Capítulo 2
- El mejor sueño de mi vida I
- El mejor sueño de mi vida II
Me sentía totalmente acabado, eso pensaba cuando me dirigía a la mesa y, después de escuchar lo último que dijo, noté su enojo. Aunque aparentaba estar bien, sabía disimular ese momento tan dramático tras lo que le había confesado.
No alcanzamos a sentarnos en la mesa, cuando sonó la segunda canción para salir a bailar.
Hija: Papá, ahora es mi turno de sacarte a bailar, vamos.
Nos dirigimos a la pista de baile y, de una, me soltó la primera pregunta.
Hija: Papá, te voy a responder lo que me preguntaste, pero antes quiero que me respondas unas preguntas. Piensa bien antes de hacerlo, porque no quiero que te arrepientas y solo quiero la verdad, solo la verdad. Aprovecho para decirte que nuestro baile va a durar varios minutos porque es un mosaico.
¿Acaso tú buscabas que entre nosotros hubiera algo, mejor dicho, ¿tú querías que yo fuera tu novia, era eso? y la segunda
¿Aún me deseas con la misma intensidad?
No sabía qué responder, por unos segundos pensé que nunca debí decir nada, que ella le contaría a su mamá y jamás me volvería a hablar, fueron los segundos más largos de mi vida hasta ese día.
Padre: Te voy a responder con la verdad como me lo pides, pero antes te pido perdón por todo esto que te dije.
Si buscaba que pasara algo entre los dos porque te veía como una mujer, no como mi hija, se que en ese momento eras una niña, pero el recuerdo de tu cuerpo me enloquecía y te digo algo más, aún lo hace, porque es difícil olvidar lo hermosa que te veías así.
Te sigo deseando, pero no con la misma intensidad, creo que es más fuerte. Cada vez aproveché para alimentar ese deseo, sobre todo cuando podía abrazarte y te sentabas en mis piernas cuando yo estaba en pantalones cortos y tú con tus faldas, podía sentir la suavidad de tu piel, la frescura y el aroma de tu cuerpo, perdóname, pero no quiero decirte más.
Hija: Recuerda que me prometiste la verdad, si hay más, dímelo y luego te respondo.
Padre: No entiendo por qué no te acuerdas de esos años, no puedo creer que no te acuerdes que fueron tal vez como seis veces que te vi desnuda y tu me viste dos veces, sobre todo que la última vez pasó hace como año y medio.
Hija: Papá, no puedo creer todo lo que me dices, no sé cómo se te olvidó que soy tu hija, que dices amar con toda tu alma, me tienes triste, pero voy a responder tu pregunta.
Si recuerdo cada una de esas veces que pasó, porque tampoco las he olvidado, no llevo las cuentas como tú, pero sí recuerdo perfectamente lo que pasó.
No entendía nada, si se acordaba porque me hablaba como si no, estaba muy preocupado, estaba seguro de que todo acabaría mal esa noche.
Padre: Si te acordabas de todo, ¿por qué haces que no, ¿esperabas que yo te lo dijera y te pidiera perdón, hija?, por eso te lo estoy diciendo y te pido perdón mil veces, ¿eso era lo que esperabas de mí?
Hija: Es que pensé que nunca me lo dirías, siempre me hice muchas preguntas, llegué a pensar que fue pura coincidencia y no a propósito, pero ahora me lo confirmas, después de la primera vez, si fue a propósito y también que siempre me has deseado como mujer y que desde ese día deje de ser tu hija, deseabas hacer no se que cosas conmigo y además, me deseas aún más que cuando era una niña, bueno aún sigo siendo una niña, porque lo soy Papá.
Padre: sí, lo sé, hija, es muy grave todo lo que te dije, por eso te pido perdón una vez más y no quiero que me dejes de querer y te alejes de mí, aunque tienes todo el derecho.
Hija: Te veo muy angustiado, pero no te preocupes, no le contaré nada a mi madre, no quiero que te vaya a odiar y a abandonar, queda entre los dos, pero antes sí quiero decirte unas cosas, porque no quiero callarme, me gané el derecho a decirlas de una vez.
