Buenas noches, mi nombre es Alejo y para mis amigos y amigas soy El Negro.

Para aquellos que hayan leído alguno de mis relatos anteriores, soy un adicto a las maduritas desde que tengo uso de razón, pero no por ello dejo de lado al resto de las mujeres.

Creo que alguna vez lo he dicho, soy argentino, ex docente (ya jubilado), bastante observador y mis relatos son algunos reales y otros no tanto. Dicho esto, vamos a la historia.

Argentina es un país de modas: y por modas debe entenderse no solo indumentaria, comidas, también tatuajes y por qué no parejas.

Las mujeres de hoy, cuando se separan o divorcian (no pienso hacer menciones a las razones) entran en dos opciones muy claras: a) quieren ser tratadas como MILFs o b) simplemente creen que ya no están en condiciones de tener nuevas parejas.

Con los hombres pasa algo similar: van a gimnasios (quieren tener físicos que jamás lograron de jóvenes), se visten como si tuviesen 20 años menos, llegando al borde de la ridiculez o engordan como si la vida les fuera en ello.

Lo malo de estas dos situaciones es que hay mujeres cuyas nuevas parejas podrían ser sus hijos y casualmente tienen hijas que podrían ser las parejas de sus conquistas. En cuanto a los hombres, pasa algo exactamente igual: las madrastras son contemporáneas de sus hijos e hijas, comparten gustos musicales, antros a los que suelen concurrir y hasta vestimenta.

Morena y Rodolfo se divorciaron tras 25 años de matrimonio: Morena tiene 43 años y Rodolfo 46. Obvio se casaron muy jóvenes y se perdieron de disfrutar de momentos propios de su juventud. Tienen dos hijos: Lorena de 21 años y Jerónimo de 24.

Morena empezó a frecuentar gimnasios para verse más joven y vital, para ello se apuntó al mismo que su hija. Con dietas y rutinas exigentes, recuperó buena parte de su figura, a tal punto que los amigos de su hija se deshacían en comentarios respecto a la madre de Lorena. Poco tiempo pasó para que Morena empezara a salir de marcha y coincidiera en algún antro con la hija.

Rodolfo cambió todo su outfit y se propuso conquistar a alguna joven que le brindara lo que su ex ya no le proporcionaba. Siempre se cuidó físicamente y eso contribuyó a ponerlo en el lote de los maduros apetecibles: buenos ingresos, un pasar económico interesante y buena posición social.

A principios de 2025, ambos informaron a sus hijos que estaban en una relación incipiente: la pareja de Morena tenía 30 años y la de Rodolfo 29.

Ver a sus progenitores con parejas que tranquilamente podrían ser las suyas, inquietó a ambos hijos.

En Mayo, Morena viajó con su pareja una semana a Brasil y en Junio algo similar sucedió con Rodolfo y la suya, rumbo a Machu Pichu.

Por entonces, Lorena y Jerónimo se juntaron en una reunión e intercambiaron opiniones de sus padres y sus nuevas parejas.

Lorena: esa perra le está sacando guita a papá.

Jerónimo: y el musculoso está viviendo a costillas de mamá.

Lorena: ¿qué hacemos?

Jerónimo: yo la voy a apurar a la minita, seguro que está por plata y nada más.

Lorena: creo que pasa lo mismo. Cuando se quede en casa, me voy a pasear medio en bolas a ver qué hace.

El plan estaba preparado y ambos pensaban llevarlo adelante, sin miramientos.

El primer martes de Septiembre, Morena avisó que su pareja se mudaría a la casa, cosa que favorecía los planes y días después, Rodolfo comunicó que se mudaría con su pareja a una casa de las afueras de la ciudad. Ambos hijos tomaron parte de la decisión: ella iría con su madre y él con el padre.

Ver a su madre convivir con Pablo, notar que compartían habitación y que aprovechaban cualquier momento para revolcarse, aceleró los planes de Lorena: utilizaba el living para completar sus rutinas de ejercicios físicos apenas vestida con mallas ajustadísimas, y en posiciones que levantarían un muerto de su tumba. Pablo se deshacía en elogios y vivía empalmado de verla elongar y como se metía la malla en el culo de la joven, incluso le soltó más de un piropo algo subido de tono cuando la tanga se incrustaba entre las nalgas y marcaba en exceso los labios vaginales. No había dudas, el tipo estaba ahí por el dinero que la madre aportaba además de satisfacerlo completamente en la cama, pero ella quería tener pruebas concretas para restregárselas a su madre.

Jerónimo era un poco más cortado, por lo que necesitaba alguna muestra para avanzar, y el destino le jugó una carta inesperada: en un accidente casero, Mayra (la pareja de su padre) tuvo una fractura en una pierna, por lo que hubo yeso, reposo y debió colaborar con el cuidado de ella. Mientras su padre trabajaba, él era el encargado de trasladarla de un lado a otro de la casa, ayudarla con la higiene (no la más íntima), pero tenía acceso a tocarla, cargarla y deslizar las manos con un poco más de lo pensado. Una tarde, mientras acomodaba almohadas en un sillón para llevarla al living, se le ocurrió que podría ubicarla en una pose más osada, y aprovechando que ella solo vestía una remera larga como camisón, se ubicó frente a ella que con las piernas abiertas le exhibía la mínima tanga que cubría su sexo: sin descaro dirigió la mirada a la zona y allí se produjo el click que esperaba.

