Capítulo
Buenas noches, mi nombre es Alejo y para mis amigos y amigas soy El Negro.
Continuación…
Tiara y Marco habían traspasado un límite que no suponían alcanzar, pero ninguno se arrepentía. Ella había gozado como no lo hacía en mucho tiempo y él por primera vez tenía una mujer en su cama que no fuese su difunta esposa.
¿Qué habían hecho? Se habían entregado y no pudieron dominar la situación. El alcohol y el deseo los había desbordado y bien que lo disfrutaron, pero el hecho de la relación que los unía y la existencia de Marcia complicaba el futuro.
Tras ese polvo matinal, parecieron recobrar la cordura.
Tiara fue quien tomó la iniciativa y sentándose en la cama, aún desnuda y con restos de la acción, lo enfrentó sin rodeos.
“No voy a negar que tenía muchos deseos de coger y más de una vez noté que te habías pajeado con mis calzones, si hasta dejaste la leche en los toallones. Podemos complacernos, siempre que seamos cuidadosos” le dijo mientras observaba que su yerno acomodaba su miembro bajo las sábanas.
“Alguna vez, hablando con mi hija en la intimidad, me comentó de lo bien que la pasaba con vos, y sanamente la envidié. Hoy después de probarlo, estoy segura que llegaremos a un arreglo conveniente para ambos” remató.
Marco: ¿qué tenes en mente Tiara?
Tiara: cada mañana que te quedes en casa y Marcia esté en la escuela, podremos tener relaciones, en mi cama.
Marco: me parece justo, pero ¿por qué no en la mía?
Tiara: Marcia no entra en mi habitación y si en la tuya, si nota algo nos descubrirá
Marco: Bien pensado
Tiara: algo más. Cuando ella se vaya de marcha con sus amigas, podemos ir a un motel y volver antes que ella. Así no nos tomará por sorpresa.
Marco: de acuerdo. ¿Puedo pedir algunos detalles? Me los merezco
Tiara: me parece justo, te escucho
Marco: siempre será sin protecciones, a pelo
Tiara: no es problema, ya no puedo quedar embarazada.
Marco: algo más, si fuera posible, depilate completamente
Tiara: deberás conformarte con un recorte prolijo. Los vellos protegen la vagina ¿es todo?
Marco: no sé si pedirlo…
Tiara: como mucho recibirás un no como respuesta
Marco: tu hija fue la primer mujer, y única, con la que tuve sexo anal
Lo miró extrañada, bien sabía que él tenía fijación por la penetración del culo de su esposa y que le había llevado un buen tiempo acostumbrar a su esfínter para recibirlo, pero con trabajo de ambos lo habían logrado y su hija lo gozaba tanto como él.
“Lo veremos, quiero que me dejes acostumbrarme a eso. Jamás mi ex lo hizo y me negué siempre, pero sé que puede ser muy placentero. Cuando esté preparada te lo haré saber y lo intentaremos” le respondió con total sinceridad.
Marco: ¿tu culo es virgen?
Tiara: absolutamente.
La cara de sorpresa de Marco era indescriptible, ya sabía que en algún momento sería quien iniciara a su suegra en el sexo anal y eso sería una fijación desde ese momento en adelante.
Tiara: si no hay más cosas que aclarar, te propongo desayunar, limpiar un poco la casa y después de almorzar, compartir mi cama para un descanso.
Marco asintió, sabiendo que el descanso llegaría después de una nueva sesión de sexo. Ambos se levantaron, sin preocuparse por la desnudez mutua y se pusieron a preparar el desayuno, así tal cual estaban.
Charlaron sobre lo sucedido, sus gustos, sus preferencias y aquello que ambos necesitaban saber del otro. Tras el desayuno, ella se calzó una tanga bordó y un brassier a juego y comenzó a realizar el aseo. Él tan solo se puso un bóxer con arabescos y le ayudó en las tareas. Cada tanto, al cruzarse o rozarse, dejaban que sus manos se posaran en el cuerpo del otro sin llegar a más que toques, algo íntimos pero solo toques.
