Ella apareció de pronto junto a mi en la cocina mientras me servía un vaso de refresco. Habíamos estado disfrutando de la piscina de la casa luego de que pasara por un proceso de reparaciones. Era como una reinauguración. Claro que solo mis padres y yo, mi hermana se encontraba de viaje con unas amigas. Como era costumbre mi padre se había quedado dormido tendido en la posadera bajo el quitasol, yo había estado nadando y mi bella madre tomando sol.

Lo primero que noté por el rabillo de mi ojo fueron sus grandes tetas apenas cubiertas por su bikini. Ella estaba en sus 50s, pero bien llevados, sus kilos extra no impedían que se viera muy apetecible con bikini. Su pezón se erguía estoico bajo la delgada tela.

– Hola, también tengo sed… sírveme un poco – ordenó ignorando mi fijación histórica por sus grandes senos.

Me separe un poco del mueble, buscando otro vaso, me percate que ella solo llevaba su bikini. El que sin ser una tanga, aun así se perdía entre sus enormes nalgas blancas, las que ya estaban tomando un leve tono bronceado.

Los triángulos de tela, que componían el sostén del bikini, luchaban por contener sus enormes mamas eran de una tela estampada donde primaba el azul claro. El poco espesor de esta, sumado a que estaba mojada, se apegan fielmente a la tierna piel de mi madre y a sus duros pezones.

No me resistí y sin pensarlo, luego de entregarle el vaso de refresco helado extendí mi mano derecha y agarre lo que mas pude de su teta izquierda, quedando su pezón entre mis dedos medio e índice, para luego amasarla a destajo apretando su duro boton tambien, y levantando levemente esa suave masa trémula. Se sintió muy bien tocarla, disparando mis sensores de placer al instante.

– ¿Qué haces? – preguntó enérgicamente golpeando mi mano para que la sacara de donde estaba.

– Lo siento mamá, no pude contenerme.

Rápidamente dejó el vaso en el mueble y se tapó sus senos cruzando sus brazos en su pecho.

– Soy tu madre, no una de esas noviecitas tuyas… ¿Qué te crees? – claramente alterada.

– No sé mamá. Solo te vi tan atractiva que no pude contenerme, lo siento, no lo volveré a hacer.

– Ok… ok – luego de unos segundos de silencio – no te preocupes, supongo que estos meses sin novia te tienen complicado… Te perdono, pero no lo vuelvas a hacer oye – apuntándome con su índice derecho advirtiéndo.

Tomó el vaso y se cambió de mueble dándome la espalda, pero mostrándome su gran culo. Creo que no era consciente de la gran tensión sexual que me estaba provocando. Incluso apoyó sus codos en el mueble reposando sobre la cubierta del mueble, levantando su hermoso trasero. Mientras bebia su refresco mirando por la ventana. La que se orientaba hacia el sector del patio donde estaba la piscina, desde ahí se podía ver a mi padre inmovil durmiendo en la posadera.

Me habló y preguntó por mi ex, con la que ya había terminado hace unos meses. Le seguí la conversación en lo que me preguntaba y comentaba, pero mi concentración se enfocó en otra cosa.

En ese momento la calentura volvió a apoderarse de mi. Me abalance sobre ella tomándola desde atrás, agarrando sus tetas, una cada mano, y cargando mi verga, que ya estaba dura, entre sus nalgas desnudas. Yo llevaba solo el bañador, pero este era delgado, por lo que mi dureza debió notarla al instante.

– Pero… pero calmate – tratando de soltar mis manos de tetas y parándose – soy tu madre, respetame.

– Lo siento mamá, solo déjame un poco… solo un poco.

– ¿Cómo te atreves?… tu padre está ahí… Ya vas a ver cuando se entere.

– No se enterará si no le decimos.

Amasaba sus suaves tetas a pesar de su resistencia, claramente superada por mi fuerza física. Ante la incapacidad de poder liberarse, al poco rato solo se dejó.

– Hijo suéltame, esto no está bien – yo seguía manoseandola y besando su cuello – por favor suéltame.

– Solo un poco mamá, estoy disfrutando mucho esto.

– Pero tu padre está ahí… nos puede escuchar – de pronto su tono cambio, a uno más suave.

– ¿Esa es tu preocupación?, que nos escuche.