Mayra: ¡¡cómo te gusta mirarme!! Ya no te alcanza con manosearme mientras me traes al sillón o me acomodas en la cama

Jerónimo: estás muy fuerte, si no lo hiciera sería trolo.

Mayra: ¡¡guau!! Qué confesiones, ¿te gusta lo que ves?

Trató de moverse un poco para dejar totalmente visibles sus piernas y algo más de la pequeñísima tanga blanca.

Jerónimo: si no fueses la mina de mi viejo, te encaraba y te haría revolcarte hasta que te quedaras sin fuerzas

Mayra: ¡¡Miralo vos al nene!! Quizá me ayudes a sacarme las ganas que tu padre no logra calmar.

La mujer había “pisado el palito”, pero no era el momento todavía, solo se conformó con robarle un beso y darle una buena magreada a las tetas. Se retiró mostrándole su erección, que masajeo descaradamente.

Mañana prepararía el terreno y se la movería en la cama, ya que su padre estaba a punto de llegar. Ella se mordió los labios y quedó caliente, calentura que apenas pudo mitigar Rodolfo mientras su hijo los dejaba a solas.

Salió a la calle, tomó el celular y llamó a su hermana. “La tengo en bandeja, mordió el anzuelo la putarraca” le dijo y ella le contó que algo similar sucedía en la casa: “hoy quiso tocarme el culo cuando estaba elongando. Mamá mañana tiene cita con el abogado a la mañana, ahí lo voy a avanzar. Cuando te llame, grabá la llamada y tendremos las pruebas” dijo antes de cortar.

La noche fue tensa para los hermanos, casi no pudieron dormir mientras preparaban sus venganzas.

Jerónimo aprontó su celular para filmar su revolcada con Mayra y Lorena compró material para cuidarse si Pablo no le daba tiempo a utilizar precauciones.

Amanecía el miércoles cuando Jerónimo sintió la ducha del baño: obviamente Rodolfo ayudaba a Mayra a bañarse después de una noche con algo de sexo, tanto como la situación les permitía. Escuchó cómo le ayudaba a depilarse la zona vaginal “¡¡Qué linda te queda la zorrita depilada!! No dan ganas de irse a trabajar, más bien de quedarse a mamarla como se lo merece” era la voz de su padre. “Quizá esta noche, si es que tu hijo se va de ronda. Tenemos que buscar la mejor posición para que me comas la almejita caliente” le respondió ella acariciándosela plenamente antes de que la puerta del baño se abriera y la llevara hasta la cama.

La dejó en el lecho, fue a la cocina por un desayuno rápido y volvió a la habitación a despedirse: “Vuelvo tarde, hacé que nos deje solos, ¿ok?” dijo antes de salir rumbo a la puerta principal.

Jerónimo sabía que ya tenía el camino libre, pero demoró bastante más en levantarse de la cama, quería asegurarse que Rodolfo no regresaba antes de poner en marcha su plan con la hembrita del padre.

En la otra punta de la ciudad, Lorena, Morena y Pablo desayunaban en la cocina. Lorena ya vestía su típica malla de gimnasia, Morena un vestido bastante ajustado y traslúcido que dejaba ver el brassier blanco y algo más protegido el hilo dental que se perdía entre sus nalgas. Pablo solo utilizaba un short deportivo. Lorena fue la primera en abandonar la mesa familiar y se dirigió al living, encendió el computador conectado a la tv e inició los primeros movimientos de su clase de gimnasia.

Cuando quedaron solos en la cocina, Pablo se lanzó sobre Morena y le comió la boca mientras sus manos se desplazaban por todo su cuerpo. “Tranquilo Pablin, la nena está ahí y si me calentás mucho no querré irme” le dijo mientras le masajeaba la verga que se hinchaba más y más. Él se puso de pie, se aproximó a la puerta de la cocina, observó que Lorena estaba muy concentrada en sus movimientos, volvió a la cocina, cerró la puerta, bajó el short y su verga surgió enérgica. Al verla, Morena apartó la taza y se aferró a ella para llevarla a su boca y propinarle una mamada de campeonato. Ella engullía la barra de carne mientras recibía apretones en las tetas que se acompasaban con los chupones, Pablo no soportó mucho y le llenó la boca de leche que ella tragó golosa.

Algo más calmados, levantaron los trastos y mientras Morena lavaba las tazas, él se aproximó por detrás y levantando la parte posterior del vestido hizo resbalar la verga entre los cachetes del culo, hasta provocar humedad en los labios vaginales de ella. “No seas guacho, me tengo que ir…” dijo entre gemidos. Se despegó de él, lo besó y acomodando su ropa salió de la cocina. Como pudo, Pablo acomodó su verga en el short y se fue a la habitación.