Mientras preparaban el almuerzo traspasaron un poco los límites. Él le hacía sentir su erección entre las nalgas, afirmándose desde atrás y apoyándola de manera intensa, ella echaba su culo hacia atrás para sentirlo mejor y se restregaba un poco sobre el paquete.
Antes de colocar la vajilla en la mesa, quedaron frente a frente, a escasos centímetros de distancia. Él la miró a los ojos, bajó sus manos por la espalda y la acercó completamente, bajó un poco su cabeza y se hizo dueño de los labios entreabiertos de Tiara, quien recibió con placer el beso y lo respondió, aferrándose al culo de su yerno para atraerlo y se entregó a un beso profundo, donde las lenguas se entrelazaron y recorrieron la boca del otro. Con sumo cuidado, él la cargó sobre la mesada, abrió las piernas de la mujer y se ubicó entre ellas, quedando casi a la altura justa para que su miembro se ubicara en el triángulo de tela que cubría la zona vaginal.
Ella sintió como la dura herramienta de su yerno empujaba la tela, tratando de dibujar los labios vaginales, apartó mínimamente la boca y emitió un suave gemido, que el tomó como signo de aprobación para desplazar lateralmente la tela y bajando apenas su bóxer, hizo entrar en contacto la peluda concha con la verga erguida. La humedad de ella se mezclaba con el líquido pre seminal de él y segundos después, los labios se abrían, dejando paso al ariete, que lentamente fue ingresando en su cuerpo.
Cuando el acople fue completo, comenzaron a moverse, las penetraciones eran profundas y lentas, al retirarse para volver a embestirla, ella hacía un esfuerzo por retenerlo dentro. La calentura crecía de manera descontrolada y la lentitud de movimientos se fue acelerando más y más.
Jamás la habían cogido así, en ese lugar y lo disfrutaba. Él trataba de evitar el recuerdo de las veces en que su ex lo había sometido de esa manera, cada mañana al despertar. Llegaron al punto máximo de placer y acabaron en conjunto: un grito de éxtasis de parte de ella y una descarga intensa de parte de él. Quedaron abrazados, disfrutando de su nuevo encuentro sexual, las palpitaciones vaginales de ella eran intensas y el reguero de semen ya invadía la mesada y las piernas de Tiara.
Tiara: ufff, jamás había cogido en la mesada… cuantas cosas me quedan por conocer
Marco: tu hija me cogía a diario así, antes de despertar a Marcia, era nuestro desayuno ideal.
Tiara se puso seria y entendió que aquello era un recuerdo intenso de él, no tanto como la nueva sensación de ella, y sin decir nada, se acomodó la tanga, tomó una rejilla y limpió los restos de la corrida. Luego acarició la cabeza de su yerno y se sentó a la mesa, esperando que aquello no empañara lo bien que habían pasado esos momento.
El almuerzo transcurrió en silencio. Apenas si comieron, levantaron los trastos, limpiaron todo y se fueron a la cama a descansar. Se recostaron, él puso las manos tras su cabeza y quedó mirando fijamente el techo, ella se acurrucó a su lado y depositó su cabeza en el pecho y lo abrazó.
Así pasaron buena parte de la tarde, sin siquiera hablar. En algún momento ella se durmió y el quedó en la misma posición, solo que quitó sus manos de la cabeza y las depositó en la espalda de su suegra, acariciándola suavemente.
Ella despertó cuando las primeras sobras del atardecer oscurecían la habitación. Marco dormía a su lado, abrazándola. Lo observó y con ternura, lo acarició, haciendo que despertara.
Se pusieron frente a frente y se fundieron en un abrazo, que minutos después fue acompañado por besos cortos, que los fueron encendiendo.
Él quitó las sabanas, y con delicadeza desprendió el brassier, liberándole los pechos, que se dedicó a besar primero y mamar después, se prendió a los pezones, y abriendo tanto como podía la boca, los abarcó totalmente, primero uno y luego el otro.
Ella lo hizo recostar y tomó el mando de la situación. Se ubicó sobre él y fue ascendiendo lentamente con sus piernas abiertas, raspando el pecho con sus vellos hasta ubicar la concha exactamente sobre la boca de él. Entendió el mensaje y sacando su lengua, comenzó a recórrela por toda la raja.
