Esta historia comenzó hace mucho tiempo, cuando yo era apenas un niño. En la casa de mi padre éramos una familia de bajos recursos y todos compartíamos el mismo cuarto para dormir. Por eso, era algo común para mí ver o escuchar a mis padres cojer en la oscuridad, o ver a mi madre desnuda mientras se cambiaba; pero siendo tan pequeño, no lo veía con morbo ni le daba importancia, era simplemente parte de nuestra realidad cotidiana.

Todo cambió al entrar en la adolescencia. En ese punto es cuando uno despierta sexualmente y, al seguir expuesto a los gemidos y al golpeteo rítmico de sus cuerpos en las noches, la curiosidad se convirtió en una excitación constante que me quemaba por dentro. Un día, todo cambió definitivamente por una grieta en la puerta vieja.

Mis padres me mandaron a la tienda y fui. Al regresar, encontré la puerta cerrada. Se me ocurrió pegarme a aquella grieta, que era tan pequeña que nadie se habría percatado de ella, pero al poner el ojo por completo te permitía ver el interior con una claridad asombrosa. Vi, en vivo y en directo, a mis padres tener relaciones. Por la posición de la grieta solo veía de la cintura para arriba, pero fue más que suficiente para dejar de ver a mi madre como tal y empezar a desearla como mujer.

Vi sus senos balanceándose con violencia mientras mi padre la penetraba; observaba cómo su pecho subía y bajaba, y sus pezones se movían adelante y atrás con cada embestida salvaje. Luego ella se recostó y él, encima de ella, la siguió penetrando con fuerza hasta que terminaron. En aquel momento, mi mente quedó marcada para siempre.

Pasó el tiempo. Mi padre se fue por trabajo y empezó a pasar largas temporadas fuera de casa. Yo notaba que mi madre siempre se la pasaba viendo unos videos en su teléfono; cuando le pedía que me los enseñara, ella bloqueaba el celular con nerviosismo. Pero logré descubrir su contraseña y lo que encontré me voló la cabeza: eran videos de ella y mi padre teniendo sexo explícito.

Mi madre siempre fue de complexión delgada, pero con unas nalguitas bien redondas, firmes y blancas, y unos senos hermosos. Verla en esos videos, vestida con un baby doll rojo y una tanguita de encaje que apenas cubría su vagina, era una tortura de placer. Ver cómo hacían la tanga a un lado para penetrarla por detrás y cómo mi padre le aventaba toda su leche en medio de sus nalgas, o ver como con los dedodos mi padre tocaba toda la vagina de mi madre y la abría para que en el video se viera me sumergía en una excitación incontrolable. Mi único pensamiento desde entonces era que, algún día, yo poseería a esa mujer tan hermosa.

Finalmente, mi padre la engañó y la familia se deshizo y nos fuimos a rentar. El día que paso, ella bebió cerveza, vino y tequila con sus amigas. Cuando quedó sola conmigo, seguimos tomando. El alcohol y el dolor por la traición de mi padre la dejaron vulnerable, incapaz de mantenerse en pie. La llevé a su cama, sintiendo el calor de su cuerpo contra el mío.

Al recostarla, ella me pidió con voz entrecortada que le ayudara a desabrocharle el pantalón. Sentí un fuego recorrer mi cuerpo al ver su ropa interior color negro de encaje cabe mensionar que yo ya había visto ese calzón en distintas ocaciones y era uno de los más sexys. Fui al baño a masturbarme para intentar frenar el impulso, pero al regresar y verla allí, indefensa y hermosa, el deseo pudo más que la moral. Me acerqué y empecé a bajarle el pantalón y el calzón centímetro a centímetro. Ella con una voz tenue me decía: «no, así no», pero su cuerpo no se resistía. Cuando su ropa quedó arriba de sus rodillas, la vi: su vagina estaba perfectamente depiladita, blanca y tentadora tenía un aroma tan rico.

Introduje un dedo con una lentitud. Casi de inmediato, sentí cómo brotaba de ella un líquido transparente y resbaloso. Me chupé el dedo, saboreando su esencia; era una mezcla fascinante de algo dulce y ácido a la vez. La excitación me nubló el juicio. Le metí dos, luego tres, hasta que sus jugos bañaban mis cuatro dedos así estuve unos 15 min. Estaba empapada.

Mi verga estaba más dura de lo que nunca ha estado, palpitando de necesidad. Recordando cada imagen de los videos, me bajé el pantalón decidí acostarme a su lado quedamos de cucharita y fue cuando decidí empezar a penetrarla. Yo era virgen y mis manos temblaban. Tuve que abrir los labios de su vagina con mis dedos para guiar mi verga, sintiendo el calor ardiente de su vagina envolviéndome por primera vez ese movimiento de cadera tan torpe en cada penetracion coloque mi mano en su cadera para tener un mejor agarre mientras sentía sus nalguitas chocar contra mi cuerpo en cada embestida, nos volvíamos uno, trate de hacerlo despacio para poder disfrutarlo. Fue la experiencia más intensa de mi vida, pero la inexperiencia y los años de deseo contenido hicieron que me corriera dentro de ella, viendo como se escurria mi semen de su vagina.

Me vestí y fui por papel. Al regresar, noté que ella misma levantó la cintura con naturalidad para subirse el pantalón y se quedó en silencio. Unos 30 minutos, después se levantó fue al baño y bajó como si nada, haciéndome la conversación más normal. dejándome con la duda de si el alcohol la dejo inconsciente o si todo había sido una farsa.

Años después, en una borrachera reciente, la verdad salió a la luz. Le pregunté por aquel día y, tras el típico «estaba muy borracha», me miró fijo y confesó:

— «Bueno… no estaba tan borracha. Recuerdo perfectamente lo que paso y lo disfrute y así está historia se sigue repitiendo pero ahora si fingir que estamos tomados.