Capítulo 1
- Mis padres me volvieron cornudo pasivo: El primer mes
Hola, tengo 35 años. Actualmente estoy casado con mi mujer de 33 y soy cornudo pasivo. Actualmente tenemos un macho de 47 que nos hace felices a ambos. Mi mujer está embarazada… pero esta historia no empieza en la actualidad.
Después de enterarme de que mi mujer está embarazada, pensé que era un buen momento para desahogarme y contar mi historia tal como yo la viví.
Todo comenzó un 3 de diciembre, hace muchos años. Recién había cumplido los 18 años. Mis padres ambos tenían 35; me habían tenido jóvenes. Yo regresaba del trabajo parcial que tenía. Vivíamos en un pueblo. Mis padres, toda mi vida, me habían parecido una pareja normal y aburrida, pero eso cambió.
Ese día llegué a la casa. Era una casa grande, con varios cuartos. Al entrar, no grité llamando a mis padres (nunca me gustó hacer eso). Aun así, siempre los buscaba y, al encontrarlos, los saludaba. Busqué por varios cuartos sin hacer mucho ruido, pero no los encontraba. De un momento a otro, escuché un quejido de mi padre (o eso me pareció). Venía de un cuarto grande al fondo de la casa, donde teníamos una cama para invitados. Al acercarme más y más al cuarto, los quejidos eran más claros y me di cuenta de que no eran quejidos: eran gemidos.
Inmediatamente me asusté. Pensé que mis padres estaban cogiendo en ese cuarto. Pensé en darme la vuelta y salir de la casa mientras acababan. Sin embargo, dos pensamientos pasaron por mi mente:
- Yo nunca había visto a mis padres coger, ni siquiera los escuchaba en las noches gemir o los veía haciendo algo pervertido.
- Los gemidos, aunque estaba seguro de que eran de mi padre, sonaban demasiado afeminados.
Con eso en mente, la preocupación, el miedo y también el morbo me empujaron y decidí acercarme. Ese cuarto tenía una puerta grande y esa puerta siempre tuvo un agujero encima del pomo: no muy grande, pero lo suficiente para ver por ahí qué pasaba. Pues nunca olvidaré esa imagen.
Al mirar por el agujero, vi cómo mi padre estaba en cuatro, sudando en la cama, mientras abría su culo de par en par. Podía ver su verga erecta; era pequeña, pero quedé helado al ver cómo una verga estaba dentro de su ano: una verga, la más grande que vi con mis ojos en ese entonces. Era de un hombre gordo, moreno, sudado, no muy alto (tal vez 1,75 m). Aun así, era más alto que yo y que mi padre. Y al lado derecho de ese hombre estaba mi madre, totalmente desnuda, sudando, de pie, besando en la boca al hombre que se cogía a mi padre.
Yo quedé helado del miedo y la excitación al ver esa imagen con mis ojos. Me sentía muy confundido; no entendía nada. ¿Por qué mi padre se dejaba coger? ¿Por qué mi madre besaba a ese hombre? ¿Qué debía hacer, debería detenerlos? ¿Y por qué me estaba excitando?
Sé que parece que estaba exagerando todo, pero en ese momento yo apenas me masturbaba una vez al mes; a lo mucho lo hacía con porno normal de revistas. Jamás había visto algo tan fuerte en mi vida hasta ese momento.
Me quedé congelado; no podía dejar de ver, pero de alguna manera logré caminar con cuidado, sin hacer ruido, hacia atrás. Fui a la sala de la casa. Tenía el corazón a mil; me senté y empecé a sudar. Tenía una erección en mi verga, pero no quería masturbarme; sentí que no sería correcto. Encendí el televisor e intenté pensar en otra cosa, pero no podía: solo divagaba en mi mente las mismas preguntas.
Media hora después, ellos llegaron a la sala, los tres. Aún podía ver cómo estaban un poco sudados. Mis padres me saludaron y me lo presentaron como un amigo de la empresa donde trabaja mi padre. Lo saludé y le di la mano; al tocarla, la sentí mojada. Me sentí asqueroso; no quería pensar dónde había estado esa mano. Lo acompañaron a la puerta de la casa. Yo no quería estar ahí, así que caminé hacia mi cuarto. Antes de perder de vista la puerta principal de la casa, sentí la necesidad de mirar y vi, desde lo lejos, cómo ese amigo de mi padre besaba a mi madre en la boca y luego besó a mi padre en la boca y se fue. Mis padres cerraron la puerta y se voltearon con una sonrisa en la boca. Yo seguí mi camino hacia mi cuarto antes de que se dieran cuenta de que estaba ahí. Me encerré en mi cuarto y seguía sin poder creer lo que había visto. Me acosté en mi cama con la erección aún. No sabía qué hacer el resto del día. Mis padres se comportaron como siempre, como si nada hubiera pasado. Durante la noche, la erección volvió; no podía dormir. Me sentía desesperado y simplemente me empecé a masturbar recordando el día. No duré ni 1 minuto hasta que me vine. Pensé que si lo hacía me ayudaría a superar lo que pasó, pero no fue así.
