Soy un joven de 20 años, vivo en Palencia, que es una capital de provincia qué se encuentra situada en lo que, se conoce como «La España vaciada» qué es una amplia zona del centro de España, en la que hay muchos pequeños pueblos, con muy pocos habitantes y casi todos, gente mayor.
Vivo con mis padres y mi abuela materna, viuda, de 64 años y en uno de los pueblos cercanos, vive mi otra abuela, la madre de mi padre de 65 años, también viuda.
Yo estoy estudiando todavía en la universidad, mi madre trabaja de auxiliar de enfermería en el hospital provincial y mi padre tiene una furgoneta de esas grandes y se dedica al trabajo que heredó de su padre, hacer todos los días una ruta, por todos los pequeños pueblos de alrededor, llevándole suministros básicos, que le encargan los vecinos directamente.
El adquiere todos los encargos del día anterior en un hipermercado tipo cooperativa a primera hora de la mañana y después los reparte por una ruta que tiene establecida, dejando el pueblo donde vive su madre para el último.
Sale de casa a las 8am y suele regresar sobre las 9pm, menos los sábados, que se queda a dormir en casa de su madre, para estar con ella y hacerle algo de compañía y luego vuelve a casa el domingo antes de la hora de comer y ya pasa la tarde en nuestra casa.
En este contexto, una noche de sábado del pasado verano, cuando llegué a casa, sobre las 11pm, después de estar con los amigos, me encontré a mi madre y mi abuela, sentadas en el salón, viendo una serie de televisión, como hacían habitualmente.
Todas las noches, después de cenar hacen lo mismo, se ponen la ropa de dormir para estar más cómodas y mi padre las acompaña, igualmente, excepto la noche de los sábados, que como ya he dicho, se queda a dormir en casa de su madre.
Yo hay noches que me quedo, si me gusta lo que están viendo y otras noches me voy directamente a mi dormitorio y me entretengo con el móvil, chateando con mis amigos, o navegando por Internet.
Ese sábado, cuando llegué, encontré a mi abuela y a mi madre, como todos los sábados, tomándose las dos un cubata, que también tienen por costumbre, tomarse todos los sábados.
Me uní a ellas, preparándome yo también un cubata y me senté en el sofá, junto con mi abuela, que es donde me siento habitualmente, mientras mi madre estaba sentada en uno de los sillones del tresillo y el otro es el que ocupa habitualmente mi padre.
Al poco de llegar yo, se terminó el capítulo de la serie que estaban viendo y mi madre dijo que tenia sueño y que ella se iba a acostar.
Yo tenia mi copa a medias y mi abuela dijo que ella se quedaba un rato más charlando con su nieto, mientras me acababa la copa.
Pero, nadamas salir mi madre, me dijo que le preparará a ella otra copa, que un día es un día.
Se la preparé y nos quedamos los dos charlando, con la tele encendida en uno de los canales nacionales, que había un concurso, pero sin prestarle mucha atención.
No me podía imaginar yo, que aquella conversación con mi abuela, iba a cambiar mi vida y la de toda la familia, para siempre…
En el transcurso de la conversación salió el tema de que, como era sábado, mi padre se había quedado a dormir en casa de su madre y ahí, mi abuela, qué se ve que con las copas, se le había soltado la lengua, me dijo:
– Tu padre no se queda a dormir en casa de su madre, se queda a «dormir» con su madre.
Yo, pecando de ingenuo, le dije:
– Bueno, abuela, es lo mismo que yo he dicho.
A lo que ella, ya con cierto rintintin, me contestó:
– No, cariño, no es lo mismo.
Yo ya, captando la diferencia le dije:
– A ver, abuela, ¿Me estas diciendo que mi padre se «acuesta» con su madre, en el sentido sexual de la palabra?
A lo que ella, con una sonrisa de satisfacción, por haber captado el doble sentido de la frase, me contestó:
– Si cariño, eso es exactamente lo que te he querido decir.
Yo, totalmente sorprendido, le dije:
– ¿Pero que me estas diciendo?
– Pues lo que oyes.
– Pero… ¿Como es eso posible?, si es su madre.
– Claro que es su madre, pero también es una mujer, con sus necesidades, que no tiene marido y su hijo le cubre esas necesidades, por lo menos un día por semana.
