Aún te tiemblan las piernas del viaje en coche.,.. Del vibrador, ..de tus dedos. De pensar en mi polla chorreando mientras adelantaba a esa pareja que dejó de pelear para mirarnos. Ufff… qué noche.

Llegamos a casa y no hubo palabras. Solo miradas. Tú me coges de la muñeca y me llevas directo al dormitorio.

La luz apagada. Solo la luna entrando por la ventana, dibujando sombras en las paredes.

El aire huele a nosotros: sudor, deseo, cera caliente, bálsamo de tigre.

Te empujo contra la pared. No suave. Fuerte. El impacto te saca el aire. Te gusta cuando me pongo así. Te subo los brazos por encima de la cabeza y Te ato las muñecas con la cuerda que compramos en el sex shop. La cuerda es áspera contra tu piel, te roza justo lo suficiente para recordarte que estas a mi merced. Las esposas no hicieron falta. La cuerda es más… íntima. Más mía. —Papi… —susurras, con la voz ya rota.

—Calla —Te digo, en voz baja, grave, como un mandato que no admite réplica. Te doy la vuelta.

Tu cara contra la pared fría. Sientes mi aliento caliente en tu nuca, Mi pecho pegado a tu espalda.

Mis manos bajan por tu costado despacio, como si quisiera memorizar cada curva, cada temblor. Te levanto el vestido. No llevas nada debajo. Nunca llevas nada cuando estás conmigo. El aire fresco te roza la piel expuesta y te eriza los pezones al instante.

Me arrodillo frente a tí. Mis manos te abren las nalgas. Mi lengua… ufff, directo a tu ano. Lento. Profundo. Húmedo. Caliente. Te tiemblan las piernas. Te aprieto contra la pared para que no te caigas. Cada lamida es un latigazo de placer que te recorre la columna. Sientes mi barba rozándote, tu respiración agitada contra mi piel. —Papi… por favor… —gimes, ufff

—Hoy vas a sufrir un poco.

Me levanto. Sientes mi polla dura, caliente, palpitante contra tu culo. No entri. Solo te rozo. Te provoco. Te hago gemir sin tocarme donde más lo deseas. El roce es tortura. Quieres gritar. Quieres correrte… Pero no te dejo. —Papi… métela… — me suplicas entre dientes …

—Calla y siente Bebé

Te doy un azote. Fuerte.

El sonido retumba en la habitación.

Te arde la piel. Me encanta. Otro azote. Otro.

Tus piernas tiemblan. ufff ese coño chorrea. Cada golpe te hace empujar hacia atrás, buscando más.

Entonces sí. Te abro. Y te meto la polla en el culo de una.

Hasta el fondo. Ufff… qué dolor tan rico. me dices… Qué placer tan salvaje. Me llenas por completo. Empiezo a follarte lento. Muy lento. Cada embestida es una eternidad. Quiero que grites de placer te quiero escuchar. Quiero que te corras.

—Papi… más rápido… —suplicas

—No —me dices—

Te follo lento, profundo, mientras mi mano te aprieta el cuello. No fuerte. Justo lo que te pone loca. Lo que te hace arquear la espalda y empujar contra mi. Siento el pulso en tu garganta, tu respiración agitada te susurro en tu oreja. —Dime que me quieres

—Te quiero, papi… te quiero tanto… uffff.

—Dime que eres mía.

—Soy tuya… toda tuya…

me corro dentro de tí.

Todo.

Hasta la última gota. Ufff…

sientes cómo palpito Bebé.?.. Cómo te lleno. Cómo mi calor se expande dentro de tí. me corro papi,…me corro contigo también.