Apenas sintió la puerta de frente cerrarse, salió del cuarto y volvió al living donde Lorena estiraba su cuerpo, haciendo que su malla se internara en los cachetes del culo. Jamás había visto esa postura, pero no solo enterraba la prenda entre las nalgas, sino que marcaba terriblemente los labios vaginales de la joven. Podía apostar que había visto alguna mancha de humedad en la malla, la observó detalladamente y notó que estaba en lo cierto. Dudó unos instantes, pero su excitación pudo más.

Se acercó a Lorena por detrás, le afirmó la verga entre los cachetes de la cola y extendió sus manos para apoderarse de las pequeñas tetas.

Lorena: ¿qué haces boludo?

Pablo: disfrutar de ese cuerpo precioso que tenes turrita

Lorena: sos el macho de mi vieja, tarado

Pablo: ¿por qué no un dos por uno, yegüita?

Lorena extendió su mano derecha, accionó el teclado del teléfono y llamó a su hermano, este atendió y se quedó grabando el momento.

Lorena: ¿mi vieja no te deja satisfecho?

Pablo: coge como loca, pero me encantan las guachitas como vos

Lorena: dejala y quédate conmigo, yo te puedo domar y calmar

Pablo: pero vos no tenés guita, te mantienen como a mí

Lorena: cógeme bien cogida y vas a ver como consigo la plata

Pablo le bajó las ropas, la dejó desnuda de la cintura para abajo y la clavó en dos movimientos.

Lorena: que buena verga, que grande y calentita

Pablo: ya vas a ver cuándo te perfore el culo como a tu vieja y te lo llene de leche, vas a pedir por favor que siga.

Jerónimo no podía creer lo que estaba filmando, la hermana cogiendo como una puta, el macho de la madre confesando que lo hacía por plata y él calentándose con solo verlo. La imagen de su hermana clavada, gimiendo y gozando, y él con la verga a tope necesitado de donde enfundarla era demasiado. Dejó el celular sobre la mesa de luz, se puso algo de perfume, colocó la llave en la puerta de acceso con sólo una vuelta y se dirigió al cuarto donde estaba Mayra acostada.

Abrió la puerta, sin golpear. La halló desparramada en la cama, con una de sus manos entre las piernas, con las sábanas caídas en el suelo, tan solo cubierta por la tanga y el brassier.

Mayra: buenos días, al menos podrías golpear antes de entrar

La miró, se mordió los labios y se aproximó a la cama.

Jerónimo: vengo a cogerte, chuparte, mamarte cada centímetro del cuerpo

Mayra: ¿y si digo que no?

Jerónimo: no me importa, pienso violarte si es necesario.

Mayra: no tenés con qué, nenito

Jerónimo tiro hacia debajo de sus ropas y dejó liberada la verga, caliente, erguida, brillante de líquido pre seminal.

Mayra: a bueno… mirá lo que carga el nene de la casa

Jerónimo: ¿nene? Tu macho a partir de ahora.

Se dejó caer en la cama y aprovecho la poca movilidad que ella tenía para colarse entre las piernas, que ubicó rápidamente en sus hombros y sin darle tiempo a pensar, comenzó a comerle la concha: primero sobre la tela de la tanga y segundos después de correrla hacia un lado, directamente sobre a piel aún irritada por la depilación.

Ella trató de forcejear un poco, pero cuando la lengua a recorrió por toda la longitud de la raja, se entregó. Sentía el dolor de la pierna quebrada colgando, pero el placer que le daba esa lengua calmaba cualquier dolor. Después de sentir los dientes de él atrapando el clítoris, dejó de lado la lucha y se dedicó a gozar. Gemía como una loba en celo, se entregaba por completo y le dejaba hacer. Él acompañaba las lamidas con el ingreso de uno de sus dedos en el ano, que la llevaban a la cima del placer.

“Si hijito, cogete a mamita. Dale lo que papi no puede” le pedía entre gemidos y aullidos, perdió toda noción y se dedicó a satisfacerla a gusto. Notó como tensaba el cuerpo avisando de su orgasmo y quiso ser parte de ese momento. La acomodó y se la clavó sin delicadeza alguna, bombeando con fiereza, los gritos de ella llenaron la habitación al igual que él lo hacía con leche en el interior de su concha.

Se detuvo cuando ya no sintió más chorros salir de su verga. Ella temblaba y tenía sus ojos cerrados. Salió de su interior, se levantó de la cama y se fue en busca de su teléfono.

La imagen que le devolvió la pantalla era imponente, desde la concha de su hermana escurría semen y Pablo estaba a su lado, rendido.

Ambos habían consumado su venganza, pero él no tenía registro de lo logrado. Cortó la video llamada, y volvió al cuarto de su padre, ubicó el teléfono con la cámara apuntando a la hembra que aún no se había recuperado. Hizo foco en la concha palpitante y escurría su leche, Ubicó un par de almohadas bajo la cintura de Mayra y con la verga a media asta, volvió a embestirla.

Los líquidos ayudaban a la penetración, rápidamente la enfundó y volvió a sacudirla, hasta llegar a un segundo orgasmo. Solo en ese momento se retiró de su cuerpo inerte.

