Quejarme sería de desagradecido, me había ido bien, con el dinero ganado con los «deseos» pude comprar mejor equipo, y pensaba adquirir una pantalla led gigante para reemplazar el obsoleto ciclorama de papel continuo, así podría poner el fondo del color o las imágenes que quisiera.

Estaba en mis pensamientos de modernización cuando un hombre maduro, de unos cuarenta años, entró al estudio. Alto, buena facha, no era nada feo y se mantenía bien.

—Hola —me dijo—, la señora Camila me dijo que aquí hacen encargos especiales, ¿verdad?

Me extrañó, pensaba que venía por otra cosa; él podría conquistar a cualquiera sin mucho esfuerzo.

—Así es —le dije— toma asiento; en qué puedo ayudarte.

Tomás, ese era su nombre, me comentaba que hace un par de años contrató a una empleada doméstica extranjera, con esto de la inmigración desbordada en mi país, llegaron personas de muchos partes de Latinoamérica en busca de mejores oportunidades, y su empleada, era una mujer negra haitiana, había llegado sola con su hija y el las acogió puertas adentro. Esto ya hace 8 años, y la hija de su empleada hacía poco ya había cumplido la mayoría de edad y sentía que ella le comenzó a coquetear, no estaba seguro, pero sentía eso. Nunca la había visto con otros ojos, pero desde que ella comenzó con los coqueteos lo traía loco, era una chica negra muy atractiva, y tenía un sueño erótico recurrente con ella y quería usar mis habilidades para cumplirlo.

Primero, lo encontré estúpido; era cosa de insinuársele y ver la reacción de ella, no me necesitaba. Pero no está en mi naturaleza juzgar a los clientes, soy un profesional. Segundo, su sueño erótico era, por decirlo suavemente, una mierda, hasta cierto punto ofensivo, pero insisto: Si un cliente quiere «A», se le da «A», independiente de lo que yo opine de «A».

Su sueño era el siguiente: Se veía en una selva, amarrado a un tronco, y la chica negra, vestida como guerrera africana, lo seducía.

En fin, puse mi mente en blanco y ¡paf!, llegó la inspiración.

—Tomás— le dije— desde ahora tú eres mi ex compañero de universidad, somos amigos y en una conversación loca te dije que necesitaba una chica negra para una sesión de fotos; tú le preguntarás a ella si quiere y que la acompañarás.

—¿Eso es todo? — preguntó confuso por lo simple del plan.

—Claro, una vez acá le explicaré de que se trata la sesión, eso sí, dependerá de ella aceptar o no, además, no hay devoluciones si no se concreta, yo armo y produzco el plan, pero si no llega a consumarse por decisiones propias no tiene que ver conmigo. Esas son mis condiciones ¿aceptas?

—Está bien— dijo él no del todo convencido.

Esa semana le envié el presupuesto; debo reconocer que me excedí un poco, pero tenía en mente mi pantalla led gigante, él aceptó y me depositó la suma acordada. Dos semanas después, llegó el día, y por la puerta ingresa Tomás y una chica espectacular, un cuerpo increíble, trenzas en el pelo, ideal para tema, pensé; y un rostro que me levantó sospechas.

Le expliqué a Nadege, el nombre de la chica, que era una sesión privada, solo para mi book personal. Al decirle la suma que le pagaría ella, entusiasmada, aceptó de inmediato. Para cerciorarme, la hice firmar un contrato, trucho, de servicios y le pedí su documento de identidad, solo para verificar la fecha de su nacimiento, su cara era demasiado juvenil; pero mis sospechas eran infundadas, era totalmente legal, así que continué.

El estudio estaba decorado minimalista: Una roca hecha de poliestireno, un tronco a modo de pilar, y de fondo mi nueva pantalla led que proyectaba una selva congolesa.

—El tema de la sesión es la fuerza salvaje de la mujer— inventé.

—Me parece genial — dijo Nadege muy entusiasmada.

Le pasé el atuendo que debía vestir y le indiqué el camerino. Una vez solos con Tomás le recordé el plan para que estuviese atento, yo haría lo mismo, estar atento a los detalles; estaba en eso cuando la cara de Nadege apareció por el camerino llamándome, para ayudarle con algunos accesorios del traje. Entré y quedé helado.

