No sé cómo carajos escribir esto sin que suene putamente sucio… porque lo es, y mucho.

Lo que voy a contar es real al cien por cien. No estoy orgullosa, me da vergüenza ajena solo pensarlo, pero necesito sacármelo del pecho o me va a reventar.

Siento un morbo enfermo, de esos que te queman por dentro.

Para que se ubiquen: soy de las que pasa desapercibida, callada, perfil bajo, cero onda con la familia. Relación con mi madre y mi padrastro: prácticamente nula desde hace años. Pero esto empezó hace tiempo y no para.Siempre he sido una calentona de mierda.

Con pareja o sola, me meto mano casi todos los días. Me corro fuerte, me mojo hasta empapar las sábanas.

Pornografía normalita al principio: tríos, anal, corridas en la cara, lo clásico. Hasta que una noche cualquiera, estaba tirada en la cama con las piernas abiertas, el coño chorreando, los dedos metidos hasta el fondo, scrolleando sin parar en una de esas páginas llenas de videos nuevos.

Ya en ese punto de “solo quiero acabar ya, me vale verga todo”, empecé a meterme en lo más heavy: pollas enormes abriendo culos, gargantas profundas hasta que se les salen las lágrimas, corridas interminables en la boca…

Me corrí tres o cuatro veces seguidas, mordiéndome el labio para no gemir ni un poquito.

¿Por qué tan callada? Porque mi pared está pegada a la habitación donde duermen mi vieja y mi padrastro.

Un gemido fuerte y se enteran de todo.

Cuando por fin me quedé temblando, con el clítoris hinchado y el coño todavía palpitando, abrí Instagram para bajar un cambio antes de dormir. Y de la nada, en “sugeridos”, aparece el perfil de mi padrastro.

Con él habló lo justo y necesario; desde una pelea heavy hace años somos como extraños bajo el mismo techo. No sé qué demonios me pasó, pero le di click.Perfil público, fotos de mierda normales… pero la lista de seguidos era interminable.

Abrí y empecé a bajar. Era obvio que era un pajero crónico: cientos de cuentas de putas porno, OnlyFans, twitter porno, todo.

Pero rápido vi el patrón, clarísimo y repetido hasta el cansancio: latinas, petisas, pelo negro largo, tetas chiquitas o medianas… y sobre todo culos enormes, redondos, parados, de esos que se mueven solos cuando caminan.

Era su puta obsesión. Prácticamente no seguía otra cosa.Y ahí me cayó la ficha como un balde de agua helada mezclada con fuego.

Yo soy exactamente eso: bajita, morena, pelo negro, tetas no muy grandes… y un culo descomunal, de los que la gente voltea a ver en la calle aunque vaya tapada.

Me quedé mirando la pantalla con el corazón en la garganta y el coño volviendo a mojarse solo de pensarlo: ¿se habrá pajeado imaginándome a mí? ¿Habrá eyaculado pensando en mi culo mientras yo estaba al lado durmiendo?

Debería haberme dado asco. Debería haber cerrado todo y borrado el historial. Pero no. Lo que sentí fue una calentura tan sucia, tan prohibida, tan intensa que me puso a temblar.

Me metí los dedos otra vez ahí mismo, fantaseando con él mirándome el culo cuando paso por el pasillo, imaginándolo colándose en mi cuarto cuando no estoy, agarrando mis tangas usadas del cesto de la ropa sucia, esas que se me clavan entre las nalgas todo el día y terminan oliendo fuerte a mi coño mojado y a mi culo sudado después de caminar o de estar sentada horas.

Ese olor pesado, almizclado, mezcla de sudor fresco, humedad de entrepierna y ese toque ácido y animal que se queda pegado en la tela cuando el culo se calienta y transpira mucho.

Lo imagino pegando la nariz justo en la parte de atrás, donde queda la marca del hilo entre mis cachetes, inhalando profundo ese aroma prohibido de mi culo grande y caliente mientras se agarra la verga dura con la otra mano, pajeándose lento al principio, respirando mi olor como si fuera droga, acelerando el movimiento hasta que la mano le vuela, gruñendo bajito mientras se corre pensando en meter la lengua ahí mismo, en lamer ese culo que tiene al lado todos los días sin poder tocarlo.

Pasaron varios días dándole vueltas al asunto.

Me masturbé como loca, horas enteras, viendo videos de padrastros follando a sus hijastras putas, imaginándome en el lugar de ellas, con su verga entrando y saliendo de mí mientras mi mamá duerme al lado. Hasta que no aguanté más.

Creé un perfil falso. Fotos mías, pero bien cuidadas: leggings apretados marcando todo el culo, shorts diminutos, ángulos desde abajo que hacen que se vea todavía más grande y redondo. Nada desnuda, pero lo suficientemente zorra para que cualquier pajero como él se quede mirando.

Lo configuré perfecto para que encajara justo en su tipo: latina, petisa, culona. Y esperé, con el corazón latiéndome en el coño, a ver si caía.