Capítulo 2

Después de la ronda de bukkake en la sala de películas, salí tambaleando con la cara como máscara de semen seco: ojo pegado, pelo en casco pegajoso, garganta rasposa y estómago hinchado de leche de ocho machos. Pero el Príncipe no te deja descansar. El vicio te arrastra al cuarto oscuro, el corazón del antro, donde los habituales arman lo más cerdo de la noche.

Entré al laberinto negro total. Luces cero, solo gemidos bajos, cachetadas de carne mojada, respiraciones agitadas y el olor asfixiante: sudor rancio de cuerpos que llevan horas ahí, culo sudado y abierto, vergas fermentadas de precum viejo, poppers quemando el aire como gasolina, y esa nube densa de semen fresco mezclado con pis de algún weón que no aguantó. El piso pegajoso se me pegaba a los pies descalzos, tibio de fluidos acumulados.

Ahí están los de siempre, los que van casi todas las noches:

  • Los machos peludos maduros (45-60 años, panzas colgantes, vello negro por todo el cuerpo, olor a axilas y bolas de días sin lavar): vienen a follar pasivas sin piedad. Tipos como el Gordo Bigotudo, que siempre lleva popper en el bolsillo y busca culos abiertos para romper raw. O el Flaco Tatuado, con pija venosa gruesa que no usa condón nunca, le encanta sentir el calor directo y dejar semen adentro.
  • Los pasivos tragones y culones (jóvenes o no tan jóvenes, culos grandes, depilados o peludos, que piden “raw y profundo”): como el Cabro Llorón, que se pone en cuatro y gime “rómpeme sin forro”, o el Gordito Sumiso que traga vergas mientras lo penetran por atrás. Ellos arman el centro de la orgía, arrodillados o apoyados en las paredes, abriendo culo y boca para quien llegue.
  • Y los grupos mixtos que se forman espontáneamente: cinco, seis, hasta diez maricones en un rincón del cuarto oscuro. Uno pone popper en cadena (inhalan todos, rush colectivo que pone a todos en modo bestia), otro empieza a chupar, y en minutos es orgía raw total: penetraciones en cadena, vergas saliendo y entrando sin aviso, sudor chorreando por espaldas peludas, gemidos ahogados y el sonido wet de culo lubricado por precum y semen viejo.

Me empujaron contra una pared pegajosa. Sentí manos anónimas abriéndome las nalgas, dedos mojados metiéndose sin aviso. “Este culito está fresco todavía”, gruñó uno. Era el Gordo Bigotudo. Me pasó el frasco de popper directo a la nariz: inhalé profundo dos veces, el rush me subió como rayo, el culo me palpitó y se abrió solo. Me puso en cuatro en el piso sucio, rodillas en charco tibio de fluidos.

Primero me penetró raw de una embestida brutal: pija gruesa, venosa, caliente, entrando hasta las bolas sin piedad. Dolor-placer mezclado, gemí fuerte. Mientras me cogía, otros se acercaron: un pasivo arrodillado me tragó la verga (boca caliente, garganta profunda, babeando), otro me metió su pija en la boca desde el lado. Tres agujeros ocupados al mismo tiempo.

La orgía creció rápido. El Flaco Tatuado se unió: se puso detrás del Gordo y lo penetró raw mientras este me follaba a mí —cadena de penetraciones, sudor chorreando, cuerpos pegados resbaladizos. “¡Toma popper, maricón!”, gritó alguien, y pasó el frasco. Inhalé más, el mundo giró, el culo se relajó total y empecé a empujar hacia atrás pidiendo más.

Se armó la ronda: uno salía de mi culo, otro entraba directo, raw, sin limpiar. Sentía semen caliente de anteriores chorreando por mis piernas, mezclándose con el mío. Un pasivo gordito se puso debajo de mí, lamiéndome los huevos mientras me follaban, y otro me escupió en la boca abierta: “Traga, puta, que te vamos a llenar por todos lados”.

Gemidos por todos lados: “¡Más profundo, cabrón!”, “¡Raw, sin forro, lléname!”, “¡Popper, dame popper!”. El cuarto oscuro se llenó de maricones: diez, doce cuerpos sudados chocando, vergas entrando y saliendo de culos abiertos, bocas tragando, manos pajeando. Olor insoportable: sudor ácido, culo fermentado, semen cremoso, poppers químico. El piso era un pantano de fluidos, resbaloso, tibio.

El Gordo se corrió adentro primero: chorros calientes disparando profundo, sentí el pulso en mi interior, semen espeso quedándose ahí. Salió y otro entró inmediatamente, empujando el semen más adentro como lubricante. Me corrí sin tocarme, leche salpicando al pasivo que me chupaba abajo.

Pero no pararon. Me voltearon, me pusieron boca arriba en el piso pegajoso, piernas abiertas. Tres machos maduros se turnaron: uno me follaba el culo raw, otro me metía verga en la boca hasta las bolas (bolas sudadas golpeándome la barbilla), el tercero se pajeaba sobre mi cara. “¡Abre, tragón!”, y descargaron: semen en la garganta, en la cara, en el pecho. Tragué lo que pude, el resto chorreó mezclándose con sudor y mugre.

Salí del cuarto oscuro horas después: culo abierto y goteando semen ajeno, cara bañada otra vez, cuerpo brillante de sudor y fluidos, olor impregnado hasta los huesos. Los habituales seguían adentro, armando otra orgía, inhalando popper, follando raw sin fin.

El Príncipe te rompe. Te llena de vicio sucio. Y vuelves pidiendo más.

 

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Devorado en el Príncipe – Cruising Gay XXX Sin Límites Glory Holes Sin Fin y Bukkake Final – Ahogado en Leche y Pis