La joven diosa de ébano tenía una figura cincelada a la perfección, cuerpo fitness, cuello largo, cintura angosta, piernas largas gruesas y tonificadas, pechos pequeños, del tamaño perfecto para su figura deportiva; y un culo, ¡oh!, vaya culo; redondo, como cereza, como un corazón; no sé cómo explicarlo así que les diré: miren a su alrededor y vean si hay un trozo de madera o un mueble de madera, ahora golpeen la madera con los nudillos; así de duro era el culo de Nadege, liso, brillante, cero estrías.

El traje consistía en una tanga y un peto café con textura de cuero; tiras de cuero en sus pies hasta las pantorrillas, unas pulseras de cuencos y un collar eleke que le ayudé a colocarse. Me puse nervioso, debo confesarlo, ese culo me puso inquieto, recién ahí empaticé con Tomás, era para tener miles de sueños eróticos y peores del que taché de «ofensivo».

—Te ves espectacular— le dije con mucha tranquilidad.

—¿No será muy atrevido? — preguntó Nadege.

—Descuida, recuerda que es una sesión privada, secreta, nadie sabrá de ella— le recordé.

—No lo digo por eso, es por don Tomás — dijo ella.

—¿Te da pudor que te vea así? — preguntó Nadege.

—No, me ha visto en bikini muchas veces, pero esto es distinto— dijo Nadege con esa sonrisa pícara que, si sabes traducirla bien, escondía cierto grado de malicia en ella… el trabajo está hecho, pensé.

La sesión comenzó, con fotos simples, nada del otro mundo, pero llegaba el momento de ganarme el sueldo:

—Falta algo más juguetón— le dije.

—¿Tomás por qué no te pones en el tronco? — Le dije mientras iba en busca de un gorro de explorador y unas amarras.

—Tú harás de explorador cautivo amarrado al poste y tú Nadege, de guerrera custodia ¿les parece? — Ellos riendo aceptaron, aunque ya estaba todo planeado con antelación, las botas de Tomás delataban aquello.

A partir de ahora los llamaré Cautivo y Guerrera les dije, para romper distancias, además les aclaré que iba a hacer fotografías a intervalos para que todo fuera más fluido. Además, les recalqué otra vez, que sería algo privado, que se relajaran.

Así comenzó; ella posando con su lanza amenazante, risas, relajo, distención; hasta que comencé a guiarlos más allá.

—Guerrera — le dije— dele la espalda al cautivo y apéguese a él.

Ella lo miró con timidez fingida, él le sonrió y asintió, y ella se distendió, poniendo su perfecto culo en él.

—Guerrera— suba y baje lentamente — ella comenzó a subir y bajar, solo un poco, masajeando su culo contra el pantalón de Tomás, que comenzaba a tener una inevitable erección, ella se percató, su leve sonrisita pícara la delató, pero no dijo nada, al contrario, presionó más su culo contra él y sus movimientos ya no solo subían y bajaban, se hacían circulares. Tomás miraba hacia abajo y veía ese ébano y duro culo contra él, ella vestida como aborigen y la selva en la pantalla led, le hacían pensar que su sueño, en cierta medida, ya era una realidad.

—Guerrera, póngase en cuclillas y ponga su mano en el pantalón de cautivo.

Ella, en cuclillas, sostenía la lanza con una mano y la otra estaba sobre el cierre de Tomás, su pene estaba muy erecto, ella lo tocaba, lo palpaba y empuñaba y soltaba su mano levemente, sin dejar de mirar la cámara, sonriendo pícara.

—Guerrera, bájele el cierre. ella lo hizo.

—Guerrera, meta su mano dentro del pantalón—, ella lo hizo y sacó el pene de Tomás, que dio un suspiro nasal. La sonrisa de ella había desaparecido, estaba seria, mirando a la cámara mientras pajeaba suavemente a Tomás, no sé qué pasaba por su mente, no logré descifrarlo, pero antes que pudiese decir algo ella volteó su cabeza y metió el pene de Tomás en su boca y comenzó a darle profundas mamadas, el blanco pene se perdía en esa boca ébano, luego comenzó a lamerlo desde la base hasta el glande, haciendo girar su lengua, humedeciéndolo, creando un hilito de saliva y lubricante entre la punta de su lengua y el grande de ese albino pene. Luego dejó caer la lanza y con las dos manos tomó el pene de Tomás y volvió a las profundas mamadas.

