Jamás me llegué a imaginar, que esa adolescente, de pecas y coletas, con apariencia tierna, iba a ser un volcán de sensualidad y pasión a flor de piel...
Esta es la historia de una seducción distinta. Al principio hubo un flechazo entre ambos y el sexo fue lo que los unió salvajemente. Pero luego aprendieron a compartir otras cosas y lograron un equilibrio entre ellos que les brindó la felicidad a ambos!!!
Ser hermanos mellizos con una preciosa princesa, pero separados por circunstancias del destino, nos hizo entender que somos unidos desde el vientre de nuestra madre y seguiremos unidos por el inmenso amor que nos tenemos, y que traspasa las fronteras de los parámetros de un sociedad retrógrada.
Jacob seguía teniendo problemas con su miembro debido a la receta de hormonas que le habían recetado, pero su madre, que tenía algunas dudas, seguía ayudándolo.
Ahí fue donde vi una oportunidad única en la vida de poder tocar ese trasero que me volvía loco. Pasando aproximadamente unos 40 minutos entre estar limpiando y jugando a darnos de nalgadas, pasamos a sólo estar jugando
Mientras gritaba durante el orgasmo, sentía mi glande volverse cada vez más sensible, hasta que sus contracciones vaginales eran agonizantes. Aun así, seguía saliendo más eyaculado de mis testículos, y me condenarían si me retiraba antes de que cayera la última gota.
Nuestra pasión creció lentamente hasta un punto álgido. Jill me rodeó con sus piernas y me agarró los hombros con sus manos. Me abalancé sobre ella como un martillo neumático, dejando que mi circunferencia venosa rozara su punto G mientras jugaba con su clítoris con mi mano. Nos corrimos juntos.
El gesto fue en vano. El movimiento llamó la atención de Chloe. La observé mientras pasaba la mirada de la pierna de su hermana a mis pantalones, cada vez más ajustados, y luego se lamió los labios y retiró la pierna de Eve para que quedara sobre mi polla. Dejando claro que sabía lo que hacía.
Mi semen salpicó en el coño de mi hermana, pintando su interior mientras me presionaba contra la entrada de su útero. Después de asegurarme de que toda mi semilla había sido depositada dentro de ella, saqué mi polla gastada de su coño. El líquido se derramó y cayó al suelo.
De repente, al retirar mi polla, vi sus manos. Estaban entre sus piernas, bajo su tanga de encaje, frotando su clítoris lo más rápido que podían. Esto me llevó al límite. Inclinando mis caderas hacia adelante, atrapé su cabeza entre mi pelvis y el colchón. Gemí cuando mis bolas presionaron.
El tiempo, ese implacable cincel, había esculpido a Lupita. Ya no era la niña frágil que dominé en el sótano de Colima. A sus 33 años, poseía una madurez que irradiaba sensualidad, una belleza curvada por la vida que palpitaba con una fuerza propia.
Días en el Paraíso. Por fin estábamos completamente solos, en un hotel y apenas habíamos pasado la primera de nuestras 3 noches. Resulta que mi hermanita tiene una imaginación muy activa.
Luego de sufrir varias cosas negativas en mi vida como perder mi empleo, mi novia me deja y la muerte de papá, por necesidad regrese al campo a la casa de mamá para algo de consuelo, pero parece fue mas que eso
Jacob, un joven con problemas de crecimiento, acude con su madre a un centro médico donde le recetan unas hormonas un poco curiosas. Lo demás es historia.
Mi mamá tenía 35 años, era de tez morena. Nunca había imaginado cosas malas con ella, pero a esa edad algo comenzó a cambiar. La empecé a ver como mujer, tenía unas nalgas muy apetecibles, no eran extremadamente grandes, pero eran espectaculares, unos senos pequeños, y una cara como dirían mis amigos de puta.