Capítulo 2

Capítulos de la serie:

11 de marzo a las 8:24 AM

Hago la llamada, Ubuntu se compromete a llamar a su amigo quedamos para mañana por la noche en nuestra casa, Ubuntu me pide «que tu esposa prepare el manjar más rico por favor», Ubuntu me dice que a su amigo le dicen Dredd por el tamaño de su pija.

Claudio: Cariño ya arreglé todo mañana estarán Ibrahim, Ubuntu y Dredd a las 20hs me pidieron que prepares tu manjar más rico. Así que me anticipé y pedi mercadería del supermercado con entrega a domicilio, no tengo cambio para dejarte asique por favor ocúpate de dejarle una buena propina al chico del reparto yo voy a salir. Después de mis cuentas como te fue con el

Una risa baja y llena de anticipación sale de mi pecho al escuchar el nombre. Dredd. Suena a promesa.

Vero: Dredd. Repito, saboreando la palabra en mi boca. Me encanta cuando las advertencias vienen incluidas en el nombre.

Camino desnuda hacia la ventana, mirando la noche que se avecina.

Vero: Mi manjar más rico… Murmuro. Ya sé exactamente qué serviré.

Al escuchar lo del reparto, una sonrisa pícara se dibuja en mis labios.

Vero: ¿Sin cambio, dices? No te preocupes, mi amor. Yo sé cómo dar propinas… Hago una pausa, dejando que la insinuación flote. Y asegurarme de que el servicio sea excepcional para la próxima vez. Vete. Yo me encargo de todo aquí. Digo, recogiendo tu camisa del suelo y envolviéndome con ella, oliendo tu perfume. Pero mañana a las ocho… Mi voz se vuelve grave, una promesa cargada. Asegúrate de tener la cámara cargada. Porque lo que va a pasar con Dredd, Ibrahim y Ubuntu… será algo para nuestro álbum más privado.

Claudio: Mmmmmmhhh mi mujercita sabe cómo atender a los invitados me enorgullece tenerte. nos besamos largo y caliente introduzco un dedo en tu vagina, no te olvides de la propina para el chico del reparto. Me voy.

Un gemido suave se escapa de mis labios al sentir tu dedo dentro de mí, mezclando tu esencia con la de ellos y la mía. Asiento, sin romper el beso, sabiendo exactamente lo que planeas.

Vero: No te preocupes. Susurro contra tu boca. Le daré una propina que nunca olvidará.

Te observo salir, quedándome de pie en medio de la sala desordenada, todavía envuelta en tu camisa. El silencio repentino es ensordecedor, pero mi piel aún zumba con el eco de las manos, las bocas, las posesiones.

Unos minutos después, el timbre suena. Sonrío, ajustando la camisa para que apenas me cubra, abriendo la puerta con una expresión de inocencia deliberada.

Vero: El señor del reparto, supongo. Digo, mirando al joven con los ojos muy abiertos. Su mirada se clava instantáneamente en mis piernas desnudas bajo la tela. Mi esposo me pidió que le diera una buena propina, pero… parece que no tengo efectivo.

Dejo que la camisa se abra un poco más, mostrando el borde de un moretón en mi pecho. Su respiración se acelera.

¿Habrá alguna otra forma en la que pueda… ¿Compensarte por tu esfuerzo? Pregunto, mordiéndome el labio inferior y retrocediendo un paso hacia el interior de la casa, una invitación clara en mis ojos oscuros.

Repartidor: No, no, no, se preocupe señora por favor digame donde se la pongo, digo la mercadería

Su voz es temblorosa jamás pensó encontrar una mujer tan bella

Una sonrisa lenta y comprensiva se dibuja en mis labios. Es joven, tímido. Un contraste refrescante.

La cocina, por favor. Digo, señalando el pasillo con la cabeza, pero no me muevo del umbral, obligándole a pasar rozándome. Justo al fondo.

Repartidor: Y no se preocupe… La propina puede esperar.

Lo sigo con la mirada mientras entra, cargando las bolsas, su cuello enrojecido. Cierro la puerta suavemente y me apoyo contra ella, cruzando los brazos bajo mi pecho, lo que levanta aún más la tela de la camisa.

 

Parece que trajo mucho. Comento, con voz suave, mientras él deja las bolsas sobre la mesada. Vero: Mi esposo… a veces se emociona planeando estas cenas.

Repartidor: me imagino que su esposo debe ser un hombre con suerte, es usted muy, muy, muy herm mo sa.

su pantalón corto tiene una especie de carpa justo a la altura del miembro

No puedo evitar que mi mirada se deslice hacia la evidente protuberancia en su pantalón corto. Una sonrisa genuina, no de depredadora, sino de mujer halagada, ilumina mi rostro.

Vero: Qué dulce eres. Susurro, acercándome lentamente, descalza sobre el piso de la cocina. Pero las palabras son una propina muy pobre, ¿no crees?

 

Me detengo justo frente a él, lo suficientemente cerca para que pueda oler el sudor limpio de su piel y el perfume de sexo que aún emana de la mía. Alargo una mano y tomo suavemente una de las bolsas de compras que aún sostiene, dejando que mis dedos rocen los suyos.

Vero: Mi esposo tiene suerte, es cierto. Digo, manteniendo su mirada cautiva. Pero a veces… la suerte es algo que se comparte.

Repartidor: tiene un perfume exquisito señora pero no puedo saber a qué exactamente huele, no se preocupe por la propina creo que ya tuve suficiente viniendo a esta casa

Su timidez me resulta encantadora. Dejo la bolsa sobre la mesada y apoyo ambas manos a cada lado de su cuerpo, encerrándolo contra el mármol sin tocarlo realmente.

Vero: ¿A qué huele? Pregunto, inclinándome para que mi aliento le roce la mejilla. A libertades que un buen esposo permite. A sudor ajeno que él ordenó limpiar. Hago una pausa, dejando que las palabras se asimilen. A la cena de anoche… y al desayuno de mañana.

Retrocedo un paso, dándole espacio. Veo el conflicto en sus ojos: la curiosidad animal luchando contra la decencia.

Vero:Tienes razón. Concedo, con un tono más suave. Ya tuviste tu propina. La vista fue más que generosa. Pero… Me giro y camino lentamente hacia la puerta principal, sabiendo que mis talones desnudos y la forma en que la camisa se ciñe a mis nalgas lo hipnotizarán.

Vero: Si alguna vez tu jefe te pregunta por el servicio extraordinario a esta dirección… Me detengo en el umbral y miro por encima del hombro. Sólo dile que la clienta siempre queda satisfecha. Y que las propinas… aquí siempre se pagan en especie.

Le guiño y abro la puerta, la luz del pasillo enmarcando mi silueta.

