, sin mediar palabra, dirigió sus labios sobre los míos y me dio un beso profundo, de amante.

No pude reaccionar, mi cuerpo se estremeció violentamente y dos lagrimones se derramaron sobre sus manos.

Todo mi cuerpo se tensó y me quedé bloqueada, llorando silenciosamente.

Elisa se asustó: -Lo… lo siento, perdóname Yona, lo siento, perdóname… – Se levantó y se fue corriendo a su cuarto. Todavía lloraba cuando salí de su casa sin despedirme de nadie.

Caminé hacia mi casa, no podía pensar.

Una vez en mi cuarto y después de desahogarme llorando un rato más, empecé tomar conciencia de lo ocurrido.

No me lo podía creer. ¡Mi amiga Elisa! ¿Cómo…? Me ardían los labios y deseé que ese día terminara cuanto antes, que todo quedara atrás.

Esa noche apenas pude dormir, buscando explicaciones y preguntándome como era posible que a Elisa le gustaran las tías… ¡Que va! Eso no es posible… pero si hemos estado juntas desde hace mil años y nunca…. Además a ella le gustan los tíos… ¡Si lo sabré yo…! Entonces… ¿Que ha pasado?…

Total, que estaba echa un lío, como podéis ver. Los días siguientes seguimos como si no hubiera pasado nada, pero evitábamos mirarnos a los ojos.

En mi caso por vergüenza y Elisa por miedo, según me contó después.

Salimos con chicos y yo me comporté especialmente cariñosa con el chico que tonteaba conmigo desde hacía un tiempo y, por lo que pude ver Elisa no se quedó atrás.

Traté de observarla y no percibí nada que me indicara que le gustaran las mujeres. Así que no pude aclarar nada…

Como me estaba obsesionando decidí plantearlo directamente un día que estudiábamos juntas.

-Eli, tengo que hablar contigo.-

-Ya lo sé, yo también, pero no sabía como hacerlo. Me asustaste ese día, ¿Sabes?

-¡Coño! Y el susto que me llevé yo????

Tímidamente me acarició la cara con las yemas de los dedos -Perdóname…- me dijo con los ojos húmedos.

-¿Por qué hiciste eso Eli? le pregunté.

– No lo sé, fue un impulso que no pude frenar. Nunca había sentido deseo de besar a una chica, y sigue sin gustarme, pero… es que… tú eres Yona. ¡Es distinto! No se como explicarlo… Ya sebes que nunca he querido a una amiga como a ti, hemos estado toda la vida juntas… No puedo explicarlo… Estoy mas sorprendida que tú con este sentimiento…

En ese momento dije la primera tontería: -Pero Eli.. Yo soy una tía…!!!-

Se le escapó una carcajada ¡No me digas…!! Pero serás tonta!!!

Lo cierto es que tenía en mi interior una tormenta de sentimientos que no podía digerir…

– Eli, pero… tu estás enamorada de mi???

Yona, mona…- ¿Me preguntas si soy lesbiana? –

Elisa ya se había relajado, controlaba la situación y ¡me estaba vacilando! Ella sabe muy bien lo que me molesta que me digan «mona», sobre todo después de pronunciar mi nombre.

Así que un poco mosqueada le respondí:

– ¿Cómo le llamas tú a eso que me has dicho? –

– Mira, no me gustan las tías,- me dijo tomándome del hombro, – solo siento esto contigo. Verás, incluso he jugado a deditos pensando en ti, y te juro que nunca me había pasado por la cabeza anteriormente. Yo tampoco le he encontrado explicación racional, solo me lo explico desde el cariño de nuestra amistad. Hace años que eres la persona que más quiero y solo por eso me apetece besarte. Y a nadie más, bueno a un tío si…pero es distinto.

La conversación se prolongó un rato más en esos términos y, al despedirnos nos besamos en las mejillas, como siempre…. – Espera – me dijo. Me tomó la cara entre sus manos y rozó apenas sus labios con los míos. – Te quiero…- me dijo muy quedamente.

Por la noche le di vueltas a la conversación, todavía desorientada, pero empecé a encontrarle sentido poco a poco.

El roce de sus labios lo estaba sintiendo vivamente y una emoción semejante a la de Elisa se asomó a mi cuerpo, lentamente y con miedo, pero estaba allí, podía sentirla y resultaba que era agradable.

No estaba segura de si era una atracción morbosa o estaba siendo arrastrada…

La cuestión es que paulatinamente fuí aceptando, y deseando, esta extraña situación.

Al día siguiente, en el insti, hicimos novillos en una clase y nos quedamos en un rincón del patio, apenas hablamos, todo eran sonrisas tímidas, cogidas de la mano, risitas cómplices y un par de besos en un momento en que nadie nos veía.

Éramos unas niñas y estábamos descubriendo un nuevo mundo.

