La morbosidad y excitación que me provoca el escuchar piropos al pasar por un taller mecánico, me llevaron de la mano a entregarme en los brazos de un mecánico, cobrando venganza de mi exesposo. Un encuentro sexual fuerte, con mi culo lubricado por el aceite y la grasa automotriz de un sucio taller.
Una experiencia inolvidable la que viví aquella noche, en la que seduje a seis albañiles para que me cogieran brutalmente hasta cansarse, rompiéndome el culo en la bodega de una empresa constructora, poseída por una lujuria insaciable que me llevó a coger sin límites con dos taxistas de regreso.
Una remodelación en casa, yo una chica de 21 años dulcemente sensual y cachonda, a solas con 7 albañiles en casa durante 4 días, una botella de vodka y pastillas de viagra. Fueron la receta perfecta para un “gang bang” que me dejo exhausta, satisfecha, adolorida y con el culo roto.
Siete meses después de haber sido desvirgada. Con mi cuerpo ardiente de lujuria, la sensualidad y erotismo que irradiaba de mi aura. Me entregué a los brazos de mi padre, cual si fuese poseída por el demonio de la lujuria, que me condujo a la realización de mi más glorioso encuentro sexual.
Mi virginidad, lo más preciado que tenía, aquello que había cuidado por tanto tiempo, se convertía en un volcán a punto de hacer erupción, la morbosidad que sentía a mis 18 años por saberme desvirgada, me asechaba cada día. Un fuerte deseo que me llevo a ser desvirgada por un albañil.