Sus manos dejaron de tratar de sacar a las mías y comenzaron a acariciarlas compasadas a mi manoseo en sus tetas. Echó su cabeza hacia atrás y cerró los ojos.

– Por favor hijo no sigas – su cuerpo estaba recargado sobre mi, entregado a mis caricias – no debemos.

Aproveché y metí mis manos desde abajo del sostén para levantarlo y liberar sus senos. Fue maravilloso sentir sus pesadas mamas caer libremente sobre mis manos. Sentí el contacto directo de mis palmas con sus duros pezones. Poco a poco ella empezó a gemir al sentir mis caricias.

– Hijo detente… mmmm… nos va a escuchar.

– ¿Quieres que me detenga solo por eso?

– No… no me hagas esto.

Volví a besar su cuello, ella respondió inclinando su cabeza al lado opuesto para entregármelo. Solté su seno derecho y bajé mi mano recorriendo su piel desnuda hasta su cadera y luego el borde del calzon. Sin dudarlo empecé a bajarlo, ella solo se dejó, quedando esta a mitad de sus muslos. Mientras amasaba su teta izquierda apretando suavemente su pezón de forma intermitente.

Ya con su culo desnudo al 100%, solo me quedaba sacar mi pene que estaba a punto de reventar. Y lo hice rápidamente tirando de la parte delantera del bañador. Este salto instantáneamente para hacer contacto con su piel.

Bastó solo levantar levemente una de sus nalgas con mi mano libre para que ella volviera a posarse sobre el mueble de cocina y levantara la cola. Fue algo instintivo, entregada al deseo repentino de su hijo.

Con mi pie derecho le di unos golpes a los suyos por los lados internos, lo entendió de inmediato, separó un poco sus pies, y con eso, sus piernas.

Tome mi verga y la acerqué a su sexo. Su gruta estaba caliente y húmeda, no fue difícil encontrarla. La recorrí varias veces de arriba hacia abajo y viceversa con mi glande rozando su ardiente carne.

– Para hijo… no debemos… detente… nos arrepentiremos de esto… – a pesar de sus palabras, estaba quieta sin hacer amago alguno por liberarse – por favor, no lo hagas.

– Quizas no deberiamos – agarrando su teta y apretando pezon entre mis dedos, tambien restregando lentamente mi glande en su cada vez mas mojado sexo – Pero se que lo quieres.

– Nos va a descubrir… nos va a escuchar.

– ¿Solo te preocupa que nos escuche? – me detuve con mi glande en la entrada de vagina – no hagamos ruido – presione levemente, sin llegar a meterlo.

– ¿Y si nos ve? Es cosa que se despierte y mire para acá a la ventana de la cocina – Podía sentir cada vez más lubricada su vagina, sus ardientes jugos bañaban mi glande, y este estaba entrando poco a poco.

– Cierra el visillo de la ventana, para que no vea a su esposa con sus tetas al aire dejándose follar por su hijo.

Extendió su mano izquierda y cerró la delgada cortina logrando la privacidad que necesitábamos. Apenas cerró la cortina, la tomé de las caderas y la penetré.

Ambos gemimos cuando una gran ola de placer recorrió nuestros cuerpos. Fui cuidadoso al no entrar completamente en ella, llegando solo a la mitad de mi miembro. Disfrutando cada milímetro de su ajustado canal vaginal, me retraje sin llegar a salir de su interior, para volver a entrar con fuerza en su caliente cuerpo. Y asi varias veces hasta llegar clavarme hasta el fondo de su sexo, y chocar mi cuerpo con sus nalgas.

No baje la intensidad de mis penetraciones, pero aumenté el ritmo. El gusto fue tremendo cuando ella acompañó mi movimiento con el suyo. Ella buscaba ser penetrada cargando su redondo trasero hacia mi al momento en que yo hacía el esfuerzo para volver a su interior.

Yo jadeaba extasiado follando a mamá, ella respondía resoplando y gimiendo. Habia tenido sexo con varias mujeres antes, me habia enamorado tambien. Pero nunca había sentido tanto placer. Quien iba a pensar que el placer sexual más intenso de mi vida lo iba a encontrar en la vagina de mi madre.

– Mamá eres muy caliente… deliciosa.

– Callate… Me vas a matar.

– Mamá… ya me muero, voy a acabar… dentro, muy dentro tuyo.

