Capítulo
- Amando la vida con mi hijo II
- Amando la vida con mi hijo I
Nos mudamos a un nuevo estado para que James pueda a empezar a estudiar la universidad el cambio fue un poco aterrador para mi al inicio ya que si bien habia ido de viaje a otros lugares solo fue por cortos periodos de tiempo pero en esta ocasion seria permanente pero tener a James a mi lado lo hizo todo mas facil durante el verano siguiente antes de su inicio de clases, nos fuimos acoplando lentamente a nuestras nuevas vidas. El cambio de pasar de una ciudad media a una mas grande se hizo notar el ritmo de vida mas rápido nos tomo por sorpresa y nos tomo un tiempo acostumbrarnos una vez que lo hicimos, fue como si fuera algo natural.
Estaba nerviosa y algo asustada por el inicio de clases de james temía que con el inicio de la universidad y su nueva independencia nuestra relacion se volviera mas distante por lo que para prevenir eso y demostrarle lo mucho que su madre lo ama teníamos una citas regulares para salir a comer a al menos una vez a la semana, en un inicio no tenia segundas intenciones era solo una madre y su hijo saliendo a comer, pero lentamente, las cosas comenzaron a cambiar. James se habia convertido en un joven tan increíble, y estaba tan orgullosa de que me vieran con él. Al principio, no sabía qué eran estos sentimientos que surgían en mi pecho cada vez que lo veía.
Al principio, no sabía qué eran estos sentimientos que crecían en mi corazón, pero día a día, sentía que nos acercábamos cada vez más.
Entonces algo pasó un día.
Era una tarde tranquila de domingo. La lluvia golpeaba suavemente las ventanas de la casa mientras el aroma del café recién hecho llenaba la sala. Elena estaba sentada en el sofá, leyendo un libro y acomodándose de vez en cuando las gafas sobre la nariz. La televisión permanecía encendida en volumen bajo, dejando escapar el murmullo de un programa cualquiera.
James, que llevaba varios minutos caminando de un lado a otro con evidente nerviosismo, finalmente se decidió a acercarse. Se sentó junto a ella y guardó silencio durante unos segundos, jugueteando con las mangas de su sudadera.
—Mamá… —dijo James al fin, con cierta timidez.
Elena levantó la vista del libro y sonrió con dulzura.
—¿Sí, cariño?
James dudó un instante antes de hablar de nuevo.
—Quería preguntarte algo… pero no te vayas a reír.
La madre cerró el libro con calma y lo dejó sobre la mesa de centro.
—Prometo no hacerlo. ¿Qué pasa?
Él tomó aire profundamente.
—¿Podrías enseñarme cómo conquistar chicas?
Por un momento, la mujer lo observó en silencio, sorprendida por la pregunta. Después, una pequeña risa escapó de sus labios, aunque no era una burla, sino una mezcla de ternura y nostalgia.
—Vaya, esa es una excelente pregunta para romper el hielo —comentó, cruzándose de brazos con una sonrisa divertida—. Pensé que nos habíamos saltado esta etapa.
El chico se encogió de hombros, algo avergonzado.
—Es que… hay una chica en la escuela que me gusta mucho, y no tengo idea de qué hacer.
Elena soltó una suave carcajada y le revolvió el cabello con cariño.
—Bueno, primero que nada, olvídate de “conquistar”. Las personas no son premios que se ganan. Si quieres acercarte a alguien, lo importante es ser sincero, respetuoso y hacerla sentir cómoda contigo.
El muchacho asintió atentamente, como si estuviera escuchando el secreto más importante del mundo.
—¿Y eso funciona?
Ella sonrió de nuevo antes de responder:
—Créeme, ser tú mismo siempre funciona mejor que fingir ser alguien que no eres.
La lluvia seguía golpeando las ventanas con un ritmo suave y constante. La sala estaba iluminada únicamente por la luz cálida de una lámpara junto al sofá, creando un ambiente tranquilo y acogedor. El muchacho permanecía sentado al lado de su madre, mirando sus propias manos con nerviosismo.
—Pero… ese es el problema —murmuró después de unos segundos—. Ni siquiera sé cómo tener una cita… y tampoco sé cómo ser yo mismo.