Vero: Hasta la próxima entrega, cariño. Susurro, antes de cerrar la puerta suavemente, dejándolo solo, con el olor de mis secretos y la imagen de mi cuerpo grabados en su memoria joven. Me apoyo contra la puerta cerrada y sonrío. Mañana será épico.

el chico se acerca a la puerta trata de oler nuevamente tu perfume

señora señora, por favor puede abrir la puerta para salir ? tengo que entregarle el ticket de compra

Un suave suspiro de diversión escapa de mis labios al escuchar su vocecita temblorosa a través de la madera. Me ajusto la camisa, asegurándome de que esté lo suficientemente abierta, y giro la perilla.

Pobre cosa, te encerré sin querer. Digo, abriendo la puerta solo lo suficiente para que él pueda pasar, pero mi cuerpo bloquea parcialmente la salida. El ticket. Claro.

Extiendo la mano, palma hacia arriba, esperando el papel. Cuando él lo coloca allí, mis dedos se cierran lentamente, atrapando también sus puntas por un instante cálido y húmedo.

Vero: Gracias. Susurro, mirándolo fijamente. Por todo. Y recuerda… Me inclino, como si fuera a confiarle un secreto, y dejo que mis labios rocen su oreja. La mejor mercadería nunca está en las bolsas.

Retrocedo entonces, dándole finalmente paso libre al pasillo. Me quedo en el marco, observándolo alejarse con paso rápido, y llevo el ticket de compra a mi nariz, sonriendo al percibir el tenue rastro de su sudor juvenil sobre el papel.

Vero: Mañana, Dredd. Murmuro para mí, cerrando la puerta con un clic definitivo. Pero esta noche… La cocina es solo mía.

Repartidor: tiene usted unas nalgas hermosas me imagino que su esposo debe pasarla muy bien yo no dejaría de acariciarlas.

perdon, pero debia decírselo

Me detengo con la mano aún en la perilla, sus palabras llegando como un susurro tímido pero valiente desde el otro lado de la puerta. Una sonrisa genuina, cálida, se dibuja en mis labios. No es la lujuria de antes, sino algo más cercano a la gratitud.

Vero: Eso es muy amable de tu parte, cariño. Respondo a través de la madera, con un tono suave. Y sí… mi esposo es un hombre muy afortunado. Pero a veces… Hago una pausa deliberada. A veces a las nalgas les gusta que las admiren desde lejos, para mantener el misterio. Es más divertido así.

Escucho sus pasos apresurándose para irse. Me alejo de la puerta, sacudiendo la cabeza con una sonrisa. Qué noche. Qué días se avecinan.

Camino hacia la cocina y empiezo a desempaquetar las compras con manos expertas. Carne roja de primera, especias, hierbas frescas, chocolate negro, crema espesa. Los ingredientes para mi «manjar más rico». No es una metáfora, esta vez. O no sólo una metáfora.

mientras lavo los ajíes rojos bajo el agua fría, mi mente ya está en mañana. En tres conjuntos de ojos oscuros clavados en mí. En tres nombres: Ibrahim, Ubuntu, Dredd. Y en ti, mi amor, observando desde las sombras con esa sonrisa que lo enciende todo.

El teléfono vibra sobre la mesada. Es un mensaje de Ubuntu. Una sola línea:

«Dredd confirmado. Dice que le encanta el sabor de la carne argentina.»

Una oleada de anticipación húmeda y caliente me recorre. Dejo el ají, me seco las manos en la camisa—tu camisa—y respondo:

«Perfecto. Dile que la chef promete un banquete que no olvidará. Y que el postre… es ilimitado.»

Apoyo el teléfono y regreso a mis preparativos, silbando suavemente. La noche es larga y tengo mucho que hacer. Pero por primera vez en horas, estoy completamente sola. Y en esta soledad, rodeada de los ingredientes para la próxima fiesta, me siento profundamente, completamente, tuya.

La noche pasa, el día también vuelvo a casa son las18 hs,

Claudio: ¿amooor amooor ya llegué estas ahi? quiero preparar todo para nuestros invitados llegaran en 2 horas tú estás lista? ¿o aún falta adobar esa carne?

Te escucho llegar y una sonrisa instantánea ilumina mi rostro. Estoy en la cocina, con un delantal de lino sobre un cuerpo que sólo lleva un hilo de encaje negro debajo. Mis manos están manchadas de especias rojas y aceite de oliva.

Vero: Justo a tiempo, mi amor. Digo, sin volverme, concentrada en frotar la mezcla de pimentón, ajo y hierbas sobre un lomo enorme que descansa sobre la tabla. La carne lleva horas adobándose… pero la chef principal… hace una pausa y por fin me giro, dejando que veas el brillo en mis ojos acaba de salir del baño y está… muy bien sazonada.

Dejo la carne y me acerco a ti, deslizando mis manos manchadas de especias por tu camisa, dejando marcas rojizas. Huelo a canela, a vino tinto y a mi perfume más caro.

 

Vero: Todo está listo. Susurro, rozando mis labios contra los tuyos. El dormitorio de invitados está preparado con sábanas negras. Las luces, tenues. La cámara… cargada y con memoria vacía. Mis ojos buscan los tuyos. Y yo… Estoy hambrienta. Me separo y señalo la carne sobre la mesa. Esto es sólo para la fachada, sabes. Para cuando preguntan qué hay de olor en la casa. Una sonrisa pícara. El verdadero menú… ya lo conocen.

Suena el teléfono. Es un mensaje. Lo miro y una carcajada baja sale de mi garganta.

 

Vero: Es Ubuntu. Digo, mostrándote la pantalla. «En camino. Dredd trajo… apetito extra.» Arqueo una ceja. ¿Qué crees que significa eso, mi rey? ¿Traerá algún juguete extra… o sólo más de esa famosa hambre?

Dejo el teléfono y me quito el delantal lentamente, revelando la lencería mínima. Camino hacia la nevera y saco una botella de champán.

Vero: Tenemos una hora. Digo, abriendo la botella con un pop suave y llenando dos copas. ¿Quieres ayudarme a repasar los detalles del servicio… o prefieres empezar a calentar el ambiente con la anfitriona?

Claudio: Quiero preparar bien la carne para que llegue en su punto justo hoy me vas a regalar una noche inolvidable, quiero que compares sus pijas con la mía que te rías que me des detalles de cada segundo de lo que te hacen sentir, quiero vivirlo como si yo fuera tú, mi amada esposa.

corro la pequeña tela que cubre tus labios vaginales paso un dedo por ellos esta mojada lo introduzco en tu cuevita húmeda, muevo hacia atrás y adelante chorrea un poco por mi mano lo saco y te lo doy a chupar, también lo paso por tus labios y detrás de las orejas,

Claudio: No te lo quites quiero que se sienta tu perfume por toda la casa estás muy mojada eso me gusta

Un temblor recorre mi cuerpo al sentir tu dedo deslizarse por mi humedad, tan generosa y anticipada. Cierro los ojos y chupo tu dedo con devoción, saboreando mi propio deseo mezclado con el sabor de las especias de mis manos.

