Capítulo 6

Dulces, velas, corazones y romance. El ambiente estaba empañado de amor romántico, pero más que romántico era un amor comercial: el día de San Valentín.

Donde la fecha empuja a las parejas a demostrarse su amor y a los solitarios a conseguir una pareja, así sea provisional, solo por un día. Un día, ni siquiera un día: una noche, o vivir la más triste soledad en medio de personas que sí fueron elegidas.

La pandilla Misterios S.A. había resuelto el misterio del hombre sapo, quien resultó ser el conserje del ayuntamiento.

—Me hubiera salido con la mía si no hubiera sido por estos intrometidos muchachos —exclamó antes de ser desenmascarado y capturado.

Velma se encontraba un poco desanimada. No tenía ningún interés romántico; parecía que este, como muchos otros días de San Valentín, estaría sola.

De todas maneras, faltaban dos días. Quizá sucediera un milagro.

El timbre sonó. Era Shaggy. Velma abrió la puerta, saludó a su amigo y se inclinó para acariciar la cabeza de su perro Scooby.

De repente, sintió una invasiva nariz que olfateaba su entrepierna. Fue un toque firme e inocente, acompañado de una pequeña lamida que Velma sintió placentera.

Soltó un pequeño gemido: «Ahh». Sus mejillas se sonrojaron. Su vagina estaba desatendida y la lengua áspera, húmeda y juguetona que la lamió dos veces más le provocó un pequeño orgasmo. Hacía mucho que nadie la tocaba por esos lados, ni la misma Velma.

Shaggy cargó al perro de inmediato.

—Lo siento, Velma. Te presento a Scrappy-Doo. Es un poco travieso.

—Sí, es muy travieso —balbuceó Scooby.

—Es solo un perrito comportándose como perro —dijo Velma, acomodándose las gafas.

—Quería que lo cuidaras unas horas. Scooby y yo vamos a comprar víveres y no queremos que Scrappy se meta en problemas.

Velma aceptó. Sus compañeros se fueron.

El perro correteaba en círculos por la sala persiguiendo su cola. Velma se propuso servirse un café.

Se giró y, sin previo aviso, sintió la nariz del perrito tocando sus nalgas. Sintió una pequeña pulsación y lo alejó.

—Scrappy, eso no.

Bebió su café un poco alterada y se sentó en la mesa con las piernas abiertas.

Tomó una galleta, la comió, pero debajo de la mesa el perro comenzó a lamer otra vez su vagina. Ella intentó separarlo, pero no pudo.

«Lo hago también, nadie lo sabrá», le decía su propia lujuria. Ella corrió su calzón, se untó un poco de miel y dejó que el perro lamiera toda su vulva. Pasaba su lengua a velocidades que ningún humano podría igualar.

Velma apretó sus senos. Sus pezones estaban parados. El perro lamía y lamía.

Velma abrió sus labios con los dedos para que él pudiera meter la lengua dentro de su vagina.

Sus piernas se movían de arriba abajo, su respiración aumentó, empezó a temblar y tuvo un orgasmo.

Recuperó la cordura, miró al perrito y lo vio con su pene rojo y erecto. Era mediano y parecía un labial.

—Me parece justo —dijo. Comenzó a masturbarlo con dos dedos. El perrito salivaba. Después de un rato sacó unas gotas de líquido blanco.

Velma lo premió con una Scooby galleta y el perrito se quedó dormido.

Una hora después Shaggy se lo llevó lleno de gratitud.

—Gracias, Velma —dijo antes de irse.

—Tranquilo, Shaggy. Cuando quieras lo puedes dejar conmigo —dijo Velma sonriente.

La noche de San Valentín llegó y la pandilla salió junta. Velma no quería ir al principio; prefería quedarse cuidando a Scrappy, pero él se había quedado con una cuidadora, así que no pudo decir nada más.

El lugar estaba lleno de corazones, mesas elegantes y velas. La música tranquila y las flores que adornaban cada rincón del lugar hacían que la comida estuviera exquisita. Shaggy y Scooby no paraban de comer, especialmente los chocolates. Daphne y Fred salieron a bailar.

Shaggy invitó a bailar a Velma. La música lenta y las luces azul oscuro permitían un baile más de contacto.

—Pensé que vendrías con tu novia, Shaggy.

—Me dejó por un tal Johnny Bravo. No hablemos de eso. El tipo es un idiota, pero tiene músculos y una hermosa cabellera.

Velma recostó su cabeza en el pecho de Shaggy.

Scooby estaba entretenido comiendo galletas dulces en la mesa.