– Dale… dale… termina… pronto…

Al escuchar sus palabras me motivé a darle con todo lo que tenía. Aumente más el ritmo logrando follarla frenéticamente. Ambos sudábamos, sentía su piel ardiente y mojada. Sus nalgas sonaban con cada impacto de mi cuerpo en estas. Paf!… paf!… paf!…

– Dale… Dale hijo…. Mmmm… – suplicaba entre jadeos.

Gotas de sudor caían desde mi frente sobre la transpirada piel de su espalda. Mi verga salia empapada de los abundantes fluidos del sexo de mamá. El delicioso aroma de hembra había invadido todo el ambiente.

Mi mano izquierda se mantuvo firme tomándola de la cadera, y con la derecha tomé su hombro con el fin de sujetarla con más fuerza. Seguido, la penetré con más violencia. Al sentir mis fuertes empellones ella soltó su cuerpo para recibirlo con total entrega. Incontables veces busque llegar con todas mis fuerzas al rincón más profundo de su intimidad.

– ¡Lidia! – escuchamos a mi padre llamarla desde la reposera junto a la piscina.

– Tu papá – volteó a mirarme como pudo, yo no la solté, ni deje de penetrarla – ¿que le digo?

– Respondele, por la ventana – aunque baje el ritmo, seguía entrando y saliendo de su jugoso sexo.

– Mmm… me voy a asomar lo justo para que se vea mi cabeza, no hagas… ay… ningún movimiento brusco ni hagas… ufff… ruido – entre gemidos.

– Tranquila no me moveré… estaré aquí en silencio… follandote.

– ¡¿Estás en la cocina Lidia?! – volvió a gritar el viejo.

– ¡Si… dime! – logró responderle luego de abrir el visillo y la ventana, lo apenas suficiente para asomar su linda cara.

– ¡Tráeme otra cerveza!

La situación me calentó demasiado y no pude evitar follarla casi frenéticamente sobre todo después de que ella le respondiera. Le estaba hablando a su marido, a mi padre, mientras tenía el coño siendo rellenado por la verga de su hijo.

– ¡Ya!… – rápidamente respondió ella tratando de salir de la situación.

El morbo era extremo, por lo que ella también se sobre excitó. Su culo estaba muy levantado entregado a mi matraca incesante. Su sexo se sentia caliente, muy caliente y jugoso. “Paf… paf… paf…” sonaban nuestras carnes en la cocina.

– ¡Espera… Lidia! – volvió a gritar papá.

– ¡¿Siii…?! – conteniendo sus gemidos volvió a asomarse.

– ¡También algo para comer!

Sentía que ya no podía aguantar más, mi pene reventaría en cualquier momento. Por lo que la empalé por última vez, para quedarme en lo más profundo sosteniendo firmemente su hermoso cuerpo. Ella gemía y jadeaba fuerte, pero no tanto como para que se escuchara en la piscina.

– !¿Papitas?¡ – Preguntó ella al momento en que empezaba a sentir como mi verga, erecta y palpitante, convulsionaba en el interior profundo de su sexo.

Solo un pequeño instante pasó antes de que mi miembro comenzara a liberar la gran corrida de semen que tenía para ella. Múltiples disparos seguidos invadieron su interior con la lefa de su hijo. Un tremendo orgasmo nos invadió.

Al sentir mi miembro disparar las descargas de mi incestuoso semen en su interior apegó aun más su cuerpo al mio, para sentir mi corrida lo más interior posible, ademas de apretar a mi verga con sus músculos internos, elevando exponencialmente el placer en ese instante.

– ¡Ay…! – Soltó un grito de placer al momento en que el orgasmo la invadió. Pero fue antes de lograr cerrar la ventana.

– ¡¿Pasó algo?! – preguntó el viejo desde la piscina.

– ¡No… Nada… solo me pegué en un pie! – respondió mamá disimulando el mar de sensaciones que dominaban su voluptuoso cuerpo.

Cerró la ventana y la cortina.

Nos quedamos quietos disfrutando de nuestro orgasmo por varios segundos. Durante el palpitar de nuestros cuerpos se conjugaba en un ritmo intenso, acompañado de nuestras agitadas respiraciones. Mientras vivíamos ese instante de placer volví a acariciar su suave cuerpo. Recorriendola con mis manos, pasando desde sus caderas, luego su barriga y llegando a sus tetas, donde no puede evitar volver a agarrarlas fuertemente, y con eso volver a embestir su interior con una última estocada, a la que ella respondió con un suelto gemido.

