Capítulo 4

Mi matrimonio casi termina IV

Mi esposo al día siguiente volvería y, muy dentro de mí, no quería tenerlo ahí. Pero vamos, chicos, era mi esposo. Cuando llegó, lo abracé, lo besé y él me pidió disculpas por todo. No quise decirle nada de lo que pasó, aunque él me lo preguntó. Le dije que no quería nada más de esos juegos y bla bla bla.

Alberto siempre me escribía; a veces le respondía y a veces no. No quería que mi esposo sospechara. Creo que si se enterara de que alguien me dio en su cama, se molestaría mucho. Pero mi cuerpo comenzó a reaccionar: me excitaba con facilidad. Pensar en el moreno me ponía caliente, no voy a mentir. Me daba mucho morbo todo y a veces hasta me ponía de mal humor.

Mi esposo se puso raro cuando tuvimos sexo. Yo le hice oral y le chupaba el pene de manera seguida y hasta el fondo. Fue mi error. Creo que él sintió algo, sospechó algo. Pues sola no iba a aprender a hacer algo así; hubo alguien que me enseñó. Pero no me importó tampoco darle explicaciones.

Alberto me pedía verme, pero no podía. No por el momento. Me daba miedo que me mirara algo o se diera cuenta de algo. Pero moría de ganas por una de esas revolcadas que me daban. Yo seguía yendo a la iglesia, no como antes, pero trataba de participar en ciertas cosas siempre. Estábamos practicando un drama para un viernes, un pequeño evento que había.

Ya las personas comenzaban a llegar. Yo iba con unos hermanos a ayudar a traer unas sillas. Cuando salí por la puerta, iban llegando una pareja de esposos con sus dos hijos adolescentes. Fue inconsciente, pero me lo comí con la mirada. Lo miré a los ojos, mejor dicho: nos miramos a los ojos. Les di la mano y les dije “bienvenidos” amablemente. Su manota áspera de hombre trabajador… wow.

Seguí a los hermanos que íbamos por las sillas y, como dije, por esa conexión, volví a ver atrás y él también, intercambiando miradas otra vez.

Cuando nos poníamos la ropa para el drama (ya estaba por comenzar), miré mi teléfono y tenía mensajes de Alberto y del moreno. Me aparté un poco de todos ahí y abrí el chat del moreno. Mi sorpresa al ver videos de él masturbándose… No me quedé viéndolos, no me aguanté y los miré. No le dije nada más que esto: “🫦”. Me preguntó el moreno qué deseaba: tenerme otra vez.

Yo le expliqué todo: que mi esposo ya había vuelto y que no podía hacer algo así tan fácil. Me dijo que en su van podríamos hacer algo porque solo andaba con algunas herramientas y estaba saliendo de su trabajo.

Terminamos el drama todo muy bien, pero logré ver que no estaba el nuevo que había llegado. Sí estaba su esposa y sus hijos, pero no él. Pensé que tal vez estaba en el baño. Nos estábamos quitando los trajes del drama y veo las propuestas del moreno: que nos miráramos en su van. Se me aceleró el corazón y, entre pláticas, acepté.

Les dije a todos los que estaban ahí: “Ahora vuelvo, voy a mi carro por algo”. Cuando iba para mi carro, iba escribiéndole al moreno que lo vería en la gasolinera cerca y le mandé la dirección de ahí.

Me encontré al que llegó con su esposa y sus hijos. Parece que estaba pasando tiempo en su carro y ya iba de regreso para la iglesia. Nos encontramos ahí. Me dio mucha pena, solo le sonreí. Iba a pasar sin hablarle por la pena, pero me dice: “¿Ya se va?”. Le digo: “Nooo, solo voy por algo que olvidé”. Le pregunto si es de Colombia por su acento. Dice que sí, me vuelve a dar la mano y me dice “mucho gusto”. Le digo “el gusto es mío”. Le digo así risueña: “Platicamos luego, ahora vuelvo”. Me dice: “¿Ya terminó el servicio?”. Le digo: “Nooo, voy por algo, ahorita regreso”.

Llegué a la gasolinera y estuve esperando 10 minutos. Momento después miro llegar una van algo vieja. Me dice en un texto que vaya donde él. Cuando iba, se bajó un amigo de él y se fue adentro de la tienda. Ambos aún estaban con ropa de trabajo. Me dio mucha pena ver a su amigo bajar y verme ahí esperando para yo subir. El moreno no se bajó. Yo deslicé la puerta y me subí. Tenían algunas herramientas de trabajo. El moreno se pasó para atrás y empezó a mover cosas haciendo espacio.

