¿Qué paso antes de que mi madre se volviera mi novia?

Antes que nada, aclaro que todo esto es completamente una confesión real. También es cierto que este no es el primer ni el único sitio en el que publico mi romance con mi madre. La razón por la que lo hago es porque me gusta compartir este relato; siento que es bastante interesante que este tipo de cosas ocurra. Si quieres entender un poco mejor todo, lee mi relato anterior.

Ahora quiero comenzar con la vida de mi madre y cómo fue que me tuvo. Todo lo que contaré a continuación me lo relató ella misma.

Primero, mi abuelo llegó de España a México buscando una mejor vida y conoció a mi abuela cuando tenían 20 y 18 años respectivamente. En los primeros tres años de conocerse ya tenían cinco hijos y, luego de 10 u 11 años más, nació su primera hija, que fue mi madre. Mi abuelo fue también el motivo por el cual la familia tenía tanto dinero, sobre todo en esos 10 años. Después de formar una familia, comenzó a hacer muchos negocios diversos. Tras su fallecimiento, cuando mi madre tenía 8 años, todos esos bienes pasaron a manos de mi abuela.

El tiempo pasó y los hermanos de mi madre se fueron de la casa de mis abuelos, dejándola completamente sola. Fue entonces cuando, a sus 11 años, mi madre consiguió un novio. Gracias a las ocupaciones de mi abuela, tuvo oportunidad desde esa edad de experimentar el sexo. Me cuenta mi madre que realmente fueron contadas las veces que tuvieron relaciones, pero igual terminó embarazada de mí. Eventualmente le confesó todo a mi abuela y le pidió un único favor: que le permitiera abortar. Pero mi abuela no accedió y decidió que ese sería el castigo que merecía. Posteriormente, tuvo que dejar la primaria presencial por todo el acoso que recibió. Una vez que terminó la primaria, me tuvo a mí.

Luego de eso, mi abuela decidió que mi madre no estaba lista para cuidar a un hijo a su edad, así que le compró un departamento para que viviera ahí mientras estudiaba, hasta que estuviera preparada para tener un hijo.

Me relata mi madre que realmente se enfocó en sus estudios, por lo que salió con honores en cada uno de sus grados y semestres de secundaria y preparatoria. Después obtuvo las licenciaturas en Derecho y Arquitectura. Pero aquí pasa algo curioso: mi madre dice que el motivo por el cual hacía todo esto era porque sentía culpa de no ser un buen ejemplo para su hijo o de no poder hacer lo que se supone que una madre debería hacer. Cuenta que mi abuela le mandaba seguido fotos mías, pero que realmente ni cuando era bebé o niño pequeño me veía como un hijo. Simplemente lo que la motivaba era que ese niño que le daba ternura tuviera una buena madre. Cuando yo tenía 10 años empezaron sus promesas de que nosotros viviríamos juntos, pero esas promesas nunca se cumplieron. Con el pasar del tiempo, esa ternura se desvaneció; ya no había nada en mí que le hiciera sentir culpa por no ser una buena madre, y es por eso que siempre ponía excusas para que no pudiéramos vivir juntos.

A partir de mis 15 años, me dice mi madre que todo cambió de una forma aún más rara. Sentía que ahora las fotos que mi abuela le mandaba eran solo de un hombre aleatorio al que debía ver como su hijo. Empezó a tener fantasías sexuales con ser follada por su propio hijo, ya que al verme veía el tipo de hombre que quería. Como me describe mi madre, desde esa edad yo ya era alto, castaño y deportivo. Todas estas fantasías se volvieron aún mayores y más frecuentes con los años, porque les recuerdo que solo había tenido sexo a los 11 años y en muy contadas ocasiones; en los siguientes 17 años no estuvo con nadie. Hasta que una noche, mientras se masturbaba, se le escapó mi nombre en un gemido, lo cual le hizo darse cuenta de que no era una fantasía de madre e hijo, sino una fantasía de ella y su propio hijo. Luego de eso decidió buscar a alguien para desahogar todas esas fantasías, pero la única persona que pudo conseguir era un hombre no solo precoz, sino que, a palabras de mi madre, la tenía tan pequeña que fingió los gemidos porque no sentía nada.

He de decir que yo no soy un santo y también tenía fantasías y fetiches con el incesto y el sexo madre-hijo. Aun así, tenía una pareja con la cual perdí mi virginidad, pero no duramos mucho porque pronto ella descubrió este gusto: cómo buscaba y descargaba incontables fotos porno de madres y sus hijos, y las publicaciones en foros en donde decía todo lo que quería hacerle a mi propia madre aun sin siquiera conocerla. Cuando esa única novia anterior a mi madre se enteró de todo eso, simplemente me dijo que yo era un asqueroso y no volví a saber nada de ella.