Al día siguiente me fui al trabajo. La verdad, me fue mal; no podía concentrarme. Estaba desconcertado; pensaba que todo fue un sueño, pero sé que no lo había sido. Al llegar a la puerta de la casa, tenía el corazón a mil; no sabía qué esperar. Abrí con cuidado, sin hacer ruido; caminé directamente hacia la habitación del fondo y nuevamente había gemidos, pero esta vez eran de mi madre. Al mirar por el agujero, vi cómo ella estaba boca arriba, con las piernas hacia arriba, y el amigo de mi padre estaba encima de ella penetrándola. Ella gemía; intentaba bajar su voz, pero no había manera. Al lado de la cama, en el piso, mi padre estaba arrodillado masturbándose, desnudo. Esta vez, la excitación subió más rápido en mi pene. Me metí la mano en el pantalón y me empecé a masturbar mientras veía cómo ese sujeto saltaba sobre mi madre hasta que ella empezó a temblar y el amigo de mi padre empezó a gemir fuerte: se había venido dentro de ella. Él se quedó dentro de mi madre unos segundos y la besó. Después, mi padre se subió a la cama con afán; el amigo sacó su verga de mi madre y mi padre se agachó y empezó a chuparle la verga; estuvo ahí unos segundos largos. Mientras veía eso, me vine; lo hice en mi mano (no quería manchar el piso ni la puerta). Después, vi por el agujero cómo mi padre empezó a lamer la vagina de mi madre; me imagino que quería sacarle el semen del amigo, mientras el amigo frotaba su pene con el ano de mi padre. Yo ya me había venido; se me bajó la calentura y subió la preocupación, así que me fui al baño, me lavé las manos y me fui a la sala. Me sentía decepcionado: siempre vi a mi padre como un hombre honesto, trabajador, pero ahora sabía que era cornudo y encima pasivo. Y mi madre siempre me crió con amor; nunca la imaginé haciendo esos sonidos y menos abriendo sus piernas para que otro hombre la cogiera. Me sentí frustrado. 20 minutos después, llegaron a la sala los tres y nuevamente vi ese sudor. Los tres me saludaron y se fueron a la puerta. Esta vez me fui derecho al cuarto; no quería ver lo que pasaba.
Los días siguientes, el amigo de mi padre no fue a la casa y tampoco veía a mis padres sudados, así que pensaba que no habían hecho nada esos días. Me sentí más tranquilo; pensé que fue algo pasajero. Ellos siguieron comportándose como siempre.
Sin embargo, a mediados de diciembre las cosas se pusieron peor y subió de nivel. Ese día llegué a la casa como siempre. Ese día mi madre no estaba; se encontraba en unas citas médicas. Apenas entré, vi en la sala el televisor encendido con un partido de fútbol. En la sala se encontraba mi padre y su amigo. Me quedé congelado; empecé a sudar y me sentía nervioso otra vez: estaba él ahí. El sofá donde estaban estaba en contra de la puerta, así que solo veía sus cabezas por detrás. Sentía mariposas de excitación en el estómago; quería ir a verlos, así que fui. Al acercarme y poder ver por encima de ellos, quedé paralizado: mi padre tenía metida su mano dentro del pantalón de su amigo; era obvio que lo estaba masturbando por debajo del pantalón. Y no solo eso: podía ver la punta de la verga de su amigo desde ese ángulo. La verdad, me asusté. Mi padre se giró y me vio; yo lo vi a él y simplemente mi padre me saludó como siempre lo hacía, con un “hola hijo, ¿cómo estás?” sin sacar su mano de ahí. Me puse en frente de ellos y el amigo de mi padre también me saludó; puso sus dos manos tras su cabeza, demostrando comodidad, y mi padre empezó a mover de un lado a otro su mano dentro del pantalón: lo seguía masturbando. Yo intentaba no mirar, pero ese bulto que se movía en su pantalón no me dejaba. Ellos me seguían preguntando cómo me había ido en el trabajo. Yo intentaba responder, pero la excitación subió rápido; no quería que vieran mi erección, así que les dije que tenía que ir al baño. Ellos me dijeron que estaba bien, que fuera, y me fui rápidamente a mi cuarto. A mi padre no le importaba que yo supiera que él era puto cornudo… o eso pensaba. Quería masturbarme, pero quería ver más. Regresé con cuidado hacia la sala