Quizás, pensé al verla tan efusiva, ella tuvo un sueño similar y se estaba haciendo realidad.

—Guerrera, desnúdese y póngase de pie de espaldas al cautivo—, ella lo hizo y se elevó de puntillas dejándose caer, sintiendo como su vagina húmeda era penetrada. Ella subía y bajaba gimiendo levemente, con su brazo hacia atrás, sosteniéndose del cuello y del madero, se puso de nuevo de puntillas y esta vez se dejó penetrar por el ano, el contraste entre ese pene blanco entrando por el ano oscuro era maravilloso fotográficamente hablando, y sexualmente nada que decir; ver ese culo perfecto y duro ser penetrado, daba envidia; que ganas de sumarme, pero ya lo saben: Soy un profesional.

Tomás se había soltado del madero y puso a Nadege en cuatro patas en el suelo y la penetraba una y otra vez por ese culo perfecto, ella gemía con cada estocada, sintiendo ese ardor, ese dolor que el placer suavizaba hasta hacerlo desaparecer, una mano en su cadera y otra en su pelo, empujándola hacia él, como galopándola, y con cada estocada, ella se movía con fuerza hacia atrás para sentir su pene lo más profundo que se pudiera.

Luego ella se puso de espalda en el piso con su piernas levantadas, con las rodillas pegabas en su hombros, sujetándoselas con las manos, una contorción que gritaba «todo esto es tuyo»; él, sin un ápice de dudas o cohibición comenzó a lamerle la vagina, movimientos suaves, succionando su clítoris, y luego nuevamente movimientos suaves; mientras lamia, sus dedos medio e índice se humedecían y lubricaban dentro de la vagina de Nadege para luego perderse dentro del ano de ella; luego, él la penetró con más fuerza, dos estocadas dentro de la vagina, cuatro estacadas en el culo; él se inclinó para comenzar a lamer los pezones pequeños y oscuros de una tetas pequeñas y hermosas, perfectas. Los pezones brillaban como superficie pulida, ella gemía con cada estocada y lamida de pezón —Béseme, don Tomás— le dijo ella con un hilo de voz, una entonación tan excitada que me estremeció, mi pene lo notó he hizo un atisbo de querer despertar; no lo permití, soy un profesional.

Él la besó apasionadamente mientras la penetraba una y otra vez; ella acabó, el estremecimiento con un gemido parecido a quejido dio la señal; de pronto, él se desmonta y se pone de rodillas sobre ella, a la altura de sus pechos y con dos movimientos certeros de su pene eyaculó con abundancia y energía, la cara, el pecho, el cuello de ella brillaba con el blanco y semitransparente semen que daba un contraste húmedo sin igual en su cuerpo perfecto de ébano, ella saboreaba el semen con su lengua, tomaba un poco que escurría por su pecho con sus dedos y lo lamia; luego, ella tomo a Tomás por los glúteos y lo acercó hasta su boca y comenzó a lamer su pene palpitante, que aun daba espasmos, arrojando las ultimas gotas de esperma.

—¡Corte! —dije—. Perfecto, son unos profesionales. —Los felicitaba mientras me alejaba hacia mi escritorio, dejando a un jadeante y sudado Tomás recostado a un lado de Nadege. De reojo miré y Ella lo abrazó, exhausta, dando una risita malvada, como percatándose de la locura que habían cometido.

Mucho más tarde me despedí de ellos; Tomás me guiñó un ojo. Al mirar por la ventana vi cómo él se alejaba abrazado por la Avenida. Meses después recibía una invitación para ser el fotógrafo de su boda, sonreí, pero decliné, esto de los deseos se había hecho un secreto a voces, tenía mi agenda copada.

Cierta tarde; se abre la puerta de mi estudio y entra una mujer policía.

—Tú eres…—dijo mi nombre con autoridad.

—¡Mierda! —me dije asustado— cagué.