Elena lo observó con atención. Había sinceridad en su voz, una inseguridad tan humana que le encogió el corazón. Cerró por completo el libro y se acomodó mejor en el sofá para mirarlo de frente.
—¿Por qué dices que no sabes ser tú mismo?
James soltó una pequeña risa nerviosa.
—Porque cuando hablo con una chica que me gusta siento que todo lo que digo suena tonto. Entonces intento actuar diferente… como los chicos de las películas o los populares de la escuela. Pero al final solo termino sintiéndome raro.
Ella sonrió con dulzura y negó lentamente con la cabeza.
—Eso le pasa a más personas de las que imaginas. Incluso a los adultos mas experimentados. tu apenas estas empezando en la adultez debes tenerte paciencia
James levantó la vista, sorprendido.
—¿También a ti?
—Claro —respondió ella con una pequeña risa—. Cuando era joven, también intentaba parecer más interesante de lo que realmente era. Creía que debía decir siempre lo correcto o verme perfecta. Pero, ¿sabes algo? Las mejores conversaciones que tuve en mi vida fueron cuando dejé de intentar impresionar a los demás.
El muchacho guardó silencio, escuchando con atención.
—Una cita no es un examen —continuó Elena—. No tienes que actuar como alguien increíble o misterioso. Solo es pasar tiempo con otra persona para conocerla. Hablar, reír, compartir gustos… incluso los silencios incómodos son normales.
—¿Y si digo algo ridículo?
—Entonces se ríen juntos y ya está.
Él dejó escapar una pequeña sonrisa.
—Suena fácil cuando tú lo dices.
—No siempre es fácil —admitió ella—. Da miedo mostrarse tal como uno es, porque existe la posibilidad de que a la otra persona no le guste. Pero fingir todo el tiempo es mucho más agotador.
James apoyó la espalda en el sofá y suspiró.
—Entonces… ¿Qué hago si quiero invitar a alguien a salir?
Elena pensó unos segundos antes de responder.
—Empieza simple. Háblale de algo que le guste, escucha lo que dice y no intentes parecer perfecto. Luego puedes preguntarle si quiere salir contigo algún día: tomar un café, caminar, ir al cine… algo tranquilo.
—¿Y si me dice que no?
Elena le tomó la mano con cariño.
—Entonces no significa que haya algo malo contigo. Solo significa que no era la persona correcta. Y aunque duela un poco, sobrevivirás. Todos sobrevivimos a eso alguna vez.
James bajó la mirada, reflexionando sobre sus palabras. Después de unos segundos, sonrió con timidez.
—Creo que nunca nadie me había explicado eso así.
La madre le devolvió la sonrisa y le acomodó un mechón de cabello detrás de la oreja.
—Porque muchos creen que enamorar a alguien es actuar. Pero, en realidad, las relaciones más bonitas empiezan cuando uno deja de fingir.
— Pero madre yo de verdad no se siquiera como acercarme a las chicas sin que salgan corriendo. por favor ayúdame
La verdad es que Elena tampoco tenia tanta experiencia en el romance como se hacia ver, es cierto que Elena había intentado tener citas, conocer el amor pero ser madre soltera no te deja mucho tiempo para las citas y las que logro concretar ninguno de los pretendientes que conoció servía para formar una familia, algunas veces llego a tener sexo con los mas apuestos pero nunca una relación verdaderamente formal y siempre le dolía el corazon cada vez que regresaba a casa y james le preguntaba a donde había ido sentía que se había vuelto una mala madre, una mujer pecadora por eso había dejado de intentar salir con personas y se había vuelto un poco ermitaña su mejor amigo se volvió su vibrador de 3 velocidades y su computadora en la que veía porno en sus noches mas solitarias.