Yo solo lo miraba como niña esperando su regalo. Y en eso, por la ventana, veo a su amigo arrimado en mi auto con las manos cruzadas, como esperando que el moreno termine conmigo para subirse. Hacía frío, me sentía mal por él. Él también era moreno, como de su misma edad, pero con rastas en su cabello.

Yo no tenía mucho tiempo. El moreno me insinúa ponerme en el lugar que arregló. Me pongo de perrita hacia la ventana de enfrente y él me sube el vestido hasta la cintura, dándome un tremendo chupetón con mordida en mi nalga. Le hice saber que please me diera 🫦. Me punteaba, roseándome como molestándome, pero decidió metérmela. Bastó eso para estirarme más y dejar que siguiera con lo suyo. Estaba metiéndomela y se escuchaba el movimiento del carro. Sé que su amigo lo miraba.

Estaba sintiendo rico y estaba con mis ojos cerrados, concentrada. Escucho que se abre y se cierra la puerta del copiloto. Su amigo se había metido por el frío. Yo medio me levanté, quedé viéndolo así apenada porque él se nos quedó viendo y hablando con el moreno mientras me daba.

El moreno me puso la mano en mi cuello, volviéndome a acostar y dándome como si nada pasara. En todo eso, por mi mente también pasaba que si su amigo la tenía grande también… No quería regresar tarde a la iglesia, pero ni loca me movía de ahí. La estaba pasando muy bien.

Estaba más relajada, sin pena ya. Su amigo se puso con los pies en el tablero, recostándose usando su teléfono. Ya se me había hecho tarde; si me iba, tal vez los encontraría cerrando las puertas.

Entonces el moreno se levantó. Se me hizo extraño. Yo estaba de rodillas algo así, pero con mis senos afuera (🧎🏻‍♀️), viéndolo. Me dice: “Ya terminé, vete”. Yo quedé caliente, me quedé con ganas. No entendía. Se cambió y se salió al baño de la tienda. Su amigo me tomó un seno. Yo le grité confundida: “¡Heyyyyyy!”. Hasta me caí hacia un lado cuando me traté de cubrir. El moreno ni siquiera se despidió.

Cuando estaba por salir, su amigo me puso en el traductor: “Ahora ve a casa con tu marido”. Yo lo miré, no le dije nada y me salí. Estaba adentro de mi carro y lo miré otra vez: me tiró un beso y me guiñó un ojo. Me fui.

Pasé de lejos por la iglesia y sí, ya estaba cerrada. Me fui a casa, pero mi esposo no estaba y los niños tampoco. Decidí darme un baño. Cuando estaba acostada, le escribí al moreno y le pregunté por qué se fue sin decir nada, sin despedirse. Él me preguntó que si no pasó nada. Yo me quedé así como pensando. No le quise comentar nada de lo de su amigo.

Pero pensaba: ¿qué fue eso? Estaba confundida. No estaba ofendida por lo que hizo y dijo el amigo del moreno. Lo que pensaba era: ¿por qué los hombres son así? No pueden guardar un secreto. El moreno le comentó algo a su amigo, lo sabía.

Estaba sentada en mi cama pensando cómo he sido capaz de hacer todo lo que he hecho. Recordaba mi vida antes de hacer todo lo que he hecho, de cuando conocí a mi esposo, que no creía que tuviera esos gustos de verme a mí sometida, usada y que me faltaran el respeto de esa forma, que se aprovechara de mí, de mi humildad. Y si yo… ¿qué? Que todo ha sido culpa de mi esposo, bueno, casi todo. Porque acepto que aquel día caí en la tentación, fui utilizada de lo más bajo, pero lo demás que he hecho ha sido por mi decisión propia. Nadie me ha obligado (no me he sentido obligada en lo absoluto). Aquel día fue como si destaparan un panal de abejas y saliera todo sin oportunidad de atraparlas, de pararlas. Así me siento: como si me desbloquearon eso que no sabía que me gustaba. Y ahora he fallado muchas veces ya.

Me quedé dormida, ni cuenta me di a qué hora llegó mi esposo. Así pasaron los días, como si nada pasara.

Mis suegros nos invitaron a una cena porque mi suegra estaba cumpliendo años. Ellos no eran de hacer fiestas, globos y esas cosas, solo una pequeña decoración. Yo fui en la mañana a ayudar a decorar y le ayudé un ratito a cocinar a mi suegra. Estuvimos platicando y riendo. Ellos me comentaron que querían pintar su casa y un cuarto que estaba afuera, que lo ocupaban para tener un carro y cosas. La cena sería como a las 6 de la tarde.