Vero: Tan mojada para ti… y para ellos. Jadeo, cuando pasas mi esencia detrás de mis orejas. Un escalofrío me recorre. Huelo a tu excitada puta. Perfecto.

Te tomo de la mano y te guío hacia el sofá del living, ya dispuesto con cojines bajos y luces tenues. Me arrodillo frente a ti, entre tus piernas, y empiezo a desabrochar tu pantalón con urgencia.

 

Vero: Quiero tu pija en mi boca primero. Suplico, mirándote desde abajo. Quiero tener el sabor de mi rey en la lengua cuando lleguen. Para recordar, en cada lamida que les dé a ellos, de quién es realmente esta boca.

Te tomo en mis labios, chupándote con una lentitud deliberada, saboreándote, haciendo que cada centímetro sepa a mi posesión. Mis ojos no se apartan de los tuyos.

Vero: Y te lo prometo, amor. Digo, deslizándome hacia arriba para susurrar contra tu boca. Cada gemido, cada comparación, cada vez que su tamaño me haga gritar… te lo susurraré al oído o te lo gritaré a través de la habitación. Vivirás cada segundo en mi piel.

Me separo, jadeando, y me pongo de pie. Camino hacia la puerta principal, dejando que el aroma a mis jugos y a especias te siga. Me detengo en el umbral, mirando el reloj.

Vero: Faltan cuarenta minutos. Digo, volviéndome a mirarte, una chispa de malicia en los ojos. ¿Qué tal si empezamos el espectáculo… antes de que suenen el timbre?

Claudio: tu mandas, amor

Una sonrisa lenta y poderosa se dibuja en mis labios. Tu entrega total es el afrodisíaco más potente.

Vero: Entonces ven. Susurro, extendiendo mi mano hacia ti. Ayúdame a encender las velas en la habitación de invitados. Quiero que la primera cosa que vean al entrar… sea tu sombra observando desde el rincón, y a mí arrodillada en el centro de la cama, esperándolos.

Te tomo de la mano y te guío por el pasillo. La habitación está en penumbras, las sábanas de seda negra brillan bajo la tenue luz de las lámparas de sal. En el centro de la cama, hay un solo cojín rojo.

Vero: Me arrodillaré aquí. Digo, señalando el cojín. Desnuda, excepto por los collares que tú me pondrás. Y cuando el timbre suene… No me moveré. Tú abrirás la puerta. Los guiarás aquí. Y les dirás… que el banquete está servido.

Me vuelvo hacia ti, deslizando mis manos por tu pecho.

Vero: Quiero que me pongas las joyas. Suplico, mi voz es un hilo de seda. El collar de perlas que me regalaste. Y las pulseras de plata. Marcas de tu propiedad, para que mientras sus manos morenas me cubran, ellos sientan que tocan algo que te pertenece.

Claudio: eres incomparable Lauren me enloqueces, date la vuelta así te coloco el collar.

miro tu columna bajo mis ojos por ella en una caricia sin piel sin contacto solo mis ojos te recorren, llego hasta tu cola redonda pulposa suave tersa dura eres una escultura un regocijo para los ojos de cualquier hombre, abrocho el collar las perlas brillan sobre tus pechos blancos pero tu brillas más

Un escalofrío recorre mi espalda al sentir tu mirada como una caricia física. Cuando las perlas frías tocan mi piel, un suspiro tembloroso escapa de mis labios.

Vero: Tu mirada me viste más que sus manos. Susurro, volviéndome lentamente para enfrentarte. Las perlas descansan sobre mis pechos, subiendo y bajando con mi respiración agitada. Y ahora llevo tu marca más preciada sobre el corazón.

Tomo tus manos y las coloco sobre las pulseras de plata que esperan en la mesita de noche. Guío tus dedos para que las cierres alrededor de mis muñecas, el clic suave resonando en la habitación silenciosa.

Vero: Atada a ti. Murmuro, probando el peso de las pulseras, levantando mis brazos para que la luz juegue con el metal. Incluso cuando esté llena de ellos.

El timbre suena, profundo e insistentemente. Dos veces. Mi cuerpo se tensa, no con miedo, sino con la anticipación de un depredador. Mis ojos se clavan en los tuyos.

Vero: Es hora. Respiro, caminando hacia el cojín rojo en la cama negra. Me arrodillo con una gracia deliberada, la espalda recta, las perlas brillando contra mi piel, las pulseras reluciendo en mis muñecas levantadas que reposan sobre mis muslos. Tu sombra en ese rincón… Será mi ancla.

Te miro tomar posición en el rincón más oscuro de la habitación, donde la luz de las velas apenas te roza. Luego, bajo la cabeza, ofreciendo mi nuca, esperando. El sonido de la puerta principal abriéndose. Voces graves que saludan. Pasos que se acercan por el pasillo.

La puerta de la habitación se abre. Contengo la respiración.

Claudio: Caballeros el banquete está caliente y servido espero sepan apreciar la excelente carne argentina.

Retrocedo me siento en mi trono para gozar del espectáculo de mi doncella, quedo en un rincón oscuro de la habitación los hombres te rodean

Mantengo la posición, sintiendo el aire cambiar cuando tres siluetas grandes llenan el umbral. Sus miradas son como manos calientes sobre mi piel desnuda.

Vero: Bienvenidos. Saludo, sin levantar la cabeza, mi voz es un susurro que corta la tensión. Espero que tengan hambre.

Escucho el gruñido de Ibrahim, el suspiro profundo de Ubuntu. Pero es el tercer gruñido, más bajo, más grave, el que hace que un escalofrío de puro deseo recorra mi columna. Dredd.

Alzo lentamente la mirada, recorriéndolos uno a uno con mis ojos oscuros. Me detengo en el nuevo: más alto, más ancho, con una presencia que llena la habitación. Una sonrisa lenta y hambrienta se dibuja en mis labios.

Vero: Dredd. Susurro, saboreando el nombre. Me dijeron que traías… Apetito extra.

Él no sonríe. Sus ojos, como carbones encendidos, me recorren de pies a cabeza, deteniéndose en las perlas, en las pulseras, en la humedad que ya brilla entre mis muslos.

Dredd: Traje lo prometido. Dice, su voz es un rumor de trueno lejano. Su mano, enorme, se desliza hacia el frente de su pantalón, donde una protuberancia obscena y enorme deforma la tela. Veo que la anfitriona no exageró.

