Aquí tienes el texto corregido: con mayúsculas adecuadas, ortografía y gramática arregladas, puntuación mejorada y estructura más clara y fácil de leer (usando párrafos). No cambié el contenido ni el significado, solo lo pulí.
Cuando ya éramos jóvenes me empezó a gustar, ya que ella se metió de lleno al gym. Es de estatura mediana, pelo negro largo y piel blanca. Siempre andaba cuidando sus pies: llevaba una tobillera y un anillo en uno de los dedos del pie derecho. Casi siempre usaba sandalias.
Yo la saludaba, pero hasta ahí. Bueno, la agregué a mis redes sociales y empezamos a platicar. Al rato de hablar, le pregunté unas cosas un poco personales: qué tipo de ropa interior usaba, si se depilaba y si era virgen. Pensé que no me contestaría, pero me dijo que usaba cacheteros, que sí se depilaba y que sí era virgen. A la misma vez le hice el comentario de que tenía unos pies muy bellos, que siempre se los veía de reojo en persona. Ella me dijo: «Muchas gracias, no eres la primera persona que me dice eso de mis pies». Le pregunté si me podía regalar una foto de sus pies y me dijo que no, que era suficiente con que se los vieran en persona.
Pero a medida que pasó el tiempo, se dejó crecer un poco las uñas de los pies y eso no me pareció, ya que desde mi punto de vista no le quedaban bien. Antes siempre las llevaba cortas, que le quedaban mucho mejor. Bueno, ella agregó en Instagram: «Creo que tengo unas fotos de mis pies ahí, las puedes ver». Le pregunté si alguien se los había besado aunque sea, y me dijo que sí, que hacía tiempo tuvo un novio que también le andaba alabando los pies, pero que a ella le parecía un poco raro eso (jajaja).
De ahí fui cambiando un poco la plática hasta que le dije que siempre me había gustado y que quería que fuera mi novia. Bueno, ella me bateó, por decirlo así, ya que me dijo que solo me veía como amigo. Le pregunté si un día no habría problema en besarnos aunque sea una vez, y me dijo: «Lo pensaré, o si no, róbarme un beso». Pasaron los días, seguíamos hablando y un día me la encontré que venía del gym. Como traía una licra rosa, se le marcaba el cachetero y eso me empezó a gustar. Me quedé viéndole el trasero mientras caminaba.
Hubo unos días en que empezó a usar tanga y dije: «Uuuuffff, qué rico». Siempre me la encontraba en la calle, la saludaba y, cuando pasaba un poco de mí, yo volteaba a verla. Un día no traía ropa interior porque se le marcaba bien toda su vulva y se le había metido la licra en medio de las nalgas. Eso me emocionó más. Así, en la calle, me empezaba a tocar solo, viendo que nadie me viera, y cuando llegaba a casa me seguía masturbando hasta acabar.
Pasaron los días de siempre estar viéndola y un día le escribí: «Así que es cierto que todas las mujeres usan tanga o nada cuando van al gym». Me contestó: «Mmmm, ¿o sea que me andas viendo las nalgas? Qué sucio eres». Le dije: «Hey, tienes buen trasero, ¿qué hombre no se te queda viendo en la calle?». Me dijo: «Sí, ya sé, incluso hasta me tiran piropos, pero no les hago caso. De ahora en adelante iré más tapada para que no me veas». Le dije: «Qué mala eres (jajaja)». Y agregué: «También, por lo que he visto, hay días en que no usas ropa interior porque se te marca toda tu parte íntima». Me respondió: «Sí, eres un pervertido. Yo pensé que no se me notaba mucho, por eso fui como 3 días sin calzón». Le dije: «Hey, no tengas pena por mí (jajajaja)».
De la nada le dije: «Te aseguro que te miras bien bonita en tanga con ese trasero que te estás manejando». Me contestó: «Pues sí, me miro bien en cachetero y en tanga, e incluso me he tomado unas fotos solo para verme». Le dije: «Hey, yo quiero ver también». Me dijo: «No molestes, te vas a quedar con las ganas».
