Me gusta con dos I

Me gusta con dos I

La noche anterior asistí a una fiesta y me dormí bastante tarde, era sábado y tenía una cruda por decir lo menos, notoria.

Alberto, mi marido, me invitó a almorzar y a curármela a un restaurante de mariscos que se encuentra en San Ángel, frente a un jardín donde se exhiben y venden pinturas, esculturas y artesanías.

Ya en el restaurante Alberto le hablo por el celular a Fernando, un amigo que también estuvo en la fiesta para que nos acompañara, llegó como en diez minutos y comimos y bebimos lo suficiente para encontrarnos satisfechos y de buen talante.

Charlamos un poco sobre diversos temas y Fernando nos invito a su casa a oír música y continuar la conversación.

Yo tenía muchas ganas de ir ya que Fernando me simpatiza mucho y siento cierta atracción hacia él, que se ha ido acentuando a tal grado que en la fiesta al estar bailando con él, deje que pegara su cuerpo al mío y al sentir su verga dura como por reflejo le acariciaba desde el hombro hasta el cuello y en respuesta Fernando me apretaba un poco más.

Eso fue todo, lo suficiente para ponerme caliente y deseosa de más.

Alberto aceptó, pero antes quiso ver los trabajos artísticos expuestos en la plaza y dimos una vueltas por el jardín. Yo llevaba un vestido corto de tela ligera y sandalias, me gusta lucir mis piernas y notaba como Fernando no dejaba de mirarme, acordándome de la noche anterior empecé a excitarme, lo cual motivo la humedad entre mis piernas y que mi tanga se mojara.

No tengo cuerpo de modelo, pero soy atractiva, con un trasero parado que llama la atención, así que me adelantaba para coquetearle sin que fuera muy notorio, sabiendo que el no me iba a quitar la vista de encima.

Debo aclarar que mi esposo me permite darle rienda suelta a mi sexualidad siempre y cuando el participe de manera directa o indirecta, lo que a mi me tiene feliz, ya que sin llegar a excesos incontrolables y nocivos esto me permite un mundo de placer que antes apenas presentía.

Llegamos al departamento de Fernando, nos sirvió unos tragos, puso música y nos sentamos a conversar. Hablamos de todo un poco, de la fiesta, del baile y yo aproveche para invitarlo a bailar, recordando la manera en como me estrechaba, él con una sonrisa, pero un tanto indeciso, acepto y me tomo en sus brazos de una manera discreta. Alberto fue al baño y Fernando aprovecho el momento y me empezó a besar, primero en el cuello y luego en la boca, yo me deje y le pegué mi cuerpo.

Al oír la puerta del baño Fernando se separó y seguimos hablando normalmente. Yo quería decirle que no había problema con Alberto, pero no quise tomar la iniciativa.

Así siguió la tarde, entre bailar con uno y con otro y conversar.

Sintiendo como el ambiente se hacia más relajado cada vez y como Fernando aprovechaba cada ocasión que podía para acariciarme las piernas o de plano tomarme de las nalgas.

En una ocasión en que bailaba con Fernando, Alberto me metió las manos por abajo del vestido y me quito la tanga toda húmeda, Fernando se sorprendió momentáneamente, en breve reaccionó y entendió de que se trataba, yo por mi parte entendí la señal y me dedique a gozar lo que fue una de las sesiones de placer más intensas de mi vida.

Seguí bailando con Fernando pero ahora de una forma totalmente desinhibida, le pasé los brazos por el cuello y él me tomaba de las nalgas, apretándome y haciéndome sentir su bulto, que yo sentía de buen tamaño, lo besaba en el cuello, él por su parte me acariciaba la espalda, las nalgas y me besaba en la boca.

Continuamos bailando, yo pasaba de los brazos de uno a los brazos del otro, sintiendo sus caricias y escuchando de ambos piropos acerca de lo buena que estaba y de lo puta y caliente que les parecía.