– ¡Joder, abuela!, me estas dejando de piedra ¿Y tu como lo sabes?
– Pues porque me lo ha contado tu madre, ya sabes que, entre nosotras, no hay secretos.
– ¿Queeee? ¿Mi madre también lo sabe?
– Si claro, tu padre se lo dijo desde el principio.
– ¡Joder, joder!, osea, ¿Que mi madre lo sabe y está de acuerdo?
– Pues si, cariño, así es, tu padre nunca se lo ha ocultado, ella lo ha comprendido y lo ha aceptado desde el principio, sin ningún problema y me lo contó a mi, para que yo también lo supiera y lo aceptara igualmente.
– Pero, vamos a ver, abuela, eso es como si yo, los sábados, que no está mi padre, me «acostara» con mi madre.
– No cariño, no es lo mismo, porque tu madre si tiene un hombre que cubre sus necesidades.
– Bueno, eso si, pero tu tampoco tienes ningún hombre que cubra tus necesidades ¿O es que tu no tienes esas necesidades?
– Ay hijo, claro que tengo esas necesidades.
– ¿Y entonces?
– Pues que ya soy vieja y no tengo a nadie que quiera tener sexo con una vieja como yo.
Ahí yo ya me puse en estado de alerta, miré a mi abuela, que estaba con tan solo los calzones de su pijama, de tela fina y una camiseta de tirantes y vi en ella, lo mismo que siempre había tenido a la vista, pero que nunca me había fijado, unos muslos tersos y los pezones de sus tetas marcandose en la camiseta, señal de que estaba excitada y con voz un poco tituveante, le dije:
– A ver abuela, la madre de mi padre es mayor que tu y ya ves como, al parecer, sigue estando deseable para el.
– Bueno, pero eso es distinto, porque su hijo, seguro que lo hace porque siente pena de que esté sola y le da así su compañía y su cariño.
Ahí yo ya, metido totalmente en el charco qué nos habíamos metido, vi la oportunidad de poder tener sexo en ese mismo momento con mi abuela y decidí aprovecharla, así que le dije:
– Bueno, si lo vemos así, a mi también me da pena que tu lleves durmiendo tanto tiempo sola, sin un hombre que «duerma» contigo.
Mi abuela, con una sonrisa, que ponía de manifiesto, que me tenía donde ella quería, me dijo:
– A ver, cariño, ¿Me estas queriendo decir que tu estarías dispuesto a ser el hombre que yo necesito y que quieres «dormir» conmigo?
– Pues sí, abuela, eso es exactamente lo que te estoy queriendo decir, tu, efectivamente, eres una mujer mayor, pero te cuidas mucho y estas estupenda y, visto lo visto, si tu quieres, por mi parte, estaría encantado de «dormir» esta misma noche contigo.
– Ay hijo, ¿De verdad me lo dices?
– Si abuela, te lo estoy diciendo totalmente en serio.
– Ay, cariño, pues por mi vámonos ahora mismo a la cama y apaga este fuego qué tengo dentro de mi cuerpo.
Y… Dicho y hecho, nos fuimos a su dormitorio.
Al llegar nos desnudamos rápidamente los dos y pude ver por primera vez desnuda a mi abuela.
No estaba ni gorda ni delgada, tenía unas buenas tetas, un poco caídas y una buena mata de vello púbico rubio como su pelo, pero su piel se mantenía tersa y a mi verga se ve que le gustaba lo que estaba viendo, porque se me puso tiesa y dura, apuntando directamente al techo.
Mi abuela fue en lo primero que se fijó, en mi verga y sin ningún tipo de preámbulo, se sentó sobre la cama y me dijo:
– Ven, cariño, acércate, que lo primero que quiero hacer es comerme tu rica verga y tragarme una buena ración del semen que debes tener en esos preciosos testiculos.
Yo, obedientemente, me acerqué, ella agarró mi verga con una mano mientras que con la otra acariciaba mis testiculos, tiró de la piel para abajo y dejó totalmente visible mi glande, rojo y brillante y mirándolo fijamente, dijo:
– Dios mio, que preciosidad de pene, no me lo puedo creer que vaya a ser mio, ufffff
Y sin más, se lo metió en la boca y comenzó a chuparmeló, con verdadera maestria.