Los primeros gemidos brotaron de la boca de Tiara cuando los dientes de Marco se cerraron en el clítoris que comenzaba a hincharse. Ella bajó sus manos y abrió los labios ayudándolo a recorrer cada centímetro de sus pliegues: sentía como la lengua entraba en su ser y absorbía los jugos que escapaban de allí. Con suma maestría, giró y se ubicó para quedar a escasos centímetros de la verga que empezaba a endurecerse y sin dudar, la atrapó con sus labios, chupándola fuertemente. Ahora estaban a mano, se comían mutuamente, de a ratos despacio, de a ratos con vehemencia. Ella se aferraba a las piernas de él, llevando la verga a lo profundo de su garganta y sentía como sus labios vaginales eran chupados con ansias. No demoraron mucho en llegar al cuarto orgasmo del día: ella despachó jugos que él bebió y ella se tragó cada chorro que impactaba en su garganta.
Nuevamente quedaron exhaustos. Tendidos en la cama, sin ánimos siquiera de levantarse, tan solo se acomodaron y volvieron a dormirse, hasta el amanecer.
Las primeras luces del día despertaron a Tiara, se sentía agotada, había pasado mucho tiempo desde la última vez que había disfrutado de tanto sexo. Estaba muy feliz y no cabía en su cuerpo tanto gozo. Giró la cabeza hacia la mesa de noche y vio el reloj. Eran las 9 y recordó que en tan solo 3 horas estaría Marcia nuevamente en la casa.
La urgencia la invadió, con poca delicadeza despertó a Marco que dormía desnudo a su lado.
Tiara: Marco, despertá, son las 9 y en un rato llega Marcia. Tenemos que ordenar todo y ventilar para que no sospeche nada.
Marco: mmm, hola suegri, déjame dormir un rato más.
Tiara: vamos apurate, tengo que ordenar y ventilar la habitación, lavar las sábanas y lo que enchastramos.
A duras penas él se desperezó y restregándose los ojos se sentó en el lecho. La miró y vió que aún no llevaba prenda alguna, intentó tocarle los pechos a modo de saludo., pero ella le quitó las manos de allí y lo empujó para que se pusiese de pie. Trastabilló pero logro levantarse, la verga estaba a media asta, amagando a levantarse nuevamente. Ella saltó de la cama y de un tirón retiró las sábanas y empezó a recoger las prendas íntimas del suelo, hizo un bollo con todo y salió rumbo al lavadero a colocar todo en la lavadora. La puso en marcha y volvió a la habitación a buscar con qué vestirse.
Se calzó un par de leggins, una remera y abrió la ventana para dejar que el sol y una brisa fresca empezaran a renovar el ambiente.
Marco, mientras tanto, fue a su cuarto y buscó un bóxer, un short y una remera. Ya vestido fue a la cocina a calentar el café y preparar el desayuno.
Cuando Tiara ingresó, ya estaba todo dispuesto. Él la abrazó y le dio un beso intenso en los labios, acompañándolo con un recorrido por su cuerpo.
“Estate tranquilo, dejá quietas esas manos un poco que ya tenderemos tiempo en la semana, cuando Marcia esté en la escuela” le pidió mientras escapaba de él para sentarse y desayunar.
Marco: no te agradecí por estos dos días, Tiara.
Tiara: ya habrá tiempo y espero que no pierdas ese fuego.
Dejaron todo limpio y ordenado en la cocina, Marco salió por unas compras y Tiara se dedicó a ordenar la casa. Un rato más tarde, Marcia entraba en la casa, saludaba afectuosamente a su abuela y se encaminaba a dejar sus cosas en el sector de lavado. Volvió a la cocina y le consultó por qué el lavarropas estaba en marcha, ya que no era habitual que eso sucediese los domingos.
Con habilidad, Tiara zafó de la explicación y pidió a su nieta que le comentase de sus actividades. Estaban muy metidas en la charla cuando Marco llegó a la casa.
Recibió un saludo algo frío de la joven, que siguió de charla con su abuela.