Poco después de toda esta aceptación de nuestros fetiches y fantasías, cumplí 18 años y, a los pocos días, fui a vivir con mi madre por orden de mi abuela. Como ya lo mencioné, tanto mi madre como yo estábamos nerviosos por esto, pero sobre todo ella. Me dijo que el motivo por el cual no me hablaba era porque era difícil tener en su casa a la persona con la cual se había imaginado teniendo sexo tantas veces. En mi caso, y a pesar de que yo también había tenido fantasías con mi madre, realmente nunca supe cómo se veía. Cuando la vi por primera vez, me impacté demasiado. En la mayoría del contenido de madre e hijo la diferencia de edad era muy notoria y, aun con apenas 30 años, les juro que parecía una veinteañera. Y peor aún con el hecho de que ella se ejercita, por lo que tiene un culo, piernas, tetas y, en general, todo el cuerpo muy rico, femenino y sexy.

Me dice mi madre que cuando comenzamos a salir a distintos lugares como plazas o restaurantes, poco a poco ya se estaba enamorando de mí y viceversa. Lo que pasa es que solíamos ir a restaurantes que muchas veces, “sin darnos cuenta”, terminaban siendo románticos o de pareja. Quien lo empezó todo fue justamente mi madre, ya que confesó que sí le gustaba y de cierta forma le excitaba el hecho de que nos confundieran como pareja. Sentía que no era malo ser novios cuando eres la madre de tu novio. Yo también terminé sintiéndome así y adquirí la costumbre de invitarla a diversos restaurantes y citas para que se vistiera con vestidos pegaditos y, en general, ropa de cita, porque noté que siempre que salíamos se vestía mejor que cuando salía sola.

Todo esto se frenó luego de que mi abuela falleciera por un cáncer de páncreas que nunca se le detectó. Como fue quien me crio, obviamente debía ir a su funeral, en el cual mi madre pudo volver a estar en contacto con sus hermanos. Aunque como ninguno sabía ni podía saber que había tenido un hijo a los 12 años, terminó presentándome como su novio. Esa fue la primera vez que me presentaría de esa forma, pero de cualquier modo me afectó bastante haber perdido a mi abuela y no poder permitirme llorar en su funeral. Cuando llegamos a casa directamente me desplomé, pero ahí estaba mi madre para consolarme hasta que me quedé dormido. Aclaro que el consuelo no fue sexo, pero sería el inicio de nuestro romance, porque ella empezó a besarme con besos que al inicio parecían de madre, pero rápidamente se volvieron besos lascivos y lujuriosos del cuello a la cara y luego en la boca. Aún recuerdo cómo me besaba y nuestras lenguas tibias se tocaban y metían en la boca del otro. Todo eso en varios besos cortos y largos durante dos horas, en las que nuestros sollozos por la pérdida se volvieron gemidos de excitación por besarnos siendo madre e hijo. Pero luego de esto todo volvería a la “normalidad”.

También hubo una situación un poco incómoda, pero que fue otro pequeño detonante de este romance: una reunión de mis tíos en la que, en un momento de la noche, empezaron un juego que en general no sería tan raro, salvo porque todos los hombres tenían que mencionar las partes que más les prenden de su pareja, y la persona de la cual debía hablar era mi madre. No sé si en ese momento fue el alcohol o la presión social, pero empecé a hablar como si realmente fuera mi novia y ya lo hubiera sido por años. Aún recuerdo muy bien todo lo que dije y cómo ella ya se había sonrojado antes de que siquiera hablara:

— Bueno, primero su culo; la verdad, Celeste lo tiene muy grande y formado. Luego sus tetas, porque también las tiene grandes y cuando no lleva sostén siempre se le notan los pezones bien paraditos. Y por último su cara, porque me encanta que me vea siempre con ganas de sexo.

Luego de esa vez las cosas se pusieron más intensas: empezaron las presentaciones con todas sus amigas y las citas dobles. Aproximadamente pasó todo un mes saliendo así con amigas con las que me presentaba y, por alguna razón, me besaba para demostrar que éramos pareja. Luego siguieron las citas a antros en los cuales, quizá por el alcohol, siempre me terminaba arrimando el culo en el pene y nos besábamos todo el tiempo en esos lugares.

Pero también fue ahí donde se desprendió ese filtro moral de madres e hijos y empezamos a hablar de absolutamente todo. Prácticamente nos habíamos desligado de ese impedimento y ahora hablábamos de lo que queríamos y cómo lo queríamos. En ese punto yo ya estaba perdidamente enamorado de ella. Posterior a esos días, empecé a llevar condones cada que salíamos juntos.