Ubuntu se acerca primero. Sus dedos, conocidos ya, levantan mi barbilla.

Ubuntu: La última cena fue un aperitivo. Dice, y su boca desciende sobre la mía en un beso posesivo y profundo. Dejo que su lengua explore, saboreando en ella el rastro de ti que yo misma dejé hace horas.

Cuando se separa, jadeo. Ibrahim toma su lugar, su beso es más mordisco, más salado. Luego, es el turno de Dredd. Él no besa. Apoya su pulgar en mi labio inferior y lo separa, observando mi boca húmeda como un hombre que evalúa una herramienta.

Dredd: Esta boca no alcanzará. Declara, y la crudeza de su evaluación me hace gemir. Luego mira hacia tu rincón, hacia tu sombra. Pero el menú completo… eso promete.

 

Me pongo de pie lentamente, las perlas golpeando mi esternón. Camino hacia el centro de la habitación, frente a ellos, y me giro hacia ti, aunque sólo sea una silueta en la oscuridad.

 

Vero: Mi rey. Digo, con voz clara para que todos la escuchen. ¿Por dónde prefieres que empiece el banquete? ¿Debo servir la boca primero… ¿u ofrecer el plato principal.

Claudio: Con la boca se da la bienvenida, luego se sirve la mejor carne caliente estos caballeros sabrán esperar, quien sabe comer sabe esperar. adelante amor dales la bienvenida a nuestro hogar que se sientan bien acogidos

Una sonrisa de total complicidad se dibuja en mis labios al escuchar tus palabras. Te inclino la cabeza hacia tu sombra, un gesto de reverencia.

Vero: Como ordene mi señor.

 

Me giro lentamente hacia los tres hombres. Mi mirada recorre la hilera de sus cuerpos poderosos, deteniéndome en cada bulto prominente que deforma sus pantalones. Camino hacia Ubuntu, el primero de la fila, y me arrodillo ante él sin romper el contacto visual.

Vero: La bienvenida de esta casa es siempre… personal. Susurro, desabrochando su cinturón con dedos hábiles. Cuando su miembro, grueso y ya palpitante, queda libre, lo acaricio con la mejilla antes de envolverlo con mis labios.

 

Un gruñido profundo sale de su pecho. Mis ojos se cierran por un segundo, saboreando su textura, su sabor, el poder bruto que late bajo mi lengua. Luego, abro los ojos y busco los tuyos en la penumbra, mientras mi cabeza se mueve con un ritmo lento y profundo.

 

Vero: Es más grueso que el recuerdo. Jadeo, desprendiéndome por un momento para hablar, un hilo de saliva conectándome con él. Y más salado. Como si ya hubiera estado saboreando esta noche en su mente.

 

Vuelvo a tomarlo, más hondo esta vez, dejando que mi garganta se relaje para recibirlo. Mis manos se aferran a sus muslos, las pulseras de plata tintineando suavemente. Le doy la bienvenida a Ubuntu con cada centímetro de mi boca, hasta que sus dedos se entierran en mi cabello y su respiración se vuelve jadeante.

 

Antes de que alcance su límite, me retiro, dejándolo brillante y palpitante. Sin limpiarme la boca, me arrastro de rodillas hacia Ibrahim. Él ya está listo, su miembro en la mano, una sonrisa feroz en su rostro.

 

Vero: No te hagas esperar, carnicero. Le digo, abriendo la boca. Él no necesita más invitación. Empuja hacia adentro con una fuerza que me hace ahogarme por un segundo. Su agarre es diferente, más exigente, menos paciente.

 

Me mira fijamente mientras trabajo en él, mis mejillas hundidas, mis ojos llorosos. La perla del collar se balancea entre mis pechos con cada movimiento.

 

Vero: Sabe a poder. Logro decir, cuando me permite respirar. Mi voz es ronca y usada. Un dominio. Es diferente al primero. Comento, para ti, para que lo sepas, para que lo compares.

 

Finalmente, me libera. Estoy jadeando, con la boca adolorida y brillante, cuando me giro hacia Dredd. Él ha observado todo, inmóvil, sus ojos oscuros grabando cada detalle. Lo que promete su nombre no es una exageración. La masa que llena su entrepierna es monumental.

 

Me quedo de rodillas frente a él, sintiendo por primera vez una punzada de duda genuina, no de miedo, sino de asombro. Alargo una mano temblorosa y desabrocho su pantalón. Cuando su miembro cae libre, pesado y grueso como mi muñeca, un gemido involuntario escapa de mis labios.

Dios mío. Respiro, la admiración es genuina. Es… una advertencia hecha carne.

Él no dice nada. Solo coloca su mano enorme en mi nuca, no con fuerza, pero con un peso que promete.

Dredd: Es mi turno. Me inclino y trato de darle la bienvenida. Mis labios apenas pueden rodear la cabeza. Mi boca se estira hasta el límite. Es imposible, obsceno, glorioso.

 

Mis ojos, llenos de lágrimas por el esfuerzo, te buscan en la oscuridad mientras intento acogerlo, mientras siento su piel como terciopelo caliente sobre acero. Es la bienvenida más difícil, la más humillante, la más excitante.

 

Vero: No… No Cabe. Jadeo, retirándome, sintiendo cómo mis mandíbulas protestan. Pero lo hará. Le prometo a él, y a ti. En el plato principal. Lo juró.

 

Me quedo allí, de rodillas entre los tres, mi boca usada y brillante, mirándote a ti, esperando tu señal para servir la carne que realmente anhelan.

Claudio: Vero sostén su pija en tus labios sé que podrá entrar toda la cabeza esfuérzate mujer, sabes hacerlo Ubuntu pon tu miembro sobre su cara y Ibrahim apoya tu verga sobre su cabeza dejalá descansar allí.

Comienzo a disparar mi cámara es una imagen exquisita

Un sonido entre gemido y risa ahogada sale de mi garganta al sentir las tres enormes cabezas presionando contra mi rostro. El peso, el calor, el olor a piel excitada y a poder masculino es abrumador. Cierro los ojos por un segundo, saboreando la humillación exquisita.

Vero: Así, sí. Susurro, abriendo la boca lo más que puedo para intentar tomar la cabeza monumental de Dredd. Mis labios se estiran dolorosamente, pero logro rodearla, la punta de mi lengua buscando el pequeño orificio ya húmedo. Es una victoria minúscula y enorme.

 

A mi derecha, el miembro de Ubuntu descansa sobre mi mejilla, palpitando contra el hueso. A mi izquierda, el de Ibrahim aplasta mi sien con su peso. Estoy marcada, usada como pedestal antes de ser usada como hoyo.

