Alex llegaba a casa después de un día pesado en esa oficina de administración de empresas, con el cerebro frito. Necesitaba un escape, algo que lo sacara de la monotonía. Se sentó frente al ordenador, porno, alguna serie, una película… En eso, una notificación apareció en la pantalla, de ese sitio de citas sin compromiso. Lo había usado una vez y fue un desastre, pero abrió la notificación esperando lo peor. Y entonces la vio.
Daniela. Una belleza de caballo castaño, pelo largo y unos labios hechos para chupar verga. Aceptó sin pensarlo dos veces. Al segundo, el video se conectó. Y allí estaba ella, mil veces más hermosa y sexy que en la foto. Alex casi se corre en el pantalón. Se saludaron con timidez, pero ella, una zorra sin complejos, se echó para adelante y tomó el control.
«Ponte de pie, guapo», le pidió con una voz que sonaba a puro sexo.
Alex, dudoso y con la verga ya durísima, se levantó tratando de ocultar la erección que lo tentaba desde hacía un rato. «Qué guapo», aduló ella, y él se sonrojó , sentándose de inmediato. Le devolvió la invitación. «Ahora tú». Ella sonrió. «Pero prométeme que no sales corriendo ni te espantas».
Alex pensó que seguro era alguna cosa de su peso, el prejuzgando. Daniela se levantó lentamente, dejando ver su escote en la cámara. Sus pezones casi salían por la pantalla, y la blusa casi abierta dejaba al descubierto unas tetas enormes y perfectas. Llevaba una mini falda beige, y al estar completamente de pie, Alex vio salir, frente a la mini falda, una verga espectacular. El glande, expuesto y brillante, con venas marcadas. Calculó que debía tener unos dieciocho o diecinueve centímetros. Ella movió las caderas para lucir su esplendor. Alex, con la boca seca y abierta, apenas tragaba saliva.
«¿Te gusta mi sorpresita?», preguntó ella. Él asintió con la cabeza y un «sí» apenas audible. «¿La quieres?», dijo ella, y justo en ese momento se cortó la señal. Se cayó el internet de alguno de los dos.
Alex, temblando y con el pantalón mojado de pre-cum, la llamó. Ya se habían dado sus números. «Daniela», dijo con la voz temblorosa. «Hola, guapo. ¿Qué pasó? ¿Por qué cortaste?». «No fui yo, pero no importa. ¿Qué me decías? ¿Que sí quieres venir a verme? Estás a como veinte minutos, ¿no?». «Sí, estoy ahí en quince».
Alex tocó la puerta y abrió Daniela. Casi de su altura, piernas largas en tacones bronceada, la mini y la blusa ceñida eran un espectáculo. Le dio un beso en la mejilla; ella, a él, un beso que parecía una seducción. Él entró a la sala, platicaron tonterías brevemente, no tardaron en ponerse las manos encima. Ella lo tocaba todo, él las tetas y las nalgas su objetivo, ya mamaba los pezones de Daniela. Ella frotaba la verga de Alex por encima del pantalón.
Ella lo empuja contra el respaldo del sillón, abre una de sus piernas y se saca su gran verga aprisionada por una minitanga. Saco ese pedazo de carne, brillante, media más de lo que él creía. Orgullosa de su miembro, le dice: «Ven, cómetelo». Lo toma del cabello y lo lleva y trae como le gusta que la mamen. Él aprendió rápido. Antes de que Daniela explotara, ya tenía la verga de Alex en la mano. Lo levanta, lo masturba, lo hace venir por primera vez. Alex está igual de bien dotado que Daniela, un par de centímetros más corto.