Entonces llegó esa borrachera. El día comenzó relativamente normal, pero con la característica de que esa noche dormimos juntos.

En la mañana, cuando mi madre pensaba que yo aún estaba dormido, pude ver cómo se masturbaba gimiendo mi nombre y con una foto mía. Esa noche ya teníamos planeado salir de fiesta a un antro desde la tarde por un evento.

Ella terminó tan borracha que la tuve que llevar en brazos al coche. Mientras conducía, noté cómo se estaba tocando. Esta fue nuestra conversación:

Mi madre: Hijo, ¿sabes que te amo, mi amor? —Sí, ma. Mi madre: ¿Tú me amas? —Sí, mamá. ¿Por qué me preguntas todo esto? Mi madre: Amor, dime que me amas. —Te amo. Mi madre: Pero dime bien. —Te amo, mamá. Mi madre: Pero dime con más amor, que se note. —Celeste, te amo y te amaré por siempre. ¿Feliz? Mi madre: Si yo no fuera tu mamá, ¿andarías conmigo, amor? —¿Qué? Mi madre: Ariel, eres muy guapo. Yo no dejaría que tuvieras otra novia que no sea yo.

Luego de eso llegamos a casa y la dejé en su cama, pero antes me detuvo.

Mi madre: Espera, tengo que decirte algo, hijo. —¿Qué pasa, ma? Mi madre: Creo que seríamos una linda pareja. —Eh, okey, jaja… Mi madre: No te rías, es en serio, Ariel. ¿Te acuerdas de lo que te dije cuando llegaste aquí? Yo no te veo como un hijo y creo que tú tampoco me ves como una madre. Podré estar borracha, pero esto es algo que he pensado desde hace mucho.

Sé que está mal pensar ese tipo de cosas cuando eres mi hijo y yo soy tu madre, pero quiero que me ames, no como a una madre, sino como algo más.

Quiero ser tu novia, tu amante e incluso tu esposa. Quiero ser el amor de tu vida y, aun siendo tú mi hijo, quiero tener más hijos y no con otro que no seas tú. Quiero que me hagas tuya todos los días, Ariel, porque te amo y no como a un hijo. Estoy enamorada de ti…

En ese momento vi cómo mi madre estaba muy sonrojada e incluso estaba llorando y sollozando.

Durante algunos segundos no sabía qué hacer porque me impactó mucho saber que mi madre me amaba de la misma forma que yo a ella.

Es que ella es la mujer más bella, graciosa, carismática y la mejor persona con la que he convivido, y me terminé enamorando locamente de ella.

La tensión llegó a tal punto que directamente empezamos a besar: primero lento y con amor, y poco a poco con más deseo y lujuria mientras nos íbamos quitando la ropa. Luego, mientras nos masturbábamos el uno al otro, y cuando menos me di cuenta ya estaba a punto de meterle el pene a mi madre. Ella estaba acostada en la cama, frágil, indefensa y deseosa de que le metiera mi pene.

La iba metiendo lento y suave porque sabía que no había tenido sexo por tantos años que prácticamente era como ser virgen. Entonces le metí el pene y empecé a cogérmela cada vez más rápido, mientras solo veía cómo su cara pasaba de la de ese intento de madre a una sumisa súper excitada que con cada embestida tenía menos control de su propio cuerpo.

A la vez, con cada embestida ella liberaba toda la tensión sexual acumulada y se corría. Luego íbamos cambiando de posición: me daba sentones mientras nos besábamos o se ponía de perrito. Durante varias horas estuvimos besándonos y pudiendo meterle el pene a la apretada vagina de la cual salí y en la cual ahora podía correrme tanto como quisiera mientras gemíamos nuestros nombres. Para cuando ella ya no podía parar de gemir y llorar, siendo incapaz de mover su cuerpo, yo veía cómo no dejaba de temblar y tampoco dejaba de escurrirle como cascada mi semen de su vagina.

Luego de todo esto empezamos a tener sexo de la misma forma en todo lugar que se pueda. Además de los mencionados en el relato anterior, también recuerdo cuando fuimos a una fiesta en la casa de una de sus amigas y sus gemidos eran tan fuertes que parecían lamentos. Aun cuando se intentaba aguantar y besarme, directamente se le salían con cada mínimo movimiento de mi pene dentro de su vagina. Nunca le volvió a hablar esa amiga.

También, como mencioné, lo que nos guiaba era el amor romántico que teníamos el uno por el otro, y eso es algo que hasta hoy no olvidamos. Prácticamente nos tratamos como si no fuera mi madre y yo no fuera su hijo. Así que le pedí que fuera mi novia oficial y, cuatro meses después, nos casamos. Pero esa será historia para el siguiente relato.

Espero que todos los que lean esto hayan disfrutado nuestro romance.