– Ahhmmm… – al sentir una vez más a mi pene duro y palpitante volver a irrumpir dentro de su canal vaginal.

– Te amo mamá – dije suavemente a su oído.

– Cállate – ordenó sin levantar la voz – no digas nada.

Cuando nuestros alientos se normalizaron y mi erección disminuyó, saque mi pene de su vagina y me separé levemente, soltando sus tetas. Ella se volteo rápidamente. Pude ver sus tetas de frente, colgando libremente frente a mi, me parecieron hermosas. El sostén de su traje de baño estaba levantado sobre sus senos. Grandes, suaves, coronadas por unos pezones gruesos con areolas anchas y rosadas. Aun contraídos y duros.

– Esto no puede volver a pasar – sentenció.

No le hice caso, solo la tomé de la cintura con ambas manos y la pegué a mi. La besé a la fuerza, ella se resistió puso sus manos en mi pecho. Nuestros torsos desnudos entraron en contacto directo.

– No… No… no me hagas esto.

Seguí intentando besarla hasta que se quedó quieta. Con su boca semi cerrada. La besé nuevamente, solo con mis labios apretando levemente los suyos un par de veces hasta que comenzó a responder. A los poco segundos comenzamos a besarnos apasionadamente, ella saco sus manos de mi pecho acarició mi cara, para después colgar sus brazos en mi cuello.

Con mi mano izquierda agarra una de sus nalgas y con la otra busque uno de sus senos.

Comenzamos a calentarnos de nuevo, sentí como mi miembro comenzaba a retomar su erección entre nuestros cuerpos desnudos.

– Sigamos en mi dormitorio mamá – propuse entre besos.

– No… Tenemos que parar – liberando su boca, mientras besaba su cuello y manoseaba su cuerpo.

– Vamos mamá, se que también quieres.

– No… no… – rápidamente se apartó de mí, fue su primer intento real de alejarme – tengo que volver con tu papá, no se puede enterar de esto… no se volverá a repetir.

Se subió su calzón, tapando su vagina que ya empezaba a soltar restos de mi semen desde su interior. Se ordenó el sostén tapando sus hermosos pezones aun duros y gigantes.

La tomé de una mano y la tiré hacia mi. No puso mayor resistencia más allá de decirme “es suficiente”. Volvemos a besarnos.

– Ya… déjame ir… – luego de un rato de escarceos.

– Mi mamá lo tengo duro de nuevo – lleve una de sus manos para que tocara mi pene bajo mi traje de baño – no me dejes así.

– Ya te dije que no más – entre besos, sin soltar mi tronco.

– Dale, vamos a mi cuarto.

– No… – sonó más categórica.

– No me dejes así mamá, hagamoslo otra vez.

– Te dije que solo una vez, no se va a repetir.

– Esta noche, cuando se duerma papá.

– No.

– Te voy a esperar, desnudo, listo para volver a hacerte el amor.

– Ya… ya… dejame ir.

– ¿Lo prometes?

– No.

– Bueno, ya sabes… cuando quieras una buena follada sabes donde encontrarla.

Me regaló una severa mirada de desaprobación.

Se liberó de mis brazos, la deje ir.

Me quedé mirándola como se movía por la cocina, ella estaba conciente de eso, pero no dijo nada. No perdí detalle de su figura abriendo el refrigerador para sacar la cerveza. Se culazo levantándose para alcanzar las papas fritas de bolsa de mueble aéreo, ni de cuando se agachó dejando una vista plena de este para sacar un plato para echar las papas.

– Oye ma…

– No… – me interrumpió levantando el índice derecho sin voltearse.

– Pero…

– No… – el mismo gesto.

– Solo te quería decir que tu culo se ve delicioso con esa tanga.

Apenas se volteó para plantarme una mirada de desaprobación, de esas que usaba para reprenderme cuando había hecho algo malo. Pero esta vez, a pesar de lo “malo”, o moralmente cuestionable, de lo que hice, sé que lo disfrutó tanto como yo. Y se que lo mantendrá en secreto.

– Nos vemos mas ratito.