En ese momento me preparé para lo peor, estaba seguro de que lo que me iba a decir me dejaría muy triste y dolido por lo que le había dicho a ella, pensaba que era mi castigo, su desprecio.
Hija: La primera vez que pasó, no dije nada porque me dio pena, todo fue tan rápido y verte en la puerta mirando de esa forma, me atemorizó, nadie me había visto desnuda y como eras mi papá, pensé que no debía preocuparme, que era un accidente y tú me lo confirmaste.
La segunda vez en el baño, tampoco le vi maldad, pero no estaba segura de que todo fuera casualidad, empecé a sospechar, ese día me di cuenta de la forma en que me mirabas, solo desde mis senos hacia abajo y poco a la cara, pero no vi maldad en cómo me mirabas, también es cierto, era solo una niña inocente.
Pero la vez de la toalla, ese día sospeché que no era un accidente, que lo hacías a propósito y cuando te la llevé y vi que la puerta estaba medio abierta, lo confirmé, tú querías que yo te viera desnudo, lo que no entendía era por qué querías que te viera así.
Antes de seguir, ¿puedo hacerte otra pregunta?, Pero me respondes solo con la verdad, necesito saberlo.
Padre: Todas las preguntas que quieres te voy a responder y siempre con la verdad, con tal de ganarme tu perdón.
Hija: Cuando me veías desnuda, que era, o, qué es lo que más te gusta de mí.
Padre: Por favor, hija, como me preguntas eso, si te respondo, será peor y tal vez no me perdones.
Hija: Quiero saberlo todo esta noche, recuerda que es tu último baile.
Padre: Cada parte de tu cuerpo, tu cuerpo de mujercita con tus hermosos senos floreciendo fuertes y redondos, los vellos que protegían tu hermoso tesoro, tu cola redondita, tu abdomen con pequeños vellos, tu cabello largo y frondoso y esos labios tan deliciosos y provocativos que deseaba tanto, perdóname, hija, por favor, pero me pediste la verdad.
Hija: Te escucho y no lo puedo creer, no parece que hablara mi Papá, escuchó a un hombre que se obsesionó por una niña, que no le importaba su edad, que solo deseaba satisfacer sus propias necesidades sin importar lo que ella estuviera pensando en ese momento y muchos menos preguntarle, hola Cristina, cómo te sientes. Te comportaste como un egoísta, ahora que te escucho, no entiendo por qué no pensaste en preguntarme qué sentía o pensaba, era una niña en ese momento.
Padre: Lo sé, hija, me porté como el peor de los papás, pero te pido que me perdones por favor.
Estaba angustiado, habían pasado algunos minutos, pero para mí, eran una eternidad.
Hija: Te equivocas si pensaste en que no recordaba esos momentos, como los puedo olvidar, siempre me pregunté por qué mi padre me haría esas cosas, aunque creí estar segura que no había nada de maldad, que era algo natural, que lo hacías por curiosidad nada más, siempre estuve equivocada, ahora te vuelvo a preguntar y quiero la verdad, ¿Alguna vez sentiste que ya no podías aguantar y deseaste decírmelo?
Padre: No había maldad, hija, porque era un sentimiento limpio, como de un hombre que se enamora de una mujer, si eres mi hija, pero no había maldad. Si quise decírtelo, no una, sino varias veces, la segunda vez que entré al baño y terminabas de bañarte, ese día quise decirte lo que sentía por ti y cuando te sentabas en mis piernas y no metías tu falda por debajo de tus pantys, entonces sentía tus muslos calientes y la humedad de tu panty sobre mis piernas, perdóname por decirlo, pero me pediste la verdad.
Hija: Te escucho y no lo puedo creer, tenías fantasias conmigo y yo sin saberlo, de verdad papá, no es justo, ¿por qué nunca me preguntaste cómo me sentía en esos momentos?, era tu hija, entiendo que me veías como una mujer, pero además era tan solo una niña de 14 años.
En esos momentos terminó el disco, lo que indicaba que nuestro baile también, quedaba en un limbo esa noche, era mi castigo.
Hija: Deja que pasen dos discos más y luego me sacas a bailar porque quiero terminar esto hoy mismo, papá.
Me dijo esas palabras y salió hacia la mesa.
Sigue (III)….