y me escondí en un cuarto donde el ángulo nuevamente solo me dejaba ver sus cabezas desde lejos, pero solo estaba la cabeza del amigo de mi padre. De repente, escuché un sonido fuerte y el gemido varonil del amigo de mi padre y lo entendí: mi padre no se veía porque estaba agachado chupándole la verga a su amigo. Empecé a masturbarme. El sonido era fuerte; en varios momentos, en especial se podía escuchar cuando la verga salía de su boca: era un sonido muy obvio. El amigo de mi padre le decía que siguiera chupándolo así, le decía que era una buena puta. También escuchaba cómo su garganta se atragantaba con la verga de su amigo y él intentaba respirar. De un momento a otro, el amigo de mi padre se inclinó hacia adelante y gimió fuerte: se había venido en la boca de mi padre. Se quedó unos segundos así y después ambos se pusieron de pie. Yo me escondí en ese cuarto desde donde los veía. Los escuché caminar y de repente mi padre le dijo que quería ir a la ducha. Y eso hicieron: se metieron en el baño y cerraron la puerta. Me acerqué a escuchar y primero escuché el sonido del agua cayendo de la ducha; después eran los gemidos de mi padre. Me seguí masturbando como loco mientras escuchaba cómo el amigo le decía a mi padre que era su putita y que su culo era de él. Mi padre solo respondía “sí” mientras gemía. Después de un minuto, me vine y me fui al patio a lavar mis manos. Mientras me las lavaba, pensaba lo mucho que me excitó oír a mi padre aceptar que era una puta mientras era cogido y empecé a decirme a mí mismo que el macho de mis padres es el amigo de mi papá.
Yo me fui a la sala y seguí viendo el partido. Minutos después, mi padre llegó a la sala con su macho; ambos con el cabello mojado. No dijeron nada. El macho de mi padre se despidió de ambos de manera normal y se fue. Mi padre se quedó viendo el resto del partido conmigo, pero no dijo nada. Yo tampoco quise preguntarle nada.
Una semana después ya se avecinaba la Navidad, pero eso no le importaba a mis padres: se preocupaban más por ser cogidos por su macho que por preparar la decoración de la casa. Tal fue el caso que, para el 20 de diciembre, yo llegué a la casa después del trabajo; estaba cansado y me di cuenta de que en la sala estaban todas las cosas navideñas regadas. Obvio, supe lo que pasó: mis padres intentaron decorar la casa, pero prefirieron ir al cuarto del fondo y ser cogidos por su macho. Al acercarme al cuarto, se confirmó mis sospechas: sus gemidos se escuchaban claramente. Yo estaba cansado; no quería verlos en ese momento, así que fui y me puse a decorar. Pero mientras decoraba, los pensamientos me llenaron la cabeza y decidí ir a ver qué hacían. Al mirar por el agujero de la puerta, me quedé asombrado: mi padre estaba arrodillado chupándole la verga al macho, pero mi madre estaba detrás de ese macho gordo, abriéndole las nalgas con sus manos y su cara metida entre ellas: ella le estaba chupando el culo. También podía ver cómo le goteaba algo entre sus piernas, aunque no estoy seguro si era semen o era lo mojada que estaba ella por lo que hacía. Me masturbé como loco viéndolos; ellos se veían adictos. Mi madre intentaba meter más su cara entre sus nalgas y mi padre intentaba tragarse todo lo que podía y el macho gemía. Me vine a los pocos segundos; empecé a pensar que era precoz. Decidí dejarlos ahí y me fui a lavarme las manos y a terminar de decorar. Unos minutos después, llegaron los tres a la sala, igual sudados, desarreglados. Ellos vieron mi decoración y se vieron felices; me felicitaron. Mi padre se acercó y me abrazó y, en ese momento, sentí su aliento: no había olido un olor así antes; era sucio, olía mal, pero me excitó. Sabía que ese debía ser el olor de la verga del macho. Después, mi madre hizo lo mismo: esta vez ella me dio un beso en la mejilla. Olía horrible; su aliento se sentía y olía como un gas o como cuando alguien deja oloroso un baño. De igual forma, me excitó mucho al olerlo y le devolví el beso en la mejilla. El macho también me felicitó; me dio la mano y después se fue.