En una de las piezas mientras bailaba con Fernando, mi marido me quito el vestido y quede totalmente desnuda, excepto por las zapatillas y así continuamos bailando por un buen rato, yo desnuda, sintiendo como mis jugos escurrían por mis muslos y ellos vestidos y con sus miembros notoriamente erectos bajo la ropa.

En una pieza mientras bailábamos me puse en cuclillas, le abrí el cierre del pantalón a Fernando, mientras Alberto nos observaba sentado y con su copa en la mano, saqué su gran verga con una mano y me la metí en la boca, golosa se la empecé a mamar, mientras con la otra mano me acariciaba el clítoris y me metía dos dedos, en poco tiempo tuve mi primer orgasmo, me levanté, me abracé a Fernando y continuamos bailando al ritmo de la música.

Fernando se compuso la ropa y enseguida Alberto me tomo en los brazos para seguir bailando, me temblaban las piernas, cerré los ojos sintiendo las caricias de mi esposo y su voz que me decía que le encantaba tener una putita como yo.

Fernando se acerco por detrás y entre los dos me acariciaban, sentí como Fernando me besaba la espalda, las nalgas y como un choque eléctrico cuando me separó las nalgas y me beso el culo.

Sentí también como la mano de Alberto bajaba a mi concha, me metía sus dedos, me estremecí y me vine por segunda vez.

Fernando se quito la ropa mientras Alberto prácticamente me sostenía, después se saco la verga y me puso a mamársela y le indicó a Fernando que en la bolsa del saco traía unos condones, el se lo colocó, se acercó por detrás y sin dificultad me metió esa verga que deseaba tanto, la metía y sacaba con fuerza y al sentir que se venía, me vine nuevamente.

Fernando nos invitó a su recámara, Alberto me tomó de la mano, me puso en cuatro sobre la cama y me empezó a coger con fuerza, que es como más me gusta. Fernando se repuso y me puso su verga en la boca, como me calienta tener dos vergas para mí, no se cuantas veces más me vine mientras me cogían en varias posiciones, me mamaron el coño, algo que me encanto fue cuando uno de ellos, me cogía parada por atrás, mientras el otro me mamaba el coño.

Después nos bañamos todos juntos y mientras me enjabonaban me volteaban, yo me apoyaba en la pared, paraba el culo y me la metían.

Nos vestimos, es un decir, ya que yo solo me puse el vestido, pues Alberto se guardo la tanga ya que le gusta que ande así.

Fernando nos invito a cenar y de ahí fuimos a un dance table, yo seguía caliente y ahí me puse más, al ver por todos lados mujeres desnudas y hombres con miradas llenas de deseo.

Fernando le invitó a mi esposo una chica para que le bailara, mientras él me empezó a acariciar las piernas, yo las abrí y ahí me metió los dedos, al sentir que el orgasmo se acercaba cerré los ojos y busqué a tientas la mano de Alberto, se la apreté y me vine una vez más.

En un momento en el que Alberto y Fernando platicaban, se me acerco un tipo y me dijo que le gustaría cogerme y que iba a ser muy generoso conmigo ya que le gustaba mucho y se veía que era muy caliente, yo le seguí la corriente y no le aclaré nada de mi situación, sólo le dije que que mis precios no eran nada generosos y señalando a Fernando y a mi marido le dije que ellos ya me habían pagado por toda la noche, me encantó que me confundieran con una puta, bueno, con una puta profesional.

Estuvimos un poco más y decidimos retirarnos pues había sido una larga y fatigosa jornada, al subirnos al coche le dije a mi marido que quería ir en el asiento trasero con Fernando, me sonrió y abrió la puerta trasera.

En el camino a la casa de Fernando nos fuimos besando y el me acariciaba con ternura, al despedirnos le acaricie su bulto mientras le decia que quería verlo nuevamente, me contesto que nada le gustaría más.

Al llegar a casa nos acostamos y me acurruque en los brazos de mi marido, cansada, con ganas de dormir y absolutamente satisfecha.

Continúa la serie Me gusta con dos II >>

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