Así fui a casa y estuvimos viendo películas con mi esposo. Fuimos a comprar unas cosas y la verdad teníamos mucho que no salíamos así por el trabajo, los quehaceres, todas esas cosas que pasan por alto. Y la rutina a veces aburre, pero ese día me sentí bien.

Mientras eso pasaba, a veces me daban ganas de contarle a mi esposo lo que he hecho, pero sentía que se podía molestar. Tal vez si le contara que estuve con Alberto no tanto, pero si le dijera todo lo demás, sí estaba segura que se molestaría. Con Alberto no me había visto, pero siempre chateábamos.

Si supieran ustedes cómo me siento de hipócrita: estar en la iglesia y haciendo cosas afuera… No me juzguen, por favor. En casa parecía que todo era normal, pero mi esposo ni siquiera se imaginaba que lo engañaba con más personas. Pero si él no hubiese hecho aquello aquel día… 😫😫😫

Estábamos en la cena con mis suegros y, entre pláticas, le comentaron a mi esposo que iban a pintar pero no tenían quién les ayudara o si tendrían que pagar a alguien. Mi esposo les dijo que no podía ayudar ya que tenía mucho trabajo. Entonces mi esposo les dijo que ayudaría a buscar a alguien.

Yo sabía que tenía mensajes, así que fui al baño. Le dije a Alberto que por favor no me escribiera porque estaba con mis suegros. Alberto seguía poniéndome 🔥🔥🔥 cada que me escribía. Le dije que también tenía muchas ganas de verlo y que vería cómo le hacía para verlo. Y volví a la mesa.

Por la noche, ya acostados descansando, mi esposo tocándome, buscando intimar conmigo. Chicos, soy sincera: primera vez que sentí no querer estar con él. Me hice la cansada para no hacerlo, buscando excusas. Sí era verdad, no sentía ánimos, fue un día agitado para mí. Pero también no tenía deseos de intimar con él. Por mi cabeza pasaban muchas cosas, pero creo que si hubiese estado en manos de alguien más, estaría satisfecha. Pero al final siempre me hizo el amor.

Un sábado estaba haciendo aseo en casa. Mi esposo estaba en casa y mis hijos jugando, brincando. Mi esposo estaba reparando algo. Desde la noche me había sentido estresada y ahí haciendo todo me sentía como sofocada, con sueño, cansada.

Recuerdo que una vez me sentía así cuando tenía 14 a 16 años: eran esos momentos donde quieres probar tener sexo pero no se puede. Recuerdo que solo hacía que se me parara todo eso haciendo cosas para que se me olvidara. Pensarlo te pone más mal.

Estaban anunciando que había una tormenta de nieve. Invitaron a mi esposo a votar nieve. Según, la nieve empezaría a caer como a las 12 de la noche. Mi esposo, llegando del otro trabajo, se iría para allá. Solo descansaría unas horas antes de irse.

Yo pensé que con eso podría hacer algo 🔥. Lo necesitaba. Le dije a Alberto, le expliqué que no estaría mi esposo. Alberto me dijo que claro, que fuéramos a otro lugar, pero le dije que no porque mis hijos estaban dormidos, no podía dejar sola la casa.

Y ya cuando mi esposo se fue, le dije a Alberto que yo estaría esperándolo en la parte de atrás, en el storage, es donde mi esposo guarda ese montón de herramientas. Yo me puse una toalla sin ropa para más fácil y ahorrar tiempo.

Escuché unos pequeños golpecitos en la puerta. Le abrí. Sin hablar, le pasé adentro. Me quité la toalla y nos besamos. Le chupaba la lengua y él a mí. Wow, estaba como loca. En la misma toalla puse mis rodillas y se la chupé. Él me agarraba la cabeza y me la metía toda en mi boca y eso era lo que a mí me gustaba: su forma de tratarme, no me respetaban.

Él me preguntó: “¿Te gusta?”. Yo le dije: “Me encanta, esto me encanta” y seguía. Alberto se arrimó a una mesa y yo estuve chupándosela. No quería parar de hacerlo. Puse la toalla y Alberto se acostó. Y yo solita me la metía y me quedaba sentada disfrutando. Alberto se rio conmigo y me acosté en su pecho. Me dijo: “Eres una put*”. Yo me levanté y lo miré como confundida. No sabía si me había ofendido o elogiado o algo así. Nunca en mi vida me habían dicho eso.

