Capítulo 2

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Habían pasado unos días, y mi padre, curiosamente, no se había negado a dejarme hacer nada. Se sentía enormemente culpable. Para mí… Honestamente, sabía que era raro, y que había sido bastante brutal, pero ¿qué queréis que os diga? En última instancia, me había corrido brutalmente, había disfrutado y ahora, de repente, hacía lo que me daba la gana y tenía una información valiosísima. Mi poder había crecido tanto que no veía otra cosa.

Ese verano aún ninguna de mis amigas tenía coche ni carnet, claro. Y estuvimos viendo en internet una playa alicantina que, para nosotras, era el paraíso en la tierra. Todas las discotecas quedaban cerca y sabíamos que se montaba una gran fiesta de manera regular. Éramos jóvenes e inexpertas, así que se convirtió en una obsesión.

Intenté probar hasta dónde llegaba mi poder. Esperé a que mi padre se quedase sólo en casa, algo que pasaba, al menos un rato, casi cada día. Normalmente era por la tarde, cuando mi madre sacaba a mi hermana pequeña de paseo. A él no le pasó del todo desapercibida la maniobra.

La casa estaba en silencio, excepto por el suave murmullo de la televisión en el salón. Decidí ir fuerte, y me puse el tanga del bikini del día anterior, con un pareo… pero sin nada arriba. Sin rodeos. Salí de la habitación y pasé por la puerta del salón, muy despacito, para que me viese de camino a la cocina. Tonteé un rato en la cocina y volví enseguida.

Cuando me vio aparecer por la puerta del salón, me miró, pero giró la cabeza de nuevo hacia la televisión.

Me senté junto a él.

  • ¿Qué ves? – Pregunté.
  • Nada – respondió, seco.
  • ¿Estás enfadado? – Dije, recostando mi cabeza en su hombro. Vi cómo miraba de reojo mis tetas.
  • No, hija. – Respondió de nuevo.
  • Jaja! ¡Sí estás enfadado! Bueno… O te sientes culpable… – Eso le aflojó, porque ese era su problema. Me convenía tocar el detalle, pero no incidir mucho. – ¡Oye! Laura y yo hemos encontrado una playa guay a la que queremos ir el finde, pero está en Alicante. ¿Tú nos llevarías y nos recogerías?

Se envaró, suspiró y me miró. Parecía evaluar mi tono, y respondió pronto.

  • Está muy lejos y no es buena idea. – Respondió, impacientándose y apagando la televisión, en la esquina. Le miré en el gran espejo de cuerpo entero en el que el otro día se reflejó nuestra primera escena y le hablé mirándolo a través de él.
  • Anda… Lo que quieres es que no me vean… Con el tanga…
  • No, María, no es eso – Ante esa acusación se acobardó un poco.
  • Sí papi… Quieres que no me vean las tetas – Dije, llevando la mano a su pecho y haciendo botar mis tetas más cerca de su cara.
  • ¡A ver, María! – Levantó un poco la voz y me miró directamente a los ojos. – No es eso. No me gusta que salgas como un pendón, pero esto está lejos y no puedes quedarte un fin de semana sola por ahí. Eres muy joven… – Al decir eso deceleró.
  • Jo papi… ¿Soy joven para irme de fiesta un fin de semana? – Apreté su pecho y miré su pantalón. Su polla estaba ya gorda y se notaba bajo un pantalón de tela de estar por casa. – Pero no soy joven para chupar pollas…
  • Para, por favor… ¡que pares, María!…
  • Ahora no quiere papi… ¿no quiere papi?… – le palpé el bulto en el pantalón – ¿No quiere que le cuente a nadie lo que hizo el otro día? Me llenó la boca de polla… Y me llamó cerda… Y se…
  • María, eso fue un error. Y me estabas retando, lo sabes. – Dijo, con leve convicción y sin apartarme la mano.
  • Oohh.. Yo creo que papi sí me va a llevar… – Le reté – ¿Es que no me quieres?
  • Claro que te quiero, pero para. – Decía “para”, pero no me quitaba la mano.
  • Seguro que me llevas… Nos puedes llevar a Laura y a mí durante horas en el coche… Puedo comérmela para ti… Seguro que quieres follarnos.
  • María, para… – Siguió protestando.