Se tendió junto a ella y descansó por varias horas. La filmación se abortó luego de un tiempo.

Cuando despertó, Mayra aún dormía plácidamente. Se retiró del cuarto y llamó a su hermana quien demoró en responder.

Lorena: ¿Filmaste todo?

Jerónimo: creo que sí, nos vemos esta tarde en el parque y vemos que quedó grabado, ok?

Lorena: perfecto.

Luego de despedirse de ella, se duchó y se preparó algo de comer. Ayudó a Mayra a asearse, momento que aprovecho para darle una buena sesión de manoseos y la dejó calentita para esperar a Rodolfo.

Eran las 5 de la tarde cuando se encontraron con Lorena. Se ubicaron en un banco alejado de los paseantes y observaron las filmaciones.

Lorena: guau… que puta es la mina, cómo se mueve y cómo disfruta de coger. Te felicito hermanito.

Buscaron el video de ella y se dedicaron a verlo detalladamente.

Jerónimo: veo que te divertiste bastante mientras te cogiste al boludo

Lorena: carga una buena verga, valió la pena, coge muy bien.

Jerónimo: ¡¡quién diría que tengo una hermana tan putita!!

Lorena: y yo un hermanito tan bien dotado y calentito.

Se miraron y rieron de sus dichos, ella notó que se mojaba y él que se le estaba parando. “Si no fueras mi hermano… te bajo la caña” le dijo ella “Y si no fuera mi hermana, te como la conchita hasta que te quede seca” le respondió él.

Lorena: ¿cuándo les mostramos los videos a los viejos?

Jerónimo: cuando quieras

Lorena: la verdad, me gustaría sacarle algo de ventaja a esto ¿dos polvos más y los mandamos al frente?

Jerónimo: el próximo fin de semana tiene que viajar a vender la casa de Mar del Plata

Lorena: ¿sugerencia?

Jerónimo: que se vayan solos y nos cogemos a los dos aprovechadores, ¿te va?

Lorena: hecho, vos trabajate a papá y la minita, yo lo hago con mamá y el turrito

Jerónimo: esta noche te paso el video así lo extorsionas

Cuando se fueron a despedir, ambos giraron la cara hacia el mismo lado y terminaron dándose un beso en los labios, como si fuese un error. Se miraron a los ojos y en esta segunda vez ya no fingieron, se comieron la boca. “Chau putita” le dijo él, “Chau semental” dijo ella y partieron cada uno a su casa.

El camino de retorno fue un cúmulo de ideas y pensamientos locos tanto de uno como del otro. Los videos de ambos, los besos de despedida, tanto que por la noche se llamaron.

Lorena: ¿qué pensas de lo que vimos y lo que hicimos?

Jerónimo: no sé, pero me calentó mucho verte coger y más el beso de despedida.

Lorena: a mí me pasó algo parecido. Verte la verga, ver cómo te la cogías, me calentó.

Jerónimo: esto es una locura

Lorena: si, pero me calienta.

Jerónimo: déjame pensar esta noche, mañana te cuento.

Lorena: dale, un beso y clávate una paja por mi

Jerónimo: lo mismo hacé vos.

Cortaron la llamada y se quedaron casi toda la noche pensando en lo sucedido. Tal como ambos lo habían dicho, se dedicaron pajas mutuas pensando en el otro: estaban al borde de la locura.

Pasó una semana, el lunes por la mañana, sorprendió a Jerónimo con una erección típica, algo dolorosa y muy importante. Pensó en observar si su padre ya se había ido al trabajo y de haberlo hecho, ir por un segundo encuentro con Mayra. Se levantó de la cama y antes de ingresar al baño, espió en la habitación de la pareja: estaba vacía y se oían voces provenientes de la cocina. Entró al baño, como pudo bajó la erección, y tras acicalarse fue al encuentro de la pareja, solo vestido con un bóxer y un short deportivo.

Rodolfo: buenos días Jero, ¿cómo estás? Tenemos algo que hablar

Mayra: Buen día Jero, hay un favor que debemos pedirte con tu padre.

Jerónimo: Papá, Mayra, buenos días. ¿Qué pasa?

Mientras se servía un café, escuchó lo que derrumbaba los planes que organizaba con su hermana.

Rodolfo: el próximo fin de semana largo tenemos la idea era ir a limpiar y ventilar la casa de Mar del Plata, la inmobiliaria quiere publicar la venta, pero con Mayra así no puedo viajar, además tengo un congreso de trabajo viernes y sábado.

Jerónimo: ¿qué tengo que ver con eso?

Rodolfo: quiero vayas vos, seguramente tu madre mandará a Lorena, ya que ella como socia de la empresa, también debe quedarse al congreso.

Jerónimo: no se te ocurrió pensar que podría tener planes ¿cierto?

Rodolfo: por la gestión, te pienso recompensar con un cambio de tu moto por un auto, si es que aceptás reemplazarme.

La propuesta le agradó a Jerónimo, aunque eso complicara un poco sus planes con Mayra.