El día transcurrió normalmente, hasta la hora de la cena, en que Marco y Marcia recibieron una notificación de la escuela. Por razones de fuerza mayor, no habría clases ni lunes ni martes. El gesto de alegría de Marcia era indisimulable y el de frustración de Marco, también.
Marcia: abue, ¿mañana podremos tener una charla especial?
Tiara: siempre podemos, ¿qué tiene de especial la de mañana?
Marcia: Charla de mujeres, aprovechemos que Marco no estará.
Marco la fulminó con la mirada a Marcia, se puso de pie, saludo a ambas y se fue a descansar.
“No tenés que ser así con él, se desvive por darte todo lo que puede” le recriminó su abuela, a lo que la joven respondió que él sería el centro de la charla y necesitaba que no estuviese en la casa. Se pusieron de acuerdo y tras dejar todo en orden se fueron a descansar.
Lunes 9:30. Tiara se despierta y como es su costumbre va a la cocina a preparar el desayuno para ella y su nieta. ¡¡SORPRESA!! Marcia estaba allí y ya tenía todo listo para desayunar y comenzar la charla.
Tiara: bueno Marcia, te escucho, ¿qué querías decirme?
Marcia: mirá, no me animo a hablar de sexo con Marco y tengo dudas.
Tiara: me alegro que confies en mi…
Marcia: son varias cosas que quiero charlar, ¿alguna vez sentiste algo por una mujer? A mí me ha pasado de sentirme atraída por alguna mujer.
Tiara tragó saliva, y enfrentó lo mejor posible esa primera pregunta así de directa. Pensó un poco y respondió algo turbada. “Es normal que una persona sienta en algún momento dudas sobre su sexualidad, todos hemos pasado por eso. Lo que sucede es que hoy, ustedes lo toman con naturalidad cuando antes no era tan así. Además, películas, series televisivas y hasta las publicidades lo muestran como algo muy natural. Yo creo que no lo es tanto, pero la sociedad lo hace ver así” respondió con la mayor soltura posible.
Marcia: bien, todo eso es muy lindo y muy teóricamente genial, pero no respondiste mi pregunta. ¿te pasó?
Tiara: es algo muy personal, pero confieso que en algún momento creí que una amiga de la juventud estaba interesada en mí y me cursaba intriga. Pero no pasó de eso.
Marcia: ¿cómo confirmaste que solo querías hombres en tu vida?
Tiara: no lo sé, quizá cuando tuve mi primera relación estable, duradera.
Marcia: cuando probaste el sexo por primera vez, seguramente.
Tiara: algo así, fue cuando pasé de los besos ingenuos a situaciones más calientes podría decir.
Marcia: ok, te gustó más y eso te hizo decidirte
Tiara: si querés, llámalo así. Las chicas cuando comparten vestuarios en los gimnasios, suelen ver a otras desnudas y eso las hace compararse y hasta desear el cuerpo de otras.
Marcia: a mi me han causado más “inquietud” las mujeres mayores que yo, sus cuerpos desarrollados, formas más “contundentes que las mías…
Esa expresión puso a su abuela en guardia, la joven observaba a mujeres quizá de su edad como fruto de deseo y la transformaba en una más dentro del catálogo de observación. Era incómodo, pero trató de minimizar su asombro.
Tiara: quizá lo que ves es lo que te gustaría tener, y no es malo.
Marcia: Siguiendo con tema sexo, abue, no soy tonta ni “caída del catre”. ¿Vos crees que Marco la tiene grande?
Tiara: ¿qué?
Marcia: si abue. Mientras vivía mamá, los escuché muchas veces teniendo sexo y mamá le decía que la destrozaba, que la estaba partiendo…
Tiara: hija, esas son cosas que las mujeres solemos decir durante el sexo, más si nos dejan muy satisfechas
Marcia: pero había domingos en los que mamá se levantaba muy tarde y le costaba moverse bien, como si estuviese dolorida.
Tiara: tenes que saber que hay hombres muy dotados y otros que pese a no ser tanto, nos dejan así si somos estrechas o no lubricamos bien
Marcia: no respondiste a mi pregunta ¿creés que la tiene grande?