La noche continuó. Venían los tragos, el DJ puso música electrónica, todos estaban eufóricos y gritando.

Daphne se encontraba en el baño de mujeres, estaba de rodillas chupando el pene de Fred. Este sostenía sus cabellos enroscados en su mano mientras miraba cómo su compañera engullía su delgado pene. Lo metía hasta la garganta mientras él embestía lentamente de adentro hacia afuera en la boca de ella.

—Me dices cuándo quieras eyacular.

—Claro —dijo Fred, quien disfrutaba de una rica mamada. Quince minutos después no aguantó la tentación y se vino dentro de la boca de Daphne, quien en ese momento tenía la verga en la garganta. Solo pudo sentir cómo el líquido corría dentro de la misma. Tragó todo, se sacó el pene y se fue enojada.

—Daphne, lo siento, espera —dijo Fred.

Ella salió corriendo. Shaggy y Velma trataron de alcanzarlos, pero Fred les dijo:
—Nos vamos, ustedes disfruten —mientras se retiraban.

No dieron explicaciones.

Shaggy y Velma pidieron un taxi para ir a casa.
—Mañana nos dirán qué pasó.

En el camino, Shaggy y Velma se ponían cada vez más cariñosos. Se besaban y Shaggy metía las manos de vez en cuando debajo de la falda de Velma.

—Llegamos —dijo el conductor—. Son 50 dólares.

Shaggy tragó saliva.
—Velma, puedes adelantarte con Scooby. Yo pagaré —dijo con sonrisa nerviosa.

Ella salió y sacó al perro que se encontraba en la silla de adelante.

—Señor, solo tengo 30 dólares. 50 es mucho.

—Son 50 dólares. Si no tiene, pídale a su amiga.

—No puedo, por favor ayúdeme. Es San Valentín.

—Yo estoy solo y trabajando —dijo el hombre—, pero tengo una solución.

Abrió su pantalón y sacó un grueso y negro pene.

—Una mamada no se le niega a un solitario en San Valentín. Hágalo y no le cobro nada.

Shaggy ya había mamado antes para conseguir Scooby galletas y algo de hierba, así que aceptó. Empezó a lamer la cabeza del pene del conductor, se la metía en la boca tímidamente, pero empezó a disfrutar su grosor. Era su primera pija negra.

—Sabes lo que haces, eh, flaquito —dijo el hombre.

Velma entró a la habitación. Scooby se acostó en el mueble y parecía dormido.

Ella entró a la habitación, puso una alfombra en la puerta como indicando con señales, dejó la puerta entreabierta, se acostó desnuda boca abajo. «Le daré una sorpresa a Shaggy».

Después de un rato sintió como suavemente se acomodaba un cuerpo encima suyo y sintió una pija entre sus labios vaginales que intentaba entrar con fuerza, pero no podía encontrar el agujero.

Su vagina ya estaba mojada desde el paseo en el taxi. Shaggy le había metido los dedos.

Pero esta era diferente. Sintió un pelaje. Era Scooby.
—Tranquila, Scrappy me dijo todo.

Velma entendió que tenía que pagar su silencio.

Scooby metió su pene sin atinar, empujaba y chocaba a un lado y al otro. Velma le pidió que parara y se lo acomodó para que entrara. Scooby comenzó a meter y sacar su miembro. Sus embestidas eran más fuertes y veloces a comparación de un humano. Lo metía sin asco, sin ternura. No la trataba como humana, no sabía cómo hacerlo. Para él era como cualquier otra perra. Ahora Velma era una perra. Su vagina parecía que iba a estallar. Su clítoris rozaba fuerte contra la cama. Era excitante, morboso y tenía miedo de que Shaggy se diera cuenta.

El perro gemía y babeaba. Algunas gotas caían en el cuello de Velma. Azotaba bruscamente el interior de Velma. A ella le dolía, pero no deseaba que se lo sacara.

Velma sintió un enorme deseo de aullar: «¡Auuu, auuu! Scooby, ¿dónde estás? ¡Auuu!».

—Ya voy, voy —decía mientras taladraba.

El agujero de Velma era diferente a lo acostumbrado, pero era suave y húmedo. Sus labios se abrían al paso de su miembro, que se deslizaba como si tuviera mantequilla hacia su interior.

De repente el pene de Scooby creció y ambos estaban pegados. «¿Acaso soy un animal?», pensó Velma para sí misma.

