Capítulo 1

Vivimos con mi esposo en Barcelona en la zona alta, soy morena, 52 años, de complexión delgada, cuerpo bien cuidado, de gimnasio y dieta sana.

Debo decir que siempre me considerado una señora, tanto por mi forma de ser, como de comportarme; todo lo que voy a decir, es absolutamente cierto y me he decidido a contárselo a un amigo, quien se ha prestado a escribirlo.

Mi nombre, poco importa.

Este invierno pasado regresaba de visitar a la madre de una amiga, que estaba hospitalizada en una clínica de Barcelona y al llegar a casa, coincidí en ascensor con la vecina del piso de arriba con su hijo y su hijo; al ponerse en marcha el ascensor dió, la típica sacudida de los aparatos que ya tienen sus años, pero que aún funcionan y noté que algo presionó sobre mi falda, por un momento. Supuse que sería por el golpe de arranque del ascensor, pero a medida que íbamos subiendo, ya no me quedó ninguna duda que era la mano del hijo de mi vecina que me tocaba; por supuesto no dije nada, para evitar un escándalo y ello provocó que el chico se envalentonara y me presionara más fuerte.

En cuanto se detuvo el ascensor en mi piso, bajé y entré en casa lo más rápido posible.

Una vez dentro me eché a llorar y comencé a temblar al mismo tiempo. ¿Cómo podía ese chico de 17 años, haberse atrevido a ello?, la verdad es que me quedé en blanco y no sabía ni encontraba explicación para ello.

Desde entonces he procurado evitar coincidir con los vecinos en el ascensor siempre.

Este mes de mayo pasado, coincidí de nuevo con el hijo de los vecinos (le llamaré Alex), en el ascensor bajando:

  • Buenos días Sra. xxx
  • Buenos días Alex
  • Directamente y sin tapujos me dijo: perdona lo de hace tiempo, pero es que estabas muy atractiva y supuse, qué si te acariciaba, no te atreverías a decir nada delante de mi madre y de mi hermana.
  • No sé por qué lo hiciste, pero no vuelvas a hacerlo ni siquiera intentarlo o se lo diré a tus padres.
  • Podías haberlo hecho en este tiempo y no lo has hecho, ¿será porque te gustó? o ¿porque esperabas encontrarte de nuevo conmigo en el ascensor o en otro lugar como el parking por ejemplo?, al mismo tiempo que me tocó y presionó mi pecho con su mano.
  • Suelta por favor que puede abrirse la puerta en cualquier piso
  • Ni lo sueñes, pues se nota que te gusta que lo haga y más te gustará lo que te haré y lo que tu harás.
  • Ya te veo en otro momento

Al tiempo que se detenía el ascensor en la planta baja, salí y me dirigí a la calle notando que me seguía de lejos. La verdad es que me puse de los nervios e iba caminando un poco rápida y al cruzar la calle Ganduxer a la altura de Carrencà, tropecé y me caí al suelo; un matrimonio del barrio que venía, me ayudó a levantarme y como no, también estaba Alex ayudando, me hice un rasguño en la rodilla y al sangrar un poco, nos sentamos un momento en el café Étoile, donde el Sr., pidió un poco de hielo y me acompañó su esposa al servicio a limpiarme la rodilla.

Al regresar del servicio el vecino me había pedido un té, y Alex una cerveza, ya que le dijo que me acompañaría a casa pues vivíamos en el mismo edificio; no quise despreciar el té y acepté el tomarlo; el matrimonio de barrio de despidió casi de inmediato apenas me senté, pues tenían una cita en el banco y se marcharon

  • Vecina: ¿por qué iba tan rápido?, ¿se encuentra mejor?
  • Si, gracias, me termino el té ya que tengo que hacer unas compras en el centro
  • Vale, te acompaño por si te caes de nuevo
  • No es necesario, gracias de verdad
  • No es molestia, total es viernes y hoy no tengo clase y me apetece ir contigo
  • Si alguien nos ve ¿qué pensará? (menuda respuesta la mía)
  • Como es el cumpleaños de mi madre, le diremos que me acompañas a elegir su regalo, tranquila

No sé por qué, pero no supe negarme, y bajamos hasta Mitre con la intención de tomar un taxi, hasta el Corte Inglés de Diagonal.

Una vez en el taxi, comenzó a acariciarme la pierna, quedándome de nuevo petrificada, pero esta vez colocando con disimulo su mano debajo de mi falda, sin que el taxista se diera cuenta, tocando todo lo que quiso, al poco la sacó y con la excusa de mostrarme una imagen en su móvil, como si fuera un hijo con su madre, dado que yo iba detrás del conductor, mientras con una mano sujetaba el móvil con la otra presionaba mi pecho, provocándome un malestar que nunca había sentido.

