Hola amigos, compartiéndoles una anécdota más de lo que en el transcurso de mi vida he tenido la dicha de experimentar. Para no aburrirme en mis ratos libres, pues me compré un carro y me di de alta en las aplicaciones que brindan el servicio de taxi. Como mi relato anterior, este también inicia en Querétaro.

En alguna ocasión tuve la solicitud de un viaje en Santa María Magdalena de una chica a la que le cambiaremos el nombre y llamaremos Khristel. Al ver ese portento de mujer, un mazazo, estaba buenísima la hembra que tenía enfrente… y sí, era mi pasajera del momento. En fin, subió y realicé el servicio. En el camino platicamos y yo, al ofrecerle mi número para futuros servicios, quedamos en día y hora para el siguiente.

Fue ahí donde aproveché: con mentirijillas piadosas la hice que me acompañara a casa de un amigo, claro, después de dejar a sus hijos en la escuela. Nos tomamos unas banqueteras y terminamos fajando, metida de mano y dedo. Esa ocasión solo fue eso. Me dijo que pronto sería su cumpleaños y que estaba invitado. Decidí acudir y era una reunión de amigos: dos parejas más y, obviamente, yo acompañando a la festejada.

Después de un rato salimos a comprar ella y yo unas cosas, pero solo era una excusa de ella donde terminé siendo paloma al querer ser gavilán. Una cuadra antes de llegar a su casa se lanzó directa y salvajemente a mi pantalón y me la empezó a mamar. Sentía que me la arrancaba. En ese rato me vino a la mente el cornudo de su esposo que se encontraba trabajando en los Estados Unidos y la muy putita mamando corneta por acá. Ni modo, tuve que aprovechar. Esa mamada me provocó una venida abundante y se tragó todos los mecos que le aventé con la verga; ninguna gota derramó.

Era evidente que nos tardamos en regresar. Al llegar a su casa ya se encontraban en la calle su suegra y su cuñada esperando para hacerle una escena. Total, me tuve que retirar de la fiesta, me ausenté y a los pocos días me llamó diciéndome que la habían corrido y le habían dicho pendejada y media al cornudo.

Me preguntó por el precio de un viaje a la Ciudad de México, le di un costo muy bajo, además de que ella pagaría las casetas y el pisto. Accedió. Me acompañó un amigo de aventuras, esto para no regresarme solo de noche.

En el camino, ya saliendo de San Juan del Río, nos paramos en una vinatería donde se discutió un tequila, cerveza y botanas para el camino. Los tres íbamos tomando, yo al volante. Le pedí que me la mamara y se negó porque venía mi amigo y sus hijos. Un poco más tarde y ya algo alegres, le pedí a mi amigo que manejara, pasamos a los niños al asiento del copiloto y la zorrita y yo nos pasamos al asiento de atrás, según para descansar.

Ya estando instalados y el vehículo en marcha, le empecé a meter mano hasta encuerarla completita, se la empecé a mamar hasta que se viniera. Traía unos gritos cachondos que después mi amigo me reclamaría. Ahí ya no pude más y me la empecé a coger, una y otra vez hasta que se volvió a venir. Ya le temblaban las piernas y, sin decirle agua va y con sus patitas al hombro, se la dejó ir por el culo. Pegó un grito de dolor, no me detuve; se la estuve metiendo durísimo hasta que le aventé todo adentro.

Me senté un momento y la puse a mamármela de nuevo, hasta que quedara bien limpia y me sacara la última gota de leche. Al llegar al destino, nos pagó el viaje, me regaló unos dulces y prometió regresar a Querétaro solo para que volviéramos a coger con toda calma y privacidad… pero esa es otra historia que pronto les compartiré.