Una idea cruzo por la mente de Elena
— Amor, vístete saldremos a cenar— dijo Elena con una sonrisa en la cara
— lo siento mama, pero esta tarde no estoy de humor para salir a cenar— le respondió James con un semblante cabizbajo
No me habías pedido ayuda para que te enseñe a salir con chicas le dijo Elena con una sonrisa en la cara se que es el papa el que deberia de hacer esto pero te tendrás que conformar conmigo
— mama lo dices ¿en serio?—
por supuesto que si yo soy tu madre cariño por lo que haría cualquier cosa por ti, además nosotros salimos cada semana que tiene eso de raro claro que esta vez no saldremos como siempre lo hacemos si no que en esta ocasión te voy a dar un curso completo para que puedas enamorar a la chica que quieras después de todo yo soy una mujer
— una muy hermosa— respondió James
— eres muy dulce, cariño— vas por buen camino le dijo Elena mientras le daba un beso en la frente, ahora ve a cambiarte de ropa es de mala educación hacer esperar a tu chica y yo estoy criando a un caballero dijo Elena emocionada
James esta alterado paseando nerviosamente mientras esperaba a su madre el se preparo lo mejor que pudo con una camisa formal, un chaleco, zapatos de vestir se podria decir que esta cita de practica era su primera cita real, entonces escucho una risita a su espalda
— no tienes que estar tan nervioso — será divertido no hay nada de que preocuparse
al darse la vuelta James se quedo completamente mudo por un momento al ver a su madre, Elena vestía un vestido negro con corte abierto que dejaba ver un poco de sus piernas y acentuaba sus exquisitas curvas que tanto había trabajado en el gimnasio el vestido contenía un escote que mostraba sus hermosas tetas copa D probablemente el vestido se podria ver muy formal paar una salida con su hijo pero Elena quería hacer las cosas bien, también contaba con un labial rojo que hacia ver sus labios aun mas apetecibles, su cabello color rojo vibraba aun mas brilante sobre su nuca
¿y bien ? ¿Cómo me veo ? Elena preguntó con una sonrisa coqueta Elena estaba mas emocionada de lo que había esperado hace tiempo que no se arreglaba tanto y menos para un hombre pero ese hombre era su hombre y James si era merecedor de que ella se esforzara
— madre no hay palaras suficientes para describir tu belleza— hay tantos hombres que quisieran salir con una mujer como tu, me siento tan afortunado de salir hoy contigo.
Elena sonrió con orgullo por su hijo por el caballero que tenia enfrente y por ella misma se sentia orgullosa de que un hombre joven como el aun la considerara hermosa.
— madre a donde vamos a ir esta noche— dijo James con un tono de voz de galán de telenovela
— el lugar no es importante — le dijo elena mientras dejaba escapar una risita, aunque si te voy a pedir que por esta noche no me trates solo como tu madre si no como mujer despues de todo tienes que practicar como enamorar chicas
— por supuesto— dijo James entonces Elena ¿ le gustaria salir conmigo esta noche?
—si — respondio la madre con rubor en la cara
saliendo de la casa James se apresuro a ir abrirle la puerta a su madre como todo un caballero, y mientras ella entraba en el auto el no pudo evitar mirar los grandes senos de su madre, ruborizado cerro la puerta y entro al auto, en la oscuridad del auto solo pudo escuchar a su madre reir por lo bajo por su actitud
James condujo hasta un piano bar que su madre habia escogido, el piano bar estaba escondido en el segundo piso de un edificio antiguo, detrás de una puerta negra sin letrero. Desde afuera parecía un lugar olvidado; adentro, todo brillaba en tonos cálidos y dorados.
La luz era tenue, apenas suficiente para iluminar las mesas redondas de madera oscura y las copas alineadas detrás de la barra. El aire olía a vino, perfume caro y un leve rastro de tabaco viejo impregnado en las paredes. Un pianista tocaba melodías lentas al fondo del salón, dejando que las notas se deslizaran suavemente entre las conversaciones bajas y las risas discretas.
Las mesas estaban demasiado cerca unas de otras, obligando a la gente a inclinarse para hablar. Eso hacía que todas las conversaciones parecieran secretos.
Había parejas elegantes compartiendo botellas de vino, hombres con corbatas aflojadas después del trabajo y mujeres con vestidos oscuros sosteniendo martinis transparentes. Nadie levantaba demasiado la voz. El lugar entero parecía construido para murmullos.