Yo agarré su cabeza con mis dos manos y comencé a follarmela despacito por la boca, con sus labios cerrados rodeando mi pene y con su lengua rozando mi glande cada vez que se lo metía y sacaba.
Se veía que no era la primera vez que chupaba un pene y aunque debía de hacer mucho tiempo que no probaba uno, no había olvidado como se hacía.
Ella con una de sus manos acariciaba mis testiculos y con sus bonitos ojos azules me miraba fijamente a la cara.
Yo, cada vez le metía más trozo de verga, ya se la metía por más de la mitad y ella lo controlaba con su lengua, sin que en ningún momento diera síntomas de asfixia ni de náuseas.
Finalmente, cuando vi que me iba a correr y aunque ella me había dicho que se queria tragarse toda mi leche, le dije:
– Abuela, prepárate, que me voy a correr.
Se la saqué, dejando dentro de su boca solo el glande y comencé a descargar todo el contenido de mis testiculos en su boca.
Ella lo iba recogiendo con su lengua y tragándoselo, según yo lo iba lanzando dentro de su boca.
Despues de los tres potentes primeros disparos, empezó a chuparme el glande, succionandolo, para sacarme hasta la última gota de semen…
Uffffff, que mamada me había hecho mi abuela, la mejor mamada de mi vida.
Luego nos tumbamos los dos en la cama y empezamos a besarnos y a acariarnos mutuamente.
Yo me lancé a por sus tetas y chupaba sus pezones, mientras se las sobaba con mis dos manos, lo cual hizo que se me pusiera dura de nuevo.
Mi abuela en cuanto me la vio dura me dijo:
– Que alegría de juventud, ya la tienes otra vez dura, así que vamos a dejarnos de caricias y métemela ya mismo, quiero que me quites las telarañas de mi coño y que me folles sin contemplaciones, lo necesito, cariño.
Ella se abrió de piernas, doblandolas por las rodillas, para facilitarme el acceso, yo me situe entre sus muslos, apunté mi verga a la entrada de su húmedo coño y en cuanto encajé mi glade, apoyándome en mis brazos, para no aplastarla con los 80 kg de mi cuerpo, de un solo empujón se la clave enterita.
Ella dio un grito ahogado, de satisfacción y me dijo:
– Gracias cariño, por hacer tan feliz a tu abuela, hacia años que no entraba un pene dentro de mi vagina, ahora follame bien follada, sin miedo, que tu abuela lo necesita.
Yo, como buen nieto, obedecí a mi abuela y comencé a follarmela como si no hubiera un mañana.
Como acababa de correrme, ahora iba a tardar en volver a hacerlo, así que me la estuve follando durante un buen rato, disfrutando de la estrechez, suavidad y calor de su vagina.
Ella solo gemia y jadeaba fuerte, con su boca abierta y sin dejar de mirarne fijamente a la cara, como si quisiera convencerse de que era su nieto el que le estaba dando tanto placer.
Cuando sentí que me iba a correr se lo dije y ella me dijo:
– Correte dentro mio cariño, llena mi viejo útero con tu semen de macho joven…
Yo se la clave hasta dentro y comencé a correrme en lo más profundo de su vagina.
Ella al sentir el calor de mi semen, dio como una especie de ronquido profundo, como si la saliera de lo más profundo de sus pulmones, estalló en un orgasmo intenso y empezó a decirme, sin levantar mucho su voz, supongo que para que no la oyera su hija:
– Siiiii, mi vida… Siiii… Ahah… Que ricooo.. Que calienteeeee lo sientooooo…. Ahahah.
Yo tapé su boca con la mía con un beso, para que no gritara, mientra descargaba todo mi semen dentro de ella.
Cuando terminé de correrme, aguanté todavía un rato, disfrutando de las fuertes contracciones de su vagina, que parecía que estaba ordeñando mi verga…
Luego se la saqué y me tumbé a su lado.
Despues de descansar un rato, me la volví a coger de perrito y, al ver el orificio de su ano, le pregunté si era virgen por ahí.
Ella me contestó que no, que si quería se la podía meter también por ahí, pero que llevaba años sin meter nada por ahí y que seguro que estaría muy cerrado, pero que lubricandoselo un poco, seguro que entraría y que si la dolía un poco, lo aguantaría, porque recordaba que, cuando su marido se la follaba por ahí, le gustaba mucho.