Esa noche me masturbé como animal recordando el aliento de mis padres y sabiendo de dónde venía ese olor.
Finalmente llegó Navidad. Aunque solo estuvimos los tres, no hubo novedad. Pero en Año Nuevo pasó una última cosa. En la mañana me desperté, me bañé y salí a la sala. Al llegar a la sala, vi entrando al macho a la casa: mis padres lo habían invitado a pasar Año Nuevo con nosotros. Yo lo saludé y me fui a mi cuarto. Al mediodía, mi madre estaba haciendo el almuerzo, así que decidí acercarme a ver qué había. Como sabía que el macho estaba ahí, intenté ir sin hacer silencio y valió la pena. Desde la esquina de la cocina, pude ver a mi madre con sus senos expuestos mientras intentaba cocinar. Pegado detrás de ella estaba el macho gordo, con su verga por fuera, mientras le manoseaba los senos y le intentaba lamer la cara. Y mi padre al fondo de la cocina, con su verguita por fuera, masturbándose viendo. Nunca había visto su verga tan cerca: ahora creo que son unos 21 cm; es morena, gruesa y venosa y un poco peluda. El macho intentaba lamer a mi madre y con su verga golpeaba el culo de mi madre. Yo quería seguir viendo, pero desde ese ángulo mi padre me podría ver, ya que él estaba al fondo de la cocina, así que decidí irme y, en mi cuarto, me masturbé pensando en esa imagen.
Cuando la comida estuvo lista, mi padre me llamó a comer. Todos nos sentamos en la mesa: yo al lado de mi padre y mi madre al lado del macho. Empezamos a comer mientras veíamos televisión y, de repente, noté que el macho movió su brazo completo hacia mi madre. Claramente entendí que él quería manosear su entrepierna. Aun así, ambos siguieron comiendo. De un momento a otro, se empezó a escuchar un leve pero claro sonido de algo mojado. Inmediatamente miré a mi madre y vi que estaba un poco roja, con sus pezones duros. Ella me sonrió y siguió comiendo. Miré al macho, pero él solo miraba la comida. Miré a mi padre y él también estaba mirando a mi madre. El sonido empezó a sonar más fuerte y más rápido. Mi madre se puso una mano en la frente y tragó saliva y mi padre no lo pensó dos veces: cogió el control y subió el volumen del televisor. Miré la entrepierna de mi padre, que estaba al lado, y tenía un pequeño bulto: estaba excitado. Y yo también.
Terminé lo más rápido que pude la cena y llevé mi plato al lavadero. Para llevar el plato, tenía que pasar al lado de mi madre y, desde arriba, vi cómo la mano del macho entraba en el pantalón de ella. No pude ver la vagina de mi madre, pero tenía muchas ganas de verla. Fui al baño y me masturbé pensando en lo que había pasado; estuve ahí 3 minutos y me vine. Al salir, volví camino a la sala y, desde lejos, vi a mi madre de espalda encima del macho: la estaba penetrando; ella saltaba sobre su verga. No veía a mi papá desde ese ángulo; no quería acercarme más, pero pensaba que seguramente estaba arrodillado masturbándose. Me masturbé desde ahí, a pesar de que recién lo había hecho. Y de repente, el macho abrazó a mi madre y no dejó que saltara más: ambos gimieron y se quedaron quietos unos segundos. Y alcancé a escuchar cómo el macho le decía a mi padre que la dejara bien limpia. Mi padre le estaba chupando el semen de la vagina a mi madre. Yo me fui al cuarto porque no sabía qué podría pasar y me terminé de masturbar allá.
Después, cuando se hizo más de noche, salimos todos al patio a ver los fuegos artificiales del pueblo desde ahí. Y finalmente llegaron las 12. Yo veía los fuegos artificiales hacia arriba; se me cansó el cuello y decidí bajarlo. Al hacerlo, me di cuenta de que el macho estaba detrás de mi madre tocándole el culo y mi madre tenía una mano hacia atrás manoseándole la verga sobre el pantalón mientras los tres miraban hacia arriba. En ese momento sabía que mi vida ya no era normal ni era la misma y me sentí asustado: no sabía qué me deparaba el futuro, pero me sentía excitado y asustado.
(Bueno, hasta aquí llega la primera parte. Disculpen si se hizo largo, pero me gusta compartir lo que recuerdo que pensaba en ese entonces y espero les haya gustado. Todavía queda bastante que contar, pero intentaré ir un poco más rápido en los siguientes capítulos. Gracias por leer.)