La infancia de mi hermanita menor que yo y la mía fue fantástica. Siempre unidos en todo, en juegos, en ser los más consentidos por ser los más chicos y jugamos a todo, incluyendo mi pene, desde esos años aun muy chico, ella hacía se me pusiera erecto y sentia mucho placer con ella.
Mi hermana menor, siempre hemos vivido toda nuestra vida muy unidos hasta que se casó. Toda nuestra infancia, nuestros juegos incluyen ella jugara con mi pene, y eso se me quedó para siempre y fue en la Universidad cuando ambos lo retomamos de nuevo lo que hacíamos de niños.
Este es el segundo encuentro que tuve con mi sobrina, unos meses después de haber ocurrido lo anterior descrito, ya que había pasado eso entre mi sobrina y yo, me asustaba la idea de que ella le dijera a mi hermana, pero pasaron las semanas, dos para ser exactos, y no ocurría nada pensé que lo que había ocurrido era pasajero
Ella es la típica morena pequeñita y delgada pero bien proporcionada capaz de hacer perder la cabeza a cualquiera y a la que mirarías con lujuria siempre y cuando no fuese tu prima, que es exactamente lo que es para mí.
Aquí estoy de nuevo después de algo de tiempo, lo que les voy a contar es algo que sucedió hace un mes aproximadamente, cuando en las vacaciones vino a visitarnos a la casa, un amigo mío procedente del estado de Monterrey y tuve la oportunidad de ver de nuevo a mi madre cogiendo como una perra.
Desde siempre he tenido una rara afición al sexo, y no me refiero a las relaciones naturales entre hombre y mujer, sino a aquellas que se producen entre los miembros de una misma familia, sin salir de casa.
Llegué a creer que lo que pasó con Javier no me había afectado, pero allí estaba yo, una madre deseando a su hijo por ser justamente eso, su hijo. Diana una buena madre.
Descubre la intensa y provocativa historia entre David y su hermana Lorena. Una noche solitaria se convierte en un encuentro inesperado y lleno de pasión. Acompáñanos en esta primera parte de un relato erótico que te dejará deseando más. Advertencia: contenido explícito.
A partir de ese momento empecé a observar lo que hacían mis padres todas las noches, follaban a veces en el sofá en la cocina donde quisieran siempre esperaban que me durmiera (y yo me hacía la dormida cada día ) cuando creían que me había dormido empezaban sus juegos.
Fueron encuentros llenos de excitación y erotismo en los cuales se entendieron y se disfrutaron total y gratificantemente, por lo que decidieron incluir en un viaje muy especial a esta servidora, que, de alguna manera, intercedió (gozando sin parar, primero, de la enorme verga de mi sobrino por todos mi agujeros y luego del delicioso coño de mi hermana) para acercarlos aún más.
A pesar de que esta historia no me pertenece sino que me fue contada por un amigo, está muy interesante para leerla, ya que según él, es verdadera. Espero que les guste.
Yo no hacia nada mas que mirarle las tetas, eso si disimuladamente, ella tenía una camiseta bastante ajustada, y un poco transparente, además tenía unos pantalones ajustados por lo cual se le notaba el tanga y me ponía a cien solo con mirarla, el caso es que me parecía raro que mi tía fuese ese día así vestida porque no suele ir de ese modo, pero en cualquier caso se lo agradecí, porque alegraba la vista.
Marcela es mi prima. La menor. ¿Cómo describirla? La regalona, la caprichosa, la consentida. La más linda. Claro que en realidad estos son recuerdos, porque hace 20 años que no nos vemos. El derrotero de mi vida se fue alejando de la familia y en las pocas ocasiones que visité la vieja casa familiar, ella no estaba.