Se fue sin decir nada más, solo se volteó a mirarme a los ojos con una expresión seria antes de salir de la cocina. Miré su culo contoneándose cuando se alejaba por el pasillo.

Eran las 2 de la madrugada, yo estaba en mi dormitorio sin poder dormir, pensando en lo vivido en la tarde y conteniendo mis ganas de ir a buscar a mamá para volver a follarla. Pero sabía que no debía hacer nada descuidado ni agresivo. Además no sabía cómo iba a reaccionar mamá la próxima vez que la tuviera cerca.

Se había dejado follar, pero no sabía si la próxima vez se resistiría. O quizás me acusaría de haberla violado, con papá, o con la policía. O si tal vez, se guarde el secreto tratando de olvidar lo que ocurrió y para seguir con la vida normal que llevábamos. Aún así, con todo el pesar moral que significa, lo disfruté mucho, y yo se que ella también. Pero, ¿qué pasará si la veo de nuevo?, ¿tendré el mismo impulso?”. Decidí ir por un vaso de agua en silencio.

Salí de mi dormitorio a oscuras, valiéndome solo con la claridad que entraba por las ventanas. Mire la puerta del dormitorio de mi hermana, estaba abierta, no había llegado y no lo iba a hacer esa noche. Avanzando por el pasillo me acerqué al dormitorio de mis padres cuando la ví. Se sorprendió al verme justo después de haber cerrado suavemente la puerta de su dormitorio por fuera. Me acerqué sin dudarlo. Yo llevaba solo mi pantalón corto de pijama, ella una delgada camisola de tirantes que caía libre sobre su voluptuosa figura.

– Mamá – murmure.

– Tshhh… – suavemente con un gesto de su dedo índice cruzando sus labios y acercándose a mi – necesito que hablemos – murmurando también.

De manera abrupta sentí como la calentura me invadió violentamente, al sentir una vez más su caliente cuerpo casi desnudo tan cerca de mi.

– ¿Segura que quieres hablar? – susurré en su oído al tiempo en que la tomé por la cintura y la atrape contra el muro.

– Ay… hijo… si…- Alcanzó detenerme con su índice en mi boca antes de que la besara – esto es un error, no debemos.

Rápidamente metí mis manos bajo su camisola para sentir su caliente piel, posándolas en su cintura.

– No debimos… pero ya lo hicimos.

– lo se…

– Tú te dejaste… ¿por qué?

– No sé.

– ¿Te gusto?

– No preguntes eso.

– Solo dímelo.

– ¿No es obvio?… No sé lo que me pasó… Fui a la cocina sin pensar en que eso podía pasar, solo quería tomar algo, tenía sed.

– Pero llegaste así, con tu cuerpo hermoso…

– Fue tu mirada, noté que te gustó lo que viste… y a mí me gustó que me mirarás así – busqué su boca, pero me esquivó, ella quería seguir hablando – quise probar hasta dónde podías llegar, y para cuando me di cuenta ya me tenía sujeta y yo sin poder negarme.

Logré besarla, se dejó.

– Hagámoslo otra vez – le propuse.

– No… Creo que debemos hacer como que nunca ocurrió.

– No… no puedo… Hagámoslo una vez más – otra propuesta.

– No hijo… está mal.

– Solo una vez más.

Volvimos a besarnos.

– Me pedías que parara, me pides que lo olvide, pero yo sé… yo siento… que lo deseas tanto como yo… hagamos el amor una vez más mamá.

Me comí su boca una vez más, a lo cual ella respondió comiéndose la mía. Metí manos bajo su calzón agarrando sus nalgas y pegando su cuerpo al mío.

– Hijo… Solo será esta vez y nada más… ¿ok?

– Ok mamá, solo esta vez y nada más.

Volví a besarla. Ella se entregó.

– No hagamos ruido – dijo al soltar mi boca para tomar aire.

– Estoy caliente mamá.

– Lo sé hijo… yo también.

Nuestras lenguas se agitaban en su húmedo baile cuando con mis manos encontré los bordes de su calzón. Los tiré suavemente para bajarlos. Ella accedió inmediatamente, moviendo sus caderas para que cayeran al suelo. Nos besamos hasta que se dio vuelta apoyando sus manos en el muro y levantando su culo. No demoré en tomar mi pene y buscar la entrada de la ardiente cueva, la que me esperaba mojada y dilatada. La penetré completamente.