Detrás del piano, una pared de vidrio mostraba la ciudad nocturna cubierta por lluvia. Las gotas resbalaban lentamente sobre el cristal mientras las luces de los edificios se deformaban como acuarela.
Elena notó enseguida que James miraba todo con atención, como si nunca hubiera estado en un lugar así.
Y quizá no lo había hecho, eso la emocionaba secretamente poder ver la expresión de su hijo al estar en un lugar asi por primera vez era mágico
James entró detrás de Elena mirando el lugar con una mezcla de fascinación y nervios.
—Dios… esto parece una película.
Elena sonrió apenas mientras se quitaba el abrigo.
—Eso significa que escogí bien.
El mesero los condujo a una mesa junto a la ventana. James esperó a que Elena se sentara primero y luego hizo lo mismo, aunque el movimiento fue tan torpe que casi golpea la mesa con la rodilla.
Ella fingió no notarlo.
James tomó el menú como si estuviera leyendo instrucciones para desactivar una bomba.
—No entiendo absolutamente nada de esto.
—¿Del menú?
—De las citas.
Elena soltó una pequeña risa.
—Eso fue honestamente adorable.
—No te burles. Estoy hablando en serio.
—Ya lo noté.
James bajó la voz, inclinándose un poco hacia ella.
—Creo que esta es mi primera cita de verdad.
Eso la sorprendió.
—¿Primera primera?
—O sea… salí con chicas antes. Pero normalmente íbamos por hamburguesas o al cine y luego todo se volvía raro porque no sabía cuándo tomarles la mano o cuándo besar o si tenía que pagar o—
—James.
Él se calló de inmediato.
—Respira.
James rio nervioso y se recargó en la silla.
—Lo siento. Solo no quiero arruinarlo.
Elena apoyó un codo sobre la mesa.
—Bien. Primera lección entonces.
—¿Hay lecciones?
—Claramente las necesitas.
Él sonrió.
—Estoy escuchando, profesora.
—Una cita no es un examen.
—Ya empezamos mal porque vine estudiando mentalmente toda la tarde.
Ella negó con la cabeza, divertida.
La mayoría de las personas cree que una cita se trata de impresionar al otro. En realidad se trata de ver si puedes sentirte cómodo con alguien.
James la observaba con una atención casi peligrosa.
—¿Y cómo hago eso?
—Dejando de pensar tanto en hacerlo perfecto.
El pianista cambió a una melodía más lenta. Afuera, la lluvia golpeaba suavemente el cristal de las ventanas.
James jugó nerviosamente con la servilleta.
—Entonces… ¿qué se supone que haga ahora?
Elena tomó la copa de vino que acababan de servirle.
—Ahora me haces preguntas.
—¿Qué tipo de preguntas?
—Las que realmente quieras hacer.
James pensó unos segundos.
¿Cómo sabes cuándo una cita va bien?
Elena sonrió apenas, como si no esperara algo tan sincero.
—Esa sí es pregunta de principiante.
—Te dije que no sé hacer esto.
Ella giró lentamente la copa entre sus dedos.
—Una cita va bien cuando dejas de pensar en impresionar a la otra persona y empiezas a disfrutar estar ahí.
James asintió como si estuviera memorizándolo.
—Entonces creo que esta va bastante bien.
—¿Tan rápido llegaste a esa conclusión?
—Bueno… todavía no huyo, así que es buena señal.
Elena soltó una risa baja.
—James, relájate.
—Lo intento. Pero tú haces que sea difícil.
Ella levantó una ceja.
—¿Yo?
—Sí. Pareces alguien que ya sabe exactamente qué decir en este tipo de lugares.
Elena miró alrededor del piano bar: las luces tenues, las parejas elegantes, el pianista tocando sin mirar las teclas.
—La verdad es que solo aprendí a fingir seguridad.
—Pues funciona demasiado bien.
Ella sostuvo su mirada unos segundos.
—Y tú todavía no aprendiste a fingir nada.
James bajó la vista hacia la mesa con una sonrisa pequeña y nerviosa.
Y ahí estaba el problema.
No sabía coquetear correctamente.
No sabía esconder los nervios.