 

Abro los ojos y busco tu lente en la oscuridad. Dejo que mis lágrimas de esfuerzo brillen, que la baba corra por mi mentón, que el esfuerzo de mi mandíbula sea evidente.

Vero: Es la foto que querías, mi amor. Tú, puta coronada por las armas de quienes la van a destruir.

Muevo la cabeza ligeramente, frotando mi cara contra los tres, impregnando mi piel de su esencia previa. Luego, con un esfuerzo titánico, me libero, jadeando, mi rostro brillante y marcado con las formas de ellos.

Vero: La bienvenida… está servida. Jadeo, la voz destrozada. ¿Ahora… ¿Pasamos al plato principal, caballeros?

Nacía en mi pecho un aplauso para mi genial esposa lo alargo,

Claudio: cuando veía como refriegas esas vergas en tu cara quedando brillante de saliva y sus jugos preseminales. Bravo amor sabía que podías hacerlo, estoy orgulloso ahora por favor, sirve la parte que más te guste tu eres la anfitriona que no olviden nunca la hospitalidad de Vero.

me quito la ropa mi erección se vuelve molesta bajo la tela del pantalón

Tu aplauso, silencioso pero palpable, me envía una descarga de electricidad por la columna vertebral. Y cuando veo tu sombra moverse en el rincón, despojándose de la ropa, cuando la forma de tu erección se recorta contra la pared, un nuevo tipo de hambre me posee.

Vero: Para el plato principal… digo, poniéndome de pie con las piernas temblorosas, mis ojos recorriendo los tres cuerpos impacientes, necesito la mejor mesa.

Camino, con una cadencia lenta y sensual, hacia el gran sillón de cuero junto a la ventana. Me inclino sobre el respaldo, ofreciéndoles la vista completa de mi espalda arqueada, mis nalgas redondas y empapadas, el brillo de mi humedad entre mis piernas.

Ibrahim. Llamo, mirándolo por encima del hombro. Tú, que tanto aprecias la carne. Ven. Prueba el primer bocado. Mi voz es un desafío. A ver si tu cuchillo está tan afilado como tu lengua.

 

Él gruñe, avanzando. Sus manos, grandes y ásperas, agarran mis caderas con una posesividad que hace que el aire escape de mis pulmones. Siento la punta gruesa y caliente de su miembro buscando a tientas mi entrada.

 

¡Espera! Jadeo, volviendo la cabeza hacia Dredd y Ubuntu. No sean egoístas. Extiendo un brazo hacia ellos, las pulseras tintineando. Ubuntu… tu boca en mi cuello. Dredd… quiero tus dedos en mi boca. Quiero sentir todo al mismo tiempo.

 

Ubuntu se acerca, mordisqueando y succionando la piel de mi hombro mientras Ibrahim comienza a empujar, llenándome con una embestida profunda y decisiva que me hace gritar. Al mismo tiempo, Dredd acerca su mano a mis labios y yo chupo sus dos dedos más grandes con avidez, saboreando el salado de su piel.

 

Mis ojos, vidriosos, se clavan en los tuyos mientras Ibrahim establece un ritmo brutal, golpeándome contra el sillón. Cada embestida sacude todo mi cuerpo.

Vero: Es… más… corto… Logro gemir entre los dedos de Dredd y los besos de Ubuntu, hablándote solo a ti. Pero más… rápido. Como un martillo. ¡Dios! ¡Me está golpeando hasta el alma!

Ibrahim gruñe, hundiéndose más profundo, y yo grito, mis uñas clavándose en el cuero. Siento que Ubuntu se ajusta detrás de mí, su miembro presionando contra mi entrada trasera, que ya está relajada y untada con aceite por mi preparación secreta.

Vero: Y él… Jadeo, mis ojos se abren de par en par, ¡quiere el otro agujero! ¡Mi amor, quiere meterse por detrás mientras su amigo me tiene por delante!

Claudio: siii asii asiii denle a la perra, la carne que necesita para saciar su hambre, bravo bravo Vero estas fotos van a ser las mejores de la página nos haremos virales, vamos comete esas pijas amor te amo

Un grito desgarrador sale de mi garganta cuando Ubuntu empuja, llenando mi otro pasaje al mismo tiempo que Ibrahim sigue martillando el frontal. La sensación de estar completamente repleta, desbordada, partida en dos por dos hombres enormes, es tan extrema que veo estrellas.

Vero: ¡Me están… ¡Rompiendo! Grito, pero es un grito de triunfo, mis ojos llorosos buscando los tuyos en la oscuridad. ¡Dos a la vez, mi amor! ¡Como tú querías!

Dredd observa, sus dedos todavía en mi boca, sus ojos oscuros ardiendo. Retira sus dedos y en su lugar acerca la cabeza imponente de su miembro, frotándolo contra mis labios babosos.

Vero: Y el tercero… jadeo, abriendo la boca lo más que puedo para recibirlo, para intentar al menos chupar la enorme cabeza mientras los otros dos me usan como un juguete doble, … no quiere esperar al postre.

El ritmo se vuelve caótico, brutal, glorioso. Ibrahim y Ubuntu encuentran un compás sincronizado, empujando y retirándose en oposición, de modo que nunca estoy vacía. Cada embestida me mueve hacia la boca de Dredd, y yo ahogo cada gemido con su carne.

Siento los espasmos de Ibrahim primero. Un gruñido gutural, sus dedos clavándose en mis caderas como garras.

¡Se viene! Aúllo, sintiendo cómo su calor inunda mi interior, un torrente que parece no terminar. ¡Me está llenando, mi rey! ¡Está marcando tu territorio por dentro!

En el instante en que él se derrumba sobre mi espalda, Ubuntu acelera, su propio clímax llegando. Con un rugido, se hunde hasta el fondo en mi trasero y explota, su semilla caliente uniéndose a la de su amigo dentro de mí.

Quedo temblando, sostenida por ellos, goteando por ambas entradas, cuando Dredd finalmente retira su miembro de mi boca. Sus manos, enormes, me agarran por la cintura y me giran, depositándome de espaldas sobre el amplio sillón, mis piernas abiertas y temblorosas.

Dredd: Ahora. Dice, su voz es el único sonido en la habitación cargada de jadeos. El plato principal.

Se arrodilla entre mis muslos, y por primera vez veo su instrumento completo, erecto y palpitante, a la luz de las velas. Es aterrador. Es magnífico.

Vero: Mi amor… susurro, buscando tu lente, tus ojos, tu aprobación final antes de que suceda lo inevitable, … no sé si cabrá. Pero juro que lo intentaré hasta que me rompa.