Tiara: ni idea hija, ¿vos que pensas?
Marcia: que sí, porque cuando anda con shorts apretados se le marca mucho
Tiara: ¿tantas viste en tu vida como para afirmarlo?
Marcia: pocas y la mayoría en fotos porno
Tiara: entonces no sabes tanto
Marcia: abue, ya no soy virgen. Alguna sentí adentro, pero no para los gritos y dichos de mamá.
Tiara: A ver Marcia. Si ya has tenido sexo, habrá que hacer consultas con un ginecólogo, que te recete anticonceptivos y te haga controles para evitar problemas.
Marcia: los consigo en la sala médica del barrio, los entregan sin cargo
Tiara: pero no cualquiera sirve para todas las mujeres
Marcia: ¿conoces alguno?
Tiara: obvio, te sacaré un turno y la visitarás. Es mi médico de confianza
Marcia: ¿una mujer? Mucho mejor, así podré hacerle algunas preguntas
Tiara: me parece muy bien. ¿Algo más que quieras contarme?
Marcia: si abue. ¿Me acompañarías a comprar un juguetito? Mis dedos ya no me calman
Tiara: ¿para masturbarte?
Marcia: si abue. Lo hago muy seguido, ya que hace tiempo que no me acuesto con ningún chico y tengo fantasías…
Tiara no daba fe de la franqueza con que su nieta le hablaba de sexo y mucho menos las confesiones que le estaba haciendo y decidió investigar un poco más, aprovechando el momento.
Tiara: ¿fantasías? ¿Con quién? ¿Algún chico conocido?
Marcia: con Marco, y con una herramienta muy grande. Lo sueño, me despierto muy mojada y caliente y casi siempre termino metiéndome dedos.
La sorpresa de Tiara fue mayúscula, su nieta le acababa de confesar que deseaba al padrastro por lo que había oído tiempo atrás. Eso la convertía en competencia, y la ponía en alerta, pues las calenturas juveniles no conocían límites, poniéndola en un plano de entrega en cuanto Marco lo supiera o la joven se lo insinuase. Su nieta gozando con él, que ya había tenido a su hija, la había tenido a ella, era algo que no podía permitir. Pero ¿cómo evitar que esa fantasía se cumpliera? No podía estar siempre en la casa y controlar los desbordes de Marcia.
Tania: mirá Marcia, podes estar deslumbrada o hasta intrigada, pero es muy grande para vos. Quizá conozcas a algún chico y esas ideas se te borren.
Marcia: puede ser, pero es una obsesión.
La charla siguió por un buen rato siempre rondando sobre el mismo tema, hasta que una idea iluminó a Tiara. “¿Y si vas a una psicóloga? Quizá ella te aconseje y te ayude a romper esa obsesión” se le ocurrió. La joven aceptó la propuesta y juntas se dedicaron a conseguir ambos turnos: ginecóloga y psicóloga.
Tiara: te propongo algo: mañana que no tenés que ir a clases, luego de visitar a la doctora, iremos de compras. Se viene el verano y necesitamos estar preparadas, unas mallas, quizá algo de lencería y no nos vendría mal pasar por el centro de estética para estar bien preparadas ¿te parece?
Marcia: perfecto abue y vamos a ver mi juguetito.
Tiara: eso no. Las compras de ese tipo de cosas se hacen en privado, quizá por catálogo y te llegan a casa con discreción. Imaginate que entráramos a un local, vos y yo, y pidiéramos ver algo así. Me moriría de vergüenza.
Marcia: ¡¡ qué pilla mi abuelita!! Sabe cómo hacer esas compras ¿tenés alguno?
Tiara: Marcia, no te pases de la raya… Además la ginecóloga nos dirá que es conveniente para tu edad y tu cuerpo, no es pedir por pedir.
Marcia casi que explotó de risa, su abuela había dejado en claro que ya había hecho uso de ese servicio de compras y que la doctora le aconsejó el tamaño adecuado a su necesidad. Tiara se dio cuenta que se había puesto en evidencia, su rostro se enrojeció de manera notoria y buscó la forma de salir de ese trance.