Al llegar pagué el taxi y al bajar me di cuenta que me había desabrochado dos botones del vestido lo cual le recriminé, diciéndole que

  • ¿cómo te has atrevido, no ves que alguien puede verme así?
  • Tranquila, abróchate uno, pero deja el otro sin abrochar, si no te luces ahora y disfrutas ¿Cuándo lo harás, cuando tengas 70 años?
  • Estás preciosa y tienes un cuerpo precioso que muchas mujeres querrían para ellas

Sin saber el por qué, le hice caso y solo me abotoné un solo botón

Nos dirigimos a la sección de tecnología, pues yo necesitaba cambiar de móvil y debo reconocer que me ayudó a escoger un iphone último modelo, que me va muy bien, pues me dijo casi compinchado con la vendedora que era lo mejor de lo mejor, diciendo que si la memoria, la capacidad, la cámara, etc.

  • Estate quieto que hay mucha gente y se dará cuenta (no desaprovechaba el tocarme sin descaro) de que me estás tocando.
  • Ya te gustaría que nos vieran, seguro que más de uno se uniría a tocarte, desde luego eres una media virtud de todas todas, te está gustando, se te nota.
  • Para por favor, no sigas

Diciendo esto, me desabrochó de nuevo un botón diciendo

  • Ni se te ocurra abrocharte o te desabrocho otro

Así luego bajamos a la planta baja donde compró una cadena para su madre, con una cruz

  • Págala, así cuando se la veas a mi madre, recordarás que estuviste conmigo comprándola.

Una vez esto, salimos y me dijo:

  • Vamos a tomar algo
  • ¿Dónde?
  • Al Mirablau
  • No, allí me conocen
  • ¿Y qué?
  • Por favor, si quieres a otro sitio de acuerdo

No soy consciente del motivo de mi respuesta, pero estaba claro que Alex sabía cómo hacerlo para que no le obligara a detenerse.

  • De acuerdo, vamos a Mayor de Sarrià a algún bar.

Llegados a la cafetería, cerca de la plaza de Sarrià, pedimos él, una cerveza y yo un campari con soda y ahí comenzó de nuevo, después de la segunda cerveza y el segundo campari.

  • Veo que no te has abrochado el botón (era cierto, ni me acordaba), si vas al servicio y te quitas el sujetador te haré el mejor regalo de tu vida. Disfrutarás como nunca.

Me levanté sin decir nada y dirigiéndome al servicio, me quité el sujetador, guardándolo en el bolso.

Debo aclarar que mi esposo no regresaba hasta las siete de la tarde a casa y apenas eran las doce y media del mediodía.

  • Listo ¿contento?
  • Bien hecho, fíjate los dos chavales que están con los libros ahí, no te quitan el ojo de encima. Seguro que estarían encantados de chuparte esos pechos tan divinos que tienes. (diciendo esto, comenzó a meterme mano por debajo de la mesa, siguiendo yo sin decir nada)
  • Estate quieto por favor, nos van a ver
  • Les decimos que se sienten en nuestra mesa y verás como te gusta compartir con gente joven

No deberían tener más de 17 años, pero eran bien parecidos, serían seguramente chicos de alguno de los colegios de la zona alta.

Ni corto ni perezoso, Alex, les hizo una seña para que se acercaran los dos y se sentaron en nuestra mesa. Me presentó como su madre, diciendo que le había hecho el comentario: “mira que dos chicos guapos” “son dos bombones, no me importaría tener un rollo con ellos”. Muerta de vergüenza, por el comentario, solo atiné a preguntarles sin les apetecía tomar algo.

Debo reconocer que los chicos fueron rápidos de reflejos

  • Tal como nos ha dicho tu hijo, nos encantaría tomarte a ti, eres una maravilla de MILF.
  • Mirar tíos, dijo Alex, de follaros a mi madre olvidaros, (yo seguía callada, pero empezaba a sentirme excitada), como mucho podéis meterle mano aquí mismo que es lo que le gusta. Luego si a ella le apetece os hará una buena mamada.

Dios mío que vergüenza, como podía decir esto delante de nadie y mucho menos en unos chicos, que perfectamente si los hubiera tenido podían ser hijos míos.

Estuve a punto de levantarme, pero, uno de los chicos de una vez me puso. La mano dentro del escote y comenzó a presionarme el pecho y a pellizcarme el pezón, mientras el otro me metía la mano debajo del vestido y en su énfasis me arranco las bragas poniéndome terriblemente excitada, como nunca me había sentido, provocándome el mejor orgasmo de mi vida hasta ese día. No sé cómo pude contenerme y no gritar, no podía ni moverme, entre la vergüenza de que alguien se diera cuenta y que estaba totalmente colapsada, no sé qué era peor.