Como lo de que, una mujer te deje metersela por el culo, se puede considerar un privilegio, decidí intentarlo.
Saqué mi verga de su chorrente coño, del que rebosaba el semen de mi corrida y el flujo de la suya, metí mis tres dedos, índice, corazón y anular, a modo de cucharilla, los saqué llenos de esa mezcla y con las mismas, unté la entrada de su ano, metiendo primero un dedo, luego dos y después los tres y empecé a girarlos, dilatando su esfinter.
Cuando consideré qué estaba suficientemente dilatado, metí mi verga de nuevo en su chorrente coño, la saqué bien lubricada, la agarré por la parte de atrás con una mano, puse la punta a la entrada de su dilatado ano, apreté fuerte con mi mano y mi grande resbaló y atravesó su esfinter.
Mi abuela dio un grito contenido, supuse que de dolor, así que, dejé de empujar y le pregunté :
– ¿Te duele, abuela? ¿Te la saco?
– No, cariño, no me la saques, me ha dolido un poco, pero ya se me está pasando, solo métemela despacio y cuando la tengas toda dentro, espera un momento para que mi recto se dilate y luego ya puedes empezar a follarme por el culo, sin problemas, que sé que por ahí os gusta mucho a los hombres.
Así lo hice, se la fui metiendo centímetro a centímetro, hasta que mis testiculos chocaron con su culo.
Ahí esperé un momento, como ella me había dicho y cuando noté que la presión de su recto en mi pene disminuyó, comencé un mete y saca lentamente al principio y cuando vi que mi verga ya se deslizaba suavemente, sin ningún problema, la agarré con mis dos manos de sus caderas y comencé a follarmela por el culo, sin contemplaciones.
Mi abuela bufaba como una yegua cuando se la coje el macho y entre bufido y bufido, me decia:
– Joder, hijo, ya no recordaba la sensación que se siente cuando te dan por el culo… Buffff
Es realmente increíble… Bufff… Buffff
Yo creo que estaba teniendo una especie de orgasmo continuo o algo así.
Yo ya estaba sudando de tanto darle, hasta que sentí que me iba a correr de nuevo, se la clavé hasta dentro y empecé a llenar las tripas de mi abuela con mi leche calentita.. Uffff
Ella al sentir el calor de mi corrida volvió a bufar más fuerte, aun y entre jadeos decia:
– Ahaha… Que gustoooo… Sentir que me entra algo caliente por ahiiiiiiii.. Ahahah…
Finalmente, se la saqué y los dos nos tumbamos en la cama, totalmente agotados.
Una vez que recuperamos el resuello, hablamos sobre lo que había pasado y, sobretodo, sobre lo que iba a pasar en adelante.
Yo le dije:
– A ver abuela, como me dijiste que entre mi madre y tu no tenéis secretos, ¿Le vas a contar que hemos estado follando nosotros dos?
– Pues claro, cariño, además, seguro que nos ha oído y ya lo sabe.
– ¡Joder, abuela!, pues que corte.
– No te preocupes, cariño, tu madre es muy comprensiva, estoy seguro que lo comprenderá y que, hasta se alegrará por mi.
Yo ahí ya, visto lo visto, creí ver una nueva oportunidad, la de tener sexo con mi madre también, así que le dije:
– A ver abuela, estando las cosas como están, si mi padre tiene sexo con su madre, ¿No crees que yo también podría tener sexo con la mía?
– ¿Me estas diciendo que, además de follar con tu abuela, te gustaria follar también con tu madre?
– Pues sí, abuela, eso es exactamente lo que te estoy diciendo, que me encantaría poder follar también con mi madre, porque además, esa es una fantasía que tengo desde hace años.
Ella, creo que un poco mosqueada, me dijo:
– ¿Y que pasa conmigo?
Yo, comprendiendo mi falta de tacto, por hacerla a ella de menos, diciendo lo que había dicho, le conteste:
– Ay, abuela, no te pongas celosa y no te preocupes, que también seguiría follando contigo, soy joven y fuerte y podria cumplir perfectamente con las dos.
Ella, ya más tranquila y sonriendo me dijo:
– Está bien, cariño, creo que tienes todo el derecho del mundo en follar con tu madre, así que, mañana mismo lo hablaré con ella y ya veras como no habrá ningún problema.