– Estas muy rica mamá – suavemente en su oído, mientras mi pene se adentraba firmemente en su sexo una y otra vez a un ritmo lento pero profundo.

Ella solo gemía y jadeaba, entregándose a la invasión incestuosa de mi carne en su carne.

– Te vi hermosa y casi desnuda… – sin dejar de entrar y salir de ella, con mis manos subiendo por su suave piel desde sus caderas y barriga – que no pude resistirme… – mis manos apoderándose de sus voluptuosas tetas bajo su ropa, las tomé firmemente.

Con sus durísimos pezones atrapados en mis palmas, aumente la fuerza de mis penetraciones. Ambos jadeamos producto de esa intensa dinámica amatoria. “Mmm..” se escapaba de sus labios cerrados cada vez que mi tronco la penetraba. La humedad de su sexo poco a poco escapaba de su sexo, los cálidos fluidos de su gruta mojaban mis genitales.

– Mmm… Sigue hijo… Sigue… – pedía entre jadeos y gemidos.

– Dime que te gusta – le ordené.

– Me gusta… mi… amor… me gusta – murmurando entre jadeos.

Sus palabras me motivaban a no dejar de entregarle placer.

– ¿Te gusta que tu hijo te folle?

– Siii… Sigue… dame bien duro.

Solté sus tetas y la tomé de la cadera para darle con más fuerza. Mis dedos se hundían en su suave piel.

Nuestros cuerpos chocaban con cada embestida de mis caderas. “Paf… paf… paf… paf…” sentí que pronto acabaría si no bajaba el ritmo. Pero ella me lo pedía, su culo estaba parado, entregado a mi antojo. Logramos sincronizarnos, ella cargaba su cuerpo hacia mi, cuando yo entraba en ella, y lo retraía cuando mi verga retrocedía sin llegar a abandonar su cueva. Para luego volver a buscar mi dureza.

Me detuve teniéndola ensartada. Volviendo a apretar sus senos.

– Vamos a mi cama – le ordené al oído.

– No… sigue… – respondió levantando su culo para que siguiera penetrándola.

– Vamos a estar más cómodos – retomando con un ritmo más suave las penetraciones, sin soltar sus suaves tetas.

No – respondió – se dejó follar un rato más. La pequeña pausa de mi pregunta me ayudó a controlar mi calentura y poder seguir sin acabar. Pero al poco andar volví a sentir las cosquillas propias que advierten la pronta corrida.

Volví a detenerme con mi verga ensartada en lo profundo de su sexo. “Vamos” le dije al oído nuevamente. Ella se dio vuelta liberando a mi falo de su ardiente cueva. Nos besamos. Mamá colgaba de mi cuello y yo la sujetaba agarrando sus gordas nalgas.

Nos manoseamos mutuamente mientras nos besabamos, sumidos en una total calentura. Ella buscó mi pene para apretarlo y tirar de mi prepucio, liberando mi glande y tirando del frenillo.

– Terminemos de follar acá.

Comenzó a bajar besando mi pecho, barriga, ombligo, etc. Hasta llegar a mi verga, que engullo sin demora y empezó a mamar con hambre. Tal como una experta hembra madura sabe hacerlo. Su caliente lengua acariciaba la delicada piel de mi verga con cada entrada y salida. Tome su pelo con una de mis manos para ver mi miembro entrar y salir de su boca, la suave luz que escapaba de mi dormitorio me permitía verla.

Una de sus delicadas manos tenía sujeta mi herramienta desde su base mientras el resto libre entraba y salía de su boca.

De pronto la solo y siguió mamando, para tratar de abarcar mas verga en su mamada. Yo disfrutaba extasiado de sus caricias.

Fueron unos 4 o 5 intentos de tragarse mi verga entera, antes de soltar y lamerla como recogiendo su propia saliva. Para terminar pajeandome sonriendo alegremente mientras me miraba.

Me agache buscando su boca, sentí el sabor a mi verga en su bosca, nos dimos un corto beso. Ella se recostó de espalda en el suelo del pasillo con sus rodillas en alto y sus pies en el aire.

– Termina de follarme antes que despierte.

Me lancé sobre ella acomodando mi glande en la entrada de su vagina. Mi peso cayó sobre ella al mismo tiempo que mi verga irrumpía nuevamente en su sexo.