Estaba resistiendo, y, aunque yo ya venía cachonda, tenía que apurar la apuesta y no olvidarme del objetivo. Decidí subirla bien fuerte.

  • Si me llevas… Pues… no le digo nada a mamá, ni a nadie… – Me miró con los ojos abiertos de par en par, y noté cómo empezaba a enfurecerse. Pero no me acobardé y metí la mano en su pantalón, agarrándole la polla. Buff… Se me hacía la boca agua de recordar el otro día -… Y además jugamos… Con tu polla… Y me fuerzas otra vez… Buff papi… Seguro que me quieres follar la boca otra vez…
  • Hija, para – Dijo “Hija”, y no “María – !Para! – De repente se enojó de nuevo.
  • Uuuyyy sí… Se enfada mi papi… Me quiere azotar papi?… – Dije, frotándosela más fuerte y sacando la lengua, bien pegada a él.
  • Joder hija…

Busqué su boca mientras le sacaba la polla del pantalón, y le di un lametón. No apartó la cara, sólo cerró los ojos. Me puse de rodillas, con la cabeza apoyada en su cuello y mi manita pajeándolo, mientras me tiraba del pareo hacia abajo con la otra mano.

  • ¿Qué quieres a cambio papi? ¿Me quieres follar la boca otra vez? ¿Ehh? Síí… Papi quiere correrse en mi boquita…
  • María, para… Eres muy puta…. Soy tu padre… – Protestó, de nuevo, aún con menos sentido. Su expresión variaba entre el abandono a las sensaciones de su rabo y el cabreo. – Vio que me bajaba el pareo y el tanga con una mano, bajándolos hasta mis rodillas.

Le veía empezar a ceder, y su polla se hinchaba en mi mano.

  • ¿Que quiere papi a cambio? ¿Quiere follarse a la puta de su niña?… ¿Quiere vaciar los huevos? Los huevos de papi…

Mi propia excitación iba en aumento, pero necesitaba sacarle el trato.

  • Papi, llévanos… Y te dejaré que me folles delante de ella… Seguro que quiere que te la chupemos entre las dos… – Miré al espejo frente al sofá, mientras acariciaba su polla y buscaba sus huevos. – Y no diré nada… Sólo le vaciaré los huevos a mi papi…
  • Joder, pero que zorra eres, niña – Dijo, y pensé, “ya es mío”.

Entonces, no aguantó más. Cogió mi cabeza con la mano izquierda, pegándola a su pecho. Con la otra, tiró de mi cadera hasta dejarme tumbada de lado, echada sobre un costado y apoyada sobre él. De repente mi precioso cuerpo estaba completamente visible en el espejo en un plano increíble. Mi padre sentado en el sofá, sosteniendo mi cabeza mientras se reclinaba hacia atrás, acercando su pedazo de rabo con ello a mi boca. Con la otra mano me empezó a estrujar las tetas. Y, cuando tuvo el cuerpo suficientemente reclinado, con mi cabeza ya a escasos centímetros de su capullo, apoyada en su barriga, me metió su capullo en la boca, mientras sujetaba mi frente. Podía verme en el espejo, como una puta espectacular, y él me estaba mirando. A la cara, a través del espejo, mientras empezaba a tragar su rabo.

  • Gloglogloglo… GLOPGLOPGLOP…
  • Mmmm… que boca de guarra tienes, hija… – Apretó mi cabeza para introducir la mitad de su polla en mi boca – … Seguro que vas a la fiesta a que te follen, ¿verdad? – glop, glop, glop, sonaba – A chupar pollas así, y abrir la boca como el otro día, ¿verdad?! Buff… Que boca…
  • GLOPGLOPGLOPGGGGOGOGOGOGGGGGG… ¡glog! – Aceleró la follada y apretó.
  • Eres una puta y hay que tratarte como una puta… bufff… Toma puta…

De repente, paró. Me apartó y se levantó. Me quedé babeando, con la mano ya metida entre mis piernas, tumbada de costado contra el respaldo del sofá, con el pareo y el tanga por las rodillas.

  • ¿Ves? Me descontrolas. ¡Me estabas buscando!

Le observé con una enorme sensación de victoria. Me recliné en el enorme sofá y abrí las piernas,acabando de sacarme el pareo y el tanga. Escupí las babas entre mis tetas y las llevé con la mano a frotar mi coño con ellas. Le veía delante de mí, de pie, pero sabía que ya estaba rendido.