– Gracias abuela, pero tengo una duda, si mi padre le pidió permiso a su esposa para poder tener sexo con su madre ¿No crees que mi madre también le puede pedir permiso a él, para poder tener sexo conmigo?
– Si, claro, claro que se lo dirá a tu padre, ellos no hacen nada a espaldas del otro.
– Eso es lo que me temía.. ¡Joder!, que marron.
¿Y que crees que le dirá mi padre?
– Pues ¿Que le va a decir? Si el lleva años follandose a su madre, pues, que si ella está conforme, que por el no hay ningún problema.
– ¿Tu crees?, pero supongo que también lo hablaran conmigo.
– Pues claro, cariño, mañana, a primera hora lo hablo yo con tu madre y si ella está de acuerdo, que no tengo ninguna duda, que lo estará, después, cuando llegue tu padre, lo hablará con el y luego lo hablaran los dos contigo.
– ¡Joder! Abuela, ya veo que lo tienes todo muy claro, ojalá que tengas razón.
– Ya veras como todo irá bien, pero recuerda que no debes abandonar a tu pobre abuela..
– Como ya te he dicho, por eso no te preocupes, no sé como nos lo vamos a montar, pero tu tendrás todo el sexo que necesites y para veas que va a ser así, ahora mismo lo vas a poder comprobar.
Y así, sobre la marcha, me la volví a follar otra vez de misionero y volví a llenar su útero de semen calentito.
Luego nos despedimos y me fui a mi cama a seguir durmiendo, como si no hubiera pasado nada, pero había pasado y al día siguiente empezaríamos a ver las consecuencias.
El día siguiente era domingo y además yo estaba de vacaciones, así que entre eso y la tupa de follar qué me había dado esa noche con mi abuala, no me desperté hasta las 11am.
Me levanté, me metí en la ducha y cuando salí y fui a la cocina a desayunar, allí estaban mi madre y mi abuela, sentadas en la mesa, esperándome.
Ver sus caras sonrientes, me tranquilizó, porque, pensé que mi abuela ya había hecho su trabajo y todo iba como ella me había dicho que iba a pasar.
Y así era, mi madre nos había escuchado por la noche y ya se había levantado sabiendo que su madre le contaria por la mañana lo que había sucedido.
Por supuesto mi abuela se lo contó y también le contó todo lo que habíamos hablado.
Tal y como ella había supuesto, mi madre estuvo desde el principio de acuerdo con todo, se alegró mucho de que hubiéramos tenido sexo, sobre todo por su madre, porque sabía que ella lo necesitaba y desde luego, yo era el más indicado para darselo, porque todo se quedaba en la familia.
En cuanto a tener sexo conmigo, por su parte, estaría encantada, porque ella también había fantaseado muchas veces con esa posibilidad, porque, tal y como yo había pensado, ella también pensaba lo mismo, que si su marido tenía sexo con su madre, ella también lo podría tener con su hijo.
Yo simplemente iba asintiendo a todo lo que, tanto mi madre, como mi abuela me estaban diciendo y por supuesto, la conversación me estaba excitando y mi verga la tenía ya dura como un palo.
Con mi calentura, estaba pensando que me follaria a mi madre ya mismo, sobre la marcha, pero mi madre me cortó el rollo, cuando me dijo que no haría nada conmigo, hasta no hablarlo con mi padre y que el estuviera de acuerdo.
Y así quedó la cosa, porque, además, mi padre debía de estar al llegar, ya que siempre llegaba sobre las 12 del mediodía.
Mi padre llegó un poco después de las 12pm.
Yo había quedado con mi madre y mi abuela que mi madre hablaría con mi padre después de comer, que yo me iría con mis amigos, para no estar presente en la conversación y que cuando volviera, me contarian como había ido la conversación con mi padre.
Así lo hicimos y cuando llegué a casa, sobre las 9pm, me encontré a mi madre sola, sentada en el sofae del salón, viendo una película de la tele.
Yo, un poco sorprendido, le pregunté donde estaban mi padre y su madre, a lo que mi madre sonriendo me dijo:
– Ven, cariño, siéntate aquí a mi lado y te cuento.
Yo la obedecí, me senté a su lado y mi madre empezó a contarme lo que había pasado.