No sabía jugar juegos de adultos.
pero a Elena eso le encantaba poder moldear a su hijo para que se convirtiera en un galan que haga mojar a las mujeres que lo vieran ese es el deber de una buena madre, la cena fue perfecta james por fin pudo soltar sus nervios tal vez el vino que estuvieron bebiendo ayudo un poco, Por primera vez desde que llegaron, James parecía menos tenso.
Ya no revisaba constantemente dónde poner las manos ni corregía cada palabra antes de decirla.
Solo hablaba.
Y Elena descubrió algo peligroso en eso: cuando James se relajaba, era encantador.
—¿Y tú? —preguntó James después de un momento—. ¿Cómo eras a los dieciocho?
Ella apoyó la espalda en la silla, pensándolo.
—Mucho más insoportable que tu.
—No te creo.
—claro probablemente no me quisieran como amiga era un poco obsesiva con el trabajo. Quería que toda mi vida estuviera planeada antes de los treinta.
—¿Y funcionó?
Elena observó el reflejo de las luces sobre su copa.
—No exactamente. James tu eres lo unico que no planee pero mira funcionaste mejor que todos mis otros planes
James la miró con atención genuina, no por educación ni por coqueteo y pudo notar una melancolia en sus ojos
Solo quería saber.
—¿Eso te molesta?
La pregunta la tomó desprevenida.
Porque normalmente la gente asumía que una mujer como ella debía tener la vida resuelta. Carrera estable, madurez, seguridad un hijo increíble
James no parecía verla así.
La veía como persona.
—A veces —admitió Elena—. Pero creo que uno deja de intentar entender su vida por completo después de cierta edad.
—Eso suena triste.
—Es liberador.
James sonrió un poco.
—Hablas como si hubieras vivido cien años.
—Y tú hablas como si todavía creyeras que todo tiene solución.
—Tal vez porque todavía quiero creerlo.
Elena sostuvo su mirada.
Ahí estaba otra vez esa honestidad rara.
Tan simple que desarmaba cualquier respuesta inteligente que ella quisiera dar.
El mesero dejó otra ronda de bebidas sobre la mesa.
James esperó a que se fuera antes de hablar otra vez.
—¿Puedo confesarte algo vergonzoso?
—Depende de qué tan vergonzoso.
Él dudó un segundo.
—Antes de venir busqué en internet “cómo actuar en una cita elegante”.
Elena se quedó viéndolo.
Luego empezó a reírse tanto que tuvo que cubrirse la boca con la mano.
James la miró ofendido.
—¡Oye, era una emergencia!
—¿Y qué decía internet?
—“Mantén contacto visual y haz preguntas interesantes”.
Ella seguía riendo.
—Bueno… al menos estás siguiendo instrucciones correctamente.
James sonrió también, relajándose al verla así.
Y sin darse cuenta, en la cita se empezó a sentirse menos como una salida de madre e hijo y mas como salida de dos adultos que quieren conocerse
cuando termino la cena, volvieron al auto y james le abrió la puerta a su madre no pudo evitar volver a notar sus enormes pechos tal vez era porque el vestido los apretaba pero parecieran que romperían el escote y saldrían al exterior de un salto.
— enciende el coche te llevare a otro lugar — le dijo Elena a su hijo con una sonrisa al notar como no a parado de verle los pechos toda la noche, como madre debe de sentirse incomoda o al menos cohibida pero ninguno de esos sentimientos surgen en ella solo esta la excitación de que un muchacho joven y viril la encuentre atractiva.
¿Un autocinema?
—No exactamente.
Dentro había una sala enorme llena de sofás viejos, cojines y pequeñas mesas bajas. En lugar de filas normales de cine, la gente se acomodaba donde quería: algunos acostados sobre alfombras, otros compartiendo mantas mientras una película clásica se proyectaba sobre una pared gigante al fondo.
El lugar estaba iluminado apenas por lámparas cálidas y la luz azul de la pantalla.
No era un cine silencioso.
La gente hablaba bajo, pedía café, comentaba escenas.
Era más íntimo que eso.
James observó el lugar fascinado.
—¿Cómo encuentras sitios así?
—Tengo años evitando lugares demasiado normales.
