Una noche sofocante. Marta, la madre, usa un juego de "verdad o reto" para erosionar los límites. Preguntas picantes, retos con toques íntimos. Bajo su guía, en la cama matrimonial, guía la mano de su esposo Héctor hacia el cuerpo desnudo de su hija Valeria y une sus bocas en un beso lésbico.
Después de tanto extremo, hubo un regreso a algo que pretendía ser íntimo, pero que ya estaba corrupto para siempre. Hablamos. No hubo perdón, solo un reconocimiento mutuo de lo que habíamos hecho. De lo que éramos ahora.
Las secuelas. Una depresión profunda de su parte, pero también una extraña liberación. Ya no había máscara que poner. Mi deseo se volvió técnico, obsesivo. Quería conocer los límites físicos de su cuerpo, empujarlos.
El abismo. La idea de compartirla nació de un deseo retorcido: verla siendo usada por otros para reafirmar que, al final, era mía. Convencí a Marco y Diego. Se lo presentó como un “juego extremo”. La negociación fue sucia: usé la grabación, su miedo al escándalo, y también el dinero (ellos pagarían)
Los roles se invirtieron. Yo era quien decidió. Empecé a elegir su lencería, a marcar sus salidas. Hablábamos de fetiches con una crudeza clínica. Introduce juguetes en nuestra dinámica.
La nueva y envenenada normalidad. Las conversaciones se volvieron un campo minado. Yo empezaba a hacer preguntas sobre su “trabajo”, pidiendo detalles sórdidos. Era un juego cruel, y ella intentaba poner límites con una voz que ya no tenía convicción. Su cuerpo me había dado la razón.
Les presento mi mundo. La infancia de silencios incómodos y ausencias nocturnas. Los primeros indicios: espiarla salir de la ducha, robar su ropa interior usada, la tensión eléctrica que llenaba el aire cuando, ya viviendo solos como adultos, nos cruzábamos en poca ropa.
Después de 10 años con mi novia, me cogí salvajemente a su hermana mayor y más rica (Carla) en la fiesta familiar, mientras todos dormían. Una noche prohibida y caliente que no vamos a parar.
Mi prima de 7 años por parte de papá me enseña el juego de papás y mamás, a mí una nena de 6 años que más adelante pondrá a jugar a todas sus primas y amigas menores a no parar de jugarlo.
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