Despues de yo marcharme, mi abuela se fue a su dormitorio a descansar, dejando solos a mi padre y mi madre, para que pudieran hablar libremente.
Mi madre le contó a mi padre lo que había pasado, que mi abuela me había contado lo suyo con su madre, que mi abuela y yo habíamos «dormido» juntos esa noche y que ya, una vez sabiendo que el estaba teniendo sexo con su madre, yo también quería tener sexo con la mía, es decir, con ella.
Qué mi padre había reaccionado como ella esperaba que lo hiciera, diciendole qué si ella estaba de acuerdo, por el no había ningún problema en que tuvieramos sexo mi madre y yo, al igual que el lo tenia con su madre.
Pero que después añadió algo más, le dijo que ya qué su madre (Mi abuela, su suegra) había tenido sexo conmigo y que suponía que lo íbamos a seguir teniendo, que a él también le gustaría poder tener sexo con ella, si ella estaba de acuerdo, porque así todos estaríamos en igualdad de condiciones y no tendríamos nada que ocultarnos entre nosotros.
Que llamaron a mi abuela y se lo propusieron, que ella aceptó encantada y que hacía más de una hora que se habían metido los dos en el dormitorio de ella y se supone que estaban teniendo sexo desde entonces.
Yo, lógicamente, «alucinaba en colores», no me podía creer que todo pudiera ser tan facil y que todo lo que estaba sucediendo pareciera como algo totalmente normal.
Mi madre, viendo mi perplejidad, comprendió que debía tomar ella la iniciativa, así que me dijo:
– Bueno, cariño, ya sabes lo que ahí, así que ahora nos toca a nosotros, si te parece bien nos vamos al dormitorio y hacemos lo que los dos estamos deseando hacer.
Yo, lógicamente estuve de acuerdo, así que sin más, nos fuimos a su dormitorio, nos desnudamos y por primera vez pude ver a mi madre completamente desnuda.
Mi verga se me puso tiesa y dura, apuntando al techo, no sabía por donde empezar a comerme el impresionante cuerpo de mi madre, pero ella reaccionó primero, se ve que tenia aun más ganas que yo.
Me agarró la verga,, se sentó en la cama, se la metió en la boca y comenzó a chuparmela como con desesperación, mientras que con sus manos acariciaba mis testiculos y mi culo.
Ver a mi madre mirándome desde abajo, con mi verga en su boca, comiendosela con ansia, me producía una sensación de placer y superioridad.
La mujer que me había cuidado, que me habia reprendido muchas veces, ese ser superior, al que yo había amado y respetado y con el que tantas veces había fantaseado, estaba ahora allí a mi merced y podía cumplir con ella todas mis fantasías.
Así que, decidí empezar a ser yo el que tomara el control de la situación.
Saqué mi verga de su boca, ella me miró sorprendida, pero enseguida comprendió lo que quería hacer y ella misma, tal y como estaba, se tumbo sobre la cama.
Yo levanté sus piernas, metí mi cabeza entre ellas y comencé a comerme su coño, con ansia.
Allí estaba yo, con mi lengua y mis labios lamiendo y chupado el lugar por el que mi madre me había parido.
Por allí había asomado mi cabeza hacia 19 años y ahora, mi cabeza volvía a estar allí, pero desde fuera, intentando entrar, en vez de salir.
Mi madre no tardó mucho en tener un orgasmo, todo su cuerpo temblaba y gemía muy fuerte, mientras que con sus dos manos apretaba mi cabeza contra su coño, como si quisiera meterla dentro de ella y a la vez llenaba mi boca y mi cara con un abundante fluido… Ufff
Cuando aflojó la presión de sus manos sobre mi cabeza, yo salí de allí, puse sus piernas en mis hombros y así la penetré, metiendole mi pene hasta el fondo de su chorreante vagina.
Mi madre, que aun seguía con los estertores de su orgasmo, dio un grito, que sin duda tuvieron que oír mi padre y su madre.
Y así comencé a follarmela con verdadera pasion, con penetraciones rápidas y profundas.
Miraba su cara y ella me miraba a mi con sus ojos y su boca abierta.
Ella me miraba, como sin acabar de creerse qué fuera su hijo el que se la estaba follando de aquella manera, dándole tanto placer.