– Follame fuerte.

Se la metí a fondo y fuerte. Sin aumentar la frecuencia, pero si la fuerza. Ella levantó más sus piernas para facilitar mi actuación. Escuchaba sus delicados gemidos en mi oído cada vez que clavaba mi glande con fuerza en su interior “ay… ay… ay…”.

– Si mi niño… Lléname… Ay… sigue…

No fueron más de 30 segundos desde nuestra nueva posición cuando ella empezó a estirar y recoger sus piernas, uno de sus pies recorría la parte trasera de mi muslo hasta mi trasero. Su pelvis buscaba mis penetraciones casi con voluntad propia y sus manos se aferraban con fuerza a mi espalda.

Su sexo mojado cual vertiente inagotable, empapaba mis genitales con cada estocada. Además de aportar del delicioso aroma femenino al ambiente.

Sabía que estábamos en ese momento preciso, ella estaba pronto a acabar y por lo que asumí que podría dejarme llevar y vaciarme en su interior para así alcanzar el orgasmo juntos. Fue ahí cuando dijo “Lléname mi amor” cuando la sujeté con todas mis fuerzas, clavándome lo más adentro que pude. Para quedarme quieto y descargar abundantemente en su interior.

Entre jadeos nuestras bocas se buscaban, de tanto en tanto, para enredarse en apasionados, jugosos, lamidos y agitados besos. Nuestras mojadas pieles estaban fundidas en su contacto y nuestras pulsaciones aceleradas hacían saltar nuestros pechos aprisionados entre sí. Yo, gozando de su rincón más interno, clavado en su maternal cérvix, convulsionaba en disparos de semen.

Nuestros sexos vivos y ardientes palpitaban en un mismo ritmo muriendo y viviendo en un máximo orgasmo.

Poco a poco, la intensidad fue atenuando, volviendo a la realidad desde el placer carnal incestuoso donde nos encontrabamos.

– Ya… mejor nos paramos – Dijo tiernamente en mi oído luego de que sus piernas cayeron relajadas, liberándome.

– Si… mejor antes que nos descubran – le respondí pero no me moví ni un centímetro, aun aprovechaba los remanentes de mi erección con suaves penetraciones.

– Ya… pero vamos, tengo que volver. – sus manos en mi pecho, pero sus piernas aun abiertas seguian recibiendome.

– Solo un poquito más – rogué, aun caliente mi miembro volvía a retomar su ereccion de a poco.

Ella se apoyo en sus codos en el suelo, buscando mi boca nos besamos en un tierno beso.

– Es suficiente mi amor… Dejame volver – me pidio tiernamente.

– Se siente tan bien mamá – buscando su permiso para volver a tomarla.

– Lo sé y a mi tambien me encanta, pero hemos hecho demasiado.

– Sigamos en mi cama – le propuse.

– No… dejame ir

Cedí y me retiré de ella, quedando apoyado de rodillas y luego me puse de pie para ayudarla a pararse, tomandole la mano.

– Hijo no podemos seguir con esto.

– ¿Estas segura?… yo se que lo disfrutaste tanto como yo.

– Es que no debemos… esto esta mal.

– No puede estar mal si nos hace sentir tan bien.

– Sabes a lo que me refiero – aun en tono maternal sin subir la voz – esto no puede volver a pasar – alejándose camino a su dormitorio.

– Solo se que no creo poder conformarme solo con esta vez – tomándola de la mano y acercándome a ella.

– Hijo, debes buscar a alguien de tu edad, alguien que no sea de tu familia.

– Mamá, aunque encuentre a otra persona. No dejaré de desearte después de lo vivido… ¿Conversemos mañana?

– No… – soltándose.

– Mamá… – volteó a mirarme – no creo que pueda contenerme la próxima vez que me encuentre cerca tuyo.

– Tendrás que hacerlo – sentenció.

La dejé ir. Quedándome de pie en el pasillo, desnudo, mirando a ese maravilloso culo alejándose apenas cubierto por esa camisola corta.

Volviendo a mi cuarto me encontré con su calzón botado, sin dudarlo lo tomé para llevarlo a mi cara y olerlo. Disfrute del suave olor a hembra impregnado en la delicada tela. Inspire profundamente para volver a sentirlo.

Gracias.