Jerónimo: ¿y si Lorena no puede o no quiere ir?

Rodolfo: de eso se encargará tu madre.

Rodolfo se puso de pie, dejó su taza en el fregadero, se despidió de Mayra con un beso y tomando sus cosas partió rumbo a la empresa. “Cuando termine Mayra de desayunar, ayudale a llegar al living, que tiene algunas cositas que hacer” dijo Rodolfo antes de salir.

Mayra: bueno nenito, ya escuchaste a papi. ¿Me vas a ayudar?

Ella se sonrió, sabiendo que Jerónimo le daría un masaje cuando la cargara hasta el sillón del living. “Anoche, después de un buen polvo lo convencí a tu padre de pagarte la gestión. Además nos dará tiempo para que me atienda bien mientras vas a ver a los lobos marinos” le dijo de manera sarcástica, dejándole en claro que manipulaba a su padre con facilidad.

“Lo que puede una concha joven con un tipo maduro” pensaba Jerónimo mientras levantaba el resto de la vajilla, la llevaba al fregadero para luego lavarla y dejarla en el escurridor. Giró sobre sus talones y se dispuso a levantar a Mayra para llevarla al living. Al darse vuelta, quedó petrificado.

Mayra no llevaba bragas y se había levantado la remera que usaba de pijama para mostrarle la concha brillosa de flujos que empezaban a brotarle. “Vení pendejo, antes de ir al sillón quiero que me comas la concha, como lo hiciste la otra vez y quiero otra ración de lengua que a papi no le gusta mucho” dijo mientras en un esfuerzo colocaba la pierna sana sobre la mesa, abriendo las piernas de buena forma. Él se encaminó hacia ella, como un hierro atraído por un imán, se arrodilló frente a la cueva rosada y se dedicó a satisfacerla a pleno. Los lengüetazos sonoros eran acompañados de gemidos de la hembra, los flujos se derramaban y él aprovechaba a beberlos dejando que un pequeño hilo bajara por la raja rumbo al culo de ella. Los desparramó a conciencia antes de meter su dedo mayor en ese agujero y moverlo dentro y fuera.

“Que bien trabajan esa lengüita y ese dedito, me encantan” murmuraba Mayra mientras sentía acercarse a pasos agigantados su orgasmo. Le llenó la boca de jugos mientras su concha palpitaba y el ano oprimía el dedo en su interior. “Guau… que buen polvo me diste, ahora vas a tener que bañarme, no querrás que papi se dé cuenta de cómo me dejaste” le dijo al reponerse. La cargó y se encaminó al baño, la sentó en una banqueta ubicada estratégicamente en la ducha para que se bañara. Abrió el grifo tras cubrir el yeso, para evitar que se humedeciera y mientras Mayra se duchaba, él tomó su verga aún erguida para pajearse y aliviar la presión que sentía. La miró y notó que había cerrado los ojos para lavarse el cabello y aprovechó la situación para acelerar la paja y descargar toda la leche sobre la cara de Mayra, que al sentir el primer impacto, abrió los ojos y recibió el resto de la descarga con los labios entreabiertos tratando de recibir en su boca algo de semen.

Mayra: boludo!!! ¿Cómo vas a desperdiciar semejante corrida? Avisame que me la tomo toda.

Jerónimo: mañana, antes de irme, voy a regalarte otra. Aprovecha el fin de semana, que cuando venga de Mar del Plata, voy por tu culo apretadito.

La ayudó a secarse, le dio una tanga de hilo dental, una remera y tras vestirse, la cargó hasta el sillón, aprovechando el tramo de traslado para volver a meterle un dedo en el culo.

“Lo voy a pensar, ya que todavía no puedo ponerme en 4 para darte el espacio para ponerla desde atrás” le dijo acomodándose en el sillón y tomando su Tablet comenzó a hacer algunas recorridas en internet. El volvió al baño, ordenó el lugar, se duchó y se vistió para salir a hablar por teléfono con su hermana, sin testigos. “Voy por unas compras y vuelvo en media hora”, le avisó a Mayra, que respondió con un gesto de aprobación.

Días antes, mientras todo lo contado sucedía, en casa de Morena, había una reunión similar: Morena, Pablo y Lorena desayunaban y la madre exponía a su hija la problemática y la solución que imaginado con Pablo.

Lorena: Mamá, yo quería irme a Córdoba con mis amigas.

Morena: hija es un favor, a cambio de eso te recompensaré con un buen dinero para que gastes en lo que quieras.

Lorena: ¿y si Jero no quiere ir? ¿Qué vas a hacer?

Morena: de eso se encargará tu padre

Pablo: dale Lore, paseas por Mardel, vas de compras, son tres días solamente

“Y les dejo la casa libre a los tortolitos, para que se despachen a gusto” pensaba Lorena mientras miraba la sonrisa pícara de Pablo y la cara de súplica de su madre. Era más que obvio que Pablo quería cepillarse a Morena sin testigos, teniendo más tiempo para comerse a la MILF.

Lorena: lo llamo a Jero y si está de acuerdo, voy.

