Bajo el sol inclemente y los ruidos constantes de la construcción, empezó a crecer en mí un deseo salvaje entre el jabón, el lavadero y las miradas furtivas de cuatro albañiles. Con la casa vacía, el cuerpo limpio y la mente encendida, me entregué sin límites a una experiencia gang bang.
Una experiencia que nunca imaginé que viviría a mis 24 años fue la que tuve cuando decidí viajar de Zapopan a Morelia pidiendo ride en la carretera libre, ofreciendo mi cuerpo a cuanto trailero me recogiera… hasta llegar completamente destrozada y llena de placer
La idea me llegó como una descarga eléctrica. ¿Y si vendía mi cuerpo? Solo una noche. Sin compromisos. Sin riesgos. Yo ponía las reglas. Me registré en un sitio web para escorts de alto perfil
Un encuentro salvaje envuelto en una atmosfera primitiva, redescubriendo las bajas pasiones carnales y el gusto por el sexo sucio. La lujuria teñida de rojo escarlata me invita a rebasar mis límites y a disfrutar de mi sexualidad en pleno periodo.
El riesgo de ser sorprendida y la excitación que me produce masturbarme en público, me han llevado a tener un squirt a bordo de un taxi de app. Y bueno, como dicen por ahí, una cosa lleva a la otra. He sido descubierta por el conductor y terminé aceptando una invitación a disfrutarnos en un motel.
Siendo el masoquismo una de mis más fuertes perversiones, encontré en las pinzas de madera para tender la ropa de mi padre, un delicioso instrumento de tormento. Una hija servicial es lo que diría la gente, al saber que lavé la ropa de mi padre, siendo más bien una puta colgada del tendedero.
De visita nuevamente en casa de papá, un clima húmedo y el sabor de una dulce y fresca sandía, como precursores de una tremenda cogida proveída por mi progenitor. La lujuria que envuelve al sexo en una cocina y la disposición a ser cogida fuertemente por el culo, dieron lugar a un nuevo encuentro
La morbosidad y excitación que me provoca el escuchar piropos al pasar por un taller mecánico, me llevaron de la mano a entregarme en los brazos de un mecánico, cobrando venganza de mi exesposo. Un encuentro sexual fuerte, con mi culo lubricado por el aceite y la grasa automotriz de un sucio taller.
Una experiencia inolvidable la que viví aquella noche, en la que seduje a seis albañiles para que me cogieran brutalmente hasta cansarse, rompiéndome el culo en la bodega de una empresa constructora, poseída por una lujuria insaciable que me llevó a coger sin límites con dos taxistas de regreso.
Una remodelación en casa, yo una chica de 21 años dulcemente sensual y cachonda, a solas con 7 albañiles en casa durante 4 días, una botella de vodka y pastillas de viagra. Fueron la receta perfecta para un “gang bang” que me dejo exhausta, satisfecha, adolorida y con el culo roto.
Siete meses después de haber sido desvirgada. Con mi cuerpo ardiente de lujuria, la sensualidad y erotismo que irradiaba de mi aura. Me entregué a los brazos de mi padre, cual si fuese poseída por el demonio de la lujuria, que me condujo a la realización de mi más glorioso encuentro sexual.
Mi virginidad, lo más preciado que tenía, aquello que había cuidado por tanto tiempo, se convertía en un volcán a punto de hacer erupción, la morbosidad que sentía a mis 18 años por saberme desvirgada, me asechaba cada día. Un fuerte deseo que me llevo a ser desvirgada por un albañil.