Ella tomó una manta doblada de una canasta cerca de la entrada y caminó hacia una esquina apartada llena de plantas grandes y sillones bajos.
James la siguió, todavía mirando todo alrededor como niño entrando por primera vez a una feria.
Se sentaron uno junto al otro sobre un sofá ancho. No frente a frente. No obligados a sostenerse la mirada cada segundo.
Eso ayudaba.
La película ya había empezado, aunque ninguno parecía realmente interesado en verla.
James se acomodó torpemente.
—Esto es muchísimo peor para mis nervios, por cierto.
—¿Por qué?
—Porque ahora estás demasiado cerca.
Elena giró apenas el rostro hacia él.
—¿Y eso te distrae?
James soltó una pequeña risa nerviosa.
—Bastante.
Ella tomó la manta y la colocó parcialmente sobre ambos.
—Entonces intenta relajarte.
Él tragó saliva discretamente.
Elena podía sentir la tensión en cómo mantenía los hombros rígidos, como si no supiera exactamente qué hacer con las manos o con las piernas o incluso con la respiración.
Y por alguna razón eso le parecía adorable.
En la pantalla, la película mostraba una escena de lluvia y música vieja. La luz azul iluminaba parcialmente el rostro de James mientras él intentaba fingir que estaba viendo la película.
Claramente no lo estaba.
—James.
—¿Hm?
—Otra regla de las citas.
Él giró un poco hacia ella.
—¿Todavía hay clases?
—Claro.
—Bien. Estoy prestando atención.
Elena apoyó la cabeza ligeramente contra el respaldo del sofá.
—A veces es más fácil conocer a alguien cuando no tienes que mirarlo directamente todo el tiempo.
James se quedó callado unos segundos.
—Eso… tiene bastante sentido.
—La gente se siente menos observada. Habla más honestamente.
Él bajó la vista hacia sus manos.
—¿Eso estás haciendo conmigo?
—Tal vez.
James sonrió apenas.
El silencio volvió, pero esta vez fue cómodo.
El tipo de silencio donde dos personas empiezan a acostumbrarse a existir cerca del otro.
Después de un rato, James habló sin apartar la vista de la pantalla.
— Sabes cuando era niño pensaba que las citas eran como en las películas románticas que te gustan ver.
—¿Y cómo eran en las películas?
—La gente sabía exactamente qué decir. Todo se veía fácil.
Elena lo observó de reojo.
—¿Y ahora?
James soltó una pequeña risa.
—Ahora creo que todos solo improvisan y esperan no verse ridículos.
—Esa es probablemente la definición más honesta que he escuchado.
Él sonrió.
Y lentamente, casi sin darse cuenta, su hombro terminó rozando el de ella bajo la manta.
El contacto fue mínimo. Apenas un roce.
Pero ambos lo notaron.
James se quedó completamente quieto por medio segundo, como si su cuerpo hubiera olvidado cómo reaccionar. Luego fingió normalidad con un movimiento lento de la mano hacia la manta, como si eso explicara todo.
Elena no se movió.
La película seguía en la pantalla, pero el sonido parecía más lejano ahora. El tipo de distancia que no tiene que ver con el volumen, sino con la atención.
—Perdón —murmuró James al final, sin mirarla.
—¿Por qué?
—Por… esto.
Señaló vagamente el espacio entre ambos hombros.
Elena lo miró de reojo.
—No hiciste nada malo.
—No quería incomodarte.
Ella tardó un segundo en responder.
—No me estás incomodando.
Esa frase cayó entre ellos con más peso del que parecía tener.
James giró un poco la cabeza hacia ella, pero no del todo. Como si aún no se atreviera a confirmar lo que estaba escuchando.
—Entonces… ¿esto está bien?
Elena soltó una pequeña risa suave, casi imperceptible.
—James, si no estuviera bien, ya me habría alejado.
Eso lo relajó un poco. Apenas un poco.
Él respiró hondo y volvió a mirar la pantalla, aunque ahora su postura era más natural, menos rígida. El hombro seguía ahí, rozando el de ella, pero ya no parecía un accidente.
