Terminando mis estudios secundarios, mis padres me enviaron a la capital, a casa de mi tío Eugenio, que era soltero. Allí me puse a estudiar en una academia para prepararme para la universidad. En ese lugar conocí a Austin, un gordo alto que se hizo amigo mío; aunque, a decir verdad, yo también era un poco gordito y culón, pues en el colegio siempre me molestaban llamándome “culón”.

Con él íbamos a su cuarto a hacer las tareas. Vivía en un departamento alquilado por sus padres, que también eran de provincia. A veces lo veía salir de la ducha calato, mostrando unas bolas enormes, pero la pinga chica. Él me decía: “Tengo las bolas grandes, pero la pinga chica y eso me da fastidio”. Yo le respondía tratando de calmarlo: “A mí también mi pinga es chica”.

Se había acostumbrado a ir a casa de mi tío a pedir permiso para hacer las tareas. Cierta vez llegamos sudados a su departamento y me invitó a ducharme. Al mostrarle mi culo, me dijo que lo tenía carnoso. Toqué su pinga y era rico. La verdad es que me estaba enamorando de él; me trataba muy bonito.

Fuimos a su mueble y puso una película en su TV con video. Era una película de romanos, película gay. La verdad, era la primera vez que veía una así. Poco a poco me fui excitando. Él se acercó a mí y me besó apasionadamente. Yo acepté sus besos; era la primera vez que besaba, aunque parecíamos que nos comíamos a besos. Me empezó a besar el cuello, el pecho, la espalda y luego a chupar el culo, lo que me excitaba en gran manera. La verdad, estaba loco con eso.

Me preguntó si era mi primera vez. Le respondí que sí. Me dijo: “Quiero grabar nuestra primera vez”. Acepté. Puso una videocámara que tenía sobre una silla, apuntando a la cama. Me puso en cuatro y se colocó sobre mí para penetrarme. Sentía que rozaba su pinga en mi culo; las ganas eran locas de que me penetrara. Hasta que me metió la pinga con fuerza, lo que me hizo gritar del dolor. Me solté de él y me tiré sobre el colchón gritando del dolor. Me dolió hasta el cerebro. Lloré tanto que no sabía qué hacer. Me toqué el culo y estaba ardiendo todo, con rastros de sangre.

“Perdóname, fui bruto, mi amor”, me dijo mientras me besaba los labios. “¡Me duele, ya no!”, le dije, pues era mi primera vez.

Me dijo que quería eyacular y que debía mamarle la pinga. La mamé tanto que me ardía la boca, hasta que eyaculó en mi boca y me ahogaba con su pinga. Era la primera vez que tomaba leche humana. Así le mamé la pinga días después, y me gustaba la leche.

Hasta que un día decidimos que me cacharía. Me dolió poco porque me trató despacio, hasta que me folló duramente, lo que me gustó. Sentía que golpeaban sus grandes bolas sobre los cachetes de mi culo y, al final, eyaculó dentro de mi culo. Se gozó del placer.

Cada vez que llegaba a casa de mi tío, lo hacía complacido y feliz.