  • Me vas a llevar… Y me quieres follar cabrón… – Sonreí. Lo cierto es que mi coño estaba ardiendo. Podría haberme corrido como el otro día, con su polla en la boca, incluso sin los azotes. – Me vas a follar y me… ahhh… – Metí dos dedos en mi coño y aceleré mi paja – … Me vas a llevar porque nos quieres follar a las dos…

Me miró fijamente. Miró mi coño.

  • ¡Joder! – exclamó.

Se abalanzó sobre el sofá de nuevo, cogiéndome del brazo para acabar de tumbarme boca arriba. Me observó. Mi coño palpitaba de excitación y victoria. Por un microsegundo pensé que era la primera de muchas ocasiones en las que iba a conseguir lo que me propusiese. Me interrumpió bajándose el pantalón y dejando salir ese monstruo que me llenó la boca de leche.

  • ¿Qué quieres? ¿Que te folle? O vas a ir a buscar rabo a la calle, ¿verdad? – Dijo, mientras se inclinaba ante mí y me separaba las piernas.
  • A la pla-yaaaahhh – exclamé cuando su polla me enfiló y empezó a entrar. – Sí…métemela… Voy a buscar rabo en la playa… Y mi papi… Mee… AAddiosss… Mi papi me va a llevarr… – empujé con las caderas y puse mis manos en su culo para atraerle y que me la metiese completa. Lo entendió y se clavó hasta el fondo, deteniéndose por un momento, con un gruñido profundo. Giré la cabeza para mirar la escena en el espejo, con mi padre entre las piernas, dando el siguiente paso y listo para dejarme bien follada y ponerse a mis órdenes más aún. Me vio mirarnos en el espejo.
  • Sólo quieres hacer… lo que te dé la ganaaahh – No iba a permitir el raciocinio, así que le hice gemir apretándole por dentro. Se la chupé con el coño, vamos, pulsando los músculos para ordeñarle. De inmediato reaccionó y empezó a bombearme más fuerte. Le sentía en el fondo, abriéndome más y más las entrañas a cada embestida.
  • Aahh.. Síí… Soy una puta desobediente… dame, dameee… dame máas, métemela entera… rómpeme, párteme en dos… oooohh sí papiii… dale a tu perra papi…
  • Eres la zorrita de papi… – dijo, metiéndome los dedos en la boca – … Eres una puta sucia…
  • Sí papi, tu perrita, tu zorrita consentida… Para vaciarte los huevos… Mejor que mami, ¿verdad?… Síí… Papi quiere follarse a la zorrita… – Aceleré las suciedades al ritmo al que se acercaba mi orgasmo, pero también sacándolo a él y no dejando que bajase el ritmo. – La zorrita quiere más lechita…
  • Dios que puta eres hija… buuff, ya no aguanto más… me corro… Me corro, voy a correrme en tu c… – Hizo amago de separarse y le interrumpí agarrándolo con las dos piernas y agarrándome a su cuello.
  • Nooo… Dame la leche, córrete papi, dame tu leche, la quiero toda yaaaa… Lléname de semen papí, fóllame entera, córrete en mi conejo… – Y, diciendo esto, me empecé a correr yo misma, para que lo notase. Al sentir mi corrida sobre su polla no pudo más, y empezó a bombear muy duro, profundo, cada vez más fuerte… Y casi de inmediato soltó una enorme corrida, tan fuerte que la noté incluso mientras yo seguía eyaculando… y siguió bramando mientras me rellenaba el coño de leche, igual que hace pocos días se había derramado en mi boca y mi garganta.

Le agarré la cabeza y le metí la lengua en la boca, morreándolo mientras mi corrida seguía mojándole y su polla acabababa de palpitar en mi interior. Se quedó parado unos segundos, salió de mí y se incorporó, apoyándose de lado en el respaldo del sofá.

  • Papi – dije, aún con la respiración entrecortada – ¿Salimos el viernes después de comer?

Él me miró un momento, dándose cuenta realmente de lo que acababa de pasar. Se le puso un cierto rictus de enfado, pero desapareció en menos de un segundo. Su respuesta no dejó lugar a dudas de mi absoluta victoria.

  • A las cuatro de la tarde. ¿Qué decías de tu amiga Laura?

Continuará

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