Capítulo

Continuación del relato anterior…

Al día siguiente (jueves) me levanté a las 9 hs. Luego de lavarme y vestirme, me fui a la cocina a desayunar. Me quería comer todo… Mi madre estaba asombrada por mi apetito. Afuera, mi abuelo preparaba su camioneta. En ese momento mi mamá me contó que se iban a llevar a la abuela al pueblo para hacerle unos estudios en el hospital… pero como la camioneta tenía poco lugar, solo irían ellos tres. También me dijo que me quedara tranquila, que no tardarían más de dos horas…

Luego salí al patio disimuladamente y vi que no había tierra en el aire. Además, el silencio de ese día, sin el ruido del tractor, me dio la pauta de que hoy iba a ser un lindo día. Caminé por el patio jugando con los perros, hasta que pude ver su casilla y también cómo él lavaba su tractor grande.

A las 11 hs se fueron, porque tenían turno a las 12 hs. Luego pensé: más una hora de viaje de regreso… Tenía más de dos horas para estar con mi hombre. Apenas se fueron, salí a la calle para ver cómo se perdían en el horizonte. Me fui al baño para desocupar y lavar mi intestino, para hacerlo por primera vez por ahí. Me desnudé completamente, me puse una falda cortita con una remera sin corpiño y salí en busca de mi macho. Pero esta vez sería en pleno día y en su casilla.

Apenas me vio, se lavó las manos y se dirigió hacia la casilla. Yo estaba muy excitada y nerviosa. Me invitó a pasar y luego cerró la puerta. Me dijo que lo había vuelto loco, que yo era muy hermosa. Me tomó de la cintura, apretándome hacia él y metiéndome su mano en uno de mis pezones. Empezó a besarme el cuello mientras me decía palabras bonitas. Me sacó la pollera y la remera para acostarme en la cama. Empezó a comerme mi raja a la vez que dejaba caer algo de saliva por mi culito y, con uno de sus gruesos dedos, empezó a estimular mi esfínter, que no puso resistencia.

Me levantó, se bajó el pantalón dejando su pija servida para que me la empezara a comer. Empecé con la lengua por su rosada cabeza. Era hermosa, ahora que tenía el rostro afeitado y estaba todo limpio. Me miraba mientras me agarraba del cabello. Podía sentir entre mis dedos el grosor y la dureza de sus venas. Ahora me levanté despacio y, alzando una pierna, me la enfrenté para descender lentamente. Podía sentir cómo se me metía cada centímetro hasta que, con un poco de dolor, me la comí toda. Me tomó de la cintura, apretándome hacia él. Se sacó la remera. Ahora podía sentir su calor. Mis pezones se restregaban contra su peludo pecho. Lo besé, lo abracé cruzando mis manos por su cuello. Me agarró de mis nalgas para levantarme y quedar a su merced. Lo abracé con mis piernas por su cintura. Mientras un orgasmo gigante hizo que me empezara a correr, acabando como una puta entre gritos y jadeos inmensos.

Me quedé quieta. Su transpiración se mezclaba con la mía. Me bajó despacio, me dio vuelta poniéndome al filo de la cama. Trajo algo de unas cajas de madera y empezó a untarme el agujero palpitante de mi culo. Traté de acomodarme abriendo bien mis nalgas. Me introdujo esa pasta con el dedo, que ahora entraba con más facilidad. Sentí cómo su caliente cabeza se ubicaba en el medio de mi agujero. Empezó a empujarla. Mi esfínter se abrió. Era grande, estaba muy dura. Entró. La tenía adentro. Me dolía. Me la dejó unos segundos adentro, me la sacó, se untó con la pasta también, me puso a mí y otra vez empezó a empujarla, pero esta vez entró casi toda. No dolía tanto como yo esperaba. Empezó a movérmela despacio, ahora un poco más rápido, más fuerte y más rápido. Y de repente me la metió hasta el fondo, abriéndome el culo por completo. Él gritó fuerte descargando toda su leche en mis intestinos. Me tenía apretada hacia él. Se dejó caer sobre mi espalda. Al estar más flácida, me la sacó con más facilidad.

Luego él se limpió con una toalla vieja y también me limpió a mí. Me senté en la cama. Me dolía un poco. Me dijo que me iba a extrañar, que yo era muy hermosa, que no me entregara tan fácil, que nunca me iba a olvidar. Me besó despacio, con mucho amor. Estoy enamorada. Lo abracé. No me quería separar. Quería sentir el calor de su peludo cuerpo sobre mis desnudas tetitas.

Me dijo que hoy se iba. Se vistió. Yo también hice lo mismo, lo besé en la boca y me fui caminando despacio hacia la casa de mi abuela. Al llegar me lavé con detergente porque con jabón no salía (parece grasa de carro). Luego me senté en el patio, escuché música en una radio grande que tenía mi abuelo y también miré unas revistas viejas que tenía mi abuela. Al rato llegó la camioneta con mis abuelos y mi mamá.

Por la tarde llegó un camión grande, subieron el tractor, los implementos de trabajo, engancharon la casilla y antes de irse vino el hombre a saludar a mi abuelo y agradecerle los favores. También nos saludó a mi abuela, a mi mamá y a mí. Luego se marchó…

Al día siguiente temprano nos regresamos a nuestra casa. Todavía estaba dolorida pero satisfecha. Esos días fueron un antes y un después en mi vida. Era viernes, casi final de enero. Ya había terminado mis estudios secundarios. Había estado buscando un trabajo. Una de mis amigas llegó por la tarde avisándome que había visto un cartel de «Se necesita empleada». Rápidamente me bañé, me vestí bien y sin perder tiempo me dirigí hacia ese negocio donde se venden telas y además tienen una mercería con todo lo que se necesita para la costura. Después de hablar con la dueña, me dijo que empezara el lunes. No lo podía creer, tenía trabajo. Además estaba cerca de mi casa, era un trabajo limpio y me gustaba.

Continuará…

Infidelidad sin querer queriendo

Infidelidad sin querer queriendo