Bueno, un día le tuve que hacer un favor y aproveché para decirle que me mandara las fotos que se había tomado en cachetero y en tanga. Me dijo: «Solo porque me hiciste el favor te las voy a pasar, pero hay de ti si llega a saber que le has contado a alguien de esto. Espero que no las vayas a guardar tampoco, ¿ok?». Le dije que sí estaba bien. Me las envió: salían de espaldas con una camisa grande hasta la cintura y de ahí para abajo en cachetero y en tanga, descalza. Se me paró y me empecé a masturbar por unos minutos. Le dije que tenía buen trasero y que quien fuera su novio era afortunado porque se comería ese trasero.
Luego le mandé unas fotos en bóxer y me dijo: «¿Qué haces? Yo no te pedí fotos». Le respondí: «Yo sé que no, pero también quiero que me veas. Más o menos había ido al gym un tiempo atrás y estaba más o menos de mi cuerpo». Me atreví más y le envié una foto desnudo de frente con la verga bien parada. Me respondió: «¿Por qué me envías fotos, animal? Yo no te estoy pidiendo nada». Le dije: «Ya sé, pero ya estamos en confianza. Ándale, quiero verte desnuda también, solo una vez, no seas mala, será nuestro secreto. Si alguien llega a saber, te dejo que me des una cachetada y patada en los huevos». Me dijo: «¿Seguro de lo que estás diciendo?». Le dije: «Sí, va, ya dijiste, animal». Y me envió una foto desnuda sentada en la cama. Tenía unos pechos un poquito medianos, pezones un poco café claros. Me masturbé y le dije: «Hey, así no se vale, quiero verte de pies bien». Me contestó: «No molestes, mi parte íntima no te la enseñaré, pero mi trasero sí, ya que me lo andas viendo. Solo esto».
Le pregunté si un día de verdad aceptaba lo del beso y me dijo: «Pero solo una nada más, ¿ok?».
Bueno, pasaron los días y ya casi no hablamos, ni la veía. Pasando más tiempo, me la encontré que iba a algún evento con alguien, pero ese día andaba rica: traía un vestido azul negro algo escotado, sin brasier, y era algo corto (le quedaba como mano y media abajo de las nalgas). Esa parte no le quedaba ajustada, sino floja, entonces cuando caminaba se le levantaba el ruedo y se le miraban un poco las nalgas. Llevaba unos tacones medianos de tacón delgado de correa. Se veía ufff, rica. Pensé: «Alguien después del evento se la va a ir a coger (jajaja)».
Yo me hice de una pequeña tienda y ella siempre llegaba a comprar, pero nunca le podía decir nada porque a veces andaba con el papá o su hermana. Pero ese día llegó sola y empezamos a platicar. Le dije: «¿Y era hora que me dejaras besarte?». Me contestó: «Yo pensé que se te había olvidado». Le dije: «Nooo, ¿cómo vas a creer que se me va a olvidar?». Le pedí que entrara a mi casa, ya que si lo hacíamos en la calle los vecinos iban a andar contando el chisme.
No más entró, la agarré de la nada, la empujé hacia la pared y me dijo: «Primeramente, cálmate, no seas brusco, trátame bien». Me fui acercando y nos dimos el beso. Me empujó y dijo: «Vaya, ya estuvo», y ya se iba a ir. La jalé del brazo, la abracé y la besé. Al principio puso un poco de resistencia, pero luego se dejó llevar. Le empecé a besar el cuello y fui bajando. Ese día ella traía el pelo agarrado con un gancho, una camisa blanca grande pero amarrada de un lado mostrando su abdomen (no sabía que se había puesto un piercing en el ombligo), short de tela negro algo ajustado que se le marcaba la vagina y sandalias.
De la nada le levanté la camisa y con mis manos le agarré los senos mientras le besaba la boca y el cuello. Empezó a gemir suave. Le desabroché el brasier blanco que traía y me dijo: «No, ya no pasemos a más, porfa». Le dije: «Solo por esta vez déjame disfrutar, yo sé que te gusta también». Me bajé a chuparle los senos y ella gemía suave, me agarraba la cabeza. Luego la volví a besar y de la nada me mordió el labio. Me separé y me dijo: «No estuvo mal, pero hasta aquí la dejamos porque soy tu amiga y no tu novia, ¿ok?».
No le dije nada, aunque sí me dejó con la verga bien parada. Pasaron los días, ella cambió de redes sociales, yo también, y ya no volvimos a hablar. Hoy en día ya tiene novio, llevan como 3 años juntos.