Elena tomó un sorbo de su café frío. Luego habló sin mirarlo directamente.
— tengo frio — pásame tu saco dijo Elena
James rápidamente se saco el saco y se lo puso en los hombros a su madre, la situación era un extraña es su madre no una mujer desconocida no debería de tener ese tipo de comportamiento con ella pero algo dentro de el le parecía lo mas natural del mundo y a su madre no parecía molestarle, entonces cuando volvió a acomodarse debajo de la manta Elena se acomodo en su regazo pasando el brazo de su hijo sobre su cuello donde su mano quedo cerca de los grandes pechos de su madre.
Elena se quedo paralizada al sentir donde termino la mano de su hijo ella solo quería un poco de su calor corporal por culpa de la temperatura no que su hijo le subiera la temperatura sin saber que hacer Elena no hizo nada y dejo que lo mano de su hijo siguiera rosando sus pechos, tal vez James no se había dado cuenta de donde tenia la mano pensó ella pero esa idea quedo descartada de inmediato en el momento que sintió como su mano se empezó a mover lentamente sobre sus tetas era un movimiento casi imperceptible pero Elena podía sentirlo con claridad, el hombre que la estaba tocando era su hijo y aun asi no hizo ademan de quitarse sus manos de encima es mas se acomodo mas cerca de su pecho donde a pesar del ruido de la función pudo escuchar con claridad el tamborileo de su corazon contra su pecho.
Una corriente eléctrica recorrió la espalda de Elena cuando sintió un movimiento mas audaz por parte de su hijo en lugar de mantenerse solo en sus pechos la mano que le quedaba libre le empezó a tocar el muslo interno Elena pudo sentir como los dedos de su hijo se escurrían por su pierna, los pensamientos de Elena se volvieron locos ¿Cómo es que había permitido llegar a esa situación? el era su hijo no debería de permitirle tocarle en primer lugar pero como mujer también estaba el hacho de que no había sido tocada de ninguna forma en mucho tiempo y estaba necesitada de atención, la inmoralidad de la situación tenían a Elena encendida a pesar de que en momentos anteriores tenia frio ahora estaba encendida.
Elena podía sentir como sus bragas empezaban a mojarse poco a poco, al sentir como su hijo metía su mano cada vez mas profundo y cuando sintió que su hijo estaba por alzar sus bragas sostuvo su mano para que no lo hiciera pero tampoco la saco de entre sus piernas, simplemente lo guio sobre sus bragas para que empezara a mover sus dedos sobre estas y con con su mano libre termino de colocar la otra mano de su hijo sobre sus tetas.
James estaba tanto incrédulo como aliviado no podía creer que su madre le ayudara a tocarla pero no iba a dejar pasar esta oportunidad su pene estaba duro por la situación y sus manos le quemaban no quiso ir muy rápido y asustar a su madre ni siquiera el sabia porque hacia eso pero el no quería parar solo dejaba que su madre guiara sus manos y el haciendo movimientos lentos sobre el coño y tetas de su madre se dejaba llevar
Elena cerro los ojos sus caderas empezaron a moverse un poco cada tanto queria sentir solo un poco mas de friccion con los dedos de su hijo no tenia idea si era por el alchol de la cena o porque era exitante que estuvieran en un lugar publico pero casi como un susuro le dijo a James
— pon mas fuerza en tus dedos — sin pensarlo mas James preciono con una de sus manos uno de los pechos de su madre y pudo sentir como piel se volvia de gallina como su pezon se volvia mas duro bajo su mano, Elena agarro la mano de su hijo y lo guio hacia su clitoris necesitaba que lo precionara mas fuerte sentia como sus jugos estaban escurriendo por sus piernas estaba tan cerca del orgasmo incluso si era sobre sus bragas necesitaba mas presión
entonces las pesonas empezaron a levantarse la función habia terminado, Elena que estaba en un estado de trance se congelo pero rapidamente se acomodo el vestido debajo de la manta y salio corriendo hacia el auto, de pronto todo lo que hizo con su hijo le cayo como agua fria queria escapar no podia ver a su hijo a los ojos es cierto que el fue quien lo inicio pero ella no se quedo atras no hizo nada para detenerlo es mas lo ayudo a continuar, el calor que emanaba su hijo su olor la hizo sentir mujer pero no habia justificacion alguna para lo que hizo.