Nuestros cuerpos empezaban a reaccionar ante un nuevo tipo de sexualidad que nos atraía y, al mismo tiempo nos daba miedo y vergüenza, sobre todo a mi.

Por la tarde fuimos a su casa a estudiar, aunque estudiamos bien poco, la verdad. Todo eran caricias, besos y risas a hurtadillas de su madre que entraba y salía constantemente del cuarto.

Mi cuerpo reaccionaba a los besos de Elisa como si fuera la primera vez, de manera distinta a cualquier chico que había besado antes, y a los que besé después.

Nunca me había sentido tan sensible, mi piel producía una autentica descarga eléctrica ante el más mínimo roce de su mano o de su boca. ¡Cómo deseaba a Elisa!

Entró la madre de Elisa y se sorprendió de vernos con los rostros ruborizados por el deseo, que ella achacó al calor de la habitación.

– Pero niñas!! Que os vais a asfixiar aquí!! – ¡Con la calor que hace!- Abrió la ventana y nos dijo: – Me voy a la novena, niña estate atenta al teléfono, que tiene que llamar tu abuela.

No lo he dicho pero nuestras familias eran, y son, muy tradicionales y conservadoras y en aquella época nosotras estábamos por el estilo.

Después evolucionamos hacia posturas ideológicas mas de izquierdas y agnósticas.

Eli, de echo milita en un partido de izquierdas y yo colaboro como independiente en otro, también de izquierdas pero algo más moderado. Siempre me llama «jodía reformista» y yo le respondo «romantika radikal», pero bueno este no es el foro para hablar de esas cosas.

Estábamos con la madre de Elisa en la Iglesia y nosotras solas en casa, ¡por fin!

Nos abalanzamos sobre la ventana para cerrarla y nos echamos una en brazos de la otra besándonos con tal fuerza que nos hicimos daño en los labios, caímos sobre la cama sin soltar el abrazo y empezamos a acariciarnos casi con violencia

-Te quiero, te quiero…¡Cómo te quiero…! A esas alturas yo estaba ciega y me la quería comer de un bocado.

Como soy más alta y más fuerte, la puse de espaldas y me senté a caballo sobre ella. Le puse los brazos sobre la cabeza.

-Quédate quieta…, le dije con la voz ronca. Eli me miraba con esos ojos negros y una media sonrisa de deseo. Le desabroché la blusa un poco torpemente y asomaron sus pechos apenas cubiertos por el sujetador, debido a las caricias anteriores.

Nunca había acariciado el pecho de una mujer pero el instinto me ayudó. Recorrí los bordes de la prenda acariciando su piel y lo subí sin soltar los broches.

Acaricié sus pezones oscuros que estaban contraídos y suprasensibles. Me incliné para besarlos y jugué con mi lengua sobre ellos, dando vueltas y más vueltas.

Sus manos en mi nuca animaban y dirigían mis movimientos, mi cadera recorría todo su muslo arriba y abajo en un íntimo contacto de mi vagina que estaba a punto de estallar.

Con un movimiento de cadera me tumbó de lado e introdujo mi pierna entre las de ella.

Las blusas y los pantalones no tardaron en caer al suelo.

Nos habíamos visto desnudas muchas veces en estos años, pero este día era mi amante y la vista de su cuerpo desnudo, recorrer con mis dedos su suave piel provocó que explotara en un orgasmo que me saltó las lagrimas y me dejó estremecida.

Elisa continuaba acariciándome y besándome el cuello, los pechos. – Cariño…preciosa mía….- Cuando sus dedos llegaron a mi entrepierna y tocaron dulcemente el clítoris fue como un relámpago, la estreché sobre mi mientras me estremecía de placer.

Después la besé, la besé toda. Nunca había sentido nada igual. Su piel, su olor de mujer me provocaba tal excitación que pensé que nunca podría llegar a satisfacerme plenamente.

Estuvimos descubriéndonos durante una hora por lo menos, todo aquello era una exploración llena de fantasía que nos dejó exhaustas.

Han pasado de este relato 8 años y hemos hablado de esto muchas veces y no estamos dispuestas renunciar absolutamente nunca a esta relación y lo cierto es que ninguna nos sentimos atraídas por otras mujeres.

Nunca hemos hablado de esto con nadie, es nuestro secreto mas precioso y nuestra mejor fuente amor y de placer. Juntas somos capaces de hacer casi cualquier cosa y nuestro amor parece eterno.

Aunque vivimos actualmente separadas, nos vemos todas las semanas y salimos solas o con nuestras parejas.

A día de hoy yo estoy sin novio, aunque salgo con chicos con frecuencia y sin problema.

Eli lleva casi dos años saliendo con un chico y creo que puede ser el definitivo, pero él forma parte de su otra vida y no interfiere para nada en nuestra especial relación.

Por supuesto que no sospecha nada aunque dice que nunca ha visto unas amigas más unidas que nosotras.

¡No sabe cuanto!

¿Qué te ha parecido el relato?