Ya desnudos, ella lo lanza contra el respaldo del sofá, lo abre de piernas y le lame el ano con furia y deseo. Lo penetra con la lengua. Él, perdido en el placer, goteaba semen y pre-cum. Sumido en el placer, no se percato de que estaba a punto de dejar de ser virgen. Daniela, aprovechando la saliva de ella en su ano y mojando su verga, puso el glande en el ano. Entró con problemas al principio, pero una vez rebasando la entrada del ano, pasó al recto. La carne de Alex primero rechazó, pero en una embestida de Daniela, acabó por entrar y quedarse dentro ella sintió que el se estaba adaptando se detuvo, dejó que él se abrazará al tamaño. Él apretó los dientes, pero poco a poco relajó su expresión de dolor, que pasó al placer nuevo. Cada vez que Daniela embestía, él aflojaba el ano y el recto. Ella le dice: «Qué rápido aprendes,mi perrito. Parece que sabías qué hacer». «Más fuerte», le dice Alex en voz baja. Daniela sonríe. «Sí, mi perrito. Mira tu verga, ya aguanta más». Daniela acelera y ve hipnotizada cómo se ve la verga de Alex, roja, a punto de explotar con su pitote enorme dentro. Le da otra embestida, perecía que quería llegar al colon. Fue inevitable. Eyaculó como una fuente, manchando a Daniela. Eso le encantó y provocó que ella acelerara y se viniera dentro de él. El calor de la leche de Daniela lo desvaneció más. Ella cayó encima de la verga flácida de Alex, mojado del pecho y el abdomen. Así se quedaron unos minutos. Ella le dice: «Ven». Ella camina delante de él, moviendo ese espectacular trasero. Entraron al cuarto a otra sesión de sexo donde le recibió toda la noche hasta la madrugada.
Ya en el cuarto, Daniela lo empujó sobre la cama con una fuerza que lo dejó sin aliento. Se montó sobre su cara, esa verga monumental colgando sobre su boca mientras sus tetas enormes golpeaban su pecho.
«¡Mámame las bolas, perro!», ordenó ella con una voz gutural.
Alex abrió la boca y recibió esos testículos pesados y llenos de leche. Mientras los chupaba con desesperación, Daniela se inclinó y le metió toda la verga hasta la garganta. Se la metió tan profundo que Alex casi ahoga, lágrimas corriendo por sus mejillas mientras ella se la embestía en la boca con una furia animal.
«¡Así me gusta, perrito hambriento!», gritaba Daniela mientras le agarraba del pelo con ambas manos. «¡Trágame toda tu leche, puto!»
Se corrió en su boca con un torrente tan espeso y caliente que Alex no pudo tragarlo todo, chorreando por las comisuras de sus labios y cayendo sobre su pecho. Daniela se retiró con una sonrisa satisfecha y le dio una bofetada en la cara. «¡Limpiame, cerdo!»
Mientras Alex lamía su propia verga, Daniela le dio la vuelta y se la metió por el culo sin previo aviso, sin lubricación, solo con el resto de semen y saliva. Esta vez fue más brutal, más salvaje. Las caderas de Daniela martilleaban su culo como un pistón, sus bolas golpeando su entrepierna con cada embestida.
«¡Te voy a dejar abierto para siempre, puto!», gritaba Daniela mientras lo masturbaba con una mano y le apretaba los pezones con la otra hasta hacerle daño. «¡Voy a hacerte mio!»
Alex gemía como una putita en celo, la verga tan dura que le dolía. Cada vez que Daniela le daba por el culo, sentía que moría y renacía de placer. Se corrió tres veces más mientras Daniela lo follaba sin piedad, manchando las sábanas con su leche.
Finalmente Daniela se corrió dentro de él con un rugido que hizo temblar las paredes, llenando sus entrañas con tanta semen que le chorreaba por las piernas. Se quedaron así un rato, Daniela encima de el se desvaneció empapada de sudor y semen. Durmieron juntos ,pero Alex salio muy temprano para no despertar a Daniela, al llegar Alex su casa su cabeza lo hizo pensar mil cosas que si era gay o no que porque lo hizo, tomo la decisión de no volver a ver a Daniela, pero en no controlaba ya su destino era parte de una Trilogía Carnal inevitable.
El testimonio es: Alex no entendió que el y Daniela eran apenas dos partes de esta trilogía la otra esta apunto de llegar a su vida…