La madre agradeció el gesto y mirando el reloj, notó que se hacía tarde para ir a la empresa. “No vengo a almorzar, tenemos una junta para organizar el evento del fin de semana. Vayan a comer juntos a algún lindo lugar y me pasan a buscar tipo 5 de la tarde, ¿ok?” dijo Morena camino a la salida.

Pablo: si amor, le ayudó a Lore con la casa y después la llevo de shopping para que tenga todo listo.

La propuesta de Pablo sorprendió a Lorena, imaginó que la avanzaría apenas su madre abandonara la casa, pero no fue así: solo se limitó rozarle el culo de pasada mientras ella elongaba y dejaba esa escultural figura a su merced, pero no hubo un atisbo de penetración ni ataque sexual, cosa que sorprendió a Lorena. Completaron las tareas hogareñas, se vistieron para concurrir al shopping y fueron en busca del automóvil para la visita anunciada.

La sorpresa de Lorena fue cuando a escasas cuadras del Abasto, Pablo se desvió y en segundos accedió a un albergue transitorio: “bien guachita, ahora vamos a pasar unas dos horitas de ejercitación completa, nada de revolcarnos en tu cama o la de tu madre, vamos a una habitación especial que amerite todo lo que voy a hacerte” dijo mientras extendía la tarjeta de crédito al conserje para abonar la estadía.

Perpleja y sorprendida, no tuvo reacción: una vez que llegaron al estacionamiento, Pablo le comió la boca y enterró los dedos entre las piernas, hurgando en la concha a través de a tela de la tanga.

Se entregó sin resistencia, le agradara o no, la verga de Pablo la dominaba y no podía aguantar sin ella en su interior. Bajaron del auto y él le arrancó la ropa interior y apenas cruzada la puerta del cuarto, la derrumbó sobre la cama y comenzó a comerle la concha. Minutos después, la acomodó y clavó desde atrás, haciéndola gemir descontroladamente, la embadurnó de leche que también utilizó para enterrarle un dedo profundamente en el culo.

Media hora en la que Lorena no pudo ni supo cómo reaccionar: la mamaron, la clavaron, le perforaron el culo y finalmente le llenaron la boca de verga y semen. Quedó rendida sobre la cama, agotada mientras Pablo permanecía a su lado, hablándole, diciéndole cada cosa que experimentaba con Morena y las que deseaba hacerle a ambas. Se durmió y fue despertada tiempo después por una verga que jugaba entre sus labios, erguida y dura que pugnaba por invadir su boca. Apenas pudo abrir los labios, fue penetrada y las manos de él la hicieron moverse recibiendo las embestidas hasta llenar cada milímetro de leche caliente. “Solo el poco tiempo salva tu culo yegüita, me hubiera gustado saber si también aguanta como el de tu mamita” le dijo mientras completaba su trabajo.

Le dio tiempo a ducharse y vestirse antes de abandonar el cuarto, subirse al auto y partir rumbo al shopping. Las compras fueron rapidísimas para cumplir con el horario de retirar a Morena del trabajo. Lorena estaba en una nube, no daba fe de lo acontecido, llegó a casa y se derrumbó en la cama agotada.

En sueños, escuchó como su madre gemía y se sacudía recibiendo las penetraciones de Pablo: “Pablin, sabes que me gusta por atrás pero se más delicado, me estas partiendo el culo” pedía. “Te rompo toda turra, voy a destrozarte el orto” decía mientras le bombeaba dentro Pablo, fue lo último que escuchó antes de dormirse profundamente.

Al día siguiente Jerónimo recibió un mensaje de WhatsApp de su padre que le proponía viajar en avión el jueves por la tarde o bien en bus el viernes por la madrugada, no dudó un instante y aceptó el viaje en avión. Cuando Lorena despertó, recibió el mismo mensaje y respondió de igual manera, no quería pasar otro día asolas con Pablo. Utilizó todos los medios posibles para evitarlo y se encontró con su hermano el jueves a mediodía en un bar del centro: la cara de Lorena era una mueca de fastidio y furia.

Ambos, bolso en mano caminaron por el centro, hablaron telefónicamente con sus padres y se fueron rumbo a Aeroparque.

Jerónimo la notó extraña, pero no quería atosigarla. Subieron al avión y ella se aferró a su brazo desde el primer momento, el viaje fue corto y llegaron al atardecer a Mar del Plata. Al llegar a la casa, abrieron las ventanas, ventilaron las habitaciones y notaron un pequeño detalle: solo había ropas de cama para la habitación matrimonial. Limpiaron un poco y salieron a caminar por la playa.

Jerónimo: estás rara

Lorena: el hijo de mil putas me violó

Jerónimo: ¿por qué no me avisaste?

Lorena: fue ayer, antes de las compras para el viaje, me llevo a un telo y me dominó, no hubo tiempo.

Jerónimo: qué turro

Lorena: algo debe sospechar, antes lo disfrutaba pero ayer me forzó

Jerónimo: cuando volvamos, lo rompo a palos.

