Siempre quise descubrir que escondía mi suegra bajo su ropa, pero nunca pasó más allá de llegar a oler su ropa interior o morbosearla a través de su pijama y cosas de ese estilo hasta el día que les contaré como primera entrega en este relato que espero les caliente leerlo tanto como a mí
¡Hola a todos! Mi nombre es Esteban, nací y vivo en Madrid, tengo 26 años de edad, habiendo nacido en el mes de noviembre del año 1994, y soy en extremo morboso, lascivo, concupiscente, lujurioso, libidinoso, fetichista, parafílico, guarro, cachondo, caliente, bizarro, sexoadicto, obsesivo, impulsivo.
Isabel giró la cabeza para buscar los labios de su vástago, encontrándolos en un beso desesperado que sabía a rendición. Sus manos buscaron las de su hijo, guiándolas hacia adelante para que él pudiera estrujar sus pechos grandes mientras seguía castigando su trasero con ese roce rítmico y obsceno de
Estábamos los justos, Luis, Eloísa, Amparo, Nina, Maite, Olga, Alicia y yo.
-Luis. -Pues si ya estamos todos —se le notaba algo incomodo al encontrarse a Amparo— me gustaría…
-Calla PERRO, aquí el único que habla soy yo…
Así terminó el último capítulo…
Un hombre de 27 años relata cómo, tras meses sin contacto, volvió a comunicarse con su prima —una mujer casada con hijos que se había mudado por problemas personales— a través de TikTok. La conversación fue aumentando en confianza y tono íntimo, aprovechando que ella se sentía sola
Sin pedir permiso, Isabel se acercó y, en lugar de sentarse en la silla de al lado, se acomodó directamente sobre el regazo de Mateo. El joven sintió el peso delicioso de su madre y el calor de su piel a través de la delgada tela del vestido.
. ¿crees que eso te motivaría lo suficiente para ser el mejor de tu clase?
Mateo sintió que el aire le faltaba. La sola idea de que su madre, la mujer más imponente y hermosa que conocía, fuera su guía, hizo que su pulso se disparara.
—Sí, mamá... te juro que haría lo que fuera
Bailo con mi madre en la cocina y ella se contonea meciendo el trasero mientras yo empujo las caderas con disimulo restregando mi verga contra su culo.
Siente el calor de cada agujero, hijo. Siente mi suciedad apretando tu carne —jadeó ella, intensificando el movimiento. Sus grandes nalgas se movían voluptuosamente sobre la piel del joven, apretando su abdomen.
Hay momentos en la vida en los que reencontrarse con la persona adecuada supone más un tormento que una bendición, a pesar de que después de la tempestad, siempre llegue la calma.
- ¿Qué tomas? A mí no me hace falta pedir, ya saben lo que quiero.
-Alicia. -Pídeme un té verde, ¿de verdad no te acuerdas de mí?, jajajaja, porque yo de Sire Leo si…
En ese momento…
Así terminó el último capítulo…