Hola, mi nombre es Francesca y tengo 62 años de vida y lo mismo de puta. Por conversaciones con mi mamá, mi papá siempre se aseguró de que no me faltara verga, ya sea con mis hermanos, tíos, abuelos y uno que otro amigo de mi mamá. De tanta verga que me dieron, me hicieron todo grande y me encanta.
Les quiero contar lo que nos pasó a mi marido y a mí cuando salimos de vacaciones. Era un tiempo donde todos los jóvenes de cualquier escuela estaban de vacaciones. Nosotros llegamos a Florida y encontramos un hotel y nos gustó, no sabíamos qué tipo de hotel era. Cuando llegamos al elevador, salieron 3 jóvenes ¡encuerados! Y al pasar a un lado mío, uno de ellos me rozó su vergota en la mano y me estremeció muy rico.
Cuando llegamos a nuestro cuarto, mi marido me dijo que quería descansar y le dije que yo quería ir a la alberca, y me dijo que fuera y que él más tarde bajaba. Me cambié, me puse una tanga que sabía que iba a desaparecer en medio de mis nalgotas y un top transparente que al mojar se me ven mis pezones, y me fui a la alberca.
Cuando llegué, estaban 2 parejas más jóvenes que yo y los 3 jóvenes. Me metí los pies al jacuzzi y, cuando veo a una de las parejas, el señor le estaba mamando las chiches a la señora y los jóvenes agarrándose las vergotas. En eso, siento que la señora me agarra los pies y me preguntó que si quería un masaje y, como no dije nada, me empezó a apretar los pies y, como no queriendo, me fue abriendo mis piernotas hasta que mi tanga ya la tenía metida entre mis labios de mi panochota y me empezaba a mojar.
Yo seguía viendo a los muchachos como se jalaban la verga viendo mi panocha. Entonces la señora se puso entre mis piernotas y me preguntó: ¿Puedo probar tu miel? Ya para ese entonces yo ya estaba bien caliente. Solo moví la cabeza y empezó a pasarme su lengua por encima de mi tanga. Empecé a gemir y me recosté en el piso frío. Sentí que me siguió chupando hasta que me hizo venir a chorros.
Después sentí como varias manos me bajaban mi tanga, que la tenía bien metida en mis nalgotas. Me la jalaron fuerte. Luego me levantaron las piernotas y me las abrieron, así mi panochota quedaba toda abierta. Sentí que me volvían a mamar la panocha y me metían los dedos por el culote. Cuando levanté la cabeza un poco para ver si la señora me seguía chupando, ya no era la señora. ¡Era uno de los jóvenes que me estaba mamando la panocha! Y seguí gimiendo más fuerte.
Luego oí que el esposo de la señora dijo:
—Esta puta ya está lista para meterle la verga por todos lados, ¿no crees, amor?
Y dijo la señora:
—Yo creo que sí. Mira cómo tiene la panocha toda escurriendo.
Y un joven dijo:
—Yo quiero mamarle ese culote tan rico que tiene esta puta.
El señor dijo:
—Tráiganla para esta silla.
Y me acostaron y me empezaron a coger entre todos mientras la señora me veía mamándoles la verga a todos. Luego me cogieron todos por mi culote, me metieron hasta una botella por el culote y me bañaron de mecos y me dejaron tendida. Después de cogerme como puta, se fueron.
Después de un rato, ya con los mecos todos secos de mi cara y mis chiches, me fui para el cuarto bien cogida pero con ganas de verga todavía. Cuando entré al elevador, iba un muchacho y, cuando me vio encuerada y todavía escurriendo de mecos por en medio de mis piernotas, se le paró la verga y dijo:
—Ah, es usted.
Le pregunté que a qué se refería y me dijo que había escuchado que había una señora bien puta en el hotel y que cualquiera podía hacer con ella lo que quisieran. Me sonreí y le dije:
—Hoy no he tragado mecos y se ve que tú tienes muchos.
Se puso bien rojo pero con la verga bien dura.
—¿Te gustaría alimentarme?
Solo se agarró la verga y yo me agaché y me metí toda su verga bien dura en mi boca. Lo agarraba de las nalgas para meterme toda su verga en la boca y no aguantó mucho. Se vino en mi boca, me levanté y le di un beso de lengua con todo y mecos. Me dijo:
—Qué rico mama la verga, seño.
Le dije:
—Me encantaron tus mecos, mijo, pero ya me voy porque quiero darle a probar los mecos a mi marido.
Cuando entré, mi marido iba saliendo de bañarse y lo besé con mecos del muchacho. Mi marido dijo:
—Qué rico te sabe la boca, puta.
Le digo:
—Ven.
Me subo en la cama, me abro las piernotas y empieza a salirme más mecos. Mi marido me empieza a mamar la panocha y después me volteo, porque sabe que siempre me cogen por mi culote. Empinada, me empieza a chupar el hoyo de mi culote y luego me metió toda su vergota gritando:
—¡Me encantas por putaaa! ¡No dejes de ser bien putaaaa, amor!
Y yo le decía:
—Te casaste con una puta que le encanta la verga, amor. Nunca voy a dejar de coger, siempre quiero verga. ¡Mi culote pide verga!
Y se vino gritando:
—¡Qué puta eres! ¡Te quiero, putaaaa!
Nos quedamos dormidos, yo toda llena de mecos secos y mi marido con su vergota tan rica adentro de mi culote.