Lorena: no Jero, sería darle el gusto. Usemos estos dos día para planificar

Jerónimo abrazo a su hermana y así completaron el paseo. Pasaron por una rotisería, compraron algo para la cena y volvieron a la casa, prepararon todo, se alternaron para asearse y prepararon la comida. El tiempo les jugó una mala pasada, el viento frío que los recibió se transformaba en tormenta y una hora más tarde era lluvia copiosa.

No lograron encender la calefacción, quizá producto de la poca actividad de la casa y el sillón del living donde Jerónimo dormiría se convirtió en un témpano.

Lorena: no seas pavo, vení a la cama, está más calentito.

Jerónimo: no traje pijama, solo bóxer y jeans

Lorena: dale tonto, vení a dormir conmigo.

Jerónimo le dio el tiempo suficiente para que pasara por el baño y tras cambiarse se ubicará en la cama. Él completó el aseo y en penumbras se deslizó entre las sábanas.

Lorena: contame Jero, ¿Cómo es la putita? ¿Se la banca?

Jerónimo: la tiene clara, lo maneja muy bien al viejo, se regala y hace cosas que no creo que mamá hiciera con él.

Lorena: te sorprenderías de las cosas que escucho yo en casa cuando se encierran en la pieza, mamá está desatada.

Jerónimo: ¿vos crees?

Lorena: seguro, si entre lo que escucho y lo que me hizo el turro, estoy segura que mamá se desbocó mal.

Jerónimo: ¿tan bien se maneja Pablito?

Lorena: no quiero ser desubicada, pero cogen como conejos, a veces por horas.

Jerónimo: Mayra no se queda atrás. Juraría que entrega todo y mama como una diosa.

El frío se hacía sentir en la casa, pero la cercanía de ambos les daba un poco de calor y a ello ayudaba la charla se iba poniendo más y más caliente.

Lorena: no me diras que te calentaste con la putita, ¿no?

Jerónimo: uno no es de fierro Lore. Vos no te quedaste atrás, el video te condena.

Lorena: Al principio me daba bronca que quisiera cogerme, pero la necesidad tiene cara de hereje. Llevaba un buen tiempo sin actividad y me calentó bastante.

Jerónimo: te lo comiste con ganas…

Lorena: ¿y vos? No te vi muy automatizado, más bien calentito y con ganas

Jerónimo: no lo voy a negar, la guacha está muy fuerte y tiene mucho recorrido, además estaba regaladisima.

Lorena: noto que ya te diste cuenta que estamos en Mardel… digo por la carpa…

Jerónimo: no seas forra, seguro que vos no te calentás recordando el video.

Lorena: poco y nada… la pasada por el telo me enfrió bastante

Jerónimo: si claro… ¿a que si te reviso estas medio mojadita?

Lorena: no seas boludo…

Y así, sin más, empezaron a luchar bajo las sábanas. El queriéndola tocar para justificar sus dichos y ella escapando de los roces, entre risas se fueron metiendo mano uno a otro y las cosas fueron subiendo de temperatura. En un momento de la lucha, ella quedó montada sobre él: la verga dura y caliente de Jero se coló entre las piernas de ella que le demostró que la humedad de su concha iba creciendo. Las telas que separaban los sexos de ambos asemejaban una fina capa que apenas podía disimular el deseo que los invadía, la oscuridad era cómplice y las ganas un arma cargada que no tardó en dispararse.

De manera instintiva, ella buscó la boca de él y las manos de él se aferraron firmemente a los cachetes del culo de ella. El vaivén que los cuerpos proponían hacía crecer más y más el deseo: él puso su mente en blanco, se olvidó que quien lo montaba era su misma sangre y desplazó apenas el trozo de tela que cubría la concha caliente. Ella quedó unos segundos inmóvil, pero no resistió la excitación: bajó la tela del bóxer y por primera vez entraron en contacto directo. Afirmó sus brazos extendidos sobre el pecho de Jerónimo y con un movimiento preciso lo llevó a su interior.

Sentirlo dentro fue la locura total, un disparador intenso que la llevó a cabalgarlo como si en ello le fuera la vida. Él no dudó en ningún momento y aferrándose a su cuerpo como si fuese la tabla que lo mantendría a flote en un naufragio, empezó a sacudirla. Los primeros movimientos fueron delicados, pero en la medida que el deseo los desbordaba, aceleraban violentamente. ¿10, 15 tal vez 20 minutos? Fueron interminables, como el primer orgasmo en el que explotaron juntos: la leche de uno y los flujos excesivos de la otra, empaparon sábanas, piernas y todo lo que hallaron a su paso.

Rendidos, se quedaron unidos, siendo un solo cuerpo. Pasados unos minutos, reaccionaron y no lograban entender lo sucedido: habían cogido, lo habían disfrutado y en ningún momento tuvieron deseos de contenerse.

Como si de una descarga eléctrica se tratara, se despegaron y abandonaron la posición, quedando uno junto al otro.

Lorena: Jero, ¿qué hicimos?

Jerónimo: nos descargamos, nos complementamos y lo disfrutamos.

Lorena: somos hermanos Jero.