Varios chorros de semen salieron de Scooby. Velma no podía hacer nada. Después de 15 minutos empezó a preocuparse. Creyó que nunca iba a terminar. Se arrepintió, quizá quería llorar. Le dolía un poco la hinchada verga del perro. Le daba una sensación totalmente nueva: dolor, placer y morbo.

Su interior estaba lleno de leche como nunca antes lo había tenido, pero esta no era humana, sino de perro. Había tenido tantos orgasmos que parecía que Scooby se los iba a acabar todos.

—Shaggy, señor, usted dura mucho. Me duele la boca.

—Lo siento. Si no me saca los niños, aún me debe. ¿Qué tal si probamos otra cosa?

—¿Qué cosa?

El señor acarició las delgadas nalgas de Shaggy.
—Yo nunca he…
—Shhh —dijo el hombre—. Me debes. ¿Vas a pagar o prefieres que retire el trato y te cobre con dinero?

Shaggy decidió aceptar. El hombre sacó un poco de vaselina de dentro de la guantera y empezó a penetrarlo. Shaggy sentía dolor, no decía nada. Quería que terminara pronto. El hombre le abría su interior sin piedad. Shaggy sentía que su ano lo tenía como una flor. Sentía como sus huevos negros chocaban contra sus nalgas y su pelo púbico le hacía cosquillas entre las nalgas.

El hombre sacó un chorro de semen y dejó el culo de Shaggy chorreando. Se vistió rápidamente, sin tiempo para limpiarse. El hombre se fue y dijo:

—Gracias, feliz San Valentín.

Shaggy entró corriendo al edificio buscando un baño.

Velma por fin pudo despegarse de Scooby. Su vagina le dolía, pero estaba completa. Pensó que se la había fracturado, como si eso fuera posible.

Entró al baño, abrió la ducha, puso mucho jabón en su concha y comenzó a frotar. Esta le palpitaba de dolor.

Entró Shaggy al baño rápidamente, lavó su boca, se quitó los pantalones.

—¿Shaggy? ¿Por qué tardaste tanto? —dijo Velma sorprendiéndolo.

—Le ayudé al conductor a sacar unos niños que le molestaban.

Velma no entendió, tampoco preguntó.

Shaggy se percató y miró el cuerpo desnudo y enjabonado de Velma: sus enormes senos, sus grandes piernas y su culito parado.

Su boca le sabía a verga y su culo le dolía, pero al ver a Velma olvidó todo y la besó.
—Seguimos en lo que estábamos.

Intentó tocar su vagina, pero ella quitó sus manos.

—No, mejor por atrás.

Se puso de espalda ofreciendo su suculento culo. Shaggy abrió sus nalgas, miró su agujero negro y con algunos pelitos a su alrededor. Salía un olor a jabón. Se aplicó en el miembro un poco de aceite de almendras que tenía en el baño y se lo metió a Velma.

Ella sentía sus embestidas, sentía rico. Lamentaba no poder tocar su clítoris, pero Scooby la dejó adolorida. El pene de Shaggy entraba de manera lenta y ella sentía como sus bolas un poco caídas chocaban contra sus nalgas.

Shaggy, mientras penetraba a Velma, su propio culo expulsaba la leche del conductor. Afortunadamente, Velma no tenía cómo darse cuenta.

Tocó los senos redondos y parados de su compañera, besó su espalda y lo metió en la vagina de Velma.

—¡Ayyy, no, no, Shaggy, no! —dijo—. Por favor, mételo por atrás.

Él no entendía, pero obedeció.
—Lo siento. La tienes muy gordita y carnosa, no pude evitar la tentación.

—Otro día te lo prometo.

El tonto no notó que estaba hinchada y recién usada.

Shaggy la penetró un rato más. Sentía como el ano de Velma se contraía y absorbía su pene de tal forma que parecía que no podría sacarlo nunca más.

Shaggy eyaculó. Velma lo disfrutó, pero no llegó al orgasmo. Estaba cansada, solo quería irse a dormir. Tenía sus agujeros abiertos y escurriendo.

Ambos se terminaron de duchar y se fueron a dormir juntos.

Scooby se metió en la mitad de ambos. Velma se asustó. Scooby guiñó un ojo.

—Shaggy, tranquila. Scooby no ronca.

—Qué bueno —dijo Velma—, eso no es lo que me preocupa.

—¿Qué dices? —preguntó Shaggy.

—Nada. Hasta mañana. Feliz San Valentín —dijo Velma.

—Sí, feliz —replicó Scooby, abrazando a Velma.

Shaggy los abrazó a los dos.
—Feliz San Valentín —dijo.

Los tres se quedaron dormidos.

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