Tiara: ¿algo más hija? Tengo que organizar todo y preparar el almuerzo
Marcia: no abue, gracias. Mañana desayuno, visita médica y a comprarnos cosas lindas para que se vean de lujo nuestros cuerpitos.
Ambas se pusieron de pie, se abrazaron y se dieron un beso fraternal, dando por finalizada la charla. Marcia partió rumbo a su cuarto y Tiara quedó en la cocina, pensando en las consultas de su nieta, si hasta le pareció que el último beso y abrazo había sido algo más intenso que en ocasiones anteriores.
Igualmente Tiara tendría que hablar con Marco y alertarle, aunque no sabía si era la mejor opción, pero era algo necesario. Tomó su celular y le envió un mensaje: “Mañana voy a llevar a Marcia a mi ginecóloga, ha hecho preguntas inquietantes y confesiones calientes. Quedate tranquilo, supe llevarlo adelante, ya hablaremos. Nuestro encuentra queda pendiente hasta el jueves, aprovecharé la salida con mi nieta para preparar mi cuevita para vos. Besos”.
Lejos de calmar a Marco, el mensaje lo dejó más intranquilo, pero debería esperar a encontrarse a solas con Tiara para entender las cosas. Le envió como respuesta un par de emoticonos de fueguitos y diablitos y dio por concluida la conversación.
La cena fue algo tensa, pero los tres supieron llevarla adelante. Marco comentó que había cambiado por excepción su día de teletrabajo de martes a miércoles y que mañana iría a la oficina como siempre, liberando a las damas de su presencia, favoreciendo los planes de ambas. Se fueron a descansar, todos con inquietudes.
Al despertar, las mujeres se encontraron solas en la casa, Marco ya había partido.
Tiara: nena, por favor, date un buen baño, higienízate bien y calzate ropas cómodas. Seguramente la doctora te revise y no quiero papelones.
Marcia: ok, abue. Vos también, que las depiladoras del centro de estética son exigentes. Usá algo parecido a un biquini o malla, para que sepan cómo tratarte.
Tiara sonrió, y pensó que su nieta creía que nunca se había enfrentado a esos retos de esteticistas y trabajadoras de centros especializados. Ambas desayunaron y fueron a sus cuartos a cambiarse, como no había hombre alguno en la casa, no cerraron puertas mientras se colocaban ropas acordes.
Marcia pasó por la puerta de la habitación de su abuela y miró de manera curiosa hacia adentro y lo que vio la sorprendió: había elegido una tanga minúscula, casi un hilo y sus carnes escapaban de las telas, dejándola casi al desnudo y un brassier a juego. Una pollera breve, arriba de las rodillas, una blusa holgada, de color claro: su abuela era una mujer muy bien conservada, hasta excitante podría decirse. No quiso permanecer mucho tiempo más frete a la puerta para evitar que sus hormonas se descontrolaran con la imagen.
Marcia vestía un leggins pegado a su piel, que le marcaba por completo las curvas y pliegues, una remera ajustada y nada de brassier. Los pezones parecían querer perforar la tela y escapar de ella.
Se encontraron en el living y ambas salieron rumbo al vehículo que las llevaría a la consulta. El chofer no sabía a donde mirar más: la madura, la joven o el tránsito: las tres opciones eran muy peligrosas para él.
Al llegar, fueron directamente al consultorio. Tiara ingresó primero y tuvo una charla con su doctora, le explicó el motivo de la visita con su nieta, algunos detalles con respecto a las inquietudes de la joven y pidió que la aconsejara con su “juguetito”; por la tarde ambas cruzarían mensajes para saber qué era lo ideal. Salió y dejó que su nieta ingresara, esperándola en la sala previa. La atención de la profesional a la joven se extendió por casi 30 minutos, que fueron interminables para Tiara. Cuando la puerta se abrió, Marcia llevaba cara de satisfacción y alegría, mientras la profesional le hizo un guiño a Tiara, a modo de aprobación.