Jerónimo: somos hombre y mujer, y no voy a negarlo cuando te vi coger con Pablo me imaginaba siendo yo quien te garchaba. Durante muchas noches vi el video y me mataba a pajas soñando que te cogía.

Lorena quedó sorprendida de la confesión de Jerónimo, en la oscuridad de la habitación, juraba que podía ver sus ojos cargados de deseo mientras escuchaba lo que él decía.

Lorena: ¿y ahora qué Jero? ¿Qué más habrá entre nosotros?

Jerónimo: todo lo que pidas, quiero ser tu hombre.

Lorena: sos mi hermano

Jerónimo: quiero ser tu macho.

Lorena: ¿tan así?

Como respuesta recibió un beso profundo y delicado que fue acompañado por caricias en los pechos y su vientre. Lo detuvo: “si será así, quiero que me hagas mujer, deseada y apreciada” se levantó de la cama, fue al baño, dejó caer el semen que aún quedaba en su interior, se duchó y volvió absolutamente desnuda al lecho. “Ahora sí, haceme lo mismo que le hiciste a ella. Comeme la concha como nadie lo hizo antes, sé delicado y te voy a entregar mi último agujero virgen como prueba de mi amor” le dijo mientras enroscaba sus piernas en su cuerpo.

La noche fue un festín de amor, sexo y deseo. Sin encender luz alguna, ella se ubicó en la cama y se abrió totalmente de piernas, colocó una almohada bajo su cintura para facilitarle el acceso a su cuerpo: sintió la lengua de Jerónimo recorrerla de punta a punta de su raja ardiente, le permitió hundir la punta en el orificio de su culo virgen, se aferró a los cabellos de él para mantenerlo hundido en los pliegues de su concha, disfrutó de cada pasada de lengua y se entregó totalmente. Sintió un dedo ingresar por aquel agujero prieto que se dilataba lentamente, el clítoris era un volcán en erupción, su vulva un manantial y sus labios un rosario de gemidos intensos que respondían a cada recorrida.

Cuando se sintió lista, giró su cuerpo, se ubicó en la posición exacta y lo invitó a completar el trabajo, estaba mojadísima, extasiada y sin dudar extendió sus manos para abrir sus nalgas y dejarle su más preciado tesoro a disposición: él entendió lo que estaba a punto de suceder, se perfiló y con total delicadeza comenzó la primer penetración anal de Lorena. Hubo algunos quejidos de dolor, que lo llevaron a detenerse: “Ni se te ocurra dejarme así, terminá lo que empezamos” le pidió ella a gritos. “Clavame hasta el fondo y descarga hasta la última gota de leche” fueron sus últimas palabras para luego dejarse caer en la almohada y ahogar sus gemidos mientras era penetrada. Sintió los huevos de él hacer tope en su culo y comenzó a moverse despacio, ayudaba a la lubricación jugando con su clítoris mientras la taladraba. Lo que era dolor se transformó en placer y los movimientos se aceleraron, el bombeo era frenético y la explosión fue acompañada por un sonido gutural.

Había sido desvirgada por última vez, minutos después la leche caliente de él se desparramaba en sus intestinos, aflojó sus piernas y cayó de bruces en la cama, aún con la verga dentro del culo. La relajación llegó con el tiempo y la expulsión del miembro fue acompañada del clásico sonido de una pequeña explosión. Ella sentía cómo le latía el culo y como escurría algo de leche, más tarde sabría que era acompañada de un ligero hilo de sangre que confirmaba la rotura de su última muralla.

Rendidos se durmieron, abrazados, felices y sabiéndose transgresores. La mañana los encontró tendidos en la cama. Un deseo irrefrenable se apoderó de él y entendió que debía darle algo a cambio de aquello que había recibido. Se ubicó entre las piernas de ella y la despertó con una jugosa comida de concha, ella sintió la lengua recorrerla y se dejó hacer. Despertar con un orgasmo a pura lengua era un placer indescriptible que solo se interrumpía por el ardor que sentía en el culo.

Cuando hubo recibido su premio, extendió su mano para acariciarlo y le dedicó una sonrisa y un “gracias amor”. Se quedaron un buen rato mimándose en la cama, hasta que el despertador les avisó que en una hora llegaría personal de la inmobiliaria, juntos fueron a la ducha, se asearon y se vistieron para esperar a los visitantes.

Lorena sentía algo de dolor en su culo y se ubicaba como podía en el sillón del living. “Por la tarde, una vez que se terminen las visitas, iré a la farmacia y te traigo algo para la colita” le dijo Jerónimo.

Lorena: una buena crema cicatrizante y lubricante para las próximas noches

Jerónimo: ¿lubricante?

Lorena: obvio, me gustó pero no quiero que me siga doliendo

La carcajada de Jerónimo atronó en la sala, “No te rías o no la volverás a poner en ese agujerito” comentó Lorena.

Los días posteriores fueron muy movidos y activos, pero eso será parte de otra entrega.

Espero tus comentarios, y más que nada tu opinión.

Saludos,

Alejo Sallago – alejo_sallago@yahoo.com.ar