Y yo la miraba a ella, sabiendo que era mi madre, la mujer que me había dado la vida, que me había cuidado, a la que yo amaba desde siempre y con la que, desde mi adolescencia era la musa de mis masturbaciones y ahora me la estaba follando, era mi hembra y yo era su macho.
Al pensar eso de que ella era mi hembra y yo su macho, no pude evitar que surgiera en mi calenturienta mente la idea de que la podía preñar, cuando llenará su vagina con mi semen y uffff, esa idea, la idea de embarazar a mi propia madre, hizo que la follara aún más fuerte y sintiera que me iba a correr ya mismo.
Instintivamente se la metí hasta el fondo, me quedé quieto, apretando con fuerza, para empezar a correrme en lo más profundo de su cuerpo, mientras obsesionado con la idea de embarazar la, le decia:
– Me corroooo, mamáaaaaa… Me corroooo… Te estoy embarazandooooo.. Uffff
Mi madre al sentir el calor de mi semen inundando sus entrañas y oírme decir eso, comenzó a tener un orgasmo escandaloso, su cara se congestionó, puso sus ojos en blanco y, supongo que haciendo suya la idea del embarazo, comenzó a gritar también:
– Siiiiii mi vida… Siiiiii…. Embarazameeeee… Preñameeee… Ahahah ahhhhhh
Fue algo realmente increíble, no me había imaginado algo así ni en mis mejores masturbaciones… Ufff
Cuando terminé de vaciar todo el semen de mis testiculos dentro de lo más profundo del coño de mi madre, me salí de ella y me tumbé a su lado tratando de recuperarme de aquel primer intensisimo polvo con mi madre.
Pero los dos estábamos muy excitado y tardamos poco en volver a la carga.
Estuvimos follando sin parar, hasta que nos quedamos dormidos, por agotamiento.
A la mañana siguiente, desayunando los cuatro, comentamos entre risas y sin ningún tipo de pudor como habíamos pasado nuestra primera noche como amantes.
Todos estábamos exultantes y por supuesto, quedamos en que, en adelante, seríamos una familia abierta, en la que todos tendríamos sexo con todos, sin ningún tipo de tabú.
Mi padre propuso que, durante algún tiempo, durmieramos como esa noche, yo con mi madre y el con su suegra, para coger la máxima confianza y que luego ya, pues, iríamos viendo.
Nos sorprendió mi madre, cuando dijo que a ella le gustaría, cuando ya tuviéramos más confianza, hacer algún trío con su marido y su hijo.
A lo que mi abuela inmediatamente dijo que a ella también le gustaría hacerlo con los dos hombres de la casa a la vez.
Por supuesto, tanto mi padre como yo, estuvimos de acuerdo y quedamos en hacer el primer trío con mi madre el viernes y con mi abuela el sábado.
Cuando ya estábamos en todo de acuerdo, saqué yo un nuevo tema.
Le dije a mi padre, que ya qué tanto mi madre, como mi abuela, iban a follar con nosotros dos, me parecía que lo justo es que, su madre, mi otra abuela, con la que el llevaba tiempo follando, pudiera follar también conmigo.
Todos rieron mi ocurrencia, pero estuvieron de acuerdo, en que eso sería lo justo, siempre que ella aceptara.
Mi padre dijo que su madre aceptaría encantada tener sexo con su nieto, que por eso no nos preocuparamos.
Y así quedaron las cosas.
Yo, como estaba de vacaciones, me fui con mi padre, y me dejó en casa de su madre, después de que ella aceptará encantada tener sexo conmigo y más después que su hijo le contara como estaban las cosas en nuestra casa.
Madre mía, no me podía imaginar la loba qué era mi otra abuela…
En realidad, no era yo el que me la follaba, me follaba ella a mi… Ufff
Era incansable, el primer dia no paramos de follar, me dejó totalmente seco, ella tenía una excitacion constante y encadenaba un orgasmo tras otro, era una auténtica máquina de follar.. Ufff
Al día siguiente, cuando pasó mi padre de regreso, para ver como nos había ido, mi abuela consiguió que nos la follaramos los dos a la vez, con lo que fue con ella, con la que hicimos nuestro primer trío mi padre y yo.