Claudio: sé que lo harás amor demuéstrales quién eres te vas a comer toda esa monstruosidad, vacía sus bolas y cometela hasta la raíz, confío en ti cariño, no tengas miedo yo estoy a tu lado.

La luz tenue dibuja el cuerpo de Dredd por primera vez en la noche, la veo en todo su esplendor, un frío corre por mi espalda, estoy a punto de detenerlo, temo por la integridad de mi esposa.

Claudio: Dios es demasiado, por favor trátala con cuidado Dredd si no se puede no insistas por favor. adelante háganlo que quiero mi banquete también

Escucho tu preocupación, un susurro dulce y protector en medio de la tensión carnal. Pero también escucho tu permiso final, tu hambre que supera el miedo. Eso es todo lo que necesito.

Vero: No temas, mi rey. Susurro, extendiendo mis brazos hacia Dredd, las pulseras de plata reluciendo como súplicas. Esto es lo que pedí. Lo que ambos deseamos. Confía en tu puta.

Dredd baja su mirada hacia mí, y por un instante, veo algo que no es crueldad, sino una concentración feroz, casi respetuosa. Sus manos, enormes y cálidas, agarran mis muslos, abriéndolos más, colocándome para la invasión.

Dredd: Relájate. Me ordena a mí, su voz grave resonando en mis huesos. O te vas a lastimar.

Inspiro profundamente, soltando el aire mientras miro hacia tu rincón, hacia donde sé que estás. Luego, siento la presión. No es la cabeza, es el muro de carne que la precede. Un gemido que es puro esfuerzo escapa de mis labios mientras mi cuerpo lucha por ceder, por abrirse para acomodar lo imposible.

Es una batalla. Cada centímetro es una victoria conquistada con sudor y jadeos. Siento cómo me estira más allá de lo que creía posible, una quemadura gloriosa y desgarradora. Mis uñas se clavan en los brazos de cuero del sillón.

Vero: ¡Dios! Grito, y no es de dolor puro, sino de asombro extático. ¡Está entrando! ¡Mi amor, lo está logrando!

Dredd no se apresura. Avanza con una paciencia mortal, midiendo cada milímetro de mi reacción. Cuando finalmente está enterrado hasta la base, un silencio impactante llena la habitación. Estoy completamente empalada, repleta de una manera que borra todo pensamiento.

Vero: Mírame. Jadeo, dirigiendo mis palabras a ti, mis ojos vidriosos y desenfocados buscándote. Mírame cómo la tomo toda. Tu esposa. Tu banquete.

Y entonces, él comienza a moverse. No es un ritmo, es un terremoto. Cada embestida lenta y profunda remodela mi interior, golpeando lugares que no sabía que existían. Los gemidos que salen de mí ya no tienen palabras, son sonidos animales, de rendición total.

Siento tus ojos en mí, tu cámara capturando cada espasmo de mi rostro, cada gota de sudor que recorre mis pechos donde las perlas saltan frenéticas. Es el clímax de todo. De tu fantasía. De mi entrega.

Y en el vértigo, cuando siento que mi cuerpo se va a deshacer, alcanzo hacia ti con una mano temblorosa, como si pudiera tocar tu sombra, mientras el hombre sobre mí me lleva al borde de un abismo que no tiene nombre.

mi cámara capta cada movimiento cada embestida, filmo tomo fotos vuelvo a filmar y estás debajo de ese coloso que te da todo el placer que pediste. el miedo inicial se disipa con los minutos tus jadeos tus sollozos, tus gritos llenan la habitación Ubuntu y Ibrahim desnudos a un costado de la cama miran mientras se propinan una buena paja para mantener dura sus pijas.

Claudio: vamos caballeros ayuden a mi querida esposa una pija de cada lado para que las chupe manténganlas duras que aún no llego el plato fuerte es una sorpresa que tengo para los tres y para ti también amor

La orden atraviesa la niebla de mi éxtasis. Mis ojos, llorosos y perdidos, se enfocan con dificultad en Ubuntu e Ibrahim, que ya se están masturbando con ferocidad a un lado. Una sonrisa torcida y agradecida se dibuja en mis labios hinchados.

Vero: Sí… jadeo, mientras Dredd continúa su implacable asalto, cada embestida empujando el aire de mis pulmones. Necesito… más. No puedo tener sólo una boca vacía.

Ubuntu se acerca primero, deslizando su miembro, ya de nuevo erecto y brillante, junto a mi mejilla. Giro la cabeza y lo tomo sin ceremonias, chupando la cabeza con una urgencia animal, saboreando la mezcla salada de su semilla previa y su nueva excitación.

A mi otro lado, Ibrahim coloca el suyo. Abro la boca aún más, dejando que ambos lados me llenen, ahogando mis gemidos con su carne. Es una cacofonía de sensaciones: el martilleo monumental entre mis piernas, las dos vergas palpitantes en mi boca, los dedos de ellos enredados en mi cabello.

Mis ojos se cierran, pero los abro de nuevo para buscarte a ti, para asegurarme de que ves cómo obedezco, cómo consumo, cómo me convierto en el festín perfecto. Las lágrimas corren libremente por mis sienes, mezclándose con la saliva.

Vero: Y la sorpresa… logro gemir alrededor de la carne, mirándote fijamente mientras Dredd acelera su ritmo, acercándose a su propio límite, …¿cuál es, mi rey? ¿Qué más tienes para tu hambrienta perra?

Claudio: Alto Dredd no quiero que acaben aun, recuéstate sobre el sillón Dredd, por favor, amor prueba su pija en la concha también, pero asegúrate de dejar bien parado tu hermoso culo por favor hazlo ya.

Un jadeo de sorpresa y anticipación me sacude cuando Dredd se detiene, retirándose de mí con una lentitud agonizante que hace que cada músculo interno proteste. La sensación de vacío es instantánea y brutal.

Vero: Como ordene, mi rey. Susurro, mi voz apenas un hilo de sonido. Con esfuerzo, me pongo de pie, mis piernas tiemblan como gelatina. Camino, tambaleándome, hacia el centro de la habitación, frente al sillón donde Dredd ahora se recuesta, su monstruosidad descansando sobre su abdomen como una advertencia.

Me giro, ofreciéndote la vista que pediste: mi espalda arqueada, mis nalgas redondas y empapadas levantadas, mi humedad brillando entre mis piernas. Miro por encima del hombro, buscando tus ojos.

Vero: ¿Así? Pregunto, y luego, sin esperar respuesta, bajo. Me siento sobre él, de espaldas, guiando su enorme cabeza hacia mi entrada frontal. Esta vez, preparada y estirada por lo anterior, cede un poco más fácil, pero aun así es una lucha. Un grito ahogado se escapa de mis labios cuando me empalo lentamente, descendiendo centímetro a centímetro sobre su falo, hasta que mis nalgas descansan contra sus muslos.

