Hola amigos, aquí de nuevo su amigo Chacma en su inicio en la zoofilia y cómo empezó en el 2015 con Ronny. Él era un American Pitbull hermoso, color café con manchas blancas y muy peculiar: en el ojo izquierdo tenía una mancha café.
Un día por la mañana, eso de las 9:30 a.m., llegó a mi casa. No tenía portón y en verdad no le tenía miedo para nada, porque en ese tiempo tenía un Pitbull más grande que Ronny. Salí y le ofrecí un puñado de croquetas y agua. Error mío: ya no se fue de mi casa. Recuerdo que todavía era temprano para ir por mis hijos a la escuela. Le hablé y lo metí a mi casa. Entró, era muy dócil, o tal vez un perrito maltratado. Lo tomé en brazos y creí que me mordería, pero no. Cuando le veo semejante funda hasta mi chiquito me punzó. Le dije a la regadera. Claro, quiso salir corriendo, pero ya era tarde. Empecé a bañarlo. Ya en short, lo enjaboné de todo: champú, pinol, suavitel, jabón líquido y todo lo que me ocurrió. Cuando empecé a frotar su funda y lavarle su miembro, se alborotó rápidamente y logré sacar su bulbo de su funda. Me quedé boquiabierto. Era mega enorme, no sé cuánto medía, pero era gordo, muy gordo, y su nudo del tamaño de una bola de béisbol o tenis.
Ya cuando lo terminé de secar, eran las 11:45 y tenía que irme a la escuela por los niños. Lo saqué al patio con Clark, que era mi otro Pitbull, muy tranquilo también. No pelearon, solo se olían. Pero hasta allí.
Ya en camino no se me quitaba de la cabeza lo que toqué con mi mano. Eran vueltas y vueltas. Ya con mis hijos de regreso y al llegar a casa, la misma rutina: llegaban al patio trasero para saludar a Clark y, oh sorpresa, vieron a Ronny. Así lo nombró mi hija. Claro que les encantó: un perro de mediana estatura, imponente, hermoso y juguetón.
Pasó ese día y toda la noche. Ya acostado, solo me daba vueltas en la cama hasta que llegaron las 6:30 a.m. La mamá de los niños llegaba por ellos aproximadamente a las 7:15. Así que llegó y se fueron a la escuela. Cuando me vio, me dijo:
—¿Qué te pasa?
—Solo respondí: nada.
—No te creo, algo hiciste.
—Respondí: nada, en verdad.
—Algo tienes adentro, déjame pasar.
Y pasó. No encontró a nadie hasta que abrió la puerta del patio y vio a Ronny.
—Nada —me dijo—, pues no es solo un perro.
—Aha, es lo que buscaba, ¿o no?
—Respondí: no, ¿por qué?
—No te hagas tonto. Para nada. En verdad vio la funda y dijo:
—Caray, creo lo tiene enorme. ¿Tú qué crees?
Antes de que la mamá de los niños nos abandonara, ella intentó hacerlo con un Boxer que teníamos. Entre él y yo le lamíamos la vagina y el culo a mi ex. Más no sé si ella le siguió en su nueva casa. Se retiró y me dijo al oído:
—Me cuentas cómo te fue.
—Estás loca, wey, claro que no.
Así quedó y entré. Estaba desayunando y pensando en todo. Terminé, empecé a trabajar y me olvidé por unos minutos. Tanto fue mi curiosidad que entré y lo metí a la recámara de los niños. Tomé una toalla, la puse en el piso y me quité pantalón y calzón, menos la playera. Me puse en cuatro y nada, no hizo nada. Lo tomé de sus patas delanteras y lo monté. Le tomé su funda y lo masturbé hasta que hizo movimientos bruscos. Me llenó mis pompas de líquido preseminal y ya no lo toqué. Se bajó y empezó a lamer mi ano, mis pompas y se montaba y bombeaba. Tenía que bajar más mi culito para que atinara y así lo hice. Cuando sintió mi chiquito, me lo metió sin pensarlo. Era muy rápido y brusco. Me hacía sentir tan rico que empecé a sentir cómo crecía su miembro dentro de mí. E incrédulo, yo me quedé quieto y sin gemir. Error. De un golpe me metió su nudo. Me dolió tanto que grité en silencio. Todavía no estaba erecto en su totalidad hasta que sentí dolor y cómo me partía mi cavidad anal. No sé cuánto tiempo duró dentro de mí. Sentía sus latidos en mi esfínter que logró acoplarse a semejante pedazo de carne. Yo disfrutaba. Me hizo terminar, me vine muchísimo. En ese momento ni me importó tomar mi semen de mi mano y llevarlo a mi boca. Era tan rico que más me hizo gemir con más ganas. Latía tanto dentro de mí que me vine por segunda vez y no desperdicié ninguna gota. Empecé a sentir que se desinflamaba y salió de mí con un plop tan rico que me hizo apretar mi chiquito y no dejar salir su enorme venida calientita de mí. Lo apreté tanto que vi su pedazo de carne y no dudé en metérmelo a mi boca y disfrutar de su rico semen blanquecito. Inundó mi garganta y estómago, que lo sentía muy caliente. Hasta que se calmó y fue a echarse a un lado mío.
Me levanté, lo saqué al patio y me fui al baño para sacar todo dentro de mí. Fue mucho semen que salió de mis intestinos. Me metí a bañar y me ardía. Cuando me vi al espejo me quedé en shock: estaba enorme mi agujero, cabía mi mano fácilmente. Tomé pomada que allí había dejado mi ex y me unté en mi cavidad anal.
Llegó la hora de ir por mis hijos y fui por ellos. Ese día empecé con esa faena que hasta el día de hoy estoy por meter a Volt a mi recámara, un Pastor Belga hermoso y con una herramienta tan rica que esa historia tal vez ya la leyeron.
Ok amigos, es todo por hoy y si meto a Volt se los haré saber este mismo fin de semana.