Nunca me había imaginado algo así, la ensartamos los dos a la vez, yo por el coño y mi padre por el culo, haciendo un bocadillo con ella en el medio… Ufff
Aunque, como teníamos pensado, también haríamos trios con mi madre y mi otra abuela, en realidad, el trío que hicimos con la madre de mi padre, para ella era el que más morbo tenia, porque tenía dentro de su cuerpo el pene de su hijo y el de su nieto y eso es lo máximo a lo que una mujer puede aspirar en el ámbito del incesto.
Y ella lo disfrutó como la fiera sexual que era, tal y como yo ya había comprobado, tenía un orgasmo continuo y nos pedía más y más, que le diéramos fuerte, que no pararamos.
Finalmente mi padre y yo nos corrimos casi a la vez y llenamo su cuerpo de semen.
Cuando nos separamos y nos tumbamos los tres en la cama, ella chorreaba semen por su coño y por su culo, con la cara de felicidad de quien había visto cumplida su más anhelada fantasía, ser follada por su hijo y por su nieto a la vez…
Cuando regresamos, mi padre y yo nos habíamos puesto de acuerdo en no decirles a nuestras otras dos mujeres lo del trío con su madre, para que no se mosquearan y así lo hicimos.
Luego, el viernes hicimos el trío con mi madre, penetrandola yo por el coño y mi padre por el culo.
Ver la cara de mi madre a pocos centímetros de la mía, con mi pene clavado en su coño y el de mi padre en su culo, es algo que jamás podré olvidar.
Si cara era de vicio, le gustaba lo que le estábamos haciendo, lo estaba disfrutando y su cara lo reflejaba.
Mi padre se corrió el primero y mi madre al sentir el calor del semen de su marido inundando sus tripas, se lanzó a comerme la boca y los dos estallamos en un intenso orgasmo y empezamos a corrernos a la vez, mientras devorabamos nuestras lenguas… Uffff
Al día siguiente hicimos el trío con la madre de mi madre y yo volví a metersela por el coño y mi padre por el culo, ya habíamos cogido práctica y buena gana de cambiar.
Por supuesto, mi abuela también lo disfruto muchísimo, al igual que mi madre y la madre de mi padre.
Así las tres hembras de la familia ya habían tenido a los dos machos de la familia follandoselas a la vez.
Ni que decir tiene, que los trios se repitieron muchas más veces con las tres mujeres.
Yo, de vez en cuándo me iba con mi padre y nos follabamos a su madre, que no paraba hasta no dejarnos secos a los dos.
Era la más fiera de las tres, era dominante y insaciable.
Nosotros le metíamos nuestros penes, pero en realidad era ella la que nos follaba a nosotros.
La encantaba sentarse sobre el pene de uno de nosotros, mientras el otro se la metía por la boca y la follaba metiendosela hasta la garganta.
Es una auténtica fiera.
En nuestra casa, a mi padre le gustaba más follar con su suegra, supongo que porque se imaginaba que era como si follara con su madre, con lo que mi madre era para mi, cosa que tanto a ella como a mi, nos encantaba.
Nos acostabamos desnudo los dos y a mi me encantaba chupar sus tetas y pasar mi lengua por todo su cuerpo, tiene una piel tersa y suave, su cuello, sus tetas, su vientre liso y por supuesto sus muslos, su culo y terminar comiéndome su coño, hasta que se corre en mi boca…
Me la he follado en todas las posiciones que se nos ocurren, por el coño, por el culo y por la boca.
Ella adopta el papel de sumisa y me deja hacer con su cuerpo todo lo que quiera, para ella yo soy el macho dominante y ella mi hembra.
La encanta que la diga… mamá, cuando follamos viéndonos las caras y ella decirme a mi… hijo, como si no quisiera perder la noción de que con quien esta follando es con su hijo.
Y, por supuesto, también le encanta que le diga que la estoy embarazando, cuando me corro y estamos viéndonos las caras, esto se ha convertido en una auténtica obsesión para ella, hasta el punto de estar considerando la posibilidad de dejar de cuidarse, que la embarace de verdad y tener un hijo mio.
En esto, mi padre le ha dicho que el aceptará lo que ella decida y yo le he dicho lo mismo, que si ella al final se decide, qué yo estaré encantado de preñarla y que me dé un hermanito o hermanita.
Y así están las cosas en mi familia, una familia incestuosa por los cuatro costados, pero muy feliz y esperando la llegada de un nuevo miembro.
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