Marcia tomó del brazo a su abuela y caminaron hasta el centro comercial, mientras la joven explicaba lo bien que la había atendido la profesional. Incluyó detalles propios del examen clínico y medio sonrojándose le dijo a su abuela: “si no fuera doctora, juraría que intentó provocarme” concluyó. Tiara sabía que su ginecóloga era muy exigente y seguramente había ido algo más allá de lo profesional, para darle un informe más preciso.
En el centro comercial, ingresaron al centro de estética y ocupando distintos cubículos se entregaron a las trabajadoras que hicieron un trabajo espectacular. Un cavado profundo en la joven, para que su tanga no dejara nada descuidado y algo menos intenso en la madura, aunque bien prolijo.
Ambas coincidieron en los vestidores y Marcia no pudo evitar ver a su abuela cuando se mudaba de ropas. “¡¡Guau abue!! ¡¡Cualquiera diría que te estas preparando para la acción, con una buena biquini serías la envidia de mis compañeras pulposas!!” disparó mientras la observaba. Tiara algo sonrojada, agradeció el halago: “Sigo siendo una mujer, con algo de edad pero apetecible, ¿no lo crees?”.
Marcia: tenes un buen lomo, mis amigotes te avanzarían de inmediato, toda una MILF
Tiara: no exageres nena…
Marcia: te lo juro, hasta yo te encararía viéndote así.
El comentario le retumbó en la mente a Tiara y pensó que su nieta estaba tirándole onda. “estas algo descontrolada, Marcia” comentó seria Tiara, “así me dejó tu doctora con su revisión” respondió la joven.
Tiara quería terminar con esto cuanto antes, se estaba desmadrando. Marcia avanzó hacia ella y sin mediar palabra, metió su mano entre las piernas de su abuela y atrapó la boca de ella inmediatamente.
Tiara no pudo o no supo cómo responder, situación que su nieta aprovecho para avanzar más, corrió la tanga a un lado y metió uno de sus dedos en la concha de su abuela mientras su otra mano magreaba la teta derecha. La lengua invadía la boca de su abuela, quien ya en ese momento no era tal, era una mujer excitante que la excitaba demasiado. Tiara apoyó su espalda en la pared del vestidor y petrificada, sintió a su nieta dominarla por completo.
Fueron segundos, tal vez un minuto antes que Tiara reaccionara. Su cuerpo pedía más acción pero su mente quería escapar de allí.
Marcia fue más práctica y tomó las riendas: “Tiara, vamos a casa, quiero comerte y darte placer hasta que ya no resistas” dijo mientras le arrojaba las ropas a modo de exigencia para irse de allí. Subieron a otro vehiculo y se fueron a la casa, en el camino, Marcia no dejaba de frotar la entrepierna de Tiara, para evitar que se enfriara. Bajaron del auto, abrieron la puerta y apenas la cerraron, Marcia arrancó las ropas de su nueva conquista, dejándola desnuda, y se dedicó a comerla, tetas, boca, cuello y sus manos torpes pero decididas hurgando en la cueva de Tiara.
La tumbó en el sillón y abriéndole las piernas, le comió la concha como desaforada. Tiara, en trance, no reaccionaba al avance, pero gozaba de cada segundo. Cuando Marcia la tendió en el suelo y se ubicó entre sus piernas frotando concha contra concha, se entregó sin reparos.
Gemían, casi gritaban de placer mientras se acariciaban hasta llegar a un orgasmo único, nuevo para ambas. Rendidas, quedaron tiradas sobre la alfombra, encharcadas, fluyendo sus líquidos.
Marcia se puso de pie y terminó su faena con un beso tornillo. Tiara solo aceptó lo que recibía sin respuestas.
Marcia: sabía que eras una mujer abierta y que ambas podíamos confortarnos. Te quiero Tiara.
Tiara seguía sin reaccionar, solo atinó a levantar una mano y acariciar a Marcia, que se fue rumbo al baño. ¿Qué había sucedido? Días atrás su yerno y hoy su nieta, ambos la habían poseído y dejado al borde del éxtasis total, ¿qué estaba sucediendo con ella? ¿Podria cumplir con ambos?
Espero tus comentarios, y más que nada tu opinión.
Saludos,
Alejo Sallago – [email protected]