Me dijo: “Ponte de rodillas”. Yo me saqué su pene y me quedé como… no sé cómo decirlo. Él se puso atrás mío y me empujó amablemente haciéndome parar la colita, y me la metió. Qué rico se siente, pensaba. Me tomó el pelo y me preguntó: “¿Te molestó lo de put*?”. Pero no le respondí. “Eres mi put*”. No me molestaba, es solo que no estaba preparada para aceptarlo, creo. Pero él estaba dándome riquísimo y yo solita ahí dije: “Sí lo soy”. Y se rio.

Y así de nuevo volvió a repetir todo: mi esposo trabajando y yo irrespetándolo. Me doy la vuelta acostándome viéndolo, sosteniéndome las piernas mientras él me la metía. Pude darme cuenta de algo: casi con los 29 años que tengo, metiéndome con Alberto… a Alberto se le notaba lo mayor ya, que él disfrutando de mi piel joven. Yo no era ni gordita ni flaca, pero soy linda y metiéndome con esos… Eso pensaba mientras Alberto me miraba y me daba.

Pero estaba a punto de acabar. Le quité el condón y me la metí. Me dice: “¿Segura?”. Ya la tenía adentro. Le digo: “Tíralos adentro”. Me sujetó las piernas abriéndome y le comencé a decir: “Me encanta, me encanta, no pares”. Me dice: “Aquí viene”. Mis ojitos se ponían así 🥴🥴, y a él también. Le dije: “No se preocupe, yo llevo un control para no quedar embarazada”. Y también yo iba a la clínica a checarme. Eso no se lo dije a él, pero tenía que hacerlo desde aquel día que me dieron sin protección. Eso me había tenido como loca pensando. Pero todo estaba bien.

No era normal que yo comenzara a sentir nada después de hacer eso. No me daba remordimiento o algo así… Bueno, sí un poco, pero era por mi esposo. Porque por mí no había problema: me gustaba sentirlo, me gustaba ser complacida.

Había llegado a un punto donde intimar con mi esposo no me llamaba la atención. Lo hacía, sí, no diré que no, pero era mi obligación como esposa. Me sentía mal cuando iba a la iglesia, pero no dejaba de asistir.

Un sábado había una actividad. Yo estaba con las hermanas haciendo cosas: era venta de comidas. Miré llegar al papasito con su esposa y sus hijos. Intercambiamos esas miraditas y eso. Yo estaba algo apartada porque habían unos haciendo unas cosas y otros otras cosas, y nosotras otras cosas. Le miré pintadas las manos, manchadas de pintura. Supuse que trabajaba de eso, que era pintor.

Y pues nos hacían falta unas sillas y ellos llegaron donde estábamos nosotras a probar lo que vendíamos. Cada que su esposa se distraía con las hermanas, yo y él estábamos de miradita suelta. Y la hermana me dice que vaya por unas sillas. Fui por unas y después volvería por las otras. Y me dice él: “Si quiere le ayudo”. Y le dice su esposa: “Sí, amor, ve a ayudarle”.

Me puse apenada. Y fuimos y me dice: “¿Por qué tan callada?”. No le dije nada, solo una pequeñita risita se me salió. Me dice: “Tranquila, que yo no muerdo”. Le digo: “¿Usted trabaja pintando? Es que mis suegros necesitan pintar su casa”. Me pregunta: “¿Estás casada?”. Le digo: “Sí, lo estoy, tengo dos hijos”. Me dice: “Tu esposo tiene mucha suerte”. Su tono ya estaba pasadito. Le digo: “Su esposa también”, mientras buscaba las sillas. Ya sabía cuáles eran, pero la pena me tenía ahí y él se había acercado a mi costado diciéndome cosas.

De la pena le digo: “Le daré el número de mis suegros para que los llame y les dé precio”. Y el muy sinvergüenza me dice: “Está bien, de paso deme el suyo también”. No supe qué decirle, solo seguí viendo mi teléfono. Y me dice: “Préstamelo un momento”. Y me lo tomó y se remarcó su teléfono. No le dije nada por lo que hizo, solo le di el número de mis suegros y nos fuimos de nuevo con las sillas.

Mientras seguía con la actividad, me sentía como que estará pensando él de mí. Mientras lo miraba con su mujer, ni siquiera podía sostenerle la mirada.

Estaba en casa preparando la comida y mi esposo me comentó que mis suegros ya encontraron quien les pinte la casa. Mi esposo me lo preguntó. Yo le dije que una persona que va a la iglesia se dedicaba a eso y que yo le di el número de su mamá.

Seguiré después porque se está haciendo muy largo. Eso ok, parte V.

Mi matrimonio casi termina

Mi matrimonio casi termina III