  • Chico, tu madre es una auténtica ninfómana, lo está pasando de maravilla
  • Díselo a ella, yo voy al baño y mientras aprovechar, que nos largamos en cuanto yo vuelva.
  • No nos fastidies
  • Es lo que hay, ya habrá más días
  • Vale vale

Mientras yo estaba disfrutando como nunca lo había hecho, en ese momento, les hubiera dejado hacer lo que quisieran, me olvidé de mi posición social, me sentía totalmente entregada.

  • Eres una verdadera zorra (me decía el que tenía mis pezones en sus manos)
  • A esta mamá puta, nos la tenemos que follar, aunque sea pagándole al hijo, como esta no hay, ¿verdad putita?
  • Me tenéis loca chicos, creo que voy a tener otro orgasmo, por favor sed cuidadosos que no nos vean, pero hacérmelo que queráis, pero más fuerte, ¡Dios mío, que placer!, nunca había imaginado sentir esto.
  • Buenas mamá, veo que te lo estás pasando muy bien, venga levanta y paga que nos vamos.
  • Ya voy hijo, ahora mismo

Pagué la cuenta, no sin darles las gracias a los dos muchachos imberbes.

  • Gracias chicos, nunca me había sentido de esta forma, todo gracias a mi hijo, que me comprende.

Ya de salida y de nuevo en el taxi, Alex me pasó el brazo sobre mi hombro y para deleite del taxista, me metió mano dentro del vestido aún desabrochado, besándome con ternura y pasión.

  • No sé Alex, cómo has conseguido esto, pero de verdad que nunca me había sentido así, me has hecho sentir una cualquiera, pero reconozco que me ha gustado.
  • No te preocupes, ya iremos haciendo salidas y excursiones, para que te dejes de tonterías e inhibiciones de Sra. pija.
  • De momento vete a casa no te laves, deja que tus flujos se sequen y esta noche cuando saques el perro como haces siempre sobre las nueve de la noche, te pones un vestido sin ropa interior y ya veo si nos encontramos.
  • Está bien, así lo haré

Ya en casa, casi falto a mi compromiso de no ducharme, menos mal que me di cuenta, a partir de ese instante se abrió delante de mí, una vida de la que había escuchado que existía, pero que nunca imaginé que viviría; me sentí agradecida por la osadía de Alex, aunque espero que nunca se entere nadie y menos mi esposo de todo esto.

Después del almuerzo, intenté hacer mi siesta habitual y a eso de las 4 de la tarde, me fui a la peluquería, pues tenía una cita reservada.

Mi esposo llegó sobre las 8 y la chica ya tenía preparada la cena, qué, aunque suele ser muy frugal, casi no la probé, diciéndole a mi esposo que no me encontraba muy bien.

  • Si quieres, aunque estoy cansado, bajo yo al perro al parque
  • No, no te preocupes, saldré a ver si me da un poco el aire
  • Vale, como prefieras, yo voy a acostarme que mañana madrugo
  • Bien, descansa, procuraré no encender la luz cuando llegue, para no romperte el sueño (no sé porque dije esto, pero me salió así)

Me puse un vestido ligero, con una gabardina, pues era de esos días de mayo, en que ha llovido un día sí y otro también y salí con Duc al parque.

Serían como las 21:30 cuando estábamos los habituales del parque en el pipi-can con los perros, que iban arriba y abajo corriendo; cuando apareció Alex y saludó.

  • Hola vecina, ¿qué tal se encuentra de la caída de esta mañana?
  • Bien, gracias, ya nada, todo bien

Claro está que tuve que explicar que me había caído al cruzar, la calle y que Alex, junto con un matrimonio que pasaba por allí me auxiliaron. Casi todos opinaron y lo achacaron a que la pintura del paso cebra es muy resbaladiza.

Poco a poco la gente se fue marchando, pues empezaba a gotear, por lo cual emprendimos camino de retorno a casa, con la mala fortuna que al llegar a la altura de la calle Emancipació, arrancó a llover de mala manera, teniendo que refugiarnos en un portal cercano, hasta que amainara.

  • ¿qué tal te has sentido hoy?, por un momento pensé en subir a tu casa, pero creí que era mejor digirieras la situación de esta mañana. A mí personalmente me ha encantado, pues desde hace mucho tiempo has despertado unos sueños con mucha morbosidad entre tú y yo.
  • No lo entiendo Alex, podría ser tu madre
  • Por suerte no lo eres, más de una vez había pensado en ti. Dime ¿cómo te has sentido?
  • Nunca me había encontrado en una situación así, me has puesto muy nerviosa la verdad
  • Sin embargo, te ha gustado, sobre todo con los dos chicos de la cafetería, no me negarás que te ha gustado.