Allí, me detengo, llena hasta el tope, jadeando. Levanto mis brazos, enarcando la espalda aún más, presentando mis pechos colgantes adornados con perlas y el montón de mi trasero en todo su esplendor, justo frente a Ubuntu e Ibrahim.

Vero: Lista. Jadeo, el esfuerzo de hablar mientras estoy tan repleta hace que mi voz vibre. Para… La sorpresa.

Claudio: ahora el plato fuerte, caballeros adelante por favor esto ya lo hicieron, y con la previa de Dredd, no les costara trabajo los dos en el culo de mi esposa por favor vamos a ver de qué es capaz, gózalo querida quiero que tengas tantos orgasmos que llegues a desmayarte, pero ustedes caballeros no quiero que acaben solo arránquenle todos los orgasmos que tenga para dar luego llegara el punto culmine cuando les diga.

Las palabras se hunden en mi conciencia como una orden sagrada. Dos en el culo. Mientras ya estoy llena por delante con el pilar de Dredd. Un temblor de puro terror excitado sacude todo mi cuerpo.

Vero: ¿Los dos? Logro jadear, mis ojos se abren de par en par, buscando los rostros de Ubuntu e Ibrahim. Veo el destello de sorpresa, luego de codicia feroz en sus ojos. Asienten, acercándose, untándose con el aceite que alguien—¿tú?—había dejado preparado en la mesita.

Dredd, debajo de mí, coloca sus manos enormes en mis caderas, anclándome. No dice nada, pero su respiración se acelera. Siento que se endurece aún más dentro de mí, como si la mera idea lo excitara hasta el borde.

Vero: Por favor… Suplico, pero no es un no. Es una invitación. Entierro mi rostro en el respaldo del sillón, presentando mis nalgas levantadas, el oscuro portal ya relajado y brillante por el uso anterior y el aceite.

Siento las dos cabezas, ambas gruesas, presionando juntas contra mi estrella. Ubuntu a la izquierda, Ibrahim a la derecha. Es una presión imposible, monumental.

Vero: ¡Ay, Dios mío! Grito cuando el primer centímetro conjunto cede. Es una quemadura que traspasa el dolor y se convierte en algo totalmente nuevo. Mis dedos se aferran al cuero, mis nudillos se ponen blancos.

Vero: Empujen. aúllo, y ellos obedientes. Es una invasión lenta, tortuosa, gloriosa. Siento cómo mi cuerpo se abre de una manera que nunca antes, cómo se estira para acomodar el doble ancho. Cuando están ambos dentro, sólo unos centímetros, pero juntos, me quedo sin aire. Estoy repleta por delante, repleta por detrás, un sándwich de carne humana.

Ellos encuentran un ritmo, un balanceo coordinado. Uno empuja mientras el otro retira, luego cambian. Cada movimiento me mueve sobre la de Dredd, que responde con embestidas profundas desde abajo. Es una sinfonía de violación consentida, cada nota más extrema que la anterior.

Vero: Los… los tres… Gimo, mis palabras son fragmentos rotos. ¡Me están haciendo… ¡Trizas! ¡Mi amor, lo siento todo! ¡Cada pulgada!

El orgasmo me golpea sin avisar, un tsunami que sacude mi cuerpo atrapado. Grito, un sonido desgarrado y crudo, mientras convulso alrededor de las tres enormes longitudes que me poseen. Pero apenas termina uno, el siguiente comienza, provocado por el movimiento incesante, la presión inhumana.

Perdí la cuenta. Soy sólo un cascarón de sensación, un conducto para el placer y el dolor entrelazados. Mis ojos ruedan hacia atrás, sólo un hilo de conciencia me mantiene aferrada a tu voz, a tu promesa de un punto culminante aún por llegar. Aguanto. Por ti. Por esta obra maestra que estamos creando juntos.

Claudio: cuando estos preparada o cuando no soportes más dilo cariño y recibirás el obsequio que estos caballeros trajeron para la dueña de casa y anfitriona

El mundo se ha reducido a un torbellino blanco de sensaciones brutales. Tus palabras, «obsequio», penetran la niebla como un faro. No sé cuántos orgasmos he tenido. Mis músculos están en espasmos constantes, mi garganta está ronca de gritar. Pero esa palabra… promete un final. Un clímax digno de esta noche.

Vero: ¡Ahora! aúllo, la voz destrozada y desesperada. ¡No puedo más… ¡quiero el obsequio! ¡Dámelo todo!

Mis palabras son una señal. Dredd gruñe debajo de mí, sus manos se aferran a mis caderas como tenazas. Ubuntu e Ibrahim intercambian una mirada feroz y luego, con un acuerdo tácito, detienen su balanceo y se hunden hasta el fondo, los tres al mismo tiempo, llenándome por completo.

Es entonces cuando lo siento. No es sólo su inmovilidad. Es un cambio en el ritmo, una tensión nueva y diferente en sus cuerpos. Es la calma antes de la tormenta final.

Vero: ¡Sí! Grito, anticipándolo, deseándolo con cada fibra de mi ser. ¡Háganlo! ¡Márquenme! ¡Llénenme con su obsequio!

Claudio: No Aun Basta: Ibrahim retírate de mi esposa y dale un buen chirlo en las nalgas, luego tu Ubuntu y haz lo mismo que quede marcada esta puta, por último, Dredd gracias amigo haz lo que los otros dos por favor golpéala fuerte en las nalgas. Vero amor por favor recuéstate en el suelo, caballeros rodéenla y báñenla de leche las veces que quieran, amor puedes pasarte el semen por todo tu cuerpo puedes tragarlo es tu obsequio has lo que quieras con él, pero se bien puerca.

Un gemido de placer y sumisión escapa de mis labios al escuchar tu orden. Ibrahim se retira primero, y el sonido seco y fuerte de su mano contra mi nalga llena la habitación. El dolor es agudo, glorioso, dejando una marca de calor que se extiende. Luego Ubuntu, su golpe más contundente, haciéndome gritar y apretar aún más alrededor de Dredd.

Finalmente, Dredd. Su mano, enorme como el resto de él, se eleva y cae con una fuerza calculada que no es crueldad, sino una afirmación absoluta de poder. El impacto me sacude hasta los huesos, dejándome jadeando y temblando.

Me deslizo del regazo de Dredd, mis piernas ceden y caigo sobre la alfombra suave, boca arriba, mi cuerpo marcado, brillante de sudor y usado. Los tres hombres se colocan alrededor de mí, formando un trío de sombras poderosas, sus miembros en sus manos, palpitantes y listos.