James alcanzo corriendo a su madre pero cuando la vio mirando el suelo no tuvo el valor para hablarle, le abrio la puerta para que su madre subiera, empezo a manejar la noche habia acabado el camino a casa fue silencioso cuando llegaron James se estaciono en el garage pero ninguno de los dos bajo del auto
— James lo que paso esta noche no puede volver a repetirse — Elena le dijo sin mirarle a los ojos
— mama, miraba aun no nos hemos bajado del coche asi que nuestra cita aun sigue — James le toma la mano a su madre para que lo voltee a ver
mama si esta noche no se volverá a repetir entonces quiero terminarla bien, sin esperar a que su madre le respondiera James se lanzo a la boca de su madre robándole un beso que le quito el aliento, Elena soltó un pequeño gemido cuando sintió la lengua de su hijo chocar con la suya, Elena sabia que la persona que estaba besando era su hijo pero no pudo evitar seguir la guerra de lenguas sostuvo el cabello de su hijo con fuerza y anhelo y profundizo aun mas el beso cuando ya no podía respirar se retiro y un fino hilo de saliva aun los mantenía unidos al intentar colocarse de nuevo Elena no pudo evitar sentir el duro pene de su hijo encerrado en su pantalón y como si fuera un metal ardiendo retiro la mano rápidamente, a Elena le tomo toda su fuerza de voluntad dejar de ver el pene de su hijo y mirarlo a los ojos y le dijo
— no soy el tipo de mujer que tiene sexo en la primera cita— si quieres continuar tendrás que ganártelo
— eso quiere decir que continuaremos con esto— le dijo James, Elena que se sentía mareada por todo lo que paso solo le dijo
— tendrás que ganártelo — entonces Elena entro corriendo a la casa y subió a encerrarse a su cuarto.
Elena estaba en su cama preparándose para dormir después de una ducha y aun asi no podía bajar el calor de su coño sabia que el hombre que le hizo sentir todo eso esta noche no era otra persona que su hijo pero no le importaba es mas a una parte de ella le resultaba algo de lo que estar orgullosa después de todo ese era el objetivo de la noche enseñarle a su hijo como tratar a una mujer y vaya que ella le enseño.
Los recuerdos de la noche no dejaban de llegar a su cabeza, estaba tan cerca de correrse si la pelicula hubiera durado mas o si su hijo hubiera sido mas rápido, solo de imaginar su orgasmo Elena se mojaba no paraba de moverse en la cama recordando mientras uno de sus dedos se introduce en su coño mientras que con la otra mano acaricia su clitoris el movimiento se acelera y los gemidos empiezan a salir de su boca
— Jammms— Elena se trago el nombre de su hijo, no quería aceptarlo no podía tenia que aferrarse a algo y no quería pensar en su hijo como hombre pero sus manos parecían estar decididas a otra cosa, ellos solo querían calmar el calor de su coño, Elena podía sentir como sus fluidos bañaban sus dedos pero nada le importaba
el movimiento de sus manos se aceleran dos dedos mas se introducen en su coño, cambiando de posición, Elena posiciona su cabeza sobre la almohada y levanta su culo al aire para mas movilidad, Elena no para de mover sus manos mordiendo la almohada para no dejar escapar sus gemidos
— mi amor quiero mas — se bueno con mami y dame mas, cambiando de posición su mano introdujo uno de sus dedos en su culo y a pesar del dolor que sentía ya que no estaba lubricada correctamente la calentura era mas no podía detenerse, su respiración iba en aumento sus manos entraron en aumento y con la poca conciencia que le quedaba mordía la almohada con toda su fuerza.
El grito soltó cuando termino apenas fue mitigado por la almohada y su orgasmo final la dejo tiritando en un estado de trance solo podia imaginarse a su hijo terminando dentro de ella, después de todo lo que paso en la noche Elena por fin pudo dormir con una mezcla de felicidad y culpa, causado por los sentimiento que empezó a desarrollar por su hijo.