Mientras Alex hablaba, introdujo su mano por detrás debajo de la gabardina, subiendo el vestido y comprobando que no llevaba nada debajo, comenzó a acariciarme suavemente introduciendo su mano en mis ingles desde atrás.

  • Estás preciosa, me encantará compartir contigo y a ti también te encantará
  • Alex por favor, puede vernos alguien
  • También me encantará que te vean y que vuelvan a tocarte para que disfrutes, algún día te contaré el porqué de todo

Alex, tomó mi mano y la llevó hasta su pantalón, haciendo que la pasará por encima de él.

  • Toca bien por encima, porque es lo único que harás por ahora, ésta te la tendrás que ganar
  • No seas ordinario, (mientras no dejaba de pasarle la mano, noté que su apéndice crecía a medida que lo tocaba)
  • Me gusta que sigas manteniendo la compostura y la clase, aunque sé que te ha gustado que te llamaran “zorra y MILF” los dos chicos de esta mañana y que te has excitado tanto que te has corrido.
  • Acepta que una de dos: o has pasado y pasas mucha hambre o tenías un morbo dormido que se está despertando.
  • No sé, puede ser (mientras aparte de tocarme y pellizcar mis pechos hasta un punto de dolor y gusto que nunca había sentido, me besaba y yo le devolvía el beso y las caricias como si fuéramos, un par de adolescentes refugiados bajo la lluvia), introduciendo sus dedos en mi vagina, totalmente empapada.
  • Quiero que hagas varias cosas
  • Dime
  • Quiero que te depiles totalmente las ingles y que no te dejes ni un solo pelo en ellas, bien afeitaditas ¿ok?
  • Bien
  • Tu esposo si te pregunta ¿qué le dirás?

Me sorprendió esa pregunta, no había pensado en ello

  • No preguntará, porqué llegando el verano, siempre me depilo para usar el bikini
  • Perfecto
  • ¿Te has hecho preguntas sobre tu vida sexual?
  • No, nunca; solo he estado con mi marido. Dios mío no sé porque te digo esto, solo lo sabe un gran amigo de plena confianza.
  • Porque en el fondo tienes necesidad de decirlo y de expresarlo y hasta de sentirlo, pero no lo has aceptado.
  • Puede ser, no se (mientras alcancé mi segundo orgasmo maravilloso, mejor que con los chicos de la mañana).
  • Vamos a hacer algo, a partir de hoy me contarás como te sientes, que piensas, que haces y lo que te gustaría hacer en cualquier tema que se te ocurra.
  • No sé, no juegues conmigo por favor, nunca en mi vida había hecho esto y mira cómo y dónde estoy ahora.
  • Es el comienzo de algo muy bonito, ya lo verás. Vamos para casa que ha parado de llover
  • Bien
  • Tienes que ir vestida siempre con faldas o vestidos, sin ropa interior ¿ok?
  • Ok, lo haré, pero me da miedo dónde me va a llevar esto
  • Te llevará hasta donde tú quieras que te lleve, no más allá

No sé bien qué ocurre, pero hoy han pasado demasiadas cosas que jamás hubiera imaginado, nunca nadie que no fuera mi marido me había tocado, ni siquiera él, me ha tocado jamás de esta forma, ni dicho lo que me han dicho hoy tanto esos chicos como Alex; esto rompe todos mis esquemas de educación y moralidad. Cierto es que, en alguna ocasión en alguna cena de trabajo de mi marido, ha habido un comensal que otro, que me ha mirado de forma morbosa, pero nunca nadie ha llegado a propasarse de ese modo: estoy tan confusa que me aguantaré, porque jamás me había sentido así y en este momento reconozco que, si alguno de ellos hubiera querido más de mí, sin duda lo habría conseguido. Ya en casa y después de despedirnos en el ascensor, con un beso apasionado (con la gabardina y el vestido abierto, mientras Alex tocaba todo mi cuerpo fuertemente), me eché en el sofá del salón a ver la televisión, pensando en el porqué, mi vida había dado un vuelco tremendo, cómo un chico de 17 años me había hecho hacer cosas que jamás hubiera imaginado; reflexioné mucho sobre ello y no llegué a ninguna conclusión, tan solo me dormí despertándome mi esposo por la mañana con la televisión encendida todavía, preguntando burlonamente que si quería recordar mis épocas de estudiante durmiendo en el sofá viendo la tele.

La verdad es que ni le hice caso, simplemente me acosté, eso sí, recordando el día, las situaciones y a Alex, produciéndome una terrible excitación el pensar en ello.

Señoras de clase alta

Señora de clase alta II