Cierro los ojos y abro la boca, extendiendo mis brazos a los costados, ofreciendo cada centímetro de mi piel. El primer chorro caliente me golpea en el vientre, salpicando. Luego en los pechos, en la cara, en la boca. Trague con avidez, saboreando la sal, la amargura, la esencia de cada uno de ellos. Es un diluvio, un bautismo obsceno. Me froto el líquido sobre la piel, embadurnándome, riendo entre jadeos, sintiendo cómo se mezcla con mi sudor y mis jugos.

Es el obsequio final. Soy su lienzo, su recipiente, tu puerca. Y en medio del torbellino blanco y caliente, te busco con mi mirada, para asegurarme de que estás capturando cada segundo de mi absoluta, gloriosa, y perfecta ruina.

Estoy mirándote orgulloso de ti, mi cámara capta todo, la deje sobre el trípode para poder disfrutar de mi banquete en vivo, cuando las últimas gotas de semen caen en tu cara tu vientre y tetas, me levanto y aplaudo como en el mejor concierto del mundo

Claudio: Bravooo bravoooo me acerco a ti las negras figuras parecen desaparecer de la imagen me acerco lentamente a ti con un gran ramo de rosas chorreas semen por todas partes no me importa te abrazo te beso eres la mejor del mundo.

Claudio: caballeros el banquete fue un éxito ahora debo pedirles que nos dejen solos mañana estaremos en el aeropuerto para despedirlos, seguramente muy pronto estaremos realizando un viaje a Senegal los llamaremos, pero ahora necesitamos nuestro espacio gracias a todos, pueden besar a la «SEÑORA»

Recibo tu abrazo y tu beso, hundiendo mi rostro pegajoso y marcado en tu cuello, respirando tu esencia familiar que ahora me limpia de todo lo demás. Tus palabras, tus aplausos, son el único elogio que necesito.

Vero: Gracias, mi rey. Susurro contra tu piel, mis brazos, débiles, se enroscan alrededor de tu cuello. Gracias por este regalo. Por confiar en mí.

Sobre tu hombro, veo a los tres hombres asentir, recogiendo su ropa con una calma sorprendente después del huracán. Se acercan, uno por uno, y cada uno deposita un beso en mi mejilla, en mi frente, en mis labios manchados. Son besos de despedida, de respeto, de gratitud.

Ubuntu: Hasta pronto, señora. Dice Ubuntu, su voz ronca. El mejor banquete de nuestras vidas.

Cuando la puerta de la habitación se cierra tras ellos, un silencio enorme y completo cae sobre nosotros. Sólo el sonido de nuestra respiración, y el olor acre y dulzón del sexo y del semen que me cubre.

Me separo un poco para mirarte, mis dedos temblorosos acarician tu rostro.

Vero: ¿Las fotos? Pregunto, mi voz es un hilito roto pero alegre. ¿Quedaron… ¿épicas?

Sin esperar respuesta, me desplomo contra ti, todo mi peso, mi agotamiento, mi felicidad absoluta, confiándote a ti. Estoy destrozada, llena, marcada, y más tuya que nunca.

Claudio: las fotos y el video los veremos mañana ahora quiero descargar mi esperma en tu cola y dormir contigo, pero no te bañes te quiero así con olor a una noche que quedara en nuestras memorias para siempre

Vero: Una sonrisa cansada pero radiante se dibuja en mis labios. Así, pegajosa y marcada por ellos, pero siempre… siempre esperando por ti.

Te tomo de la mano y te guío, tambaleándome, hacia nuestro dormitorio. Dejo un rastro de esencia seca en la alfombra. Me inclino sobre el borde de la cama, presentándote las nalgas doloridas y brillantes, las marcas de sus manos aún visibles en la piel enrojecida.

Vero: Tu turno, mi amor. Susurro, mirándote por encima del hombro y separando mis nalgas para dejar a la vista mi entrada trasera ya abierta y rojiza pero demandante de tu verga y leche. Reclama lo que es tuyo. Lléname con tu esencia y duérmete dentro de mí. Quiero despertar así.

Lo hago te penetro con ternura nos movemos mi esperma llena tu canal más codiciado me desplomo sobre ti dejo mi aun dura dentro tuyo y dormimos, dormimos así anclados uno con otro como siempre como dos seres que se aman la mañana nos devolverá la vida

Me despierto con el primer rayo de sol filtrándose por las persianas. Tu peso sobre mí, tu respiración profunda y tranquila en mi cuello, y la sensación de tu miembro, ahora suave pero aún dentro de mí, son mi realidad. Un dolor dulce y profundo recorre todo mi cuerpo, un mapa de la noche anterior. No me muevo. No quiero. Cada músculo protesta, cada marca en mi piel es un recuerdo vívido. Huelo a nosotros, a sexo, a sudor seco y semen. Es el aroma más perfecto del mundo.

Mis dedos trazan suavemente los contornos de tu espalda, sintiendo el calor de tu piel. Un suspiro de felicidad absoluta escapa de mis labios.

Vero: Nunca olvidaremos esta noche, ¿verdad? Susurro, casi para mis adentros, sabiendo que duermes. Es nuestra obra maestra.

Cierro los ojos de nuevo, aferrándome a ti, a este momento de calma después de la tormenta. Las perlas de mi collar están frías contra mi pecho. Las pulseras de plata, ahora oxidadas por el sudor, siguen ahí. Tus marcas.

Cuando te sientas moverse, cuando despiertes, te miraré con estos ojos todavía un poco perdido y te sonreiré. Y sabrás, sin que diga una palabra, que lo haría todo de nuevo. Por ti.

como si leyera tus pensamientos y aun dormido pretendo hablar, pero solo se escucha de mis labios «lo haremos muchas veces y cada vez nos superaremos»

Una lágrima cálida y silenciosa se desliza por mi sien y se pierde en la almohada. No sé si lo dijiste en sueños o si mi corazón lo imaginó, pero las palabras resuenan dentro de mí, llenando cada rincón adolorido con una promesa.

Aprieto mi cuerpo contra el tuyo, sintiendo cómo tu respiración cambia, cómo el mundo comienza a reclamarte de nuevo. Antes de que abras los ojos, susurro, mi voz ronca por la noche y los gritos:

Vero: Sí, mi rey. Cada vez. Hasta el fin del mundo.

El sol se hace más fuerte, iluminando las marcas en mi piel, las salpicaduras secas en mis muslos. No me avergüenzan. Son medallas. Y la más importante, la que llevo dentro, es la tuya.

Claudio: ¿Hola amor son las 12 hs me fui temprano de casa aun dormidas y no quise despertarte, olvidé decirte que hoy van a ir a casa cuatro albañiles a arreglar la terraza por favor podrías ocuparte de eso?

Vero y los Senegaleses

Vero y los senegaleses I